Totalmente dormidos, desconcentrados, anárquicos de entereza fue como salimos a jugar este partido. Que nos hagan dos goles en tan poco tiempo da que hablar bastante, donde uno intenta comprender si fueron arrimadas de una abominación inter estelar de Lanús o una pereza absoluta de nuestros jugadores, o simplemente coincidieron ambos conceptos.
En el primer gol, el volante rival traslada la pelota sin dificultad, y Acosta captura el rebote que él mismo provocó: Boca todavía no entendía que el partido comenzó. Poco tiempo mas tarde, en el tiro de esquina anticipa la pelota un jugador en el primer palo (solo) y Sand la empuja abajo del arco (solo): seguimos dormidos, increíble. Y se podría decir que la siesta duró todo el primer tiempo, donde el equipo de Almirón siempre fue dueño de la pelota, tuvo triangulaciones, asociaciones, combinaciones, iluminaciones individuales, todo lo que haga falta para esclarecer nuestra oscuridad. Mientras ellos brillaban y empeñaban el sencillo acto de dársela al compañero, presionar rápido cuando la pelota se pierde, tener variantes por las bandas y llegadas por el centro (lo que seguramente sueña hacer Guillermo, por ahora no mucho más que un sueño), nosotros contemplamos como nos pasaban por arriba, y dio vergüenza como contrastaba la diferencia entre ambos conjuntos. Para comprobar que el partido se dio como para una goleada atroz, propongo citar algunos ejemplos: 1) Cuando Sand recibía la pelota, lo hacía de espaldas, con las opciones de Mouche y Acosta a sus costados, o con la chance de apoyarse con Almirón o Román Martínez, mientras que Osvaldo ni recibía la pelota, y cuando lo hacía estaba incómodo, a dos segundos de que le arrebaten el balón y sin mucho margen para generar peligro. 2) Cuando el Granate tenía la posesión en manos de sus volantes, sobre todo en Almirón, este atravesaba la imposición de Pérez, Lodeiro y Gago sin mucha dificultad, ya que falló la presión y hubo mucha endeblez a la hora de defender, como en la jugada que el paraguayo queda mano a mano con Orión, luego de superar la "marca" de varios jugadores y la flojera de Insaurralde para anticipar. 3) Las bandas: cuando Acosta o Mouche tenían la tarea de lastimar, tenían un menú de múltiples opciones, como hacer un cambio de frente, jugar corto hacia el centro, optar por una maniobra individualista o abrir la cancha con los laterales, que generaban el 2-1 constantemente, sin ningún tipo de obstrucción, mientras que el Xeneize no contaba con recursos para amplificar el terreno, ya que Tévez no es extremo, Carrizo quedaba atrapado en la vorágine general, y los laterales para proyectarse necesitan de una elaboración por el centro, donde solo una vez se influenció, cuando Lodeiro filtró un pase para Jara, pero nada mas que eso.
Por consiguiente, no hace falta mucha sabiduría para percatarse de qué equipo era el día y cual la noche, el fuego y el agua (hicimos agua en todos los aspectos), el paraíso y el infierno.
Las últimas actuaciones nos vinieron a la cabeza y nos quisieron esperanzar con que había tiempo para una corazonada, algún heroísmo que venga de alguna galaxia lejana, es por eso que el orgullo propio y la vergüenza nos adelantaron en el segundo tiempo, manejando la pelota, pero sin conducirla. No es lo mismo saber manejar un auto que saber conducirlo: maniobrando el volante y pisando el pedal manejamos todos, pero para conducir se debe acatar distintas circunstancias, pensar en el otro, tener muy claras las cosas. Si nos amontonamos; si disminuimos todas nuestras posibilidades a algún rebote o desconcentración rival; si Tévez no está cómodo, no tiene lugar para jugar, no queda claro qué es lo que se pretende de su posición; está de mas decir que el control del partido siguió siendo de Lanús.
Esta derrota (o derrotón, permitiéndome inventar una palabra, aclarando como fue realmente la historia) nos recuerda que estamos en un camino de pura transición, y que en encuentros como este (una final, porque no cabía otro resultado más que la victoria) todavía no estamos para dar la talla. Ni ganando con Unión eramos los mejores ni ahora somos los peores, sino que estamos en un término intermedio, encontrando las posiciones, las funciones (aún mas importante que el ítem anterior) y los nombres para orientarnos a la idea que quieren implementar los mellizos, que están intentando orientar la brújula. El que pensó que si se iba Arruabarrena y llegaba Barros Esquelotto todo iba a cambiar y Boca empezaría a jugar bien, se equivocó rotundamente. Todo lleva su tiempo: acá tienen un comprobante.
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