lunes, 14 de agosto de 2023

Opinión: El PRO inventó a Milei

"¡Viva la libertad, carajo!": el rugido del "león".

A diferencia de muchas democracias del mundo, la Argentina no contó en gran parte de su historia democrática con un sistema de partidos donde esté presente una fuerza representativa de la centro-derecha o derecha. Los principales partidos, el PJ y la UCR, son el primero el partido de la justicia social, y el segundo el de la socialdemocracia (es integrante de la Internacional Socialista). Es cierto que el peronismo fue parte del Consenso de Washington con Menem, y que el radicalismo con De La Rúa continuó el modelo menemista, pero estos presidentes son casos aislados en la historia de sus partidos y no los representan ideológicamente. La victoria de Propuesta Republicana (PRO) en 2015 fue un hecho histórico de la historia democrática argentina: por primera vez un partido orgánicamente ubicado del centro a la derecha se hacía con la presidencia en sufragios libres y competitivos. En aquel entonces se respiraban aires de cambio. El PRO enarbolaba las banderas del orden, de la seguridad, de la libertad, de afinidad con los mercados, de ser una fuerza naciente y novedosa.
 Si bien el gobierno de Macri tuvo buenos resultados en materia de seguridad, de relaciones internacionales, de un cierto ordenamiento fiscal, su gobierno careció de un discurso ideológico que convenza a las masas del rumbo que debía tomarse. Su gobierno terminó siendo una planilla de Excel, una consultora de análisis de encuestas y las reformas estructurales nunca llegaron. Se desaprovechó una oportunidad histórica y el kirchnerismo volvió. No es casualidad que en aquel entonces haya comenzado, por medio de Espert, la idea de que todos los políticos son lo mismo. En esa elección del 2019 Espert sacó el 1,2% de los votos; luego en 2021 Milei consiguió 17% en la capital y Espert 8,5% en la provincia; y ahora Milei obtuvo el 31% a nivel nacional. El crecimiento de este tipo de propuestas fue aritméticamente exponencial, tanto como la inflación. 
 Milei no diseñó el concepto de casta. Ese pensamiento ya estaba presente en la sociedad antes de su irrupción en la política. Lo que hizo el economista libertario fue poner en términos claros lo que gran parte de la gente percibía, y capturó con propuestas concretas la agenda que el PRO dejó pendiente. Cuando Macri gobernaba la Ciudad y se vislumbraba su inminente competencia por el sillón de Rivadavia, el arco ideológico del centro a la derecha era propiedad de su figura y de su partido. Sus propios errores lo hacen hoy compartir ese espectro con La Libertad Avanza.
 La interna de Juntos por el Cambio se definió por la herencia no tan mala como se creía del gobierno de Cambiemos: a partir de la gestión de Bullrich, del 2015 al 2019 se habían reducido significativamente los homicidios y erradicado los secuestros. En cambio, la voluntad popular descartó al ala del PRO que perdió las banderas del orden: la falta de decisión de Rodríguez Larreta para desactivar los piquetes y ser más combativo es otro síntoma del derrotero ideológico en que Juntos por el Cambio estaba sufriendo bajo su conducción. 
 Luego del encierro para el olvido decretado durante la pandemia y la crisis inflacionaria, no es ninguna sorpresa que el electorado se decante por opciones que prometan reducir el Estado. Para desgracia de Larreta, este fue parte del hartazgo de la sociedad al haber conformado un tridente con Alberto Fernández y Kicillof, y después de haber tardado... ¡Un año! En tomar la decisión de abrir las escuelas.
 El lenguaje que suele utilizarse para referirse a nuevos fenómenos políticos es un indicador de la tradición política que siempre hubo en la Argentina, y que deberá amoldarse a los nuevos tiempos que vienen. Se tilda a nuevas fuerzas como la de Milei de ultra-derecha, pero nunca se trata al Frente de Izquierda o a los anhelos expropiadores del kirchnerismo como de ultra-izquierda. 
 Por otra parte, el abismal ascenso de Milei no solo es responsabilidad de Juntos por el Cambio, sino también del peronismo, que hizo la peor elección de su historia. No solo Unión por la Patria quedó tercero, sino que sus dos precandidatos no eran del PJ: Massa tiene su propio partido, el Frente Renovador; y Grabois integra el Frente Patria Grande. Nunca antes había pasado que el PJ haga un papel tan malo en una elección. 
 Otro componente llamativo de la elección es el corte de boleta: Milei salió primero en la elección presidencial sin ganar hasta ahora ninguna gobernación en ninguna provincia, donde obtuvo magros resultados. El personalismo de su movimiento transforma al carisma de su figura en un ente más potente que cualquier armado que haya hecho en el interior. En caso de que sea el próximo presidente, se enfrentará a un Congreso con colores políticos mayormente opositores y con 24 provincias gobernadas por otras fuerzas. Si en tal escenario opta con confrontar y reducir su gobierno a la agresividad de su persona, las reformas que pretenda impulsar se verán truncadas si no apela a un cierto pragmatismo aliándose con Juntos por el Cambio. 
 Para evitar un futuro gobierno de Milei con alta fragmentación partidaria en el Congreso y lograr un gobierno del PRO con mayoría en las dos cámaras, Juntos por el Cambio deberá recuperar el espectro ideológico perdido, estando más cerca de Milei que de Schiaretti, pero conservando la bandera de los valores republicanos y la institucionalidad que supo en su momento llenar el obelisco con una movilización masiva en el ocaso del gobierno cambiemita.
 Mientras la política cometía errores garrafales como votar la ley de alquileres, y luego no reunir consensos para derogarla, Milei llenaba las plazas y el Movistar Arena. El autor de aquella fatídica ley fue Daniel Lipovetzky, del PRO. Puede decirse que el partido fundado por Macri inventó a Milei, en el momento en que la batalla cultural y el clivaje existente dejó de ser republicanismo vs kirchnerismo, para ser la anti-política vs la clase política. Se asoció a la clase política a los privilegios del Estado, donde con libros, declaraciones en la televisión y en redes sociales, el economista libertario desplazó al PRO del arco ideológico en donde había nacido. Las unidades culturales, en términos de Antonio Gramsci, fueron copadas por los libertarios, sobre todo con un recambio generacional en el que los jóvenes de hoy han crecido sufriendo las ineficiencias del Estado, y rebelarse dejó de ser un acto de la izquierda para pasar a ser de la derecha, siendo este último término ya no más una mala palabra. Sin lo que se conoce como una "estructura partidaria", es decir, sin fiscales, sin grandes aportes de campaña, sin un gran aparato de militantes, sin miembros en las legislaturas y consejos deliberantes de todas las provincias y municipios, fue suficiente para que Javier Milei dé vuelta todo el tablero de la política argentina. Mientras los políticos pierden el tiempo, la realidad apremia.  

Tomás Racki. Politólogo.

jueves, 29 de junio de 2023

Opinión: Los caudillos del interior fracturan la democracia desde adentro

 

Alperovich, Capitanich e Insfrán. Tres "señores feudales". El primero, acusado de abusar sexualmente de su sobrina. El segundo, muy ligado a la familia responsable del asesinato de Cecilia Strzyzowski.

¿Qué tienen en común Gildo Insfrán, José Alperovich, Jorge Capitanich, Gerardo Zamora, Adolfo Rodríguez Saá, Alicia Kirchner, entre otros, además de ser gobernadores en muchos casos hace más de dos períodos en sus provincias, y de pertenecer al Partido Justicialista? Patrimonios injustificables teniendo en cuenta sus salarios; poblaciones domesticadas a base de un estilo de gobernar a mano de hierro; e índices de pobreza, subdesarrollo y humanitarios catastróficos son hoy un factor común en las provincias de los caudillos peronistas. 
 En la famosa obra de Domingo Faustino Sarmiento, Facundo: Civilización y Barbarie en las pampas argentinas, el caudillaje estaba representado antes, en el siglo XIX, en las figuras de Facundo Quiroga y Juan Manuel de Rosas. El rol de los caudillos no es nuevo y data de las épocas post-independencias en los nacientes países latinoamericanos: en esas nuevas naciones, donde no había Estados-Nación consolidados, se heredaba un esquema fiscal que ya desligados de la corona española se encontraba fracturado, y con la necesidad emergente de construir la ley que debía a partir de entonces regir la vida política y social. En tal coyuntura estaban las personalidades de los caudillos cuyo dominio de sus territorios era un componente ya existente, anterior a las independencias. Por sus personas pasaban el cobro de impuestos, los permisos en forma informal para emprender negocios, el acceso a cargos públicos. En ese contexto, el caudillo concentraba el poder ante la falta de ley: es por eso que, en términos de Sarmiento, en el interior del país reinaba la barbarie de la violencia y la falta de educación con las que los caudillos fortalecían sus nichos de autoridad. Hoy la situación de los caudillos argentinos es sutilmente distinta, ya que se amparan en las leyes que el PJ ha construido en sus diferentes territorios: es la ley de la Constitución formoseña lo que le permite a Insfrán ser reelegido eternamente; o las políticas públicas de vivienda lo que le permitió al clan de los Sena formar un Estado paralelo donde, en alianza con Capitanich, se extorsiona a los chaqueños con amenazas y piquetes. 
 No muy distinto ocurría en la época del peronismo original, con el general fundador de su movimiento: la Fundación Eva Perón brindaba caridad a los pobres, a los que sus propias políticas eran incapaces de rescatar de la pobreza. Pero además de ese engaño, lo más siniestro era la presunta legalidad de la maquinaria. Aportes a dicha fundación pasaban por voluntarios, cuando en realidad eran donaciones de empresarios cuya supervivencia de sus negocios dependía de realizarlas ante las amenazas y extorsiones. El intelectual Friedrich Hayek lo comentó con sapiencia en el Camino de Servidumbre: el gobernante autoritario siempre buscará legalizar sus actos de gobierno.
 No es casualidad que el peronismo se caracterice más comúnmente bajo ese nombre que a través de la palabra "justicialismo", a pesar de que el partido se llame de esta última forma. El culto a la personalidad es peligroso, y sobre todo cuando la gente se inclina por este aun cuando haga explotar todo por los aires. Si en el tiempo sobrevive el liderazgo por sobre la democracia, es porque los mecanismos de contralor de esta última fueron vencidos, no únicamente a causa del primero sino por la utilidad de la gente que lo ha votado.
 La democracia, por lo menos en la mayoría de la población, no está puesta en duda como el régimen más adecuado. Es por eso que la fachada democrática, donde hay elecciones como forma de mostrar al público exterior al territorio que en sus pagos se respetan la libertad y los derechos humanos, es hoy uno de los principales instrumentos de los autócratas para destruir a dicho sistema. Ya no hace falta hacer un golpe de Estado con ayuda de los militares para establecer una dictadura. A partir de los resortes de la democracia, esta misma sufre una erosión por dentro. Autócratas como Putin y Erdogan accedieron al poder a partir de elecciones libres, y lo revalidan en cada acto eleccionario, solo que este último es cada vez menos libre y menos competitivo. Un régimen se define por su forma de acceder al poder, pero también por cómo se ejerce: ambos elementos son igual de necesarios, y no alcanza con uno si no existe el otro.
 Artilugios como la ley de lemas que hacen que más del 70% de las boletas de un cuarto oscuro en Formosa tengan la cara de Insfrán son una tramoya que hace de las elecciones una institución menos competitiva para los demás espacios políticos. Pero no deja de ser un instrumento que, dada la legislación vigente en esa provincia, ningún juez parece objetar. Es una tarea importante para la democracia evitar dinámicas que dentro de su propio funcionamiento pueden hacerla eclosionar. El clientelismo, la piñata de cargos públicos que se reparten como golosinas en estas provincias mal llamadas feudales (como dijo Andrés Malamud, el feudalismo era un modo de producción, y estas provincias no producen nada), alimentan la concentración del poder y por lo tanto el mal funcionamiento democrático. En este funcionamiento distorsionado de ejercer el poder, surgen delincuentes como Emerenciano Sena y Milagro Sala. La imagen de Capitanich destrozando un diario en una conferencia de prensa cuando era Jefe de Gabinete representa la ideología peronista y de los caudillos del PJ en el interior: así es como gobierna en su provincia.

miércoles, 10 de mayo de 2023

Opinión: Como diría Alberdi, gobernar es poblar

Para muchos jóvenes argentinos, la única salida es Ezeiza.

Si la Argentina en el siglo XIX se benefició de un prometedor crecimiento económico que la convirtió por un tiempo en el país más rico de América Latina, en gran parte se debe a la obra de Juan Bautista Alberdi. La Constitución Nacional de 1853, cuyo cuerpo principal aún hoy sigue vigente e inspirada en valores de la libertad y el federalismo de repúblicas como los Estados Unidos, trajo décadas de prosperidad a una nación que parecía ser una de las más pujantes del mundo. Teniendo una realidad completamente distinta, si la Argentina hoy está peor que sus vecinos de la región, gracias a la pujanza de aquellas épocas es que los años de decadencia nos hicieron descender pero desde un piso muy alto, cuando nuestros hermanos latinoamericanos nos miraban desde abajo y con admiración y no al revés como en la actualidad. 
 En su gran obra Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, Alberdi, autor intelectual de nuestra carta magna, argumenta en qué debe basarse esta y los errores que cometieron otros países sudamericanos en la elaboración de su ley fundamental. Sus ideas pueden sintetizarse en la frase de "Gobernar es poblar": no tenía sentido elaborar una Constitución para defender los intereses nacionales si se establecía que la ciudadanía solo podía ser adquirida si se profesaba la religión oficial; si los grandes capitales sólo podían ser de personas nacidas en suelo argentino y no de los extranjeros; si para obtener la nacionalidad era obligatorio no poder llevarse sus patrimonios del país. Todos estos errores que para Alberdi cometían los países vecinos en su proceso constituyente alejaban a potenciales inversores y trabajadores de sus países. Una Constitución Nacional loable fue para Alberdi aquella que se orientaba en torno a poblar el territorio, sin atarse a rigideces nacionalistas que al fin y al cabo no hacían al desarrollo económico. 
 Las ideas de Alberdi no estaban equivocadas: el conjunto de países denominado BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) son considerados como futuras potencias mundiales para el año 2050, y entre sus características fundamentales se destacan el tamaño de la población y su inversión en investigación y desarrollo. Hoy la Argentina va en dirección opuesta: en vez de ser un país en vías de desarrollo, vamos en camino directo al subdesarrollo y eso puede observarse en el éxodo de jóvenes profesionales que emigran buscando un mejor futuro, y en empresarios que deciden irse a países más confiables como el Uruguay para defender sus patrimonios. De acuerdo a la magnitud de su territorio, Argentina es un país despoblado, pero con una gran densidad poblacional en el área metropolitana de Buenos Aires. La Ciudad de Buenos Aires brinda oportunidades que en provincias con escaso empleo privado y ausencia de servicios de calidad no existen, concentrándose gran parte de la población en la capital y el conurbano bonaerense. De forma tal que la CABA, a pesar de ser la jurisdicción de menor tamaño, es la cuarta provincia con mayor población, siendo solamente superada por la Provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Es menester mencionar que, durante el día, la cantidad de ciudadanos que circulan por la capital duplica a la de sus residentes. Haber alcanzado un nivel de desarrollo superior al del resto de las provincias debe ser un motivo de orgullo para los porteños, y no un motivo de pudor como razonan aquellos que ven en el mérito un pecado ante la mishiadura.
 Tener un país más federal, donde haya oportunidades a lo largo de todo el territorio nacional, de Tierra del Fuego a La Quiaca, y que gran parte de las provincias dejen de depender de la distribución discrecional de recursos es posible si se ejecuta un plan de gobierno coherente y razonable a largo plazo: si el desarrollo fuera una utopía, no se estaría hablando de países "emergentes" o en "vías de desarrollo", términos propios de un lenguaje entendido en un contexto de crecimiento y mejora de la calidad de vida, como en el caso de los BRICS. 
 Para volver a la senda del crecimiento no se requiere, por un lado, de un presidente omnipresente que se haga con la suma del poder público tal como ocurrió durante 2020; ni tampoco de un presidente impotente, con una lapicera sin tinta tal como la de un ya desdibujado Alberto Fernández. Se necesita de un presidente que gobierne con la Constitución en la mano, defendiendo los ideales de Alberdi con el fin de que termine el éxodo de argentinos y que estos confíen en su tierra natal a la hora de elegir un destino confiable para sus capitales y su futuro: los intereses de la patria se defenderán a la hora de volver al país un lugar atractivo para el capital humano, industrial y financiero, tanto de los argentinos que ven la salida en Ezeiza como de extranjeros que hoy no ven viable invertir su dinero en suelo argentino, a pesar de su riqueza en recursos. Solo así se podrá cumplir con la idea alberdiana de "gobernar es poblar". Esta triste realidad donde muchos jóvenes quieren irse y cada vez menos trabajadores e inversores quieren arribar a suelo argentino, habla de que los malos gobiernos aplican al revés las ideas originarias de nuestra Constitución: a similar fracaso homónimo al cubano y venezolano, los malos gobiernos están haciendo todo por despoblar la Argentina.

domingo, 26 de marzo de 2023

Opinión: La grieta y la trampa del centro

Cristina Kirchner y Mauricio Macri, en ambos lados de la grieta.

En su famosa obra Camino de Servidumbre, Fiedrich Hayek descarta la posibilidad de optar por caminos intermedios entre el socialismo y el capitalismo. Para el prestigioso economista, las vías intermedias entre ambos modelos llevan al socialismo, mientras que aplicar uno u otro modelo a medias termina fracasando. Por lo tanto, para el intelectual de la Escuela Austríaca de economía no hay lugar para medias tintas: o se está de un lado, o se está del otro.
 Los conceptos de Hayek se tornan actuales al observar muchos discursos de los precandidatos presidenciales: referentes como Rodríguez Larreta o Schiaretti enfatizan en la idea de terminar con la grieta, en un intento por tratar de unir a los argentinos en una causa común. La noble vocación por el diálogo es fundamental para el ejercicio de la política: esta implica concretar acuerdos, entablar negociaciones, proyectar planes a futuro a respetar por gobiernos de distinto signo político, sobre todo dentro de un régimen democrático donde el rival es un contrincante y no debería ser un enemigo. No obstante, cuando se habla de la grieta cabe preguntarse en qué consiste esta metáfora utilizada para representar la división entre los argentinos.
 Una explicación simple podría sostener que la grieta se cristaliza en la polarización electoral: separa de un lado al Frente de Todos, y del otro a Juntos por el Cambio, las coaliciones dominantes del sistema. En el intento de argüir una explicación histórica, podría considerarse a la grieta como la vieja disputa entre peronismo y antiperonismo. No obstante, la profundidad del asunto conlleva complejizar a qué nos referimos cuando hablamos de la grieta que divide a la política y a la sociedad.
 La grieta, en el fondo, más que un resultado electoral dirime una batalla cultural. Según el politólogo Agustín Laje, este término es en definitiva una disputa por los símbolos y valores que quieren imponerse en una sociedad. Y en esa dimensión es donde los intentos por cerrar la grieta hacen agua: esta última no es la división entre Cristina y Macri, entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, entre izquierda y derecha, sino entre dos modelos de país irreconciliables que exceden a figuras personales y abarcan tanto una cultura del poder como un sentido común reinante en las calles. La verdadera grieta es entre tolerar el consumo de drogas y combatir el narcotráfico; entre regalarle tierras a los falsos mapuches y la imposición de la ley y el orden; entre hacer pasar a todos los chicos de año sin aprender nada y volver a valorizar la educación; entre el adoctrinamiento y devolverle el prestigio a la profesión docente; entre defender la corrupción y la igualdad ante la ley; entre privilegios y meritocracia; entre planes sociales y trabajo; entre empoderar a las mafias sindicales y el libre mercado; entre atropellar a la justicia y el respeto a la división de poderes. Entre, por qué no también, como plantea Hayek, socialismo y capitalismo. 
 El diálogo es una vocación respetable y necesaria, pero se diferencia de un monólogo en que es una interacción recíproca. Cuando una de las dos partes no tiene intenciones de dialogar, el diálogo ya no existe. ¿El próximo Presidente se sentará a dialogar y entablará acuerdos con piqueteros que salen a cortar las calles, con terroristas de la RAM, con agresores golpistas que hoy no actúan porque gobierna el peronismo? ¿Se puede dialogar con Moyano, con Grabois? Si entre ceder a la violencia y combatir aquellos flagelos se opta por una solución intermedia, la opción triunfante será la primera.
 Si a partir del 10 de diciembre gobierna la actual oposición, será fructífero que dialogue con aquellos sectores que se comprometan a ejercer una convivencia democrática y garanticen una continuidad de políticas a futuro. Pero si el Presidente que asuma no toma la decisión altisonante de "desperonizar/deskirchnerizar" el sistema político argentino, este siempre será inviable para cualquier gobierno que no sea del color político que actualmente nos gobierna. En esa tarea también ingresa terminar con el proteccionismo hacia empresarios amigos del poder como la industria ensambladora de Tierra del Fuego, que encarece los productos argentinos ante la falta de competencia. En el intento de dialogar con actores violentos e intolerantes, el próximo Presidente correrá el riesgo de caerse en el vacío abismal del centro de la grieta que separa a ambos lados. Puede ser que enfatizar en la grieta sea una oferta de mal gusto, pero cuidado: intentar venderse como un moderado del centro cuando los resultados buscados ameritan posturas firmes y combativas también puede ser la más grande de las estafas. Como decía Hayek, las vías intermedias terminan fracasando. 

martes, 14 de febrero de 2023

Opinión: Un Presidente prisionero de sus actos y pensamientos

Como en el dilema del prisionero, Alberto Fernández y CFK no pueden decir libremente lo que uno piensa del otro. Están obligados a cooperar.

El dilema del prisionero es una de las situaciones planteadas por la teoría de los juegos a la hora de comprender comportamientos sociales. Descansando en el supuesto de que el hombre se comportará de forma racional acrecentando beneficios y disminuyendo costos, el dilema del prisionero plantea una coyuntura en donde hay dos convictos, y ambos están obligados a cooperar entre sí para que el resultado sea el mejor posible. Si uno confiesa ser inocente dando a entender que el otro no, entonces el primero sale en libertad y el segundo permanece en prisión. Sin embargo, si los dos hacen lo mismo, es decir, si ambos salen a acusar al otro con el fin de salir en libertad y que el otro pague, pagarán los dos, permaneciendo en prisión muchos años, ambos por igual. La única salida está en que ambos cooperen: si los dos reos se ponen de acuerdo para no declarar nada, el resultado será que los dos cumplirán una pena pequeña de tres años y luego gozarán de la libertad. Claramente no es agradable quedar preso por tres años, pero es el mejor negocio posible ya que si uno se juega por declarar y delatar al otro para salir en libertad, hay muchas chances de que el otro haga lo mismo y salgan perdiendo los dos. En el dilema del prisionero, los legos deben sacrificar un poco con el fin de cooperar y que así los dos salgan ganando, porque de lo contrario es probable perderlo todo. 
 Cuando Alberto Fernández llama a construir una mesa electoral para que los principales socios del Frente de Todos acuerden los pasos a seguir en las próximas elecciones, sabe que es la manera en que todos los miembros de la coalición pierdan lo menos posible. En un movimiento verticalista y personalista como siempre lo fue el peronismo, es harto extraño que el Presidente no solo no sea el único candidato, sino que ni siquiera sabe si lo dejarán serlo, y no puede estar en sus planes romper con el kirchnerismo e impulsarse en una aventura solitaria porque de esa manera perdería por completo el respaldo político que lo sostiene. Mientras que el verdadero líder, que es CFK, sabe que si impone un candidato único y propio va a denotarse la dirección radicalizada del kirchnerismo, y el grueso de la sociedad, por suerte, no va a avalar tan fácilmente planes castro-chavistas que acentúen el aislamiento de la Argentina del mundo y del modelo capitalista. Por lo tanto, aunque sea muy a su pesar, ambos se necesitan el uno al otro: Alberto Fernández no puede permanecer en el poder sin Cristina; y Cristina no puede evitar la cárcel si se despega de los ¨moderados¨ (sin el massismo y sin los gobernadores, el camporismo probablemente sea el sector con más caudal de votos del peronismo, pero fracturar a este lo llevaría a una derrota segura). 
 Como en el dilema del prisionero, ambos aspiran a liberarse y dejar encerrado al otro, pero la misma reacción desde las dos partes arruinaría sus ambiciones. No tienen más opción que cooperar. Establecer una mesa de diálogo para que los distintos partidos de la coalición gobernante pauten un rumbo a seguir es algo poco común en el peronismo: debido a sus raíces fascistas, este siempre fue un partido (o movimiento) que desde su génesis dependió de la voluntad del líder y eso lo ha llevado al PJ a ser un partido débilmente institucionalizado, caracterizado por redes de clientelismo informales y reglas del juego personalizadas en base a la dirección unificada de un líder. 
 Al momento en que las dos principales coaliciones del sistema de partidos argentino llaman a un encuentro con fines de organizar el armazón partidario (esta mesa electoral del Frente de Todos y la ya recurrente mesa nacional de Juntos por el Cambio), es un intento por institucionalizar dichas coaliciones (compuestas por diferentes partidos): tal proceso es positivo para la sobrevivencia de las fuerzas políticas debido a que establece normas a respetar dentro de su estructura organizativa (por ejemplo, para dirimir conflictos internos), lo que hace conservar a las fuerzas partidarias en el tiempo independientemente del ambiente externo, de sus protagonistas y de los intereses originarios, estructurando de tal manera el sistema de partidos. 
 No obstante, detrás esta ¨mesa de diálogo¨ difícilmente se encuentre el objetivo de volver al Frente de Todos una coalición institucionalmente fuerte y menos personalista, donde la organización perdure más allá de los liderazgos y con un fin en sí misma. Detrás de esta figura del diálogo donde se encuentra el llamado del Presidente (que es a su vez presidente de la Nación y del PJ) no hay más que un prisionero de sus propios actos y pensamientos: si Alberto Fernández tendría la gallardía de apuntalar lo que en verdad piensa pasaría a gobernar por sí mismo y tirar a la basura la espada de Damocles que permanentemente lo amenaza; a su vez, a Cristina no le interesa el diálogo y se muere por catalogar de cipayos a sus socios electorales por haber pactado con el FMI y haber empezado a tomar medidas fiscalmente razonables. El problema es que, como en el dilema del prisionero, ambos no se animan a delatar al otro: saben que, si lo hacen, será el fin de los dos (en el caso de CFK iría presa literalmente). La mesa de diálogo del Frente de Todos es el diálogo entre los dos prisioneros.
 Citando la idea de Ludwig Von Mises, no es correcto hablar sobre que la riqueza se redistribuye porque en ningún momento se distribuye, sino que se asigna lo correspondiente a cada parte. Podríamos decir, tomando ese concepto, que el poder difícilmente pueda distribuirse en el Frente de Todos, ya que desde el principio se le fue asignado a cada uno, y no es precisamente Alberto Fernández el que tenga la mayor cuota del mismo. Más bien, es un presidente débil, que no puede decir lo que realmente piensa como cuando era crítico del kirchnerismo porque así se licuaría el poco poder que le queda: como en el dilema del prisionero, está condenado al silencio y a la mentira, por lo menos hasta que su pacto con el otro reo termine y salgan los dos en libertad. Hay que recordar lo que dijo Ginés González García luego de ser eyectado del cargo: ¨Si hablo se cae el gobierno¨. Terribles secretos se esconden detrás del silencio.

lunes, 26 de diciembre de 2022

OPINION: UN EXPRESIDENTE CONDENADO ES UN REFLEJO DE LA FORTALEZA DE LA LEY

Lionel Messi y el resto de la selección argentina le dieron una alegría a un pueblo golpeado.
 
Emile Durkheim, considerado uno de los padres de la Sociología, teorizó en su obra División del Trabajo Social acerca del delito en las sociedades. Siguiendo su argumentación, la pena ante un delito no pasa por la venganza del damnificado hacia el delincuente, sino que tiene más bien a la sociedad como aquel sujeto colectivo que busca prevenirse de los delitos del condenado y que aplica un castigo ante el daño cometido. El derecho penal es lo que permite a una sociedad funcionar correctamente, ya que priva de su libertad a aquel que destruye la solidaridad orgánica: esta es la solidaridad que nos une a todos casi inconscientemente, gracias a la división social del trabajo. Si bien el principal motor de una pena es la moral, se equivoca el que piensa que la economía no tiene nada que ver: en una sociedad que funciona correctamente, la división social del trabajo implica que un vendedor de autos le venda el automóvil a un verdulero, que este lo utilice para ir al mercado central a comprar la fruta, pasando por una ruta que fue hecha por un empresario de la construcción que a su vez contrata a un trabajador para que arregle el asfalto, y así se podría seguir con miles de casos más de cómo nuestra sociedad nos une a todos orgánicamente hasta que el vendedor de autos le compra la fruta al verdulero que le compró el vehículo. Ahora bien, ¿Qué pasa si en vez de ser todo tan perfecto, el empresario (empresaurio, diría Milei) que tiene que hacer la ruta le paga sobreprecios al político de turno, y la obra ni siquiera se termina? Los negocios personales del que cobra y el que paga la coima le salen más caro al contribuyente que paga sus impuestos, y tal vez esa ruta no pueda ni usarse por su estado desastroso. 
 En una sociedad es casi imposible que no exista el delito, pero este puede combatirse si se cumple la igualdad ante la ley: que se condene tanto al punguista que roba en los semáforos como a la gente con mucho poder es un indicador sobre que hay una república robusta y donde reina el imperio de la ley, destinada a ser igual para todos. En una sociedad que desea empezar a funcionar, la corrupción como una práctica institucionalizada debe ser no solo penada por la legislación, sino que esta última se aplique a rajatabla. Una vez consolidadas las mínimas condiciones de un Estado de Derecho (no solo que exista la ley, sino que se aplique), será posible dar pie a erradicar prácticas que se encuentran tan arraigadas y que hacen mucho daño. Primero, es menester que el que comete un delito no se vuelva impune, y luego fomentar mecanismos de prevención que hagan a la transparencia del manejo de los fondos públicos, donde el ciudadano esté informado sobre quiénes son los candidatos de una boleta; que aquellos que fueron condenados no puedan presentarse; establecer contrapesos para ejercer un control efectivo en el momento mismo en que se lleva a cabo el manejo discrecional del erario público.
 Habiendo ya una condena firme y demostrada la existencia del delito, los seguidores mesiánicos y su salvadora siempre tendrán pretextos para convertir en perseguida a una Cristina condenada: que fue investigada por ser peronista y mujer, que la justicia y los medios son una herramienta de la derecha para deslegitimar gobiernos populares. Toda una ensalada de cuestiones ideológicas, de género, históricas, que no resisten el menor análisis. A un fanático no se lo puede hacer entrar en razón: es una empresa perdida la de pretender que desaparezca el kirchnerismo. El punto no pasa por borrarlo, sino por vencerlo: que el voto que no es ideológico y vota según la coyuntura no legitime la corrupción con tal de salir de un mal momento, tal como ocurrió en las elecciones del 2019.
 En países como Perú, a diferencia de la Argentina, hay una gran inestabilidad política, con presidentes que no duran lo previsto en el cargo. Pero la fortaleza de sus leyes ha condenado a distintos ex jefes de Estado, y a su vez ha consolidado la independencia de las reglas del juego: no es casualidad que, a pesar del desfile de presidentes, el titular del Banco Central sea el mismo hace muchos años y que su economía goce de una envidiable estabilidad. Una fuente de solidez de una economía siempre pasa por la fortaleza de las instituciones. Que la ley se aplique a todos por igual puede ser para la Argentina, aunque sea un principio, un atisbo, de una futura economía estable a partir de una república fuerte. 
 Cabe agregar que está en manos de la oposición y de la gente poder encauzar al país en un sendero de confiabilidad institucional. En Brasil Lula fue electo habiendo estado condenado, preso y confirmada su sentencia en distintas instancias. Si bien los jueces que dictan la sentencia condenaron a CFK, para que no la absuelva la ¨historia¨ (como ella dice), las otras fuerzas políticas tienen en sus manos hacer bien los deberes para que el pueblo no olvide rápidamente lo ocurrido. Solamente así, la historia la habrá condenado. 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

OPINION: BELGRANO DIO TODO POR EL PAIS PARA QUEDARSE SIN NADA, LA POLITICA NO DA NADA Y PIENSA QUEDARSE CON TODO

El gigante y torpe tamaño del Estado beneficia a los políticos y hace pagar con la inflación a los argentinos. A su vez, la inflación en Brasil se sigue desacelerando. 

Luego de haber peleado en las guerras de independencia, en una joven y recién nacida patria argentina fallecía sumido en la miseria uno de sus más grandes próceres: el General Manuel Belgrano murió pobre, habiendo pagado su última consulta con el médico con un reloj, pues no tenía dinero para poder abonarla normalmente. Que uno de los héroes de la independencia haya terminado de esa manera obedece a lo gigante de su obra: el dinero ganado por combatir contra los realistas lo donó para la construcción de escuelas. Su salud fue entregada en virtud de lo que él consideraba que era primordial, siendo esto último el futuro de una nación que daba sus primeros pasos. 
 La obra de un estadista radica en su mirada a largo plazo. Un estatista, en cambio, solo piensa en el día de hoy: que el Estado subsidie todo; regale plata; tome permanentemente empleados en las plantas de los organismos públicos. Lo único importante es ganar las próximas elecciones, y por lo tanto, a un estatista solo le interesa que la gente esté contenta para que lo sigan votando, sin pensar que a futuro se estarán cosechando problemas. Invertir en educación no rinde electoralmente, ya que los resultados expresados en la construcción de capital humano tardarán años en vislumbrarse. Lo mismo pasa con las obras hidráulicas necesarias para evitar inundaciones: muchos políticos piensan que es una pérdida de tiempo emprender semejante proyecto, ya que son obras que llevan años en terminarse y el municipio sólo dejará de inundarse cuando estas terminen. Según cuenta en su nuevo libro Para Qué, Macri decidió emprender dichas obras en la Ciudad y confesar que por tres años las calles porteñas se seguirían inundando.   
 En la Argentina se asiste diariamente a un espectáculo que no tiene nada de divertido: mientras la inflación carcome los salarios, la inseguridad se cobra vidas y el narcotráfico avanza como una topadora, los que tienen en sus manos el destino de la gente se preocupan por su "quinta". En su agenda no parece estar derogar la ley de alquileres (por nombrar tan solo una de las tantas cuestiones que realmente son primordiales), sino cancelar las PASO para perjudicar a la oposición (que está implosionando producto de su batalla interna de egos imparables), intentar una reforma de la Corte Suprema que genere una mayoría adicta, y hemos visto cómo todas las figuras del oficialismo tienen una preocupación tan desbordada por sus intereses, que postergan los del público que les otorgó el poder. Katopodis piensa en volver a San Martín, Ferraresi a Avellaneda, Manzur a Tucumán. Al estar las próximas elecciones presidenciales prácticamente perdidas, quieren asegurarse de no perder sus territorios. Muchos gobernadores del PJ también se anticipan a la derrota y planean desdoblar las elecciones en sus provincias para no quedar pegados al gobierno nacional. Es por eso que la reelección indefinida, ya sea a nivel provincial o municipal personaliza la gestión pública en el caudillo que ocupa el cargo, y esto se presta a la discrecionalidad para que el gobernante de turno utilice todos los recursos a disposición para perpetuarse en el poder. Citando a Esteban Bullrich, "no hay personas imprescindibles, sino ideas imprescindibles". Muchos legisladores bonaerenses de Juntos por el Cambio parecen no haberlo entendido cuando votaron por que continúen las reelecciones indefinidas en los municipios de la Provincia de Buenos Aires. 
 La preexistencia de las Provincias al Estado Nacional sentó las condiciones para el poco peso de los partidos políticos a nivel nacional, lo cual va en detrimento de construir proyectos a largo plazo para la Nación. Los partidos tienen un desarrollo organizativo más centrífugo (una tendencia localista), y muchos diputados nacionales obedecen a los gobernadores de sus provincias, permanecen poco tiempo en el Congreso para migrar a cargos provinciales, y de esa forma se complica aún más emprender reformas profundas que el país demanda. Alfonsín tenía una mirada de estadista al plantear la necesidad de implementar una modernización del Estado. Alcanzar ese objetivo parece imposible sin una apuesta por hacer converger un proyecto nacional, donde el PJ, el partido más importante y hegemónico de la Argentina, deje de obedecer a sus homónimos provinciales como son los feudos de San Luis, Formosa, Santiago del Estero, Catamarca, entre otros, y encare una visión republicana y viable a largo plazo donde la agenda del ciudadano esté por sobre la de los políticos eternos.
 El poder no es ni un recurso mágico, ni un componente de la naturaleza. Es una relación social, asimétrica, desde ya. Pero donde el que tiene el poder necesita de la aceptación de la sociedad. El gobernante sin gobernados no existe. La dialéctica de Hegel entre el amo y el esclavo lo sintetizan muy claramente: en un primer momento de tesis, el amo piensa que lo es todo, y el esclavo nada; luego, en la fase de antítesis, el amo contrasta a partir de la experiencia que los servicios de su casa se cumplen gracias a la labor del esclavo; y finalmente en la síntesis (resultado de los dos momentos previos), el amo entiende que sin el esclavo no es nada, que no podría sin él tener todas sus necesidades satisfechas. El kirchnerismo se mal acostumbró a permanecer en el poder: en diciembre de 2023 va a haber gobernado 16 de los últimos 20 años, y no gobernar para la gente que le dio el poder puede llevar al amo a quedarse sin esclavo.
 En medio de la necesidad de acumular reservas, la Argentina gasta dólares para importar papel destinado a la impresión de billetes, todo por no crear papel-moneda de mayor denominación. La tramoya de aparentar una menor inflación de la que hay para no sincerar el fracaso económico con fines electorales y a costa de las reservas que el país necesita es la única explicación plausible para entender semejante sinsentido. Así como Belgrano sacrificó su patrimonio por el futuro del país, los vándalos de la banda comprometen el futuro para engrosar sus ambiciones ególatras. La oposición también debería tomar nota, y leer el libro de su principal referente con el fin de tener claro Para Qué quieren el poder cuando termine la guerra entre halcones y palomas y los outsider como Manes devenidos de repente en políticos de raza. Un día el amo puede quedarse sin su esclavo, es decir, el gobierno puede perder el voto de la gente que le otorga el poder. En ese instante, se habrá quedado sin nada.