martes, 28 de octubre de 2025

Opinión: Salgamos del bucle

El águila de La Libertad Avanza sobrevuela el Congreso. El frente oficialista pasará a tener 107 bancas en la cámara baja y 24 en el Senado.

La idea del eterno retorno es una concepción filosófica acuñada por Federico Nietzsche, para quien el hecho de que el hombre no actualice sus valores e ideas conducía a la historia de la humanidad a un destino repetitivo y sin actualización. Podría sintetizarse esto último en la noción de un bucle: una secuencia de consecuciones que se repite una y otra vez. Tan solo una reconfiguración de los valores humanos podía, para Nietzsche, salvar a la historia del eterno retorno. Dicha filosofía se explica muy eficientemente en la famosa película El Día de la Marmota: el protagonista está atrapado en un bucle donde, luego de irse a dormir, despierta una y otra vez en el mismo día de la fecha. El tiempo no pasa, el día es siempre el mismo. Solo cuando el protagonista logra vivir ese mismo día como si fuese el último, el bucle finaliza. 
 La historia argentina, por lo menos la del último tiempo, es un bucle: déficits presupuestarios que conducen a incrementos de la deuda y emisión monetaria, alta inflación, dólar atrasado, tarifas pisadas. Todo esto último se relaciona íntimamente con la llegada de un ajuste, descontento de la sociedad, desapego con la política, aumento de la pobreza, que se alivianan posteriormente con rebotes de la economía que nunca terminan de ser un crecimiento económico genuino y sostenido. 
 Pero es pertinente detenerse en el bucle que comienza en el 2003, tratando de hacer una aseveración más detenida en la historia más reciente posible: el contexto internacional favorable y el ajuste recientemente acontecido en 2002 permitió una época de bonanza, donde la mala gestión de ese repunte en tiempos de "vacas gordas" luego llevó al estancamiento del que no salimos desde el año 2012. El desorden de las cuentas públicas despilfarró la posibilidad para apuntalar definitivamente un modelo económico sostenible, y las políticas populistas empezaron a mermar en sus impactos persuasivos de la opinión pública cuando la realidad golpeó de frente al relato. Pero el bucle es indetenible: cuando asume un gobierno con ideas pro-mercado, la gente se enoja con quien hace el ajuste, se decepciona por no ver resultados en el corto plazo, ve como insensibles destructores a quienes pretenden ordenar el caos, y se termina inclinando por volver al populismo. 
 Son insoslayables los errores que tuvo el gobierno de Mauricio Macri y los que pueda tener hoy el de Javier Milei. Pero para salir del bucle, debemos reconocer estar atrapados en él: el descontento con Macri nos condenó a otro gobierno kirchnerista, que fue igual o peor que los anteriores, y este apercibimiento nos trajo a experimentar ahora con el gobierno libertario de La Libertad Avanza. Si en 2027 Milei no es reelecto, probablemente gane una vez más el kirchnerismo, se abandone la senda pro-mercado y seguiremos atrapados en la trampa populista. 
 Para persuadir al electorado de que los resultados no serán nunca inminentes y automáticos, y que toda crisis requiere de procesos de reconstrucción, no solo se debe ser hábil en la comunicación, sino también tener habilidad para traccionar acuerdos políticos. La retórica anti-casta amerita una revisión: dejar de ver con desaire a los gobernadores, al Pro y a los radicales y peronistas medianamente razonables es imprescindible. La reinstauración del Ministerio del Interior para negociar con los gobernadores será vital de ahora en adelante para tener un parlamento afín: es menester blindar al Ejecutivo de posibles juicios políticos, y lograr acuerdos con otros bloques para avanzar en las reformas estructurales. 
 Gracias a la buena elección de medio término que ha tenido el gobierno, a partir del 10 de diciembre las cámaras del Congreso estarán mucho más equilibradas. Siempre han coincidido, desde 1983 en adelante, gobiernos no peronistas con minoría en el parlamento, lo que les ha impedido impulsar una agenda propia sin palos en la rueda, teniendo como consecuencia directa que hasta el momento nunca haya habido un gobierno no peronista reelecto. A partir del consenso con bloques afines, la bancada de LLA tiene la gran oportunidad de obtener virtuales mayorías. El panorama se presta a ser más optimista que en 2017, cuando el gobierno de Macri también ganó las elecciones de medio término, pero la crisis cambiaria en 2018 tiró por la borda sus posibilidades de reelección en aquel entonces: Milei, a diferencia de Macri, está aplicando desde el primer momento una política monetaria contractiva con superávit fiscal, está dispuesto a avanzar con los paquetes de reformas lo más pronto posible, y ha tomado precauciones para hacerse de reservas. 
 Los grandes artífices del bucle argentino no son solo los partidos políticos. Los sindicatos y, un actor cada vez más influyente en el presente siglo como son los movimientos sociales, han sido grandes responsables de la ingobernabilidad durante gobiernos no peronistas. La inflación es un factor que empodera inevitablemente a los sindicalistas, ya que estos se vuelven fundamentales cada vez que se negocian las paritarias. Mientras que, ante el avance de la economía informal y la falta de empleo, los movimientos sociales se han vuelto representativos de sectores de la sociedad cada vez más amplios. Por lo tanto, para terminar con estos flagelos hay un solo camino: pulverizar la inflación, y crear puestos de trabajo formales. Solamente así, podrá terminarse con las extorsiones sindicales y piqueteras. Pero en la democracia la principal arena política se da en los gobiernos y los parlamentos: el voto de la ciudadanía es, desde el primer momento, el principal hacedor del futuro. Es muy asertiva una frase del diputado Fernando Iglesias: el peronismo (hoy hegemonizado por el kirchnerismo) siempre tiene todo: los sindicatos, los movimientos sociales, las universidades, gran parte de las provincias y municipios, el Poder Legislativo, y en cambio cuando gobierna una fuerza no peronista, lo único que esta tiene es el Poder Ejecutivo. Este panorama hoy enfrenta una toma de postura diferente a las anteriores: Milei tiene razón cuando declara que se están atacando los problemas por sus causas y no por sus síntomas. Gracias al apoyo de gran parte del electorado, la composición del parlamento ya no volverá a ser la misma desde el 10 de diciembre. Es factible pensar que haya llegado el momento en que la historia cambie, para no volver al bucle del eterno retorno. 

Tomás Racki. Politólogo. Diplomado en Seguridad Ciudadana.