lunes, 30 de mayo de 2016

ENORGULLECERSE DEL FRACASO

 "Fue un fracaso y me hago cargo". Esas fueron las declaraciones de Lanata luego del inesperado rating del programa El Argentino más Inteligente. Pero luego en una entrevista con Luis Majul manifestó que no hay que tenerle miedo a la palabra fracaso, que gracias a ella nacen los mayores logros, y que luego de fracasar, hay que aprender de los errores y trabajar mejor para poder triunfar.
 Ahora bien, sobre todo en el ámbito del fútbol entra en debate sobre qué es un fracaso y qué no. Según la RAE, un fracaso es lo contrario del éxito. Pero hay que tener en cuenta el contexto para determinar qué es el éxito y qué es el fracaso.
 Antes de la llegada de Simeone, en el Atlético de Madrid soñaban con volver a jugar la Champions algún día, con emparejar el derby madrileño, con meterse en el lote de la elite del fútbol español. También soñaba todo el mundo futbolero con que un equipo que no sea el Barcelona o Real Madrid ganase la Liga. Lo que parecía un sueño, el Cholo lo hizo realidad, y transformó a un equipo medio pelo en uno de los mejores del mundo, y hasta generando una oposición al guardiolismo, demostrando que con la escuela del catenaccio, el contragolpe y la segunda jugada también se puede ganar en el fútbol. Por lo tanto, haber llegado dos veces a la final de la Champions potenciando el nivel de jugadores que no eran estrellas y en esta última sometiendo al Real Madrid, un conjunto con un presupuesto de fortunas incalculables a sufrir el partido producto de un juego desconocido, vulnerable y excesivamente individualista, es un triunfo del Aleti sin haber levantado la Copa. Que de los segundos no se acuerda nadie es una frase tan burocrática como sumisa en la relatividad. Los campeones se recuerdan tanto como las finales, y esta es una final que quedará para el recuerdo, y en su medida, más por el Atlético del sello de Simeone que por el confundido Madrid de Zidane, que sin que no merezca la Champions, deberá mejorar en su juego.
 Era la chance del Atlético, superior en el juego, con un rival a medias (con medio equipo acalambrado, entre ellos Cristiano, que jugó un partido como los que no suele jugar), seguro atrás y con situaciones de gol, pero el factor suerte no estuvo de su lado. Teniendo en cuenta el benévolo panorama, donde el Real jugó acorde a su grandeza y futbolistas solo los primeros 20 minutos, podría llamarse fracaso al subcampeonato, ya que estaba todo dado para la consagración. Pero Simeone tiene que estar orgulloso de haber "fracasado"(un fracaso con parte de triunfo, por lo explicado anteriormente), porque lo hizo a su manera, cayendo más que dignamente y en un lugar donde ni siquiera se sabía lo que era fracasar, porque nunca se estaba tan cerca del éxito.
 A veces el fracaso nos fortalece, y eso le ocurrió a los entrenadores que protagonizaron la final del fútbol argentino el pasado domingo. Ambos venían de distintos fracasos: Almirón en Independiente y Guede en la fase de grupos de la Copa. Los dos se equivocaron, cayeron merecidamente, pero con el trabajo que mencionaba Lanata, Almirón encontró su lugar en el mundo en Lanús, donde sumó el juego ofensivo que quiso desarrollar en el club de Avellaneda con equilibrio, armando un elenco comprometido en ataque y defensa con excelentes intérpretes; mientras que Guede supo recolectar el ADN de Bauza para cerrar los partidos de un San Lorenzo que solía taparse con la sábana corta, y armó un equipo sólido, de un estilo de alta presión, circulación de la pelota, llegada con muchos hombres pero también el equilibrio que encontró a través de Mercier y mas disciplina para el retroceso. Las retractaciones llevaron a ambos a la final, y sin excusas, ganó el mejor, haciendo volver a San Lorenzo a ser el equipo de las primeras fechas, dejando múltiples huecos, dudas en el fondo y esta vez sobreseído por un rival que sabe presionar y jugar. Guede volvió a fracasar, esta vez con una humillación, pero en una final, y hasta hace poco nadie daba dos pesos por que su San Lorenzo juegue una instancia tan decisiva. Ahora el DT del ciclón deberá seguir trabajando y avanzar otro nivel más para ser campeón, porque de eso se trata la vida: aprender de la derrota, no resignarse y confiar en nuestros ideales. El que pide un despido por haber fracasado en el contexto de una final es porque no comprende las leyes de la superación, y que hay fracasos y fracasos, y el fracaso de una final no deja de enorgullecer por haber llegado tan lejos.
 Si Lanata, Simeone y Guede fracasaron, pueden estar orgullosos de ello, porque dentro del fracaso hay muchos triunfos: haberlo intentado dejando todo, y no tomarlo como un castigo, sino como una enseñanza. A veces es por cuestión de suerte, como en la final del Atlético, a veces se fracasa por haber hecho las cosas mal, como San Lorenzo, pero si fracasaste, lo intentaste y vas a volver a intentarlo hasta conseguirlo, y eso te hace un campeón mas allá de los resultados.

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