Hace mucho que el seleccionado nacional perdió la mística: ayer por la noche, Bauza hablaba de su paso por la selección declarando que el 0-3 con Brasil era un partido "perdible". ¿Cual es nuestra identidad que nos hace protagonistas, si nos reconocemos como inferiores a años luz de las potencias futbolísticas? Antes de viajar a Rusia jugamos con España, otro candidato al título y fuimos humillados. Es mejor dejar las cosas claras y no caer en eufemismos injustificados. Lo dijo Messi muy bien en una nota en Canal 13: no somos candidatos a ganar el mundial. Nunca lo fuimos, desde que perdimos la gloria que nos consagró en el 78 y en el 86. Argentina siempre estuvo lejos de ser un equipo firme. Entonces, ¿porqué nos sorprendemos tanto?, ¿porqué no aceptamos nuestro presente como lo hacen las humildes selecciones eliminadas?
A raíz de estos sucesos, Sampaoli siempre tuvo dudas. Decidió jugar a su manera, con tres en el fondo y una super-población en la mitad del campo para manejar la pelota a partir de superioridad numérica y penetrar en campo croata. Pero Sampaoli cayó en la misma que los hinchas ilusionados: no supo comprender que lo que hizo en Chile no podía implementarlo en la Argentina. El DT de Croacia no se equivocó al declarar que el partido con Argentina era el más fácil porque somos un equipo en formación. Este equipo no sabe jugar con línea de tres, a Salvio le ganaron la espalda, Acuña mostró voluntad pero se lo vio tan irresoluble como Di María, juntar a Meza con Enzo Pérez le dio verticalidad durante gran parte del partido pero eso no logró que llegue la pelota limpia a Messi y Aguero. La catastrófica pifia de Caballero es una expresión individual del fracaso colectivo: pretendemos salir jugando como España, y no somos España, no aceptamos que nos sienta mejor tirar la pelota para arriba. Cuando Sampaoli habló del fracaso de un proyecto (que luego corrigió refiriéndose al partido, lo cual es extraño, ya que los proyectos son planes a largo plazo) hizo referencia a un proyecto que recién está en su inicio. ¿De qué proyecto hablamos, si desde el 2010 hubo seis entrenadores distintos, donde uno destruyó por completo lo que había armado su antecesor?
Es hora de que se hable de un proyecto en serio, que aceptemos que somos un equipo de segundo orden y que si queremos llegar a la altura de las máximas potencias, hay que seguir el ejemplo de Brasil: reinventarse, encontrar una forma de jugar con el tiempo, recuperar el espíritu ganador.
Es doloroso ver a Messi sin participación, resignado, casi como arrepentido de no haberse nacionalizado para jugar en la Roja, donde las cosas son muy diferentes. El único entrenador que supo hacer feliz a Messi en la selección fue Sabbella: lo hizo mediante una estructura en donde el equipo no brillaba, pero respondía con los recursos que tenía. Para hacer feliz Messi hay que empezar a jugar para él y no para Caballero. Argentina todavía no está eliminada, pero cuando le toque estarlo, lo mejor que puede hacer Sampaoli es irse dignamente: ajustarse al contexto, entender que Salvio no es un lateral brasileño, que el equipo no puede jugar como el quiere, sino que tiene que jugar como Messi necesita.
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