lunes, 6 de noviembre de 2017

RIVER 1 BOCA 2: LA NAVAJA SUIZA

 Si había algo que le faltaba conseguir a Boca para terminar un gran año, además de haber conseguido el último campeonato local y estar cerca de terminar primero en el actual, era dejarlo KO a River en una semana que no va a olvidarse nunca. En este tipo de partidos es donde el fútbol como deporte interactúa con todos sus componentes: la suerte, la historia, y sobre todo, lo emocional. Los de Núñez se presentaban con sus sentimientos completamente averiados, no solo por el hecho de quedar eliminados de la copa, sino por la forma en la que los hechos acontecieron: se le hizo honor a su apodo de "gallinas", y no debe haber nada más doloroso para el hincha de River que recordar las manchas de su historia como aquella vez contra Peñarol en donde se les otorgó el apodo, cuando San Lorenzo lo dejó afuera convirtiendo dos goles con nueve hombres, el descenso, y ahora puede sumarse otro capítulo fatídico en su historia copera, empaquetado con un moño azul y oro. Todo ese combo es tan letal para River que no sería descabellado que salga a jugar el partido con Deportivo Morón con miedo a otra tarde trágica. Las emociones juegan un papel muy fuerte, y mientras River salió a jugar en su cancha golpeado, Boca fue a capitalizar esa angustia para convertirla en alegría propia. 
 El espectáculo más fabuloso que puede presentar el fútbol argentino fue entretenido, Boca puso sobre la mesa las armas con las que viene batallando desde que empezó la Superliga que lo tiene con puntaje perfecto, y River expuso una pelea de igual a igual, con distribución en el medio con Pérez y Rojas, conducción y atrevimiento de Fernández y Martínez, y un Scocco siempre temerario. Sin Gago, el dueño de la mitad de la cancha para manejar los tiempos y desplegar fútbol en el xeneize es Pablo Pérez, quien tiene bien merecida la cinta de capitán porque tiene la personalidad para pedir siempre la pelota, poner la pierna fuerte, llevar la bocha bajo la suela y tomarse un tiempo para pensar si es necesario; puede que no sean todas resoluciones majestuosas, pero es el que da un dote de buen timing para el tráfico del balón. Y sin que desentone Benedetto (no tuvo mucha participación, aunque aún así, cada vez que entra en contacto con la redonda da indicios de calidad), Boca daba señales de peligro gracias a la pegada de Cardona, hasta que el nerviosismo de River y las transiciones vertiginosas de Boca guiaron el partido a una patada criminal de Fernández, un tiro espectacular del 10 xeneize, y en un partido que exhibía un ir y venir de ambos conjuntos, se inclinó la balanza a favor de los visitantes, 1-0 arriba y con un hombre de más. 
 Llamativamente, Boca no fue capaz de liquidar el pleito teniendo todo a su favor. Entregó la pelota, Barrios no imponía la presencia que suele establecer, y con orgullo y vergüenza, los de Gallardo procuraron atacar con advenimientos en bloque no del todo claros, pero que en todo momento incomodaron a Boca e incitaron a forzar errores (como el mano a mano que Rossi le tapa a Scocco, donde Magallán marca mal y deja al ex Newell's habilitado), hasta que con toda la bronca Ponzio quiso darle un consuelo a sus hinchas. 
 Pero el fútbol es tan raro, tan cambiante, tan increíble, que cuando todo estaba dado para que River lo de vuelta, gracias al envión del empate, que había recuperado el protagonismo, que Pitana le dio una mano echando injustamente a Cardona, fue el turno de los hombres de los mellizos para rebelar personalidad e ir al frente. Como se dijo anteriormente, Pablo Pérez tiene bien ganada la cinta de capitán, y en un jugadón fabricado desde los pies del capitán, Nández terminó de noquear a River. Es una jugada que refleja las situaciones de ambos rivales: River, con una defensa flácida, que ya no es lo que era, recibiendo cachetazos que siempre terminan con sangre: no puede dar fe de que Lux va a evadir el golpe. Boca es como una navaja suiza multiuso: no fue un gran partido de sus dos delanteros, pero si no le anda el saca corchos tiene la tijera: tiene fútbol en Pérez y llegada con Nández, que también expone un excelente despliegue cuando hay que correr y cerrar el partido; pegada con Cardona y sorpresa con Fabra. Boca es una máquina multi-función, con la agresividad de una navaja suiza. Lo único que le faltó en el partido fue aprovechar más la desesperación de su rival: en dos contraataques con una clara superioridad numérica, se falló en la precisión de los pases increíblemente, imposibilitando ganar el clásico con más comodidad. 
 Esta victoria es pura felicidad para el barrio de La Boca, no solo por cómo se consiguió (con fútbol y coraje, con el árbitro en contra, también por el momento de River), sino porque la gente ya empieza a tener cariño a determinados futbolistas, a encontrar un sentido de pertenencia entre la tribuna y el campo de juego. El fútbol argentino se está pareciendo a una liga europea porque Boca decidió que así sea y partido a partido usufructúa sus fundamentos de forma escarpada. 

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