jueves, 28 de enero de 2016

MAR DEL CAOS

 Los tres partidos de Boca en este verano dejaron mucho que desear, en resultados, funcionamiento, y hasta en conducta.
 Es la segunda vez que Racing de la mano de Bou nos hace un desastre y Angelici debe levantar el teléfono para reforzar la defensa. El verano pasado ocurrió con una derrota 4-1 y llegaron Torsiglieri y Rolín. Hoy en día el que quedó de los dos es el uruguayo, y ahora el presidente xeneize llegó a un acuerdo por la llegada de Insaurralde, justamente por tenerle desconfianza al zaguero que fue a buscar para apagar los incendios hace un año. ¿Ocurrirá lo mismo el verano siguiente? Esperemos que Boca madure como institución y pare de incorporar centrales todos los mercados de pases, y para eso hace falta tomar la decisión correcta para que esa sea la única decisión, y no tomar muchas decisiones erróneas. Uno cree que Insaurralde va a rendir como lo hizo en su etapa anterior, que el círculo vicioso de los partidos con Racing y los centrales se terminará, ya que el Chaco es un futbolista de mucha jerarquía. Pero además de salir de compras al supermercado, se necesita trabajar con lo que se tiene en la heladera, y los horrores del equipo de Arruabarrena en defensa fueron parecidos al 3-4 de Unión en la Bombonera: equipo largo, malos cálculos en los pelotazos frontales, la línea de cuatro desprotegida. En aquella fecha 19 del torneo, el Vasco logró que los errores defensivos se vayan corrigiendo las 11 fechas restantes. Una tarea difícil, pero no imposible de realizar si se pudo lograr en un pasado reciente. Mientras que la derrota con el elenco de Sava no es solo una derrota de verano, ya que Boca podría enfrentar a Racing en la fase de grupos de la Copa, y es una importante misión para el DT del conjunto de la Ribera preparar ambos choques coperos para que Bou no haga de las suyas otra vez, y esa es una de las tareas mas importantes de un entrenador: prevenir los encuentros, y por ahora nunca se pudo predecir a Racing.
 El superclásico fue un bochorno total, como para que le devuelvan el dinero a los espectadores que sufrieron viendo esos 90 minutos de pura fricción, agresión y nada de fútbol. Esta es una deuda pendiente del Boca del Vasco: no pasarse del límite. Carlitos había declarado luego de la derrota 3-1 con Racing (sí, otra vez Racing) en la fecha 28 del torneo que como equipo Boca tenía que crecer, que hay que usar la cabeza, terminar con los 11. Parece que todavía no crecimos. Boca estuvo atropellado, no se concentró en jugar, y el partido se transformó en una batalla campal. Está bien dejar la vida en cada pelota, pero no estaría nada mal dejar la vida por jugar bien.
 Y la tercera no fue la vencida para Boca: con Estudiantes el equipo quedó desmoronado y tuvo errores infantiles en ambos goles. El primero fue una muestra del desequilibrio, de perder la pelota en mitad de cancha y que el equipo quede partido, mientras que el segundo fue como hacerse un gol en contra: pura desconcentración, ingenuidad, hasta falta de actitud.
 Boca se dio un viajecito de terror por Mar del Plata, donde no jugó a nada, fue un equipo frágil, indisciplinado, donde hasta Tévez pareció haberse contagiado. Otro desafío fundamental para un DT es motivar constantemente a sus futbolistas, mentalizarlos de que cuando se gana, se debe seguir ganando, y Boca no se tiene que relajar por ser el campeón. Arruabarrena debe recuperar el nivel individual de cada uno, y colectivamente debe volver a las fuentes, trabajar para que su equipo recupere la memoria y se concentre (en jugar, no en pegar y hacer gestos). El sábado ante River tendrá la última oportunidad antes de competir oficialmente.

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