domingo, 3 de abril de 2016

BOCA 3 ATL. RAFAELA 0: LOS JUGADORES ENTENDIERON A GUILLERMO

 Cuando apareció el video de Guillermo comunicándole a sus jugadores que estaba prohibido tirar "centros de mierda", muchos pensaron si lo hacía mirando a la cámara, si cuando se habla de tales aspectos el entrenamiento debía ser a puertas cerradas. Guillermo y Gustavo son personas con sentido común, que no juegan para la prensa, pero tampoco piensan que el equipo va a jugar mejor si el entrenamiento es a puertas cerradas. Boca venía teniendo la pelota, pero la falta de identidad nos hacía recurrir a los pelotazos a la olla, es decir, centros de mierda, entonces, ¿está mal que el DT se lo diga a sus jugadores?. La buena actuación demuestra que los futbolistas captaron el mensaje, y que en este tiempo de parate nadie quiso ninguna cámara, sino que se estuvo laburando.
 La fórmula fue sencilla, pero con pretensiones ambiciosas y de alto vuelo: un 4-3-3 donde Gago (como en sus mejores épocas, jugando sencillo, siendo el ladero del volante central y aportando para la recuperación) y Pérez debían maniobrar la pelota por el centro, para que luego Carrizo y Pavón desdoblen por las bandas, con un centrodelantero como Tévez que como ya se sabe, no está para fajarse entre los centrales y que le larguen toda la carrocería encima, ya que es otro tipo de jugador, que puede salir del área para asociarse y armar un tándem con los extremos. 
 El comienzo fue turbulento, porque Rafaela estaba bien parado, colocaba jugadores encima de Pérez y Gago y con los tres de arriba algo alejados, nuestros volantes no podían quebrar líneas, y hasta por momentos ese pase vertical quedaba en poder de los pies del Cata Díaz, lo que desembocaba en una imprecisión o un pase interceptado, para luego intentar generar tiros de esquina o abrir la cancha con Orfano o Pusetto. Pero luego de pasar algunos minutos de sofocón, la diferencia de jerarquía se terminó evidenciando, y con la actitud y calma con la que se deben sobrellevar tales contextos, el gol llegó solo: Pablo Pérez fue a presionar arriba (lo que quieren los Barros Schelotto: presión alta, agresiva e instantánea) para capturar un error (lo que hablamos de la jerarquía) y agarrando a la defensa saliendo, a Carlitos le quedó vía libre para abrir el marcador. 
 A partir del 1-0, nos adueñamos del asunto y concretamos con creces lo que los mellizos imaginaron desde que llegaron. Pases veloces y directos para romper líneas, Tévez formando un triángulo con los volantes internos para armar juego, generando superioridad numérica por los costados, donde con Carrizo y Pavón tuvimos profundidad, desequilibrio y cambio de ritmo, que siempre intentaron resolver de forma impredecible, la mayoría de las situaciones con pases rasantes que eran como una inyección llena de veneno para el área de los santafesinos. 
 Además, cuando hay una idea que incluye a los 11 futbolistas, nadie queda apartado, sino que todos se alimentan de la misma vocación, como en el gol de Carrizo, donde Jara no se desentiende, sino que va a buscar la habilitación para luego servirle el gol a Pachi. Y también en el tercer tanto, donde luego de abrir la cancha, convierte Lodeiro, enchufado para leer la jugada y llegar al área, luego de que Carrizo efectúe una intervención sutil e inteligente, dejando de lado el vértigo. Esta es la actitud protagonista y afilada que se pretende. 
 Con el triunfo cocinado y con un rival que sufría la inferioridad y contaba los minutos para volver a casa, la intensidad tiende a bajar, por lo que en un lapso del segundo tiempo perduró el dominio pero faltó precisión para ese toque final que posibilite seguir lastimando. Pero será una cuestión de rodaje y seguridad para que la manija del cuerpo técnico se siga afianzando y conquistemos este funcionamiento los 90 minutos. Parece que la etapa de los centros de mierda terminó, y comienza la era de una forma de jugar que logrará buenos rendimientos.

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