Vale la pena remarcar el rol del centro-delantero en la actualidad: antes, ser el nueve de un equipo significaba ser una especie de complemento, un finalizador de las jugadas, una pieza aparte, que se excluía del progreso colectivo esperando la oportunidad en el área, casi como si fuesen seres extraños que habitan en su mundo, como los arqueros (que hoy en día no ocupan un rol muy distinto, pero se les pide cosas que antes hubiesen parecido descabelladas, como participar en la generación de juego a partir de sus pies); y hoy en día al punta se le pide que salga de su "zona de confort", que deje la marca de los zagueros y se tira atrás a armar juego, y hasta surgen entrenadores de las nuevas doctrinas que prefieren jugar sin nueve, como hizo Guardiola con Messi en el Barcelona y Sampaoli con Vargas en Chile, aplicando la modalidad del "falso nueve". Benedetto es un nueve que lleva el gol en la sangre, que vive de él, pero así como hace Benzema en el Real Madrid, el gol no es su única propiedad. El ex Arsenal sale del área y juega de espaldas hacia los costados, donde esperan Pavón, Centurión o uno de los laterales atacando al espacio, y atrás tiene a Gago o a Pablo Pérez, para rematar o seguir jugando. Con Benedetto no hay solo un goleador serial, sino que el xeneize cuenta con un lector fenomenal del fútbol, clave para higienizar la congestión en el tráfico de la pelota, y muy lúcido cuando comprende que el gol está más cerca en otro compañero: así es como le filtró una pelota bárbara a Pavón, y cuando lo asistió habilitándolo desde el piso.
Gracias a un juego electrizante desde el centro a la hora de tirar una pared o animarse a profundizar con un pase penetrante, y punzante cuando había que romper por afuera, Boca nunca se cansó de ir por más, y tuvo mucho que ver el rendimiento de Gago, que fue el mismo volante central que volvió ante San Lorenzo el año pasado, simplemente que parado unos metros más adelante. Gago era el motor de Boca porque daba oxígeno en cada pase, y lo hacía de forma tan sencilla que físicamente solo le implicaba aplicarle dos toques a la pelota, pero mentalmente trabajaba mucho más que el resto. Parecía que Barrios parado de volante central le había quitado el protagonismo, pero solo tenía que recuperar la memoria para ser el mismo jugador en otro posición, pero no hay que confundir la ubicación con el rol: está ubicado como volante interno, pero cumple la misma función que siempre, la de aclararle el camino a sus compañeros. Cuando el colombiano esperaba en el banco de suplentes, Gago era ese aparato que hacía mover el sistema delante de los centrales, mientras Bentancur era el bastón que hacía el desgaste físico; hoy Barrios es el primer pase, el orden, el esfuerzo, el escudo de Tobio y Magallán, al mismo tiempo que Gago hace lo mismo, solo que levemente tirado a la izquierda.
Además, sorprendió gratamente la efectividad en las pelotas detenidas, una falencia absoluta casi incorregible durante todo el torneo, donde nunca estuvo claro cuales son los ejecutantes más aptos para hacerse cargo. En esta oportunidad tampoco hubo un ejecutante definido, pero se manejó de forma excepcional gracias a que así como hubo un renacer en el partido ante Independiente donde lo psicológico pareció haber activado el elemento futbolístico y físico del funcionamiento, en esta oportunidad la precisión en las pelotas paradas apareció para decir presente junto con buenas ideas. Las buenas ideas fueron dejarle los tiros de esquina izquierdos a Pavón, que con su buena pegada y potencia es un futbolista apto para hacer que la pelota se cierre con fuerza, y entregarle a Pérez los tiros libres cerca del área, ya que tiene sutileza y calidad para bombear la pelota hacia el radio de las cabezas de sus compañeros. Sin tener especialistas entre los once, se dividieron las tareas según los más indicados para determinados contextos. Es una muy buena noticia para Boca.
Aldosivi se quedó en atacar de forma directa pero poco clara con sus dos puntas y un Luguercio amenazante como un cuarto volante/tercer delantero, que llegó en algunas ocasiones sin marca pero sin demasiado peligro, y el elenco de la feliz fue vapuleado producto de que quedó largo en muchos momentos del partido y no fue capaz de contener el circuito del visitante, que gracias a su motivación que lo catapulta a un buen momento futbolístico, quedó a un paso de ser campeón.
Boca está viendo la luz, el final del camino, y no parece llegar de rodillas y con sangre por todo el cuerpo, sino que se lo ve llegando de un modo arrollador, sin ningún rasguño y curado de sus anteriores heridas. Está rozando con las uñas esa luz, le falta muy poco para poder tocarla, y todo indica que se dirige sin sosegar.
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