El desarrollo del partido fue casi una réplica del jugado el último domingo en el Cilindro: Racing defendió en bloque con la única intención de minimizar cada intento de Boca, y padeció del mismo problema que conlleva a insinuar un contraataque, esta vez con Lisandro López como único punta, que cuando le tocó recibir la pelota no tenía un socio para descargar. Por haber visto su trabajo en Lanús, Guillermo pretende un equipo agresivo para atacar, con volantes que le den fútbol y extremos y laterales que le den amplitud al campo de juego, pero Pérez y Meli aportaron las ganas de siempre sin generar juego, como plano general de lo que fuimos en este compromiso copero y en el anterior choque doméstico: un conjunto que maneja la pelota, pero sin profundidad, con el rival sintiéndose a su confort en tal condición.
Una vez más, las bandas explotadas por Racing pudo haber sido nuestro karma también en este clásico, sobre todo nuestro sector derecho, donde Acuña inyectó varios centros rasantes que impregnaron preocupación, en lo que fueron las únicas iniciativas de Racing, solo que esta vez la pelota no entró en nuestro arco.
Aunque por lo dicho anteriormente sobre que era muy complicado detectar grandes cambios, se vio algo de la manija del DT: el esquema, donde Tévez tuvo dos laderos a sus costados, y pudo entrar y salir del área siendo un falso nueve en serio, sin necesidad de ir a buscar la pelota cerca de Gago; Lodeiro arrancó por la derecha, pero estuvo lejos de cumplir la función de extremo, acercándose a Tévez y siendo uno más en el circuito interno de la posesión; Chávez sí que siente la función de extremo izquierdo, y en la jugada que Tévez se tira atrás, engaña a los centrales y Chávez ataca el espacio recibiendo el pase profundo de Carlitos, que luego Lollo llega a interceptar, es una ráfaga del juego que se pretende concretar, y es una marca registrada del Barcelona de Guardiola: cuando Messi recibía la pelota unos metros atrás y los zagueros rivales salían a marcarlo, mordían el anzuelo y quedaba un hueco para que se filtren los extremos, en una primera etapa Eto´o y Henry, luego Villa y Pedro (Lodeiro no siente esa ocupación, a diferencia de Chávez).
Con el tiempo, se irá consolidando una forma de jugar para que Chapita le de su toque de distinción a un equipo que tiene mucho camino por recorrer, donde habrá que ver donde ubicarlo a Tévez en su 4-3-3 cuando esté Osvaldo, si ese es el esquema finalmente elegido, si Lodeiro aporta más como extremo que como interno, cómo otorgarle al conjunto su famoso dilema de "táctica para defender y libertades para atacar". Pero mientras los futbolistas y el cuerpo técnico recorren el período de transición que implica conocerse mutuamente y brindar el mensaje de a qué se quiere llegar, no hay que preocuparse si vemos más réplicas de partidos que llevaron a Angelici al cambio de entrenador, teniendo en cuenta que los Barros Esquelotto recién llegan.
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