Luego de haber visto una versión temerosa, apática y muy contenida del equipo que está cerca de ser campeón, Guillermo volvió a las fuentes pero llevando a cabo esos nuevos aires que siempre creyó necesarios luego de la derrota frente a River: dejando de jugar con doble lateral derecho (no solo se recuperó el equipo, sino que también se recuperó la dupla técnica, luego de partidos donde parecía que ganaba más el hecho del miedo a perder que su ideología de superar al rival, donde parecía raro que no se animaran a utilizar a Benítez como extremo luego de haberlo pedido como refuerzo), volvió el 4-3-3 con jugadores funcionales a cada puesto, una defensa renovada y un mediocampo escoltado por el enérgico Barrios. Es un equipo que resurgió porque tuvo garra, juego, solidez y contundencia, identificándose a fondo con la historia del club.
Luego de que Peruzzi, Vergini, Insaurralde y Fabra sean la defensa titular durante gran parte del campeonato, Jara, Magallán, Tobio y Silva se mostraron sobrios en su tarea, recuperando la seguridad y tranquilidad que estaba siendo alcanzada los últimos encuentros (luego de la derrota frente a River, se recibió un solo gol en dos compromisos, sufriendo poco y nada en el arco de Rossi) pero ahora acompañada por un advenimiento decisivo de parte del resto del equipo para generar un vendaval que garantice la victoria. En pocas palabras, indudablemente se encontró el equilibrio: sin quedar mal parado atrás pero tampoco prescindiendo de generar oportunidades e ir al frente. Es decir, se encajó en la tecla: se encontró el método.
Con Barrios, Gago y Pérez formando un triángulo (el colombiano parado detrás de los dos últimos), Boca se apoderó del medio gracias al buen manejo, pases precisos, buenas coberturas y recuperaciones del cafetero, que se gana los aplausos porque tiene sangre azul y amarillo a flor de piel: es metedor pero también sabe con la pelota. Los dos volantes internos volvieron a tener un buen partido luego del bache general: al tener las espaldas bien custodiadas por Barrios, se sintieron libres a la hora de involucrarse en la faz ofensiva, y mientras a Gago parece costarle más recibir la pelota unos metros más adelante que ser el primer pase colocándose entre los zagueros más allá de que no hizo mal su trabajo, se vio nuevamente que si Pablo Pérez engrana oportunamente, Boca es un equipo serio, y la pelota tiene más chances de desplazarse con una productiva naturalidad. En un torneo donde los volantes no tenían muchas incursiones ofensivas, a Pérez le cometieron un penal y estuvo cerca de convertir con un remate a colocar que pasó cerca, mientras que Gago tuvo un tiro interesante de media distancia (algo que se venía reclamando hace mucho por parte de todo el equipo) y a comienzos del partido puso un pase largo exquisito para habilitar a Pavón.
La presión constante del local para no darle oxígeno al visitante y anular a sus futbolistas más peligrosos (Rigoni, Barco, Meza, que pasaron desapercibidos) se vio evidenciada en un dato: los tres volantes de Boca terminaron amonestados. No es que sea para premiar que un futbolista vea la tarjeta amarilla, pero para bloquear el funcionamiento de Independiente y desarrollar el suyo, Boca le hizo sentir el rigor, relacionado con el enojo y ganas de romper las cadenas de ira con que salió a la cancha.
Pero hay dos factores fundamentales a remarcar que están encarrilando a Boca a conseguir un nuevo título: uno es Barrios, por lo que contagia y la dinámica y orden que le otorga a la estructura grupal, aparte de ese elemento místico que significa verlo como un jugador hecho para Boca; y el otro es Benedetto, porque es la figura de este equipo, el que marca la diferencia, el que resuelve las jugadas de espaldas, el que Boca no puede vender. Guiado por estos dos pilares fundamentales, los mellizos rearmaron un conjunto sobre la marcha y recuperaron su nivel futbolístico y emocional. Dicho de otra manera, recuperaron la razón de su hipotético campeonato.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario