jueves, 1 de noviembre de 2018

PALMEIRAS 2 BOCA 2: LA CUSPIDE DEL FUTBOL

Decir que Boca se preocupa por Boca y que le es indiferente el rival que le toque en la próxima fase es una frase correcta para enfatizar en la concentración y objetividad (que no existe) que debe encalzar un profesional de tal magnitud, pero es incuestionable que a los integrantes del plantel nunca les va a dar lo mismo jugar una final de Copa Libertadores con River o con cualquier otro rival. Boca jugaba sabiendo que River lo esperaba en la final. Y por el hecho de acceder a la cúspide del fútbol, por más de que ganen o pierdan, este técnico y estos jugadores ya quedaron en la historia. Quedar en la historia negra o gloriosa del club va a depender del resultado, pero desde que se creó este deporte en 1863, nunca se jugó un partido semejante: eso los hace entrar de por vida en la historia imborrable no solo del fútbol, sino del deporte en general. Si el Boca-River en la Bombonera es considerado el quinto espectáculo deportivo que uno no puede no ver antes de morir, esta final va a ser el espectáculo que requiere que todos los muertos resuciten para poder verla. 
 Si el VAR se inventó para que no ocurran injusticias y que los ganadores sean los que merecen serlo por hechos fácticos (si una jugada fue penal, que se cobre; y si un gol no debe haber sido convalidado, que se retrotraiga la acción), llegó a buen tiempo a esta edición de la Copa: River terminó clasificando por un penal que de no haberse implementado esta herramienta tal vez nunca se hubiese visto, y en el duelo entre Palmeiras y Boca se le impugnó un gol tempranero a los brasileños que los hubiera dejado a tiro para empatar la serie, aunque nunca se sabe qué hubiese pasado. 
 Dejando claros estos componentes indispensables para el análisis, es primordial resaltar la avidez de Boca para llegar a la final: con Villa en lugar de Zárate, Guillermo jugó permanentemente al mano a mano ante la desesperación del Palmeiras por ir al frente, que fue contraproducente al dejar a los volantes centrales muy aislados al amparo de la velocidad de Villa y Pavón. En un esquema o formación como el que presentó Scolari, los dos medio-centros son lo que le dan forma a la estructura de su alineación: si no están bien ubicados y si no se ocupan bien los espacios en su zona, el equipo queda partido. Que Villa sea una variante más por los costados y que para desbordar no se dependa únicamente de Pavón es un alivio para el xeneize, que enfoca a sus tres volantes en la tarea del despliegue sin la necesidad imperiosa de desgastarse llegando al área rival. 
 Luego de la inspiración de Benedetto en el partido de ida, la dupla técnica de Boca optó por mantener a Abila como centro-delantero. Fue una decisión acertada porque en un partido en el que el contexto podía ser similar al jugado en Belo Horizonte frente a Cruzeiro, el ex Huracán es clave para darle aire a Boca aguantando de espaldas entre los centrales, ejerciendo una tarea desgastante desde lo físico en un partido en el que se podía liquidar la serie convirtiendo un gol pero que también era necesario soportar, donde el tiempo debe ser el mejor aliado. 
 Los goles de Palmeiras fueron parte de su ímpetu por lograr la hazaña y por ciertas impericias de Boca que lo sometieron a cometer errores dentro del área. Pero lo positivo es que el conjunto auriazul siempre tuvo la serie bajo su control y que desde octavos de final siempre ganó todas las series de principio a fin, comprendiendo y aprovechando a la perfección los componentes que conforman una serie mano a mano: la localía y la condición de visitante. El equipo de la ribera llega a la finalísima teniendo siempre las series bajo buen examen los 180 minutos y haciéndose fuerte en ambas circunstancias: marcando por duplicado de local, donde todavía no le hicieron goles; y siempre convirtiendo de visitante, aunque en la final no se aplica la regla del gol de visitante que tanto vale en las rondas anteriores. 
 De cara a la primer final, tal vez sea momento de contar con la calidad de Benedetto desde el primer minuto, ya que el ex Arsenal puede ser fundamental para hacer la diferencia y comenzar con ventaja en el partido de ida. Ya volvió a ser el Benedetto de selección antes de que se lesionara: es tal su ambición por convertir que desde el momento en que Pablo Pérez le pasó la pelota, ya tenía pensado acomodarse para rematar. Una de las cosas que hace a un futbolista mejor que otro es la forma de parar la pelota: alguien que acomoda el balón ganando un tiempo o de tal forma que le impide al rival su intercepción es un futbolista que entiende e implementa a la perfección el juego. Benedetto es uno de ellos. En palabras de Riquelme, la forma de parar la pelota puede hacer ganar o perder un partido. 
 En tiempos en donde el fútbol argentino se normalizó luego del período de crisis de los grandes (entre el 2008 y 2013 descendieron River e Independiente; Racing y San Lorenzo jugaron la promoción; y Boca, luego de salir de mitad de tabla hacia abajo en los años 2009 y 2010 fue salvado por Falcioni de seguir el mismo destino), estamos viviendo momentos apasionantes, que es lo que hace hermoso a este deporte: que no es solo un deporte, es también una pasión, un espectáculo que lo hace parte de la cultura y la idiosincrasia argentinas, que genera un sentido de pertenencia y una identidad. No es lo mismo que lleguen a la final Boca y River que Lanús y Banfield por la magnitud y revuelo que se genera. Esta sensación indescriptible es lo que hace del fútbol uno de los componentes que como bien marcó el presidente de la Nación hace poco, puede deprimir a gran parte de la población por un tiempo considerable. Es correcto decir que el fútbol argentino se normalizó porque de acuerdo a la convocatoria que se traduce en recursos económicos que tienen los cinco grandes, lo normal es que estos sean el atractivo de las competiciones. Desde que River volvió de la B Nacional, ambos jugaron una final (Boca en el 2012, y River en el 2015, con la diferencia de que los de Gallardo fueron campeones) y una semifinal cada uno (Boca en el 2016 y River en el 2017). Esta final puede marcar quien es el galardonado por la hegemonía. 

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