Atalanta, Lecce, Fiorentina, Bologna, Espanyol, Roma, Southampton, Juventus e Inter fueron algunos clubes por los que pasó Daniel Osvaldo en su carrera, algunos de paso fugaz, y no es casualidad que su currículum registre tantos clubes. Cuando la pelota da en el palo tres veces es mala suerte, pero cuando son diez los intentos fallidos es porque evidentemente algo anda mal.
No está mal ni debería ser del interés general que un futbolista salga de noche y tenga problemas faranduleros, por lo tanto la intención de estas líneas no es juzgarlo por su vida privada (que poco interesa, por lo menos para mí), sino que es realizar una crítica por lo que realmente importa: cuando las macanas suceden en el ámbito del fútbol y son faltas de respeto.
Es inadmisible fumar en el vestuario, mas allá de que lo que pasa dentro debe quedar ahí, pero lo que justifica aún mas su salida fue la forma en la que se expuso en cámara: irse de tal manera al vestuario e insultar a Gustavo, un tipo que se ganó un respeto en Boca, es motivo para por lo menos sentarse a analizar su situación. Hay que pensarlo dos veces antes de meterse con Guillermo y Gustavo, teniendo en cuenta que Guillermo es ídolo de la institución (tiene una estatua en el club) y por años luz dio mucho mas por Boca que lo que dio y lógicamente pudo haber dado Osvaldo. Y si pudo haber dado más por sus notables condiciones pero no pudo ser, fue justamente por sus actitudes.
Cuando una persona es problemática en varios lugares es porque mas allá de los distintos inconvenientes, el verdadero problema está dentro de tal persona, y así como Osvaldo fue a buscarlo a Icardi en pleno encuentro, fue capaz de insultar a Gustavo y escaparse al vestuario frente a todas las cámaras. La humildad que tuvo el Leicester para trabajar en silencio, o sin ir mas lejos: el máximo referente que tiene Boca hoy en día, Carlos Tévez, nunca generó ningún incidente que pueda alterar los ánimos, y si lo hubo quedó donde tiene que quedar, pero siempre sin hablar con ironía, tratando de mostrar una imagen positiva y con toda la humildad que sigue conservando desde que era un pibe de Fuerte Apache. Osvaldo no piensa en frío, no mide las consecuencias de sus actos y subestimó gente que estaba por encima de él.
Una persona inteligente no tropieza dos veces con la misma piedra: a Osvaldo se le abrieron las puertas por segunda vez, y no exhibió gratitud sino problemas. ¿Si tuvo mala suerte? Claramente la lesión en uno de sus dedos del pie no le dio la oportunidad de demostrar demasiado, y su apuesta ante San Martín en San Juan de querer jugar sin recuperarse del todo para dar la cara por Arruabarrena le jugó una muy mala pasada, ya que pensó en el instante y no en el largo plazo, y el fanatismo de pensar solo en el presente y querer perpetuarlo cuando para el futuro no quedan propuestas que lo hagan valer, como sucede con los gobiernos populistas, le prolongó la lesión. Pero hago referencia al tema de la lesión porque se relaciona y tiene mucho que ver con las peleas con el cuerpo técnico tanto en cámara como en el vestuario: estuvo meses sin jugar, juega y hace esto. Con su forma de actuar puede explicarse la diferencia entre ser echado e irse solo: cuando te echan es porque mas allá de que hayas echo las cosas bien o mal, la entidad que te contrata decide prescindir de tus servicios. En este caso, nadie echó a nadie: Osvaldo se fue solo.
No quedan dudas de que en su corazón hay una gran persona, y el gesto de donar el sueldo a las inferiores es una prueba mas que suficiente. Pero lamentablemente fue un futbolista que empañó su carrera con actitudes poco profesionales y problemas por doquier. Pelearse con un ídolo fue la cumbre de su problemática.
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