Cuando un equipo es campeón, muchos de sus jugadores clave empiezan a ser sondeados a causa de sus buenas actuaciones, y en un continente como el latino-americano, retenerlos es una tarea difícil de concretar, y en poco tiempo los equipos consagrados no son más que algo que queda de ellos. Desde lo dirigencial, Boca hizo el impecable trabajo de obtener ganancias y no desarmar la columna de este plantel. Blindó a Benedetto y a Pavón, perdió a Centurión pero ganó a Cardona, lo mismo con Tobio y Goltz. Sin tener ninguna baja, vendió a Chávez por tres millones de dólares (no es una baja porque el ex Banfield llegó y se fue, sin ser nunca parte de la estructura de Guillermo).
Los futbolistas que ya son parte hace tiempo deben seguir haciendo lo suyo, y acoplar a los nuevos para que se adapten lo más rápido posible. Cuando se habla el mismo idioma, no se necesita de mucho tiempo para entenderse. Es por eso que Cardona se sintió sumamente cómodo en su debut, y aunque ya tenía el partido servido en bandeja, Espinoza también ingresó en el segundo tiempo en sintonía con el resto.
Con todo respeto hacia Gimnasio y Tiro de Salta, que aunque no haya parecido a simple vista debido al alto predominio de Boca habrá dejado todo para jugarse el partido de su vida, puede decirse que en este encuentro se vislumbró lo que significa una superioridad tiránica en un partido de fútbol, que dicho en pocas palabras sería que el xeneize hizo lo que quiso. Lo técnico y lo físico se hizo notar en las diferencias entre un equipo y otro. A puro toque, desligando a ambos laterales de su tarea defensiva, soltando a Pablo Pérez cerca del área como nunca antes, se vio una de las mejores versiones del Boca que quiere Guillermo, donde en todo momento estuvo todo bajo control, y siempre fue cuestión de esperar a que algún Gago o Cardona vea el hueco para filtrar un pase o jugarse a la individual de parte de Pavón para que la jugada finalice con un moño.
Las conexiones del campeón a la hora de atacar resultaron excelentes: Pavón, a pura velocidad para ganarle la espalda a los rivales y con una impecable resolución en los espacios que eran reducidos se complementó muy bien con Cardona, que como ya era de esperar, ocupa la posición de extremo izquierdo pero su función es la que marca su naturaleza: ser el que determina los tiempos, el que frena la pelota y lo espera a Fabra a que pase por su costado izquierdo, el que tiende a cerrarse para establecer un perímetro de posesión de pelota de carácter destructivo.
Y aunque suene repetitivo, se debe destacar la permanencia de Benedetto, con acciones que justifican su posible convocatoria a la selección argentina: tiene buen olfato para el gol, pero también mucho más que eso: Benedetto es, además, un nexo entre los volantes y los extremos, donde se hace notable su calidad técnica para jugar de primera y su lectura del juego.
La única mancha de la noche fue la pelota que saca Rossi del ángulo ante un rebote en Magallán: fue puro mérito del centro-delantero del elenco de Salta, que aguantando la pelota entre Jara y Goltz, evadió la doble marca para escaparse por izquierda y tirar ese centro venenoso. Pero esa mancha fue limpiada, dejando el estante reluciente, ya que a Rossi le sirvió para convalidar su apropiación de los tres palos para resolver ante la única complicada de los 90 minutos.
Este partido fue importante para los mellizos y Boca porque es el arranque del semestre, el primer avance en la Copa Argentina y el envión anímico para lo que viene para saber que si se juega como la gente, Gago puede enviar balones largos tan precisos como dios manda. El fútbol, entre otras cosas, es saber resolver lo mejor posible en muy poco tiempo, y una vez que eso se logra, lo explosivo de cada movimiento atrae la belleza del juego y el atractivo en el expectador. Boca sabe como hacerlo.
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