lunes, 18 de junio de 2018

ARGENTINA 1 ISLANDIA 1: NO SE VA A ENCONTRAR EL JUEGO SIN ENCONTRAR EL EQUIPO

Argentina hizo su estreno empatando ante un rival menor. ¿Es una hecatombe? No. Pero este partido nos hace tener los pies sobre la tierra. Con tener al mejor del mundo no alcanza. Los resultados en el fútbol implican trabajo y procesos, así lo demostraron España y Alemania.
 Cuando se juega ante un rival que se va a defender con sus 11 jugadores, se necesita creatividad para romper líneas y encontrar los espacios, y eso va escoltado de ingenio individual y una disposición conjunta. La idea de Sampaoli está clara: generar situaciones de gol mediante la posesión de la pelota, presionar bien arriba y llegar con muchos hombres. Partiendo de la base, no se presentó un encuentro utópico: Argentina tuvo la pelota mucho más que el rival, mantuvo a sus laterales constantemente en posición de ataque y excepto Caballero, todos se vieron involucrados en la tarea de empujar al adversario. El principal problema radicó en que no lo hizo eficientemente, primero porque Biglia y Mascherano eran demasiada gente para ocupar el mismo rol. Argentina necesitaba de un volante que desligue a Messi de la tarea organizativa, alguien que quiebre barreras defensivas, se conecte y llegue al área. Biglia no es ni Mascherano ni Banega, es un intermedio, que puede generar fútbol a partir de su pase pero que no va a ser definitorio en los últimos metros. El jugador del Milan se superponía con el ex Barcelona en el eje central. Banega impuso otra actitud a la hora de encontrar a Messi y a su vez las oportunidades para llegar al gol. De haber convertido el penal tal vez se hubiese ganado con lo justo, pero eso no quita la realidad: que Argentina no tiene el fútbol para que Islandia se sienta incómoda.
 Entre tantas piernas, lo más factible era intentar romper por afuera, pero las duplas Di María-Tagliafico y Meza-Salvio necesitaban de un funcionamiento que los encuentre, que les abra el camino para desbordar.
 La posibilidad de ir ganando 1-0 se encuentra gracias a la presencia de un central zurdo (si hubiese jugado Fazio el remate no hubiese sido posible) que pudo conducir a través de su pie izquierdo, encontrando a un Aguero que tuvo la jerarquía para resolver. Entrenadores con otros gustos hubiesen optado por la opción de bajar la intensidad y cuidar el resultado, pero eso no está en la fisonomía de Sampaoli. Para afianzar un fútbol de alto vuelo en donde se ataca constantemente, se necesita tiempo de trabajo para coordinar bien los movimientos cuando se pierde la pelota, y es por eso que debido al poco tiempo con el que contaba el DT para encontrar un funcionamiento estable, todos los partidos amistosos iban a servir para despejar la mayor cantidad de dudas posibles y entablar su idea, sobre todo en la faz defensiva, ya que la defensa no se rige por la inspiración que podría surgir de los movimientos ofensivos, sino que se necesita tiempo de trabajo. Siendo un equipo en formación y con lo dicho anteriormente de la falta de tiempo del entrenador, no es raro que haya desacoples defensivos como la fragilidad que se tuvo ante los pases largos y que las segundas jugadas caigan a favor del rival.
 La situación puede llevar el mote de preocupante, ya que desde que Sampaoli llegó, los nombres y los esquemas variaron constantemente y los interrogantes siguen persistiendo ahora durante la Copa del Mundo, y es muy difícil jugar bien cuando no se tiene claro con qué nombres se quiere jugar. El momento de hacer variantes, probar, corregir falencias y encontrar el camino se debe hacer durante los cuatro años que duran las eliminatorias. ¿Que Messi se ponga el equipo al hombro y nos salve? Muy difícil. Ni en los equipos en donde más se notaba la dependencia hacia un jugador (Maradona con Argentina en 1986, Riquelme con Boca en 2007) había un futbolista que ganaba solo, sino que son los equipos los que ganan campeonatos. Argentina deberá respaldarse en lo bueno que hizo que merezca ganar ante Islandia aunque sea sin desentonar: la movilidad de Meza, las ganas de Pavón, la ductilidad de Aguero. Y deberá dejar los vicios que lo pueden hacer sufrir, y en esto será fundamental la voluntad de Sampaoli por dejar de lado sus ideales (que pueden ser muy buenos, pero que no se consiguen en estas circunstancias) y adaptarse a la situación, lo cual incluye que salir jugando en todos los tiros puede significar un vicio que tal vez sea mejor dejar para no incurrir en peligros que comprometan aún más un contexto comprometido por tantos factores.

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