Un empate como visitante en la Copa Libertadores nunca es mal negocio. Más teniendo en cuenta que el certamen está comenzando. Pero analizando el contenido más allá del resultado final, puede advertirse de un partido en donde ambos equipos no cumplieron con sus metas fijadas, pero que sobre el final nos regalaron un encuentro chispeante cómo réplica a la frustración y el cansancio.
La meta de Alianza Lima era dejarlo a Boca ir hasta la zona de Costa, el volante central que jugaba como un quinto defensor sobrante, para lastimar con una salida rápida en un movimiento que encuentre al visitante desprevenido. En algunas ocasiones, con Jara volviendo, el equipo peruano dispuso de algún espacio por la izquierda, pero no hubo claridad ni decisión con criterio para transformar un advenimiento en un contra-golpe.
Boca debió realizar modificaciones: cambiar la dupla de centrales y el interno derecho. La variante en la zaga no significó ningún tipo de objeción al funcionamiento: cuando debían conducir no erraron pases, y cuando tuvieron trabajo (que no fue demasiado) resolvieron con repertorio. El cambio de Buffarini por Nández sí le trajo complicaciones a Guillermo: si bien el ex San Lorenzo está acostumbrado a jugar como volante desde sus inicios, no encuentra la posición en esa zona. Buffarini es un hombre hecho para jugar sobre el carril derecho, pero ese era un campo ocupado por Jara y Pavón, por lo que debía jugar por una zona más céntrica, y no pudo adaptarse, por lo que la ausencia del uruguayo fue un padecimiento.
La estrategia del local para que manejen la pelota los centrales de Boca, es decir, los jugadores de campo que menos daño pueden hacerle, fue exitosa en lo defensivo (ya se dijo anteriormente que ofensivamente le faltaron recursos). Significó un trauma para el xeneize porque Reynoso no tuvo ductilidad para hacerse el eje y romper líneas, Tévez estaba bien tomado y Pavón claramente no estaba en su noche. Donde sí había fútbol era por donde jugaban Cardona y Fabra: el 10 se entendió a la perfección con el lateral para, con el tiempo y la fuerza justa, darle vía libre por la franja izquierda como si fuera una autopista. Pero Boca no supo explotar la banda izquierda como debió haber hecho. Si hay que resaltar algo en Boca no fue lo grupal en lo absoluto, pero sí lo individual: cuando no se alinean los planetas para rotar la pelota con fluidez, puede aparecer de forma aislada una acción individual, y así fue con Cardona y Tévez, jugadas que terminaron en palo y travesaño.
Como Alianza Lima no lo exigía demasiado a Boca, y el conjunto de la ribera no era lúcido para el protagonismo, el cero en los arcos le quedaba moteado al encuentro, pero el cansancio hizo que con el tiempo ambos manifiesten desórdenes que alzaron un poco el nivel de incertidumbre.
¿Era un partido para que entren Bou o Abila? Llegado un momento, el contexto daba como para que Boca tenga una referencia en el área y pruebe por arriba, pero los mellizos no quisieron traicionar el manual. Es una decisión respetable. Y ante el poco brillo de la mitad de cancha en delante, se lucieron los de tareas que suelen pasar más desapercibidas: lo mejor fue el esfuerzo y el orden de Barrios y Vergini.
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