Esta copa del mundo se caracterizó por lo parejo de sus encuentros: a pesar de resultados abultados como el de Rusia 5-0 Arabia Saudita, el 6-1 de Inglaterra a Panamá o el 5-2 de Bélgica al mismo equipo, se ha visto un torneo donde la diferencia de jerarquía en los nombres no se trasladó a la diferencia de capacidades para superar al adversario. Por eso hubo encuentros que en los papeles parecían disparejos, pero en los hechos resultaron entretenidos y llenos de incertidumbre para el espectador: como es el caso del 1-0 de España a Irán y el 2-2 con Marruecos, el 2-1 de Inglaterra a Túnez, el triunfo sobre la hora de Bélgica por 3-2 con Japón, entre otros encuentros que pueden destacarse.
Con la victoria de Francia sobre Croacia se sentenció un campeonato que tuvo a los equipos como conjunto como los mayores protagonistas, lejos de actuaciones individuales descollantes. Pueden destacarse las individualidades de Hazard y Modric, pero no mucho más de figuras como ellos que rompan por sí mismos la ecuación de un encuentro. Con Messi y Cristiano eliminados tempranamente y sin haber contado con grandes seleccionados, Bélgica floreció por su juego directo, Inglaterra por el dinamismo de su formación, Croacia por el aguante y la voluntad, y Francia, que se coronó campeón, tuvo apenas pinceladas de Griezmann y M'Bappé, aferrándose a lo férreo de su defensa y el oportunismo de la pelota parada.
Puede contemplarse la paridad en el nivel general del torneo poniendo la lupa en el campeón: fue superior a Argentina y Uruguay, pero en el primero llegó a estar perdiendo y en el segundo la pasividad charrúa fue cómplice del adiestramiento sin desentonar del elenco galo, que no fue muy superior en la semifinal y la final, pero que supo abrir los encuentros de la mano de un gran ejecutante como Griezmann. En la gran final el ganador enseñó más eficacia y contundencia que un fútbol avasallador, que sobre el comienzo sí lo tuvo Croacia, ensimismado por taparle la salida a Francia y abriéndole huecos que no había descubierto ningún otro rival en esta copa del mundo: Pavard perdía constantemente con Perisic, Kanté se vio superado por el tridente Rakitic-Brozovic-Modric, y los atacantes parecían estar muy lejos del resto del equipo. Pero como se dijo anteriormente, la pelota detenida fue el arma del campeón para romper la paridad tanto en la final como en el resto de la competencia, para luego soltarse y hacer que M'Bappé vuele como voló contra Argentina. Fue tal la paridad que emparejó a Francia con el resto que su centrodelantero no conoció el arco contrario ni tampoco participó en las jugadas de ataque, dedicándose en exceso a colaborar en las pelotas detenidas y en la presión sobre los zagueros rivales, a tal punto que el VAR fue más protagonista que Giroud: si en Brasil 2014 la gran novedad fue el ojo de halcón, sin ninguna duda en Rusia 2018 la innovación de la FIFA en el deporte fue esta famosa pantalla, que no podía faltar en la final.
Muchos pueden sollozar, y con razón, que el VAR destiñe al fútbol como deporte, que paraliza el juego, que aparece por encima de la vista del árbitro generando emociones que se habían pasado por alto, pero tampoco puede negarse que hace justicia, y que Croacia, que no supo marcar en los tiros de esquina ni en los tiros libres cerca del área, merecía que le cobren un penal por una mano. Poniendo todo en la balanza, lo positivo pesa más que lo negativo en esta implementación de la tecnología.
Este Mundial, donde el campeón está por encima del resto, pero no por mucho, es una invitación a que todos se animen a jugar al fútbol como lo hicieron muchas selecciones: Croacia cumplió el sueño de jugar una final, y equipos como Rusia se animaron a soñar aunque sea un poco. Esto nos da un mensaje a los argentinos: no hace falta tener 11 Messis para ser un gran equipo, pero sí se necesita seriedad y organización, y un técnico como Deschamps, que trabaja ininterrumpidamente desde el 2012 en la selección francesa. Por lo tanto, luego de haber visto una copa del mundo donde la pelota detenida fue más protagonista que las grandes figuras, quién nos dice que, haciendo las cosas correctamente, no podamos soñar en cuatro años, aunque tal vez ya no este el mejor del mundo con nosotros.
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