La Argentina es un país al que nunca en su historia le han faltado grietas y divisiones: la unificación de la Confederación Argentina con Buenos Aires por medio del Pacto de San José de Flores y la instauración definitiva de una república federal luego de la Batalla de Pavón en 1861 fue la culminación de múltiples guerras civiles, donde la violencia, los fusilamientos y la necesidad de organizar un territorio nacional que recién empezaba a consolidarse hicieron correr mucha sangre. La división entre unitarios y federales dividía a la Argentina en cuanto a cómo sería la organización política de su territorio. Aquellos años llevaron a Domingo Sarmiento a escribir el "Facundo, civilización y barbarie", retratando las dos Argentinas que se encontraban en aquel entonces: una predominantemente rural, bajo el poderío de los caudillos, poco desarrollada y donde la violencia era el foco de resolución de los conflictos; mientras que había otra Argentina en las zonas urbanas, con respeto a la propiedad privada, con la religión como elemento educador y civilizatorio, y donde una economía más avanzada, producto de la cultura europea, distinguía a las ciudades de la pobreza del campesinado. Luego, a finales del siglo 19 vinieron las divisiones entre la plebe y la oligarquía, donde el fraude de los conservadores y los levantamientos armados de la Unión Cívica Radical mandaban en el escenario político de aquella época. En 1945 el peronismo cambió la política argentina para siempre, y en sus distintas variantes, el peronismo y el antiperonismo nos acompañarían hasta el día de hoy, con el kirchnerismo y antikirchnerismo en su forma moderna. Hoy la grieta acumula un nuevo canal de expresión, que no es más que reavivar una grieta antigua, propia de las guerras civiles del pasado: la riqueza de la Ciudad de Buenos Aires contra el resto del país. ¿Cuanto de lo que decía Sarmiento en aquel entonces, nos sigue sucediendo en la realidad? Seguimos teniendo un país con una capital rica, con índices de desarrollo superiores al resto del país en su conjunto, cuyo contraste es la Provincia de Buenos Aires, donde la inseguridad y la pobreza presentan una realidad calamitosa.
La grieta que instaura el presidente Alberto Fernández es desconocer la raíz del problema, la causa de tal desigualdad: mencionar que le da "pudor" y "pena" tener una Ciudad de Buenos Aires tan "opulenta", casi de forma premonitoria a la quita de un punto de coparticipación que se le realiza a la Ciudad de forma arbitraria y autoritaria para solucionar el conflicto policial bonaerense, es un síntoma de la otra epidemia que nos asola: es la romantización de la pobreza, y el desprecio por el éxito, que hace que la "pena" sea hacia el desarrollo y no hacia el atraso y la decadencia.
Alberto Fernández podría hablar de los sistemas feudales que funcionan hace muchos años en el sur y norte del país, sin embargo, lo que le causa pena es un distrito federal que ha hecho las cosas bien para tener un nivel de desarrollo próspero. En el sistema feudal se debía trabajar la tierra para el señor feudal a cambio de protección, ya que la aristocracia era la que tenía las armas para la defensa. En este sistema feudal del interior del país, muchos habitantes de Formosa, Santa Cruz, San Luis, entre otros feudos provinciales, siguen votando al peronismo para poder vivir del Estado, con cargos públicos o subsidios. Los feudos provinciales no generan riqueza: hay más empleo público que privado, y los porcentajes de pobreza son significativamente altos. Este aparato clientelar se sostiene mediante la coparticipación, ya que estas provincias no generan sus propios recursos.
La Ciudad de Buenos Aires es una de las provincias (y no debe causar ningún "pudor" llamarla de esa manera, ya que es una Ciudad-Estado con el mismo rango que el resto de los distritos federales del país) que más aporta al sistema de coparticipación federal de impuestos (representando el 18,6% de la economía argentina), y paradójicamente, es la más perjudicada: recibe un 68,92% menos de lo aportado. Formosa, una de las provincias más pobres, es la más beneficiada, recibiendo un 465% más de lo que aporta, siendo un claro ejemplo de la ineficiencia, clientelismo y decadencia del peronismo feudal del interior del país, aunque Alberto Fernández haya destacado a Gildo Insfrán como un gran gobernador en un acto público celebrado hace unos meses.
La desigualdad que sigue vigente en la Argentina no puede entenderse sin la mala administración de los recursos y mal manejo de la coparticipación federal, que sostiene a provincias que no tienen punto de comparación con el desarrollo alcanzado por la Ciudad de Buenos Aires, lo cual queda expuesto en el conflicto con la policía bonaerense: en la Provincia de Buenos Aires un suboficial ganaba como sueldo mínimo menos de 40.000, mientras en la Ciudad los sueldos de un suboficial son de un mínimo de 60.000, con buen equipamiento y condiciones laborales aceptables. El gobierno de Macri había aumentado la coparticipación recibida por la Ciudad a un 3,5% producto del traspaso de la policía federal para crear la nueva Policía de la Ciudad, ejerciendo el derecho de la Ciudad como distrito autónomo a administrar sus propias fuerzas de seguridad sin depender de las fuerzas federales, porcentaje que le sigue dando a la Ciudad mucho menos de lo que aporta a la administración federal.
Mientras en la Argentina se siga con una mentalidad que castiga a la prosperidad y el desarrollo, como el nuevo impuesto a las grandes fortunas, o solucionar problemas de una provincia que no pudieron solucionar más de 30 años de peronismo quitándole recursos a la Ciudad de Buenos Aires, la civilización y la barbarie seguirán dividiendo a los argentinos: la civilización de una ciudad de estándares europeos, con una clase media altamente consolidada, con la inseguridad en caída año a año, que le presta sus servicios a millones de bonaerenses y ciudadanos del interior que viajan a la Ciudad a atenderse, estudiar y trabajar debido a las deficiencias de sus provincias (que no deja de tener un índice de 20% de pobres, que son la otra realidad de la "opulencia" tan denostada); y un conurbano pobre, con pisos de barro, escuelas que se caen a pedazos y la infaltable barbarie del delito callejero y la mafia de las altas cumbres de la política.
Para tener un país más federal, se deben generar oportunidades en el resto del país, terminar con los caudillos provinciales, que no se dependa únicamente de la Ciudad para realizar las actividades que realizan los cuatro millones de argentinos que entran a territorio porteño todos los días. Pero sin castigar a la Ciudad, sino siguiendo sus pasos, sin dividir a los argentinos generando odio entre compatriotas de distintas jurisdicciones, pero de la misma Nación. Nuestra Constitución Nacional establece en su artículo 75 que la coparticipación federal de impuestos será "equitativa, solidaria, y dará prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional". Hasta el momento, su uso se realizó de forma discrecional, sin sancionar una ley convenio estipulada en la misma constitución, y donde comportamientos como los del presidente no demuestran intenciones de tener un país más igualitario, sino igual de pobre. Como diría Aristóteles en su Ética, la justicia es la igualdad, pero siempre en proporción al mérito del que recibe. Los porteños no tienen porqué pagar la ineficiencia y despilfarro de recursos de otras jurisdicciones, donde el mal manejo de la coparticipación no ha hecho más que ensanchar la desigualdad de dos Argentinas diferentes, ahora incrustadas en una nueva grieta, expresada también en palabras del gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, quien manifestó que los porteños son "terribles" e "insoportables". La judicialización del conflicto será la nueva versión de la disputa entre el desarrollo y el subdesarrollo parasitario y feudal de muchos mandatarios peronistas, que no supieron generar riqueza en tantos años gobernando La Matanza, lamentándose del éxito porteño, aunque vivan en los opulentos edificios de Recoleta.
Muy buen resumen de la historia Argentina y de la caracterización de nuestra sociedad
ResponderBorrarTomás sos un muy buen docente !!!
Asi gobiernan haciendo lo imposible para ocultar su ineficacia y politiqueria barata; que otra cosa podemos esperar de un Alberto Fernandez que después de las críticas a CFK termina pactando con ella?? y si eso fuera poco habla maravillas del Jimmy Hoffa argentino Hugo Moyano; mafioso de aquellos y de Gildo Insfran, con elección indefinida, dueño de la provincia mas pobre y con fraude!! A mas de lo que describís con gran precisión; que hacen cuando llegan al gobierno?? roban! son multimillonarios por el afano en un pais cuyos índices de pobreza llegaran pronto al 50%; Se han enriquecido con el latrocinio, robando el fruto del trabajo del gente; y la única parte de la democracia que les interesa es el voto. De los casi 37 años de democracia la provincia de buenos aires fue gobernada durante 28 años por el peronismo, y los inutiles le chan la culpa a la ex gobernadora VIdal; la paja en el ojo ajeno; no tienen autocritica por eso no cambian; pensamiento único, adoración religiosa por CFK; en este momento hay protestas por todo el pais; debemos ganar la calle; ya la ganamos y luchar para tener un estado de derecho. Ellos no pueden sin ómnibus, choripán y clientelismo político; ahí el confinamiento se les puso en contra!
ResponderBorrarMuy buen y profundo análisis de la realidad!
Mario Racki
Aplausos de pie...
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