viernes, 9 de abril de 2021

POESIA: EL VIRUS LLEGO

El correr de los días era normal, se luchaba por el pan, y la salubridad
Los enemigos eran muchos, a los cuales enfrentar, en campiña y en ciudad
Nadie imaginó, que el gran enemigo llegaría, y todos los demás, a mi combate se unirían 
Los enemigos de siempre, dejaron de existir, ahora hay uno solo, que piensa resistir

El enemigo del terror, como un virus se expandió, y todo lo demás, bajo su manto se cubrió
Cobijado por la imaginación, causó mucha inspiración, en todos los tiranos, que nos quieren encerrar
El virus llegó, y no se piensa ir, solo le queda a los humanos, pasión por insistir
Contaminados de miedo, toda la urbe se escondió, de las garras del déspota, que se precipitó 

El hambre, el desempleo, la falta de libertad para vivir, son todos enemigos, que están lejos de escapar
Siguen triunfando, en las calles de la ciudad, pero ahora protegidos, por el virus que llegó
Que bajo su manto cubre, todo lo que generó, ya que todo se justifica, si es por la salvación 
Premios y castigos, el virus nos da, si cumplimos o no, con sus caprichos de autoridad

El virus llegó, y es muy fácil de contagiar, tan solo hace falta, al vecino buchonear
Vivir la vida, es más que suficiente, para caer bajo las garras, del virus del terror
Obsesiones contagia, y protocolos impone, para atacar la salud, de la mente que no piensa
El respirador necesitan, todos los comerciantes infectados, torturados por el miedo, y enfermos de un infarto

Los chicos ya no saben, qué expresión hacer, ya que ninguna cara ven
Ya no juegan con sus pares, porque están todos infectados
El enfermo terminal, fue la educación, y nadie le alcanzó, su respirador

Los hospitales colapsados, también fueron infectados, por la mala gestión, la mentira y el choreo
Antiguos enemigos, ofuscados por el virus, que siguen atacando, y a los mas débiles enferman
Todos se preguntan, por la vacuna contra el virus, que mientras este ataca, a todos esclaviza 
El antídoto no llega, solo llega de a poquito, y los más impunes lo roban, porque los excita el delito

Curiosamente, nadie se acordó, que la vacunación podía llegar, antes del horror
La cura está entre ellos, y nadie la vio, distraídos por el discurso, de la exageración 
La normalidad volvería, cuando todos lo dispongan, y el virus que llegó, la tendría que aceptar
Sus garras no pueden, a todos los humanos asustar, y estos unidos, tendrían que luchar
Para por fin recuperar, la humana normalidad

sábado, 13 de marzo de 2021

DICTADURAS Y GRUPOS TERRORISTAS EN LA ARGENTINA DEL SIGLO XXI

La vuelta de la democracia en 1983, además de significar un nuevo pacto entre la clase política y la ciudadanía para revalorizar y abrazar los valores democráticos, traía aparejado el desafío fundamental de solucionar la situación económica, por un lado, y por otro, juzgar a los "dos demonios" (así se los llamó en el prólogo "Nunca más"), el terrorismo de Estado y el terrorismo guerrillero que sumergieron al país en una guerra civil sangrienta e imperdonable, cuyas consecuencias derivaron en un golpe cívico-militar de heridas profundas en un capítulo negro de nuestra historia. El desafío económico, más allá de algunos años rescatables de la convertibilidad, nunca fue solucionado, mientras que el desafío político había sido un éxito luego de domesticar a las fuerzas armadas y adoptar de una vez y para siempre la democracia como régimen de gobierno, desterrando la violencia como forma de dirimir los conflictos, o al menos eso creímos. ¿Y si en realidad hasta el día de hoy ambos objetivos siguen sin resolverse, siendo la consolidación de la democracia todavía una batalla cuyo triunfo se encuentra pendiente junto al objetivo de estabilizar la economía?
 La doctrina de Sorel fue una escuela revisionista del marxismo que revisó las claves de la teoría de Marx: la revolución no debía ser proletaria sino nacionalista; el capitalismo no debía erradicarse del todo, sino esperar a que la explotación llegara a su punto máximo para impulsar la violencia a través de la actividad sindical; la revolución no sería en nombre del comunismo, sino de la nación, y para eso no debía abolirse en forma total el sistema capitalista sino erradicar de lleno la democracia y el sistema de partidos; el sistema de mediación de intereses pasaría a ser corporativista, liderado por un líder que encarne en el pueblo y en la figura de la nación, siendo toda opinión o idea disidente al líder un enemigo del pueblo y su nacionalidad. Aquella doctrina recaería en Benito Mussolini, quien regiría a Italia bajo un gobierno fascista. Luego el fascismo incorporaría en otros regímenes ideas genetistas (el nazismo), ideas originalmente comunistas (como fueron los totalitarismos de Fidel Castro, Stalin y Mao), y podría decirse que aunque el fascismo es contrario a la democracia, este supo adaptarse a ella para converger en el populismo como una adaptación de las ideas fascistas al régimen democrático. 
 Por lo tanto, puede decirse que el objetivo final del populismo, sea de izquierda o de derecha, es transformar el sistema democrático por el que se accedió al poder en un régimen auténticamente fascista, como lo ha logrado el chavismo en Venezuela. Para ello, el populismo busca cooptar las distintas instituciones que hacen a toda democracia republicana, ya que la división de poderes existe con el objetivo de salvaguardar la libertad y evitar la tiranía, tal como lo entendía Montesquieu. 
 Guillermo O'Donnell definió a las democracias imperfectas en el marco institucional como "democracias delegativas": estas son repúblicas donde el control indirecto de la ciudadanía (el único control directo que se tiene sobre los políticos son las elecciones) plasmado en órganos de control funcionan a medias, delegando facultades en el Poder Ejecutivo. Nuestra Constitución Nacional, además de contemplar la típica división de poderes en tres poderes independientes, agrega tres órganos extra-poder, que son a su vez independientes de aquellos tres poderes: estos son el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo y la Auditoría General de la Nación. Es decir, existen instituciones para que la república funcione, pero su funcionamiento demuestra que la Argentina es una democracia delegativa, con instituciones cooptadas y por consiguiente con respuestas débiles por parte de éstas.  
 Dicho esto, la pandemia fue un escenario perfecto para ensayar un nuevo tipo de fascismo: el fascismo sanitario, donde el Estado debe cuidar a la gente, y con esa excusa monopolizar las vacunas (y robarlas para la tropa propia) sin dar lugar a compras independientes de las provincias y las prepagas teniendo en cuenta la lentitud del ritmo de vacunación llevado a cabo por el Estado Nacional; y donde además, como toda disposición estatista es con el fin de salvarnos de la muerte, estas no pueden cuestionarse, y el que las cuestiona pasa a ser considerado como un enemigo de la patria y un propagador de la muerte. Poner en práctica el fascismo sanitario le permitió a Gildo Insfrán concretar el pasaje de populismo a fascismo propiamente dicho. Formosa es hoy una dictadura dentro de la Argentina, donde se violan los derechos humanos de la población toda, impidiendo la libertad de circulación, la libertad de comercio, la posibilidad de educarse, la existencia de periodistas críticos, y como si fuera un Estado-Nación completamente separado de la Argentina, cerró sus fronteras incluso para sus mismos habitantes, además de detener a la población en centros clandestinos de detención y separar a madres de la comunidad wichi de sus bebés. La diferencia entre Mussolini e Insfrán es tan solo dialéctica: el primero hacía todo en nombre de la nación (es decir, él mismo, a partir de su concepción), mientras que el segundo lo hace en nombre de la lucha contra el coronavirus. Ambos líderes representan a regímenes dictatoriales, porque para definir a un régimen de gobierno no alcanza con la forma de acceder al poder, sino que también es fundamental la forma de ejercerlo: por eso ambos llegaron al poder de forma democrática, pero se transformaron en dictadores al ejercerlo de forma totalitaria. 
 La conformación de una dictadura dentro de una provincia se debe a un sistema perverso, que consiste no solo en la incapacidad para corregir la democracia delegativa, sino en las condiciones que la hicieron crecer: la coparticipación federal de impuestos alimentó a monstruos como Insfrán, donde el reparto de fondos beneficia a las provincias peor gobernadas y esta distribución responde a la sobre-representación de determinadas provincias en la Cámara Baja del Congreso (con diputados que aprueban leyes a cambio de fondos para los gobernadores de sus provincias). Para consolidar la democracia y desarrollar un federalismo armonioso es menester solucionar lo que dejó pendiente la reforma constitucional de 1994 y terminar con este tipo de sistemas perversos. Mientras tanto, debido a la cooptación de los contrapesos que deben hacer funcionar la república, a los formoseños sólo les queda el control directo, pero no por medio de las elecciones, ya que estas corren peligro a partir de la excusa de la pandemia, sino por medio de la protesta. 
 En términos de Maquiavelo, Insfrán supo mezclar por muchos años al "león" y la "zorra", persuadiendo a una población mansa a través de empleos públicos y dádivas a través de la coparticipación federal. Pero ahora que inspiró el odio en una ciudadanía que le perdió el respeto, ya no le queda nada de "zorra", sino tan solo de "león", ante una población que ya no es sometida por medio de la persuasión sino mediante la fuerza. 
 El peligro de este fascismo sanitario (que en parte se aplicó y se sigue aplicando a nivel nacional) es que se convierta en un fenómeno exponencial: que así como ocurrió en Formosa estas formas de gobernar se repliquen en otros distritos sub-nacionales. La buena noticia es que al ocurrir en una provincia, puede repelerse mediante una intervención del Estado Nacional, y la mala noticia es que esto difícilmente vaya a ocurrir, ante la sospecha de que al pertenecer a la misma fuerza política, los que ostentan el gobierno nacional tengan planes parecidos. 
 Además de mostrar complicidad frente a la dictadura de Formosa, el Frente de Todos se muestra cómplice frente al grupo terrorista que comete atentados en la Patagonia: la Resistencia Ancestral Mapuche sigue usurpando tierras, cometiendo actos vandálicos contra iglesias y es apuntado como el grupo responsable de los incendios en Chubut. Pero es posible que no sólo sean cómplices, sino socios: la ministra de la Mujer, Género y Diversidad, quien confunde la inclusión con la pasividad frente al delito, fue la abogada de Jones Huala, uno de los líderes del RAM preso en Chile. 
 La Argentina se encuentra inmersa en una crisis económica profunda, lidiando con atentados terroristas de grupos extremistas y delitos de lesa humanidad llevados a cabo por dictaduras provinciales, con un presidente sumiso que responde al poder vicepresidencial. Por más de que parezca que se está haciendo alusión a la década del 70' y al caos en el que Cámpora asumía el poder y todo lo que sobrevino después, lo dicho anteriormente se refiere al contexto argentino del 2021, en pleno siglo XXI. 

lunes, 15 de febrero de 2021

EL ODIO DE CLASE Y LA AUSENCIA DE UN PROYECTO POLITICO

En su famosa obra "El Capital", Carlos Marx argumentaba que el motor de la historia es la lucha de clases: explotadores contra explotados, siendo los del mundo capitalista el empresario y el asalariado, respectivamente. La teoría de la plusvalía que correspondía al trabajador y que significaba la ganancia del que invertía el capital era desde la concepción marxista un llamado a despertar la conciencia de clase y, mediante la lucha de clases, llevar a cabo una revolución y terminar con la desigualdad (tomando como medida de valor de los bienes y de los salarios la teoría del valor-trabajo, la cual luego la ciencia desterró, considerando hasta el día de hoy al valor de acuerdo a su utilidad y escasez, a su oferta y demanda). Muchos países en el mundo han intentado llevar adelante experimentos socialistas, y las experiencias han sido desastrosas: la evidencia empírica ha demostrado que hasta ahora no ha habido un mejor sistema que el capitalista, que lleve a la mejor calidad de vida posible. Al contrario de lo que Marx pronosticaba (un momento en el que el capitalismo se auto-destruiría), la pobreza, si bien está lejos de extinguirse, alcanzó mínimos históricos a nivel mundial y en los países desarrollados existe una movilidad social ascendente. 
 El fracaso del comunismo y el triunfo del capitalismo radica, entre otras cosas, en que lejos de ser un problema, la creación de riqueza, además de generar beneficios extraordinarios, genera puestos de trabajo y hace disminuir las tasas de pobreza. El mundo comprendió que repartiendo la "torta" con el fin de acabar con la desigualdad no se iba a terminar con la pobreza sino incrementarla: el PBI mundial no dejó de multiplicarse desde la instauración del capitalismo (además de multiplicarse la tasa de natalidad) porque no existe dicha "torta" como tal a ser repartida, sino que esta se sigue expandiendo a través de distintos descubrimientos en el mercado y el uso de tecnologías que posibilitan la existencia de economías de escala, aumentando la productividad y reemplazando puestos de trabajo por otros nuevos. Si hace dos siglos era imposible navegar en internet y hacerlo a la velocidad que hoy se hace desde un teléfono celular, el capitalismo lo hizo posible, pudiendo, entre otras cosas, crear emprendimientos tecnológicos como muchas start-up y aplicaciones de celulares que hacen ganar mucho dinero a sus dueños, y también generar nuevos puestos de trabajo y nuevas oportunidades. Tal vez todavía no tengamos idea de qué nuevos inventos podamos conocer en el futuro, y de lo que el capital humano es capaz de lograr para seguir dinamizando las economías y maximizar la calidad de vida. 
 Dicho esto, la conclusión es que en el mundo capitalista, para sacar gente de la pobreza, no sirven utilizar fórmulas que fracasaron estrepitosamente, sino hacer lo que hace el mundo emergente en su mayoría y el mundo desarrollado: entender que para mejorar la calidad de vida de la población se necesita crecer, y para eso se necesita más capitalismo: empresarios que inviertan y obtengan cuantiosas ganancias, generando empleo y aumentando la renta como resultado del aumento del producto. Nuevamente, no se trata de repartir la "torta", sino de agrandarla, innovando en las formas de producir y expandiendo la frontera de posibilidades de producción. En un país con una alta presión impositiva que se destina a mantener un alto déficit fiscal y a la casta política, sumado a la distorsión de precios generada por la inflación, claramente no hay un clima agradable para los negocios, y consecuentemente para terminar con la decadencia. 
 Albert Einstein acuñó la famosa frase "si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo". Por más de que el gobierno se junte con empresarios, congele las tarifas de servicios públicos (lo cual es patear hacia delante una bomba que en algún momento va a explotar), cree precios máximos y envíe piqueteros y militantes a controlar precios a los supermercados, nunca se solucionará el problema de la inflación si no se atacan los problemas de fondo. El ala más izquierdista del gobierno (identificados en muchos casos con las guerrillas de los 70', como Montoneros) incentiva el odio de clase y exacerba una retórica donde se plantea el problema de la pobreza en la abundancia de otros: la bronca hacia los "vivos" que remarcan precios; la existencia de retenciones a las exportaciones y la amenaza con aumentarlas; las tomas de tierras con Grabois como mayor partícipe, son exaltaciones de un odio de clase con ideas que atrasan y que ya fueron superadas por el resto del mundo, a excepción de Cuba, Venezuela y otros rincones del planeta donde las ideas de destruir el capital y castigar al que produce han llevado a catástrofes humanitarias. 
 Pero siempre que hay una crisis económica, esta viene de la mano de una crisis política: en la Argentina no hay estadistas con proyectos a largo plazo, sino tan solo políticos profesionales con consignas vacías que piensan en la próxima elección. Lejos de ser una maldición como declaró la diputada Vallejos, exportar alimentos es una ventaja comparativa que le ha permitido crecer y desarrollarse a países como Estados Unidos o Australia. La maldición está en tener políticos que se hacen ricos mediante el erario público y consideran al campo, el sector más productivo de la economía, el enemigo de clase que se debe combatir en nombre de un pueblo que se ha empobrecido a causa de tales disyuntivas obsoletas. 
 Israel, un país que en un principio no contaba con ventajas comparativas cuantiosas, padecía luego de la guerra de 1973 una inflación creciente, una tasa de pobreza en alza y gran parte de su infraestructura destruída, logró ser un país desarrollado gracias a un proyecto político de largo plazo. Sin ser uno de los mayores sojeros del globo; sin tener la octava mayor superficie territorial del mundo con abundantes tierras fértiles y climas diversos; sin ningún yacimiento como Vaca Muerta; el acuerdo entre los principales partidos políticos para garantizar la independiencia del Banco Central, mejorar la eficiencia del gasto público y apostar por el capital humano invirtiendo en educación y proyectos de investigación y desarrollo lo han llevado a ser uno de los mayores productores de ciencia y tecnología en el mundo (hubo también un acuerdo con sindicalistas y empresarios para congelar precios y salarios, pero estos hubieran carecido de sentido si la clase política no aplicaba las reformas de fondo que le permitieron a Israel explotar su capital humano y despegar económicamente). El país de los kibutz socialistas (granjas agrícolas diseñadas con fines colectivistas) pasó a ser el país de los kibutz que producen tecnología agrícola. Incluso a pesar del contexto geográfico desfavorable debido al odio de los países vecinos, se aprovechó esta desventaja para que, a partir de la obligatoriedad del servicio militar, se catapulte desde el ejército a los jóvenes para ingresar en el mundo emprendedor. 
 La Argentina carece de tal proyecto político. Sus dirigentes no parecen proyectar un rumbo donde más allá de las diferencias entre los espacios políticos, gane quien gane se eviten cometer errores del pasado y se estabilice el país por un sendero de crecimiento. Este camino podrá tomarse si se crean clases dirigentes que dejen de pensar en sus privilegios y en las elecciones que ocurren cada dos años, para adoptar un plan viable en el largo plazo. Y dentro de ese acuerdo no pueden ser viables las arremetidas contra el capital (ya sea con impuestos confiscatorios o controles de precios), la amenaza a la propiedad privada y la emisión monetaria destinada a financiar el populismo (la verdadera causa de los aumentos de precios).
 Como diría Nicolás Maquiavelo en su obra "Discursos sobre la primera década de Tito Livio", las instituciones son la convergencia de intereses enfrentados, cuya colisión dan origen a reglas que garantizan que de ese conflicto surja en las Repúblicas la protección hacia el bien común. Si por bien común se entiende el bienestar de la sociedad toda, es menester que las instituciones garanticen las normativas que hacen inviolables los derechos que hacen a todo pueblo libre: la libertad de comercio; el respeto irrestricto de la propiedad; la educación; la condena hacia el robo; entre otros. Ante el avasallamiento de estos derechos fundamentales, las instituciones no pueden titubear frente al poder de turno. Si se modifican las elecciones a gusto del gobierno no solo se violarían las instituciones, sino que también quedaría en evidencia que estas no resguardan el bien común sino el bien de la oligarquía política. Dentro de un proyecto político debe garantizarse la seguridad institucional, de lo contrario todo consenso se fractura ante los intereses contrapuestos. 
 La militancia del rencor hacia grandes emprendimientos como Mercado Libre y la complicidad hacia sindicatos que entorpecen iniciativas innovadoras son resultado de un odio de clase vacío de un contenido que contenga un proyecto político. Se necesita uno que pueda generar capital humano y explotar los recursos naturales que la Argentina tiene la bendición de poseer, donde para eso se apunte a darle una gran prioridad a mejorar en los estándares educativos y se gane una batalla cultural en la que se entienda que sin crecimiento no puede disminuír la pobreza, y destruyendo la riqueza no hay crecimiento.  Es decir, "combatiendo al capital" nunca saldremos de la decadencia. Todavía estamos a tiempo.

jueves, 14 de enero de 2021

POESIA: LAS ESTRELLAS DE LA TARDE

Se termina la tarde del viernes, y las primeras estrellas del sábado, con su luz cautivan la ciudad
Los colectivos paran, y la gente se sube al viaje del mañana, para abandonar por siempre el pasado
Las verdulerías abiertas están, para con el trabajo su vida comprar, y el fruto de la esperanza vender
Las estrellas del atardecer por la vereda angosta caminan, esquivando la mugre de aquellos actos impuros, que quedaron sin limpiar
Ellas con la cabeza gacha caminan, suspirando ante el panorama sombrío, de un pasado que todavía no fue

En Constitución se desplazan, esperando a los tiempos de paz constituir 
A pesar de las persianas bajas, del acero oxidado de los carros que trasladan el cartón,
El día que se constituya la esperanza del barrio, sueñan las estrellas con un atardecer soñado
El día que el señor de remera agujereada, un chofer de tracción a sangre
El día que los salones vacíos y cerrados, con carteles de penurias
Se conviertan en un señor de camisa al volante, y un negocio que a de resplandecer

Al subterráneo se dirigen, los que se han de trasladar
El ruido de un tren viejo, sucio como la estación, llega luego de tanto esperar
La espera es casi eterna, más larga que el viaje, por lo que el servicio funciona, tan mal como el optimismo
Un viaje tan largo, como el de levantar a los caídos, que se aferran al piso, al no tener techo
Tan largo viaje, amerita el caminar, a pesar del panorama, que es complicado asimilar

Los estudiantes ya no estudian, y los comerciantes no comercian
La universidad está cerrada, y el comerciante ya no abre
El alma está cerrada, y su llave nadie encuentra, a pesar de las estrellas, que la buscan sin cesar
Iluminar las sombras, es su deseo, y que los pasos de alegría vuelvan a andar, en medio de un clima de tanta inmensidad
La inmensidad del silencio, que solo es violado por instantes de recuerdo, de aquellos tiempos donde el ruido solía caminar

Las estrellas llegan al Microcentro, luego de tanto andar
Las personas van y vienen, respirando los buenos aires de la bella ciudad
Los turistas un café toman, en la calle de la libertad
Liberarse de su yugo, quieren los que han de su alma libertar
De San Juan a Córdoba, las estrellas caminaron, y por tantas avenidas, sus ojos reclamaron
Que los marginados alcancen, los buenos aires de verdad, en plena libertad

El por mayor de los hombres, ya no cree en la verdad, ni piensa en libertad
Por su barrio solo ven, persianas bajas y obscuridad, que todo lo atrapa, desde antiguas generaciones hasta tiempos de actualidad
Por la basura observan, los restos de la noche, cuya obscuridad también atrapa, a la vista de las estrellas, lo que el día no puede aportar
Tan solo creen en Dios, quien les muestra el mal, para que aprendan a amar, en la vida espiritual

Estos tiempos ya no sirven, para las dudas disipar
Mientras las estrellas siguen su camino, queriendo las tragedias solucionar
Estas ya perdieron la esperanza, al igual que la angosta calle, tan angosta como el caminar
La espiritualidad solo queda, para la esperanza rescatar, de los tiempos terrenales, que la supieron secuestrar
A la libertad se dirigen, para con Dios conectar, para profesar la constitución, de la paz anhelada
Cansadas de este pesado caminar, ahora por el cielo aparecen, las estrellas de la tarde, en las vísperas del sábado

martes, 29 de diciembre de 2020

VOLVIERON PEORES

"Lo que no nos mata, nos hace más fuertes", dijo alguna vez Federico Nietzsche. Para surcar los mares, el hombre inventó el barco; para volar los cielos, hizo el avión; para evitar distintos peligros, se creó la ciberseguridad; y entre otros inventos que potenciaron la capacidad de supervivencia del ser-humano, para los virus la ciencia fue capaz de crear las vacunas. La vida muchas veces nos presenta desafíos inesperados, y en muchas ocasiones la imprevisibilidad del acontecimiento es más potente que sus efectos. Probablemente nadie en el 2019 hubiera esperado un 2020 de pandemia, confinamientos y una carrera maratónica en tiempo récord por conseguir una vacuna esperanzadora. La sorpresa ante la aparición de este enemigo invisible probablemente haya sido más atroz que su poderío natural: muchos sistemas de salud poco preparados para recibir caudales de enfermos; cuarentenas eternas e improvisadas cuyas consecuencias generaron más problemas que soluciones; y un pánico inicial aterrador que desató una incoherente epidemia de salud mental: las imágenes de la desesperación por vaciar las góndolas del supermercado y agotar el alcohol en gel presenciando una guerra imaginaria quedarán en el recuerdo como anécdotas difíciles de explicar. Desgraciadamente más de un millón de personas fallecieron en el mundo a causa de la pandemia, pero los que no se contagiaron y los que sí pero en su gran mayoría pudieron recuperarse harán cumplir la vieja frase del filósofo alemán: una próxima pandemia encontrará al mundo más preparado, sin entrar en pánicos absurdos, con sistemas sanitarios más robustos, con la ciencia más avanzada que nunca y con estrategias sanitarias más expertas. 
 Más allá de esta experiencia a nivel mundial que afectó la salud y las economías de todo el globo, la Argentina siempre es un lugar en el mundo que nunca deja ser particular: seguimos siendo de los pocos países en el mundo incapaces de dominar la inflación, y teniendo recursos para volver a ser la potencia sudamericana que en algún momento producía alimentos para todo el mundo y era el mayor exportador de manufacturas de la región, seguimos tropezando con los mismos problemas que nos azotan desde hace varias décadas. Si el 2001 fue una experiencia que pudo habernos hecho más fuertes, los indicadores similares de este 2020 nos devuelven a aquellos sufrimientos, tal vez diciendo que si no nos fortalecemos de una buena vez, seguiremos sufriendo. 
 La fórmula de Alberto Fernández y Cristina Kirchner ganó en el 2019 como una coalición que reunió a todo el peronismo: a la ex presidente no le alcanzaba con La Cámpora, y debió recurrir al massismo y la figura de Fernández para dar una muestra de moderación y captar votantes disgustados con el kirchnerismo pero que veían con buenos ojos una alianza de todo el peronismo. "Vamos a volver mejores", fue una frase que quedó inmortalizada en la campaña. Eso significaba que venía un peronismo más republicano, no contaminado por las aspiraciones autocráticas del camporismo, sin ejecutar asociaciones ilícitas, con respeto por la división de poderes y la democracia. Aunque unir a todo el peronismo y a las organizaciones sociales fue una gran estrategia electoral para la vuelta al poder de la centro-izquierda, para ejercer la gobernación la coalición gobernante se muestra poco cohesionada y totalmente apócrifa: el verdadero poder se encuentra en el Instituto Patria, donde se apunta contra los funcionarios "albertistas" y se dirige el rumbo del gobierno mientras La Cámpora sigue conquistando lugares en áreas clave y próximamente en territorios bonaerenses. El cuarto gobierno kirchnerista es una continuación de los anteriores, y la coalición cuenta con un actor de veto que condiciona al resto: el kirchnerismo, quien tiene la legitimidad porque es la fuerza que armó las listas y tiene la mayoría de los votos es la fuerza política que tiene el poder por encima del resto de sus socios. 
 El gobierno y especialmente la figura del presidente tuvieron un momento peculiar que marcó un ante y un después, y este fue el momento en donde se decidió comenzar con la cuarentena: por aquel entonces la opinión pública respaldaba la medida y la imagen de Alberto Fernández volaba: el mensaje fue percibido por la gente de forma positiva, considerando a Fernández como un líder comprometido, dispuesto a trabajar con una figura de la oposición como Rodríguez Larreta, independiente de la figura de la vicepresidente, y además, la cuarentena parecía ser acertada de acuerdo a lo que ocurría con la pandemia en Europa. Sin embargo, a medida que continuaba el confinamiento la imagen del presidente cayó rotundamente, y no es producto de la casualidad: la pandemia no hizo más que dejar al descubierto las pretensiones autoritarias del kirchnerismo y de su líder, sumado a una crisis económica profunda de la que costará mucho recuperarse.
 Sin dudas, desde la finalización de la última dictadura no se había visto un gobierno que abuse de tal forma del poder: la cuarentena violó las garantías y derechos constitucionales, impidiendo a los ciudadanos la libre circulación dentro y entre las provincias (siendo el caso de Formosa el más emblemático, donde el eterno gobernador Insfrán cerró de forma inédita las fronteras impidiendo a muchos formoseños ingresar a sus domicilios): un informe de la ONG Correpi afirma que hubo más de 90 muertos por violencia policial a causa de no cumplir con la cuarentena, castigando a personas por realizar actividades sin evidencia científica que indique que provoquen contagios, convirtiendo la cuarentena en un estado de sitio no declarado, evidenciando situaciones absurdas, como la policía hostigando a una señora por tomar sol; o helicópteros de la gendarmería persiguiendo a un deportista que practicaba remo; mientras que en provincias gobernadas hace muchos años por el peronismo se secuestraron y ejecutaron personas por no respetar el confinamiento. Muchas familias fueron separadas en casos donde circunstancialmente un integrante se encontraba en otra provincia, rememorando aquellos tristes recuerdos del Muro de Berlín. Y de forma totalmente antagónica, la política dirigida hacia los delincuentes fue sumamente abolicionista, liberando miles de presos, quitándole las pistolas táser a los policías, teniendo una mirada intermitente sobre las usurpaciones de terrenos (donde se vieron involucrados funcionarios del gobierno), concluyendo en que al delincuente se lo debe tratar como a una víctima y a la gente reprimida por la cuarentena como a un delincuente.
 Por otra parte, las clases fueron interrumpidas de forma indefinida, y muchos jóvenes perdieron todo tipo de vínculo con la educación, comprometiendo su futuro laboral en una Argentina donde el 63% de los chicos son pobres; y se le prohibió a mucha gente otro derecho indispensable, como es el trabajo, a partir del cual se reproduce la subsistencia. Es decir, se obligó a los argentinos a dejar de producir, convirtiendo a muchos en rehenes del Estado, ya que la subsistencia pasó en muchos casos por los subsidios y planes de emergencia otorgados por el gobierno, incrementando la gente que depende del Estado y no trabaja en el sector privado. Además, este control social y su impacto en la economía también fue perverso desde el punto de vista del capital: mientras muchas empresas no podían producir y por lo tanto no tenían ingresos, se las seguía obligando a pagar impuestos y se impuso la doble indemnización por despidos. Sin un rumbo claro, con una economía que ya venía de dos años en recesión, las medidas restrictivas, además de implicar delitos de lesa humanidad como vulnerar libertades individuales, significaron que la Argentina esté entre los países cuya economía más cayó en el 2020, destruyendo lo poco que quedaba en pie. 
 "Entre la salud y la economía, me quedo con la salud": ese fue el ícono del relato de la cuarentena: cuando esta ya se hacía demasiado larga y la realidad no daba resultados, se buscó a estos a través de la épica: las filminas que exponía Alberto Fernández comparaban a la Argentina con otros países jactándose de tener una menor cantidad de muertos y contagios, a través de un relato donde el Estado cuidaba a la gente y todo debía pasar por sus lineamientos, como si dar lugar a la libertad y al cuidado individual que practicaban países como Brasil o Suecia fuese sinónimo de conducir a la muerte y a la explosión de los contagios. Mientras la imagen del presidente seguía cayendo, la realidad y los datos mataban al relato: países que nunca tuvieron cuarentena como Brasil, al que se lo catalogaba como el ejemplo que no se debía seguir, terminó teniendo un menor número de muertos por millón de habitantes que Argentina, con una economía despegando, y sin desatender otros ámbitos olvidados por la infectocracia argentina, como enfermedades crónicas que a pesar del coronavirus no podían dejar de atenderse, y por supuesto, la salud mental y educación de la población.
 Y para dejar de tener dudas sobre la falta de veracidad de los dichos acerca de que el kirchnerismo volvió para hacer las cosas mejor, solo hace falta observar la falta de valores republicanos del oficialismo: no solamente por la implantación de una dictadura sanitaria donde en su comienzo hizo funcionar a medias al poder legislativo y judicial, sino por la persistente obsesión de Cristina con este último y su penetrante avance sobre los jueces que tienen sus causas. Las instituciones implican un conjunto de reglas del juego que los actores deben respetar, y cuando estas necesitan ser incumplidas para cumplir los objetivos, los actores con ideologías autoritarias suelen traspasar su arena correspondiente para modificar las reglas de la arena donde se disputan sus intereses otros actores: así ocurrió cuando se intervino ilegalmente la cerealera Vicentín, siendo este un asunto entre privados y homologado por la justicia, y donde una buena respuesta de esta impidió el avance del Poder Ejecutivo sobre una arena que no le correspondía, violentando instituciones como lo son un concurso de acreedores, y un derecho básico y fundamental, como es la propiedad privada.
 Las promesas de llenar la heladera, lejos de cumplirse, siguen lejanas, empeorando los indicadores heredados, e incluso los logros que se le contaban a la anterior gestión: se eliminaron los trámites del Estado en forma virtual y transparente; se cerró el aeropuerto del Palomar, que con sus vuelos low-cost había democratizado el transporte aéreo, priorizando los intereses de los sindicalistas por sobre los de la gente: el kirchnerismo necesita de una épica, y en esta se encuentra Aerolíneas Argentinas, la aerolínea "de bandera", que trajo la vacuna rusa porque se necesitaba de una epopeya, por más de que su vuelo sea más costoso que el de un vuelo de carga común. Y en esa épica, se encuentra el combate a la "opulencia" de la Ciudad de Buenos Aires: sin respetar el consenso fiscal realizado entre Macri y los gobernadores, el Ejecutivo y luego el Congreso avanzaron de forma discrecional y arbitraria sobre los fondos de coparticipación de un distrito de mayoría opositora, quebrantando el federalismo y la autonomía porteña. Alexis de Tocqueville, estudioso de las democracias, tenía una preocupación sobre los pueblos democráticos: pensaba que estos pueblos amaban más la igualdad que la libertad, y que si no podían obtener la primera en la democracia, estarían dispuestos a obtenerla en la servidumbre. Otorgarle atribuciones al poder central para quitarle a los que poseen más riqueza hace peligrar la democracia, en el caso de la Argentina, una democracia republicana y federal, y que con estos vicios puede terminarse volviendo una tiranía autoritaria y feudal. Mientras tanto, se siguen tomando medidas que cambian las reglas del juego y no hacen más que generar más pobreza: impuestos como el que grava las grandes fortunas, que implica una doble imposición y resulta ser inconstitucional, alejan a futuros inversores, aumentando la desconfianza y disminuyendo las oportunidades de generar riqueza y por lo tanto más empleo: en una Argentina esquizofrénica, se combate la riqueza por parte de funcionarios ricos con dietas de privilegio, promoviendo que el mejor negocio nunca será emprender, sino obtener un cargo público.
 Con la cuarentena terminada por sus evidentes fracasos y la presión social, se cierra un 2020 donde con varias vacunas a la vista, la pandemia va en camino a su culminación, y se avizora una recuperación luego de un año de crisis a nivel mundial (aunque la caída no fue tan brusca como en el caso argentino): con los precios de las materias primas en alza y una disminución en las tasas de interés que traerá aparejada una mayor liquidez en los mercados internacionales, se espera que la Argentina tenga un rebote en el 2021. Aunque las dudas son abundantes: ¿Será tan solo un rebote, para luego volver a una recesión, siendo parte de los ciclos económicos que atraviesa la Argentina desde mediados del siglo XX?¿Guzmán aplicará un programa ortodoxo para disminuir el déficit fiscal, corregir las tarifas para evitar una crisis energética y tener un rumbo claro, o por lo contrario se seguirán los lineamientos camporistas, abusando del gasto público, de la emisión monetaria, comprometiendo los derechos de propiedad, aumentando impuestos, perpetuando los conflictos sin salida?¿Un aumento de la actividad económica que eleve la velocidad de la circulación del dinero sumado a un similar nivel de oferta monetaria hará explotar la inflación que se encuentra reprimida, profundizando la brecha cambiaria y generando un estallido social? Por el momento, las experiencias de este año y la negativa a reconocer al gobierno de Maduro como una dictadura frente a un mundo que la denuncia de forma casi unánime, dan indicios de una única certeza: volvieron peores. 

domingo, 20 de diciembre de 2020

POESIA: LA ESPERA DEL PLACER


Por la ventana observé

De su belleza desperté

El carmesí me cautivó

Como un demonio me asaltó

 

El terror me invadió, y mi cuerpo tembló

Salir a hablar no podía, aunque mi amigo se paró

Con él conquistar América quería

Y en las costas desembarcar

 

Las tropas no podían

Entrar en una batalla sin igual

La desesperación triunfó, ante la antipatía de costumbre

Sólo no podía, sentarme y observar

 

Tantas puertas tocaba

Tantos caminos se cerraban

La soledad ahuyentaba

La pasión hecha realidad

 

La paloma mensajera iba

Y el sobre nunca volvía

Mientras mi amigo duro estaba

Mi poca paciencia no lo calmaba

 

El sueño de tener, la contención de un bebé

Sin detestar, de forma incondicional

Con solamente amar, sin imaginar

Con tan solo desear, sin inventar

 

La imaginación ayudaba, a los sueños navegar

Por los mares peligrosos, de una fantasía sin acabar

Las manos pronto calmaron, la ansiedad que tanto aumentó

El roce en la piel, hizo llegar el placer

 

Un momento de furor

Unos minutos de imaginación

Los sentimientos calmaron

Para seguir en la eterna espera

De aquello que observé

 

 

domingo, 22 de noviembre de 2020

CUENTO: HASTA LUEGO, ARGENTINA

Cuando el mundo fue creado, 10 emanaciones de energía dieron lugar a la creación: estas fuerzas expansivas se depositaron en 10 recipientes, una en cada uno de ellos. Fue tal la potencia del acto, que aquellos contenedores se rompieron: de la energía en ellos depositada el universo fue creado, y de no poder contener el poder emanado, el bien y el mal escaparon del control del mundo. En un punto minúsculo del universo se encuentran los seres humanos, donde se manifiesta esta fuerza dicotómica: el bien y el mal se expresa en cada movimiento de ellos, siendo el único ser viviente donde el mal prolifera, lo cual a su vez es bueno, ya que el humano es el único ser vivo de la creación con una inteligencia superior. La dicotomía entre el bien y el mal hace al mundo tan imperfecto, que la creación es perfecta.
 Como efecto colateral de la fuerza expansiva de las emanaciones creadoras, surgen dimensiones inconexas con el mundo humano: en una dimensión donde solamente existe el mal, los demonios habitan un infierno inconmensurable para el entendimiento de la mente humana.
 Los demonios se masacran unos a otros, y al no existir el bien, no hay culpas, angustias, ni remordimientos: lo que es perverso para el mundo humano es absolutamente normal para los demonios. Los hijos suelen asesinar a los padres (si estos no los matan antes); solamente existe el poliamor, ya que es imposible que una pareja subsista sin que uno de los dos sea infiel con el otro; no existe la moneda como medio de cambio, ya que la única forma de transacción es el robo; y el emperador de los demonios, Rafael, lo es por ser el más poderoso, ya que nadie puede matarlo para quitarle el trono (el único régimen de gobierno es la tiranía, donde el más fuerte gobierna y somete al resto, convirtiendo a todos en esclavos del déspota, que gobierna a mano dura y sin ley). 
 Flafy es el esclavo preferido de Rafael, y hasta ahora es el único que no fue asesinado porque al emperador le fascina la forma de gritar de Flafy cuando a este se le mutilan sus miembros, que luego de unas horas se regeneran para volver a crecer. En este momento, Flafy se dirige al palacio de Rafael para cumplir con su rutina de servir a su amo: para ello todos los días cruza en un bote el lago de lava, donde es algo muy común al paisaje observar riñas de demonios donde el perdedor es sometido a morir calcinado en las altas temperaturas debajo del ring. Las altas temperaturas, el peligro inminente de ser asesinado en cualquier momento, las construcciones precarias y fantasmales rodeadas de árboles petrificados, la niebla espesa  y exuberante, son todas imágenes propias del mundo de los demonios. 
 Llegando al palacio, y sabiendo que Rafael no iba a matarlo porque nunca conseguiría un demonio que grite de forma tan excitante como él, a Flafy se le ocurrió hacerle una pregunta una vez arribado a la enorme estructura imperial para cumplir con sus servicios.
 En el lúgubre ambiente del palacio, Flafy se arrodilló frente a su amo, presionado por la mirada pétrea de sus ojos rojos y la aridez paralizante de su piel. El emperador lo miraba de forma amenazante sentado en su trono.
 -Flafy: "Mi señor, Rafael, le suplico de rodillas hacerle una pregunta".
 -Rafael: "Si no fuera por las sensaciones orgásmicas que me generan tus gritos de dolor y exhaustividad en tus tareas, te mataría. Pero voy a hacer una excepción: adelante, quiero escuchar tu pregunta".
 -Flafy: "Mi señor, tengo mucha curiosidad. ¿Qué se esconde detrás de la gran puerta de oro que hay detrás de su trono?"
 Rafael tomó una llave del bolsillo de su túnica con sus uñas largas y oscuras, y se dirigió a la impactante puerta que llamaba la atención de su sirviente.
 El ruido de las llaves girando en la bocallave genera un eco de incertidumbre en todo el piso. Se escucha el retumbar del chirrido de la puerta como si impactara en la construcción de las grandes columnas. Al abrirse la enorme puerta de lado a lado las nubes de polvo hicieron toser a Flafy, quien estaba impactado por lo que veía: un portal rojo capturaba sus ojos de forma penetrante.
 -Rafael: "Hay otras dimensiones existentes en este universo. Y si bien no podemos ingresar en ellas, estos portales permiten una efímera conexión entre nuestra dimensión y otra, enviando ondas de energía que producen pequeños cambios en la naturaleza de los seres que habitan del otro lado del portal".
 Flafy se arrodilla ante los pies del emperador, con lágrimas en los ojos que muestran agradecimiento por haberle dado a descubrir tal secreto: "Gracias, mi señor, gracias..."
 -Rafael: "Y voy a contarte algo más: en el mundo que observo a través de este portal, hay de todo un poco: lugares donde se vive de forma contraria a la nuestra, lugares que son parecidos a nosotros. Pero hay un lugar que a pesar de poder vivir de forma contraria, la energía proveniente de nuestra dimensión los condenan a vivir como nosotros. Ese lugar se llama Argentina".
 -Flafy: "Mi señor, nosotros los demonios tenemos nuestra naturaleza, no sé que se siente ser distinto y verse afectado por nosotros".
 -Rafael: "Me diste una gran idea: por un día vas a quedarte viendo a los argentinos a través del portal, y vas a llevar una mochila en la espalda: cada vez que veas un efecto producido en la vida de los argentinos a causa de nuestra energía demoníaca, la mochila se va a ir haciendo cada vez más pesada. Así vas a saber qué se siente. Jajajajajaja".
 Flafy comenzó observando el portal detenidamente, estupefacto al ver paisajes inimaginables para el mundo demoníaco, que suele estar poblado de rocas, volcanes, fuego saliendo de orificios del suelo y un cielo rojo como el color de la sangre, plagado de oscuridad: el demonio no podía creer ver escenarios tan hermosos y distintos a los suyos. Se encontraba paralizado ante la elegancia de las montañas, la brisa del viento de los mares, los hermosos campos poblados de vacas y pastizales, y ciudades bellísimas con arquitecturas y edificaciones envidiables. La mochila que llevaba Flafy se sentía totalmente liviana, y si fuese posible el esclavo se quedaría eternamente viendo aquel espectáculo tan distinto a la naturaleza de su especie. Lo mismo sentía al ver las amistades disfrutando la vida, las familias unidas, y la felicidad completamente desconocida para cualquier demonio.
 Sin embargo Flafy comenzó a observar las dificultades que tenían los argentinos para comunicarse, a pesar de vivir en tan agradable lugar (para Flafy, donde en su mundo no existía lo "agradable" ni lo relacionado con el bien, no había palabras para describirlo): su mochila empezó a pesar poco más de dos kilos al percatarse de como una enorme grieta separaba a dos grupos de argentinos que se gritaban, y al estar tan lejos, la grieta les impedía escuchar lo que el otro decía. 
 Flafy pensó que apenas un defecto en la tierra no haría aumentar mucho más el peso de su mochila, y sin preocuparse demasiado, continuó observando el territorio argentino. Al ver cómo un grupo de jóvenes se encontraban inmersos en el efecto de las drogas, Flafy pensó, mientras la mochila aumentaba de peso: "Vaya, pobres, pobres argentinos, que algunos consumen lo mismo que nosotros, cuando tienen tantas delicias que disfrutar". El peso de la mochila aumentaba por primera vez, ante el éxtasis provocado por todas las drogas por consumir, y el polvo de tantos libros que quedaron sin leer.
 Luego de unos minutos, al demonio le resultó familiar una escena en donde un joven asaltaba un negocio; y otro robaba un artilugio mientras escapaba en una moto. La mochila ahora a Flafy le pesaba, mientras en su cabeza rumiaba: "Estos se parecen a nosotros, los hemos endemoniado. No me había imaginado, que había otro infierno en el Conurbano. Pero todavía me queda por ver la gente que se salvó de nuestras garras". 
 Al observar a los argentinos de bien, Flafy también debió soportar un aumento en el peso de la mochila, que ya le estaba generando dolores de espalda: "Que horrible, pobres los argentinos de bien, que trabajan y se esfuerzan, pero sufren para llegar a fin de mes. El que quiere progresar retrocede, y el que retrocede avanza: los que se esmeran son boludos, y el que usurpa es el audaz". 
 Por cada impuesto que veía que tenían que pagar los argentinos, la mochila de Flafy subía un kilo. El demonio ya estaba transpirando del esfuerzo, y comenzaba a preocuparse: "Pobres los argentinos que producen y trabajan dentro de la ley, que llevan una mochila tan pesada como la mía. El que vive bien es un cipayo, y el que le tiene envidia es solidario: una patria de demonios han creado". 
 Aún así, Flafy estaba maravillado con la idea de tener una moneda para realizar transacciones, cosa que no existía en las tinieblas del mundo demoníaco. Pero lamentablemente, el peso de su mochila volvió a crecer, a tal punto que las piernas le temblaban: "Pobres los argentinos, que cada vez que acumulan los billetes, estos ya perdieron su valor. El mérito deja de valer, y su valor se encuentra afuera, a donde quieren escapar". 
 Al ver el sofisticado sistema político argentino, donde Flafy contemplaba la separación de poderes y cómo el pueblo tenía la posibilidad de elegir a sus gobernantes, la mochila se hizo tan pesada que Flafy cayó al suelo aplastado por ella, sintiendo cómo las toneladas le rompían varios huesos: "Pobres argentinos, que tienen a los demonios entre ellos, y por ellos fueron poseídos: idolatran al que les roba, veneran al que les miente, eligen a los que causan sus desgracias". 
 Con serias dificultades para respirar, Flafy gritaba: "Pobres argentinos, que viven en un mundo donde los justos la pagan, y el injusto es amigo del juez. El que estudia y trabaja se muere, y el que roba y mata es la ley". Al percatarse de cómo desde los envidiables inicios de la Argentina las ondas de energía demoníacas fueron endemoniando a los argentinos hasta asemejar su hogar con el infierno, el demonio sabía que ya no aguantaría el peso de la mochila, comprendiendo ahora qué se siente ser distinto y ser afectado por criaturas como él. 
 Antes de que la mochila reviente del peso, Flafy dio su último suspiro con su voz ya baja y apagada, entremezclada con una tos llena de agonía: "... Perdón, argentinos, por transformar su paraíso en un infierno... Por castigar la riqueza y multiplicar la pobreza, por dejar de enseñar y empezar a adoctrinar, por dejar de laburar y empezar a afanar, por mentir en vez de decir la verdad. Hasta luego, Argentina". 
 Rafael ya no sentiría más orgasmos al escuchar los gritos de su sirviente.