La teoría de Darwin marcó a fuego el siglo XX desarrollando el concepto de la Selección Natural, haciendo referencia a que las especies que no se adaptan al medio-ambiente y no mutan en función de la supervivencia, no sobreviven. Por eso la ballena, llegó a ser tal como la conocemos luego de millones de años que implicaron una serie de cambios en su organismo y adaptación a la vida acuática, ya que hace precisamente 55 millones de años, el ancestro de los cetáceos de la actualidad era, nada más ni nada menos que un animal de cuatro patas parecido a un canino. Puede tomarse esta teoría de la naturaleza como moraleja para cualquier aspecto de la vida: si uno no se adapta y se maneja con la idea de pervivir al contexto, se corre el peligro de que los resultados sean malos. La Copa Libertadores es un mundo en el que hay que sobrevivir, y si no se está preparado para jugar en las duras canchas brasileñas donde, cabe resaltar, es un país en donde no le dejan al equipo visitante dormir durante la noche, es imposible persistir en la competencia.
Boca tuvo muy en claro lo que es una llave de ida y vuelta: es un partido de 180 minutos. Puede decirse que Boca empezó el partido de Belo Horizonte ganando 2-0. En la ida se vio la fisonomía natural del equipo de los mellizos, y lo sometió al Cruzeiro hasta que consiguió un colchón de goles para ir tranquilo a jugar el partido de vuelta (tener una diferencia de dos tantos vale oro: si el xeneize hubiese ganado por un solo gol, la historia tal vez hubiese sido otra). Pero en el partido de vuelta debió adaptarse a las circunstancias, soportar.
Cuando un equipo termina los primeros 45 minutos de un partido arriba en el marcador, por lo general sale a especular en el segundo tiempo ante el advenimiento del equipo que desea empatar, y a partir de allí contraatacar. Los primeros 45 minutos de este partido se jugaron en la Bombonera, y los segundos en Belo Horizonte. La Libertadores aplicó la Selección Natural para elegir al último semifinalista: Boca se adaptó al medio-ambiente como los camaleones que cambian de color para pasar desapercibidos ante sus presas: si no hubieran adquirido esa característica, se hubiesen extinto. Siempre el ideal es jugar como uno quiere en todas las canchas como lo hacía el Barcelona de Guardiola, pero si no se puede, hay que sobrevivir.
El planteo de Guillermo puede interpretarse de diversas formas: como un 4-1-4-1, como un 4-3-3, como un 4-5-1 (podría decirse que el equipo pasó por todas esas formaciones cada vez que los futbolistas se movían), pero el punto neurálgico del empate de Boca fue que no tuvo la idea latente de hacer un gol para obligarlo al Cruzeiro a hacer cuatro, sino que dejó esa posibilidad como un factor secundario que podría generarse con una maniobra de los tres jugadores más ofensivos (Villa, Zárate y Pavón, muy aptos para desequilibrar), enfocándose mayoritariamente en dejar correr los minutos y que Cruzeiro no se sienta cómodo. Boca fue el mejor de la serie porque el partido que debía ganar, que siempre es el de la localía, lo superó a Cruzeiro, y cuando el elenco brasileño debió hacer lo suyo en Brasil no lo logró, empujó constantemente con ataques centrados poco profundos, donde Rossi no estuvo del todo seguro en sus intervenciones, y ese fue el mayor peligro para el conjunto auriazul, no porque la defensa no haya estado sólida ni porque los ataques hayan sido punzantes. Como siempre, a partir de lo colectivo puede expandirse el análisis a lo individual: los extremos fueron importantes para el retroceso; Nandez fue el motor de Boca a la hora de dinamizar al equipo en el medio; y tanto Olaza como Buffarini se destacaron marcando por sus respectivas bandas en un partido que no les pedía pasar al ataque.
Para poder vivir la final más apasionante y única en toda la historia del fútbol como podría ser en el que caso de que lleguen Boca y River a la final (nunca se dio que dos archi-rivales lleguen a la final de un torneo tan prestigioso como la Champions o la Libertadores, y en el caso de que dicho acontecimiento ocurra, tendría condimentos que no tienen ni siquiera la final de un Mundial), se deben dar dos condiciones obvias: que clasifiquen ambos. Pensar no únicamente en la final contra el rival de toda la vida, sino en el hecho de pensar en la final, sería un error grosero para Boca que lo desconcentraría con respecto a su compromiso con Palmeiras.
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