domingo, 26 de marzo de 2023

Opinión: La grieta y la trampa del centro

Cristina Kirchner y Mauricio Macri, en ambos lados de la grieta.

En su famosa obra Camino de Servidumbre, Fiedrich Hayek descarta la posibilidad de optar por caminos intermedios entre el socialismo y el capitalismo. Para el prestigioso economista, las vías intermedias entre ambos modelos llevan al socialismo, mientras que aplicar uno u otro modelo a medias termina fracasando. Por lo tanto, para el intelectual de la Escuela Austríaca de economía no hay lugar para medias tintas: o se está de un lado, o se está del otro.
 Los conceptos de Hayek se tornan actuales al observar muchos discursos de los precandidatos presidenciales: referentes como Rodríguez Larreta o Schiaretti enfatizan en la idea de terminar con la grieta, en un intento por tratar de unir a los argentinos en una causa común. La noble vocación por el diálogo es fundamental para el ejercicio de la política: esta implica concretar acuerdos, entablar negociaciones, proyectar planes a futuro a respetar por gobiernos de distinto signo político, sobre todo dentro de un régimen democrático donde el rival es un contrincante y no debería ser un enemigo. No obstante, cuando se habla de la grieta cabe preguntarse en qué consiste esta metáfora utilizada para representar la división entre los argentinos.
 Una explicación simple podría sostener que la grieta se cristaliza en la polarización electoral: separa de un lado al Frente de Todos, y del otro a Juntos por el Cambio, las coaliciones dominantes del sistema. En el intento de argüir una explicación histórica, podría considerarse a la grieta como la vieja disputa entre peronismo y antiperonismo. No obstante, la profundidad del asunto conlleva complejizar a qué nos referimos cuando hablamos de la grieta que divide a la política y a la sociedad.
 La grieta, en el fondo, más que un resultado electoral dirime una batalla cultural. Según el politólogo Agustín Laje, este término es en definitiva una disputa por los símbolos y valores que quieren imponerse en una sociedad. Y en esa dimensión es donde los intentos por cerrar la grieta hacen agua: esta última no es la división entre Cristina y Macri, entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, entre izquierda y derecha, sino entre dos modelos de país irreconciliables que exceden a figuras personales y abarcan tanto una cultura del poder como un sentido común reinante en las calles. La verdadera grieta es entre tolerar el consumo de drogas y combatir el narcotráfico; entre regalarle tierras a los falsos mapuches y la imposición de la ley y el orden; entre hacer pasar a todos los chicos de año sin aprender nada y volver a valorizar la educación; entre el adoctrinamiento y devolverle el prestigio a la profesión docente; entre defender la corrupción y la igualdad ante la ley; entre privilegios y meritocracia; entre planes sociales y trabajo; entre empoderar a las mafias sindicales y el libre mercado; entre atropellar a la justicia y el respeto a la división de poderes. Entre, por qué no también, como plantea Hayek, socialismo y capitalismo. 
 El diálogo es una vocación respetable y necesaria, pero se diferencia de un monólogo en que es una interacción recíproca. Cuando una de las dos partes no tiene intenciones de dialogar, el diálogo ya no existe. ¿El próximo Presidente se sentará a dialogar y entablará acuerdos con piqueteros que salen a cortar las calles, con terroristas de la RAM, con agresores golpistas que hoy no actúan porque gobierna el peronismo? ¿Se puede dialogar con Moyano, con Grabois? Si entre ceder a la violencia y combatir aquellos flagelos se opta por una solución intermedia, la opción triunfante será la primera.
 Si a partir del 10 de diciembre gobierna la actual oposición, será fructífero que dialogue con aquellos sectores que se comprometan a ejercer una convivencia democrática y garanticen una continuidad de políticas a futuro. Pero si el Presidente que asuma no toma la decisión altisonante de "desperonizar/deskirchnerizar" el sistema político argentino, este siempre será inviable para cualquier gobierno que no sea del color político que actualmente nos gobierna. En esa tarea también ingresa terminar con el proteccionismo hacia empresarios amigos del poder como la industria ensambladora de Tierra del Fuego, que encarece los productos argentinos ante la falta de competencia. En el intento de dialogar con actores violentos e intolerantes, el próximo Presidente correrá el riesgo de caerse en el vacío abismal del centro de la grieta que separa a ambos lados. Puede ser que enfatizar en la grieta sea una oferta de mal gusto, pero cuidado: intentar venderse como un moderado del centro cuando los resultados buscados ameritan posturas firmes y combativas también puede ser la más grande de las estafas. Como decía Hayek, las vías intermedias terminan fracasando. 

martes, 14 de febrero de 2023

Opinión: Un Presidente prisionero de sus actos y pensamientos

Como en el dilema del prisionero, Alberto Fernández y CFK no pueden decir libremente lo que uno piensa del otro. Están obligados a cooperar.

El dilema del prisionero es una de las situaciones planteadas por la teoría de los juegos a la hora de comprender comportamientos sociales. Descansando en el supuesto de que el hombre se comportará de forma racional acrecentando beneficios y disminuyendo costos, el dilema del prisionero plantea una coyuntura en donde hay dos convictos, y ambos están obligados a cooperar entre sí para que el resultado sea el mejor posible. Si uno confiesa ser inocente dando a entender que el otro no, entonces el primero sale en libertad y el segundo permanece en prisión. Sin embargo, si los dos hacen lo mismo, es decir, si ambos salen a acusar al otro con el fin de salir en libertad y que el otro pague, pagarán los dos, permaneciendo en prisión muchos años, ambos por igual. La única salida está en que ambos cooperen: si los dos reos se ponen de acuerdo para no declarar nada, el resultado será que los dos cumplirán una pena pequeña de tres años y luego gozarán de la libertad. Claramente no es agradable quedar preso por tres años, pero es el mejor negocio posible ya que si uno se juega por declarar y delatar al otro para salir en libertad, hay muchas chances de que el otro haga lo mismo y salgan perdiendo los dos. En el dilema del prisionero, los legos deben sacrificar un poco con el fin de cooperar y que así los dos salgan ganando, porque de lo contrario es probable perderlo todo. 
 Cuando Alberto Fernández llama a construir una mesa electoral para que los principales socios del Frente de Todos acuerden los pasos a seguir en las próximas elecciones, sabe que es la manera en que todos los miembros de la coalición pierdan lo menos posible. En un movimiento verticalista y personalista como siempre lo fue el peronismo, es harto extraño que el Presidente no solo no sea el único candidato, sino que ni siquiera sabe si lo dejarán serlo, y no puede estar en sus planes romper con el kirchnerismo e impulsarse en una aventura solitaria porque de esa manera perdería por completo el respaldo político que lo sostiene. Mientras que el verdadero líder, que es CFK, sabe que si impone un candidato único y propio va a denotarse la dirección radicalizada del kirchnerismo, y el grueso de la sociedad, por suerte, no va a avalar tan fácilmente planes castro-chavistas que acentúen el aislamiento de la Argentina del mundo y del modelo capitalista. Por lo tanto, aunque sea muy a su pesar, ambos se necesitan el uno al otro: Alberto Fernández no puede permanecer en el poder sin Cristina; y Cristina no puede evitar la cárcel si se despega de los ¨moderados¨ (sin el massismo y sin los gobernadores, el camporismo probablemente sea el sector con más caudal de votos del peronismo, pero fracturar a este lo llevaría a una derrota segura). 
 Como en el dilema del prisionero, ambos aspiran a liberarse y dejar encerrado al otro, pero la misma reacción desde las dos partes arruinaría sus ambiciones. No tienen más opción que cooperar. Establecer una mesa de diálogo para que los distintos partidos de la coalición gobernante pauten un rumbo a seguir es algo poco común en el peronismo: debido a sus raíces fascistas, este siempre fue un partido (o movimiento) que desde su génesis dependió de la voluntad del líder y eso lo ha llevado al PJ a ser un partido débilmente institucionalizado, caracterizado por redes de clientelismo informales y reglas del juego personalizadas en base a la dirección unificada de un líder. 
 Al momento en que las dos principales coaliciones del sistema de partidos argentino llaman a un encuentro con fines de organizar el armazón partidario (esta mesa electoral del Frente de Todos y la ya recurrente mesa nacional de Juntos por el Cambio), es un intento por institucionalizar dichas coaliciones (compuestas por diferentes partidos): tal proceso es positivo para la sobrevivencia de las fuerzas políticas debido a que establece normas a respetar dentro de su estructura organizativa (por ejemplo, para dirimir conflictos internos), lo que hace conservar a las fuerzas partidarias en el tiempo independientemente del ambiente externo, de sus protagonistas y de los intereses originarios, estructurando de tal manera el sistema de partidos. 
 No obstante, detrás esta ¨mesa de diálogo¨ difícilmente se encuentre el objetivo de volver al Frente de Todos una coalición institucionalmente fuerte y menos personalista, donde la organización perdure más allá de los liderazgos y con un fin en sí misma. Detrás de esta figura del diálogo donde se encuentra el llamado del Presidente (que es a su vez presidente de la Nación y del PJ) no hay más que un prisionero de sus propios actos y pensamientos: si Alberto Fernández tendría la gallardía de apuntalar lo que en verdad piensa pasaría a gobernar por sí mismo y tirar a la basura la espada de Damocles que permanentemente lo amenaza; a su vez, a Cristina no le interesa el diálogo y se muere por catalogar de cipayos a sus socios electorales por haber pactado con el FMI y haber empezado a tomar medidas fiscalmente razonables. El problema es que, como en el dilema del prisionero, ambos no se animan a delatar al otro: saben que, si lo hacen, será el fin de los dos (en el caso de CFK iría presa literalmente). La mesa de diálogo del Frente de Todos es el diálogo entre los dos prisioneros.
 Citando la idea de Ludwig Von Mises, no es correcto hablar sobre que la riqueza se redistribuye porque en ningún momento se distribuye, sino que se asigna lo correspondiente a cada parte. Podríamos decir, tomando ese concepto, que el poder difícilmente pueda distribuirse en el Frente de Todos, ya que desde el principio se le fue asignado a cada uno, y no es precisamente Alberto Fernández el que tenga la mayor cuota del mismo. Más bien, es un presidente débil, que no puede decir lo que realmente piensa como cuando era crítico del kirchnerismo porque así se licuaría el poco poder que le queda: como en el dilema del prisionero, está condenado al silencio y a la mentira, por lo menos hasta que su pacto con el otro reo termine y salgan los dos en libertad. Hay que recordar lo que dijo Ginés González García luego de ser eyectado del cargo: ¨Si hablo se cae el gobierno¨. Terribles secretos se esconden detrás del silencio.

lunes, 26 de diciembre de 2022

OPINION: UN EXPRESIDENTE CONDENADO ES UN REFLEJO DE LA FORTALEZA DE LA LEY

Lionel Messi y el resto de la selección argentina le dieron una alegría a un pueblo golpeado.
 
Emile Durkheim, considerado uno de los padres de la Sociología, teorizó en su obra División del Trabajo Social acerca del delito en las sociedades. Siguiendo su argumentación, la pena ante un delito no pasa por la venganza del damnificado hacia el delincuente, sino que tiene más bien a la sociedad como aquel sujeto colectivo que busca prevenirse de los delitos del condenado y que aplica un castigo ante el daño cometido. El derecho penal es lo que permite a una sociedad funcionar correctamente, ya que priva de su libertad a aquel que destruye la solidaridad orgánica: esta es la solidaridad que nos une a todos casi inconscientemente, gracias a la división social del trabajo. Si bien el principal motor de una pena es la moral, se equivoca el que piensa que la economía no tiene nada que ver: en una sociedad que funciona correctamente, la división social del trabajo implica que un vendedor de autos le venda el automóvil a un verdulero, que este lo utilice para ir al mercado central a comprar la fruta, pasando por una ruta que fue hecha por un empresario de la construcción que a su vez contrata a un trabajador para que arregle el asfalto, y así se podría seguir con miles de casos más de cómo nuestra sociedad nos une a todos orgánicamente hasta que el vendedor de autos le compra la fruta al verdulero que le compró el vehículo. Ahora bien, ¿Qué pasa si en vez de ser todo tan perfecto, el empresario (empresaurio, diría Milei) que tiene que hacer la ruta le paga sobreprecios al político de turno, y la obra ni siquiera se termina? Los negocios personales del que cobra y el que paga la coima le salen más caro al contribuyente que paga sus impuestos, y tal vez esa ruta no pueda ni usarse por su estado desastroso. 
 En una sociedad es casi imposible que no exista el delito, pero este puede combatirse si se cumple la igualdad ante la ley: que se condene tanto al punguista que roba en los semáforos como a la gente con mucho poder es un indicador sobre que hay una república robusta y donde reina el imperio de la ley, destinada a ser igual para todos. En una sociedad que desea empezar a funcionar, la corrupción como una práctica institucionalizada debe ser no solo penada por la legislación, sino que esta última se aplique a rajatabla. Una vez consolidadas las mínimas condiciones de un Estado de Derecho (no solo que exista la ley, sino que se aplique), será posible dar pie a erradicar prácticas que se encuentran tan arraigadas y que hacen mucho daño. Primero, es menester que el que comete un delito no se vuelva impune, y luego fomentar mecanismos de prevención que hagan a la transparencia del manejo de los fondos públicos, donde el ciudadano esté informado sobre quiénes son los candidatos de una boleta; que aquellos que fueron condenados no puedan presentarse; establecer contrapesos para ejercer un control efectivo en el momento mismo en que se lleva a cabo el manejo discrecional del erario público.
 Habiendo ya una condena firme y demostrada la existencia del delito, los seguidores mesiánicos y su salvadora siempre tendrán pretextos para convertir en perseguida a una Cristina condenada: que fue investigada por ser peronista y mujer, que la justicia y los medios son una herramienta de la derecha para deslegitimar gobiernos populares. Toda una ensalada de cuestiones ideológicas, de género, históricas, que no resisten el menor análisis. A un fanático no se lo puede hacer entrar en razón: es una empresa perdida la de pretender que desaparezca el kirchnerismo. El punto no pasa por borrarlo, sino por vencerlo: que el voto que no es ideológico y vota según la coyuntura no legitime la corrupción con tal de salir de un mal momento, tal como ocurrió en las elecciones del 2019.
 En países como Perú, a diferencia de la Argentina, hay una gran inestabilidad política, con presidentes que no duran lo previsto en el cargo. Pero la fortaleza de sus leyes ha condenado a distintos ex jefes de Estado, y a su vez ha consolidado la independencia de las reglas del juego: no es casualidad que, a pesar del desfile de presidentes, el titular del Banco Central sea el mismo hace muchos años y que su economía goce de una envidiable estabilidad. Una fuente de solidez de una economía siempre pasa por la fortaleza de las instituciones. Que la ley se aplique a todos por igual puede ser para la Argentina, aunque sea un principio, un atisbo, de una futura economía estable a partir de una república fuerte. 
 Cabe agregar que está en manos de la oposición y de la gente poder encauzar al país en un sendero de confiabilidad institucional. En Brasil Lula fue electo habiendo estado condenado, preso y confirmada su sentencia en distintas instancias. Si bien los jueces que dictan la sentencia condenaron a CFK, para que no la absuelva la ¨historia¨ (como ella dice), las otras fuerzas políticas tienen en sus manos hacer bien los deberes para que el pueblo no olvide rápidamente lo ocurrido. Solamente así, la historia la habrá condenado. 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

OPINION: BELGRANO DIO TODO POR EL PAIS PARA QUEDARSE SIN NADA, LA POLITICA NO DA NADA Y PIENSA QUEDARSE CON TODO

El gigante y torpe tamaño del Estado beneficia a los políticos y hace pagar con la inflación a los argentinos. A su vez, la inflación en Brasil se sigue desacelerando. 

Luego de haber peleado en las guerras de independencia, en una joven y recién nacida patria argentina fallecía sumido en la miseria uno de sus más grandes próceres: el General Manuel Belgrano murió pobre, habiendo pagado su última consulta con el médico con un reloj, pues no tenía dinero para poder abonarla normalmente. Que uno de los héroes de la independencia haya terminado de esa manera obedece a lo gigante de su obra: el dinero ganado por combatir contra los realistas lo donó para la construcción de escuelas. Su salud fue entregada en virtud de lo que él consideraba que era primordial, siendo esto último el futuro de una nación que daba sus primeros pasos. 
 La obra de un estadista radica en su mirada a largo plazo. Un estatista, en cambio, solo piensa en el día de hoy: que el Estado subsidie todo; regale plata; tome permanentemente empleados en las plantas de los organismos públicos. Lo único importante es ganar las próximas elecciones, y por lo tanto, a un estatista solo le interesa que la gente esté contenta para que lo sigan votando, sin pensar que a futuro se estarán cosechando problemas. Invertir en educación no rinde electoralmente, ya que los resultados expresados en la construcción de capital humano tardarán años en vislumbrarse. Lo mismo pasa con las obras hidráulicas necesarias para evitar inundaciones: muchos políticos piensan que es una pérdida de tiempo emprender semejante proyecto, ya que son obras que llevan años en terminarse y el municipio sólo dejará de inundarse cuando estas terminen. Según cuenta en su nuevo libro Para Qué, Macri decidió emprender dichas obras en la Ciudad y confesar que por tres años las calles porteñas se seguirían inundando.   
 En la Argentina se asiste diariamente a un espectáculo que no tiene nada de divertido: mientras la inflación carcome los salarios, la inseguridad se cobra vidas y el narcotráfico avanza como una topadora, los que tienen en sus manos el destino de la gente se preocupan por su "quinta". En su agenda no parece estar derogar la ley de alquileres (por nombrar tan solo una de las tantas cuestiones que realmente son primordiales), sino cancelar las PASO para perjudicar a la oposición (que está implosionando producto de su batalla interna de egos imparables), intentar una reforma de la Corte Suprema que genere una mayoría adicta, y hemos visto cómo todas las figuras del oficialismo tienen una preocupación tan desbordada por sus intereses, que postergan los del público que les otorgó el poder. Katopodis piensa en volver a San Martín, Ferraresi a Avellaneda, Manzur a Tucumán. Al estar las próximas elecciones presidenciales prácticamente perdidas, quieren asegurarse de no perder sus territorios. Muchos gobernadores del PJ también se anticipan a la derrota y planean desdoblar las elecciones en sus provincias para no quedar pegados al gobierno nacional. Es por eso que la reelección indefinida, ya sea a nivel provincial o municipal personaliza la gestión pública en el caudillo que ocupa el cargo, y esto se presta a la discrecionalidad para que el gobernante de turno utilice todos los recursos a disposición para perpetuarse en el poder. Citando a Esteban Bullrich, "no hay personas imprescindibles, sino ideas imprescindibles". Muchos legisladores bonaerenses de Juntos por el Cambio parecen no haberlo entendido cuando votaron por que continúen las reelecciones indefinidas en los municipios de la Provincia de Buenos Aires. 
 La preexistencia de las Provincias al Estado Nacional sentó las condiciones para el poco peso de los partidos políticos a nivel nacional, lo cual va en detrimento de construir proyectos a largo plazo para la Nación. Los partidos tienen un desarrollo organizativo más centrífugo (una tendencia localista), y muchos diputados nacionales obedecen a los gobernadores de sus provincias, permanecen poco tiempo en el Congreso para migrar a cargos provinciales, y de esa forma se complica aún más emprender reformas profundas que el país demanda. Alfonsín tenía una mirada de estadista al plantear la necesidad de implementar una modernización del Estado. Alcanzar ese objetivo parece imposible sin una apuesta por hacer converger un proyecto nacional, donde el PJ, el partido más importante y hegemónico de la Argentina, deje de obedecer a sus homónimos provinciales como son los feudos de San Luis, Formosa, Santiago del Estero, Catamarca, entre otros, y encare una visión republicana y viable a largo plazo donde la agenda del ciudadano esté por sobre la de los políticos eternos.
 El poder no es ni un recurso mágico, ni un componente de la naturaleza. Es una relación social, asimétrica, desde ya. Pero donde el que tiene el poder necesita de la aceptación de la sociedad. El gobernante sin gobernados no existe. La dialéctica de Hegel entre el amo y el esclavo lo sintetizan muy claramente: en un primer momento de tesis, el amo piensa que lo es todo, y el esclavo nada; luego, en la fase de antítesis, el amo contrasta a partir de la experiencia que los servicios de su casa se cumplen gracias a la labor del esclavo; y finalmente en la síntesis (resultado de los dos momentos previos), el amo entiende que sin el esclavo no es nada, que no podría sin él tener todas sus necesidades satisfechas. El kirchnerismo se mal acostumbró a permanecer en el poder: en diciembre de 2023 va a haber gobernado 16 de los últimos 20 años, y no gobernar para la gente que le dio el poder puede llevar al amo a quedarse sin esclavo.
 En medio de la necesidad de acumular reservas, la Argentina gasta dólares para importar papel destinado a la impresión de billetes, todo por no crear papel-moneda de mayor denominación. La tramoya de aparentar una menor inflación de la que hay para no sincerar el fracaso económico con fines electorales y a costa de las reservas que el país necesita es la única explicación plausible para entender semejante sinsentido. Así como Belgrano sacrificó su patrimonio por el futuro del país, los vándalos de la banda comprometen el futuro para engrosar sus ambiciones ególatras. La oposición también debería tomar nota, y leer el libro de su principal referente con el fin de tener claro Para Qué quieren el poder cuando termine la guerra entre halcones y palomas y los outsider como Manes devenidos de repente en políticos de raza. Un día el amo puede quedarse sin su esclavo, es decir, el gobierno puede perder el voto de la gente que le otorga el poder. En ese instante, se habrá quedado sin nada.  

martes, 6 de septiembre de 2022

OPINION: EL AMOR Y EL ODIO HACIA PERSONALISMOS COMO LOS DE CRISTINA LE HACEN MAL A LA DEMOCRACIA

El fiscal Luciani pidió 12 años de condena para CFK. Mientras tanto, sufre embates del Presidente y otras figuras del oficialismo. 


El reconocido politólogo italiano Norberto Bobbio planteaba una dicotomía bastante conflictiva, que consistía en el gobierno de las leyes frente al gobierno de los hombres. En una democracia, los cargos los ocupan hombres que deben cumplir las leyes, y se corre el riesgo de que el hombre pase por encima a la norma. Y si se ejerce una preponderancia de la ley, esta puede reducir al hombre. Esa tensión persiste constantemente, y no es fácil alcanzar el equilibrio deseado.    

 Puede decirse que de alguna manera, los intelectuales fundadores de la Constitución de los Estados Unidos se anticiparon varios años a dicha dicotomía: bajo el seudónimo de "Plubio", Hamilton, Madison y Jay formulan en "El Federalista" su escrito sobre el funcionamiento de la carta magna estadounidense, norma fundamental que será una fuente de inspiración para todas las constituciones liberales y republicanas del continente.   

 La clave para que una democracia sea liberal está en la división de poderes: puede haber elecciones periódicas, pero si el ejercicio del poder no respeta la independencia de un poder sobre otro se cae en híbridos que ya han existido en la historia, llamados "democracia iliberal" o "autoritarismo competitivo". La división del poder del Estado en tres poderes hace al objetivo de salvaguardar la libertad: que el poder se distribuya en tres evitando su concentración implica que uno frene al otro. Es decir, que haya hombres que controlen a otros hombres, por medio de la ley. Para que ningún poder se corrompa, hay mecanismos de control para que no haya minorías oprimidas por la mayoría ni elites que sometan a las mayorías. 

 Cuando Cristina habla de la existencia de un "partido judicial", con la teoría que expresa que aquel es la continuidad del partido militar que derrocaba gobiernos democráticos en el siglo XX, está acudiendo a un relato que deslegitima el funcionamiento de la justicia. En vez de ponerse a disposición de esta última, la Vicepresidente incurre en sembrar dudas acerca del compromiso democrático por parte de los jueces y el Ministerio Público Fiscal. Al contrario de lo que sostiene, es ella misma la que erosiona las instituciones democráticas con su comportamiento. 

 El Poder Judicial está sometido al control por parte de los restantes poderes: el pliego de los jueces federales se instituye por medio de una terna vinculante del Consejo de la Magistratura, y hasta hace poco tiempo este último tenía una sobre-representación de los miembros provenientes de los partidos políticos que favorecía al kirchnerismo. Luego, los pliegos de los jueces deben ser votados por dos tercios del Senado, al igual que los fiscales. En la Cámara Alta, antes de la ultima elección, el peronismo siempre tuvo quorum propio. Gran parte de los jueces y fiscales que según Cristina  "ya tienen la condena escrita" fueron nombrados bajo gobiernos peronistas. Por otra parte, otro mecanismo de control sobre la justicia es el juicio político. No hay ninguna evidencia que indique que haya falta de imparcialidad en un magistrado como para utilizar tal herramienta contemplada en la Constitución. Hasta ahora, los argumentos de Cristina consistieron en intuir que por el hecho de participar de un partido de fútbol Luciani es macrista; o que Nicolás Caputo es tan corrupto como ella; pero no expone ningún fundamento que contradiga lo investigado por el fiscal. Por de pronto, sí existen motivos para iniciarle un juicio político al Presidente, quien no solo se inmiscuyó en la labor del Poder Judicial opinando sobre las causas que comprometen a la líder de su espacio (algo que la Constitución le prohíbe), sino que también, por si faltaba más, lanzó una amenaza encubierta hacia el fiscal Luciani.

 La idea alocada de democratizar la justicia que invocan ciertos militantes es desconocer su funcionamiento: en el "Federalista", texto mencionado anteriormente, se explica que los jueces deben ser vitalicios porque si su función durara unos pocos años como ocurre con otros cargos, entonces los jueces faltarían a su imparcialidad con el fin de ser designados periódicamente; mientras que los jueces no pueden ser elegidos por el voto de los ciudadanos debido a que entonces se convertirían en cargos político-partidarios, denotando una clara parcialidad que desautorizaría su rol como magistrados. 

 El intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner es el clímax lamentable de una serie de pasiones fanatizadas que expresan amores y odios desmedidos hacia su persona. Que la democracia se concentre en su figura es insano: habla de la falta de ideas y el seguimiento por personalismos que intentan estar por encima de las instituciones, lo cual termina por destruir a la aludida democracia. 

 Es natural que los líderes basen gran parte de su liderazgo en el carisma (para Max Weber a ese atributo estaba muy vinculada la política profesional y representativa), pero el seguimiento religioso de una figura no acepta que esta debe acatar las instituciones, y que estas no tienen que encarnar a su persona tal como ocurre en Corea del Norte (para muchos una teocracia). Escuchando a muchos adeptos de CFK se puede entrever su divinización (la declaración de "amor" de sus militantes, llamar a su casa como un "santuario"). Mientras que el odio que despierta en casos como el del brasileño detenido, está de más decir que tampoco respeta las reglas del juego, y que abre la posibilidad a atrofiar aún más los mecanismos constitucionales a través de un estado de violencia política que la Argentina ya vivió en su momento. El peligro de todo esto es la deslegitimación de las instituciones republicanas y de la democracia como método capaz de solucionar los conflictos. La violencia es un síntoma de la enfermedad.      

lunes, 1 de agosto de 2022

OPINION: LOS POSIBLES CAMINOS DEL GOBIERNO BICEFALO DE CARA A 2023

Mientras Alberto Fernández y Cristina Kirchner se disputan el poder, el peso quema en el bolsillo de los argentinos.

Charles Darwin alcanzó la fama luego de escribir acerca de su teoría de la selección natural. Aquella explica la supervivencia del más apto en la naturaleza. Los animales evolucionan a lo largo del tiempo adaptándose al entorno. El que no lo logra, no puede sobrevivir. La mariposa cambió el color de sus alas para confundir a sus depredadores. De lo contrario, aquella se habría extinto, siendo eliminada por reptiles, anfibios, o arañas. 
 Algo parecido ocurrió con los partidos Socialdemócratas europeos: la socialdemocracia implica un socialismo a través de la democracia. Primero, dicho tipo de partidos se dieron cuenta que para ganar elecciones no podían contar únicamente con electorado proveniente del proletariado, por lo que orientaron su discurso a atraer los votos de electores pequeño burgueses y de la clase media. Por otra parte, entendieron que las promesas socialistas de nacionalizar industrias y crear empresas públicas, además de no ser competitivas en lo electoral, iban a ir en contra de sus intereses al llevarlas a la práctica en caso de alcanzar el gobierno. Si la socialdemocracia pretendía representar a los trabajadores, aplicar medidas extremas que destruyan el capital e impliquen un aumento de la inflación eliminando puestos de trabajo iría en perjuicio de la clase trabajadora que tales partidos decían defender. Es por eso que los partidos socialdemócratas europeos siguen conservando ese nombre pero en la práctica son partidos de una ideología keynesiana: lejos de querer llevar a la práctica una economía socialista, son partidos que respetan el capitalismo pero creen en una cierta intervención del Estado en la economía. Tal como indica la teoría de Darwin para la naturaleza, si los partidos socialdemócratas europeos no se adaptaban al "entorno" ( el desarrollo y la evidencia de la historia), hubieran dejado de ser competitivos y tal vez hubiesen desaparecido.
 El gobierno bicéfalo de los Fernández en Argentina, al cual le queda poco más de un año, tiene que enfrentar un dilema por delante: descartando la alternativa de que bajen la inflación y la pobreza en el tiempo que les queda de forma tal que la sociedad olvide todo lo ocurrido y que eso les permita ganar las elecciones en 2023 (lo cual podría considerarse un milagro), las dos cabezas que se dirimen el poder del sillón de Rivadavia tienen dos posibilidades, donde ambas los conducirán probablemente a una derrota, pero una posiblemente sea de una mayor dignidad.
 La primera posibilidad es empecinarse con el decálogo kirchnerista: continuar con los controles de precios, echarle la culpa de la inflación a los empresarios, seguir emitiendo, negarse a hacer el ajuste. Lisa y llanamente, continuar con los errores que la Argentina viene cometiendo hace décadas. La imagen negativa de los fundadores del Frente de Todos seguiría en alza, al igual que el precio del dólar.  
 Mientras que la segunda posibilidad podría ser comenzar a realizar el trabajo sucio, reconociendo que el ajuste es inevitable: eliminar subsidios; corregir el déficit fiscal; llegar a emisión cero; empezar a revertir el asunto de los planes sociales indefinidos y sin contraprestación; achicar la brecha entre el dólar oficial y el paralelo para que al campo le resulte beneficioso exportar. Seguir este camino tendría un costo político enorme, también llevaría a la derrota del gobierno en 2023, pero significaría lo mejor para el país. Además de que de tal forma se le allana el camino al próximo gobierno, que de lo contrario debería comenzar a hacer todas las reformas de golpe antes de que la bomba le explote en la cara. 
 Las intenciones de Batakis sobre alcanzar el equilibrio fiscal y concretar las metas pautadas con el FMI son un fuerte indicio de que el propio kirchnerismo está reconociendo que la heterodoxia llegó a su límite. No quiere decir que con la introducción de Massa en el gabinete el gobierno se haya vuelto ortodoxo, pero sí que la heterodoxia está llevando al país a una crisis económica y social muy profunda. El ajuste que había empezado la "derecha" de Macri está siendo ejecutado por un gobierno "nacional y popular". La realidad le puso coto a la diatriba del kirchnerismo, tal como le ocurrió a la socialdemocracia europea.   
 Las complicaciones económicas y sociales no pueden despegarse de la crisis política. El filósofo Jean Jacques Rousseau argumenta en el Contrato Social que el Poder Legislativo debe ser la mente (aquello que piensa, elabora leyes) de un cuerpo, el cual viene a ser el Poder Ejecutivo (quien le da movimiento a lo concebido por la mente y ejecuta las leyes). En un sistema presidencialista, el Presidente tiene el menester de ser el conductor de los resultados de la deliberación parlamentaria. Al ser un gobierno de coalición, es natural que pueda haber tensiones en el oficialismo, pero lo que hace de este gobierno una anomalía es el carácter bicéfalo de las decisiones finales. Los cambios en el gabinete corren el riesgo de ser meros intercambios de nombres si no hay una decisión política de torcer el rumbo.
 Si Alberto Fernández tomara las decisiones sobre el rumbo de la Argentina y aplicara las medidas anti-populares pero necesarias, a lo mejor su carrera política termine para siempre. Pero el PJ podría reinventarse, dejando de lado la prédica chavista y así poder jactarse de que fue el partido que comenzó con el ajuste que la Argentina necesitaba, aunque parece difícil con Cristina siendo la jefa de su espacio. En un gobierno donde el Presidente no tiene la lapicera para dar pie a las reformas requeridas, su fuerza política corre el riesgo de ser devorada como una mariposa cuyas alas no se camuflan en el marrón de las ramas; alas cuyo rojo fluorescente son el rojo de la depredación sangrienta del destino. 

lunes, 11 de julio de 2022

CUENTO: EL PAIS DE LA IGNORANCIA

En el País de la Ignorancia, todo se hace cuesta arriba. Sus habitantes, los Ignorantes, oran por el dios Gnoscere, dios del placer, quien ha implantado una cultura del mínimo esfuerzo. Wilfredo Mejía es un investigador proveniente de otra parte del mundo, y ha llegado a Ignorancia para observar las particularidades que ocurren en estas tierras.  

 La educación aquí tiene poco que ver con lo conocido por los habitantes de donde viene Mejía: es un sistema educativo que premia la diversión y el hedonismo, mientras que en los grados mas altos de la escolaridad se califica bien a la lujuria y la intemperancia. 

 Es muy complicado vivir bajo las condiciones de vida ignorantes, ya que las casas tarde o temprano terminan derrumbándose, porque son construidas sin conocimientos y con poca concentración. Los platos de comida tienen altas probabilidades de generar malestar corporal, debido a su imprecisa cocción. La política partidaria se destaca por tener candidatos que no saben hablar, por lo que terminan ganando las elecciones sólo aquellos que son más divertidos. No hay ningún deporte popular para la sociedad, teniendo en cuenta que nadie conoce las reglas de ninguno. Los accidentes de tránsito ocurren a una frecuencia de uno cada cinco minutos, pues es raro que alguien sepa bien las normas de tránsito para conducir. Encontrar trabajo es harto complicado: prácticamente no existen seres que cuenten con los requisitos requeridos por las empresas.

 Estas últimas se interesan en un mínimo de pericia y experiencia a la hora de contratar un empleado. A pesar de no existir persona con dichas cualidades, se niegan a bajar sus pretensiones. Eso habla también de su ignorancia: cada emprendedor es tan ignorante, que funde al poco tiempo su propio negocio.

 Analistas sociales, políticos y económicos de otras partes del mundo han intentado encontrar la causa de semejante caos en el País de la Ignorancia. Si bien no lo consiguieron, dedujeron que todos los males que aquejan a esta particular sociedad pueden resolverse mediante la lectura. Leyendo, los ignorantes podrían ahora subsanar su falta de conocimiento. Sin embargo, en esta población nadie entiende lo que lee. 

 La inseguridad también da que hablar: se suceden una multiplicidad de delitos sin condena, ya que no existe un código penal porque nadie sabe como elaborarlo. No hay casamientos, porque no existe sujeto que haya estudiado abogacía y haga un código civil. Es una comunidad que se encuentra super-poblada, a causa de que se desconoce como cuidarse ante una relación sexual. 

 Wilfredo Mejía podría seguir observando con mucha gallardía más sucesos que hacen a la desorganización de los ignorantes. Pero sin caer en conclusiones despectivas hacia la vida de estos ciudadanos, el investigador partió rumbo a su patria con una idea que lo desveló durante su última noche de estadía: "A lo mejor, los ignorantes no saben nada porque nunca tuvieron a nadie que les enseñe".