martes, 12 de septiembre de 2017

LANUS 0 BOCA 1: EL DESEO DE GANAR FUE MAS FUERTE

 El fútbol, además de ser un deporte, es considerado por muchos como una pasión, y también un arte. El talento y la buena elaboración es lo que hacen a la belleza de este arte. Y para ser un artista, se necesita de un buen espíritu. Cuando las condiciones terrenales atentan contra el espíritu de los equipos, es donde debe nacer otro tipo de arte: el de la voluntad, el esfuerzo y la improvisación. Uno dirá que los espectadores pagan una entrada para ver a la belleza más pura en todo su esplendor: esa belleza es, en efecto, un partido en condiciones normales, donde la pelota ruede de forma normal, y los equipos no pierdan su esencia, para así poder desarrollar todo lo bello que tengan a disposición. Pero como esto no fue posible debido a los chaparrones que inundaron la cancha de Lanús, hubo que hacer foco en el arte que aparece como desprendimiento y desecho del verdadero, que se vio imposibilitado de realizarse. Para muchos equipos el arte de trabar con la cabeza es su faceta original, pero ese no es el caso de Lanús y Boca, equipos que se destacan por el pase corto y el campo de juego en buenas condiciones es indispensable (en realidad, para todos los equipos del mundo debería serlo, ya que en algún momento todos necesitan darle un pase a un compañero). 
 Como se dijo anteriormente, la salida desde el fondo quedaba descartada: siempre estaba el riesgo latente de que un pase bien dado quede corto, y en el intento por superar al campo de juego Magallán quiso jugar con Rossi y le terminó dando un paquete explosivo: en el anhelo por que no quede el balón a medio camino, realizó un pase con más fuerza que dificultó el dominio del arquero, lo que era igual de peligroso. En estas situaciones, no complicarse y tirar la pelota detrás de la línea del lateral era válido. El juego sincronizado y comunal se vio imposibilitado debido a la misma problemática: lo más valioso del fútbol es conectarse entre compañeros, y muchas veces eso no era posible. Ante tales circunstancias, las oleadas de buen fútbol dejaron de ser tal para transformarse en corazonadas, por lo que ambos conjuntos fueron siempre muy anunciados y las defensas estuvieron cerradas, tornando un encuentro chato, típico 0-0 sin emociones, donde si por alguna eventualidad se generaba una situación de peligro, tal vez esa sería la única. 
 Al no poder implementar el pase raso como siempre lo hace, Boca recurrió al buen pie de Gago para lanzar pases bombeados hacia Pavón, para encontrar la chance de que se abra un espacio a través de su velocidad. Luego se intentó con jugadores electrizantes, como Nández y Benítez, ya que el partido daba más para alguien que se lleve al mundo por delante y no para ejecutar el verdadero arte de parar la pelota y pensar, como suele hacerlo Cardona. 
 Con mucho afán y deseo, sobre el final Lanús pudo rebasar el obstáculo natural y generó asociaciones, donde tocando hacia al centro y moviéndose para recibir el pase a la carrera como hace siempre, demostró querer ganar el partido a su manera por sobre todas las cosas. 
 Pero cuando no hay aciertos, los errores son los que marcan la diferencia, aunque siempre son forzados por algunos aciertos: Jara fue hasta el fondo mentalizado en que los tres puntos eran posibles, se animó a centrar de zurda y Benedetto hizo su trabajo, pero para eso hubo un yerro total de Herrera, fallando en el cálculo para rechazar de cabeza. 
 Es un triunfazo de Boca porque aunque parecía que era un empate clavado y las condiciones no estaban dadas para desarrollarse normalmente, lo sacó adelante como pudo. Este es un síntoma de que este equipo tiene algo más que buen fútbol. 

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