viernes, 15 de mayo de 2020

ANALISIS DE POCO ORTODOXA: ESTRUCTURA O ACCION

La serie "Poco ortodoxa" de Netflix, una miniserie de cuatro episodios que narran una historia basada en un libro acerca de hechos reales, ha tenido mucho éxito y ha despertado innumerables interrogantes, tanto para la comunidad judía como para personas no judías, que se aventuraron a través de dicha historia en un mundo para muchos desconocido.
 En la serie la protagonista se escapa de la comunidad ortodoxa en la que vivía para comenzar una nueva vida, descontenta con su anterior forma de vida y enfrentando las dificultades que deben atravesar todos los chicos que abandonan las comunidades ortodoxas: manejar idiomas distintos al Yddish; conocer elementos de la cultura occidental que son muy comunes pero no lo son para ellos; adaptarse a una nueva forma de alimentarse; "desestructurarse" luego de tanto tiempo de tener hábitos totalmente automatizados (como son las oraciones y bendiciones específicas que se deben decir luego de determinadas acciones, prohibiciones, entre otras). 
 Un interrogante que emerge para muchos es si el judaísmo es lo que se ve en la serie. La realidad (el término "realidad" hace referencia a los hechos que ocurren en el aquí y ahora, lo que los hechos reales denotan) es que es solo una parte del judaísmo y no su totalidad. La otra parte que abarca otro tipo de judaísmo, aunque parezca que tiene poco que ver con los grupos ortodoxos que se muestran en la serie, también son tan judíos como la ortodoxia, aunque sus vidas a simple vista tengan poco y nada que ver con ese estilo de vida. La pregunta que de aquí resulta es: ¿Pueden ser de un mismo pueblo personas que comparten pocas costumbres o que incluso pueden llegar a disentir en su creencia y pensamiento? En estas líneas se intenta demostrar que sí, mas allá de que la gran mayoría de los personajes ortodoxos que se muestran en "Poco ortodoxa" disentirían en que alguien que no lleva su mismo estilo de vida puede pertenecer a su mismo grupo étnico y religión.
 Toda la vida de los personajes que se muestran en la serie se encuentra reglada bajo una rígida estructura legal, esta es la Halajá, la ley judía, elaborada en la edad media a base de interpretaciones sobre la Torah. Es decir que para un ortodoxo todo lo que hace en su vida no debe salirse de la ley halájica, mientras que el que no cumple con dichos preceptos no estaría viviendo una vida judía. Incluso para temas de actualidad que eran imprevisibles en la época del Talmud, se recurren a las leyes halájicas para determinar qué está permitido y qué no (por ejemplo, fecundaciones in vitro) sin modificarlas ni crear nuevas disposiciones.
 La cuestión que plantea la serie nos lleva a un viejo dilema dentro de las ciencias sociales: ¿Qué es más importante en una sociedad, la estructura o la acción? La realidad es que no se puede tener en cuenta el estudio de una sociedad sin tener en cuenta ambas cosas: las reglas que hacen reproducir nuestras acciones, pero también el sentido que le damos a las mismas. Al ser el sentido de la acción la parte subjetiva de una sociedad, y la estructura lo objetivo, nos encontramos en el dilema de la protagonista de la serie: se encuentra inmersa dentro de una estructura perfectamente reglada, pero el sentido que ella le da a sus acciones disiente de el de los demás. Ella desea salir de la estructura (no de la estructura global de una sociedad, pero sí por lo menos de esa estructura, la halájica).
 ¿El judaísmo es solo lo que se encuentra dentro de esa estructura halájica, donde todo está reglado? La realidad, los hechos reales hablados al principio, demuestran que no: el sentir subjetivo de vivir una vida judía se encuentra presente en muchos judíos que no comparten esa estructura, que viven en una estructura diferente de acuerdo a su sentir subjetivo ("asimilados" en la cultura occidental). Para los legistas halájicos el dilema entre estructura y acción es muy fácil de resolver: para la ley judía es judío el que nace de vientre judío porque la ley así lo dice, sin importar lo que piense o sienta, y como judío debe vivir bajo la estructura de las demás leyes, sin importar si está de acuerdo o no, ya que las leyes marcan el camino a seguir (halajá significa "el caminar", viniendo del verbo lalejet, que es "ir/caminar"). El interrogante que se presenta ahora es: ¿La halajá es la verdad que debe respetarse al igual que otras leyes, como una constitución nacional?
 En primer lugar, es pertinente decir que desde el punto de vista divino, la halajá sí es similar a otras leyes, ya que no hay mucha diferencia con la elaboración de una ley en un parlamento: las leyes judías se hicieron en una asamblea, debatiendo y deliberando, interpretando la Torá. Atribuírles a leyes hechas por seres humanos la palabra de Dios sería lo mismo que decir que un dictador siempre tiene la verdad porque gobierna en nombre de Dios (como sucedía en las monarquías anteriormente). La diferencia que hay con leyes constitucionales, civiles, penales, entre otras leyes es que estas pueden modificarse votando en los parlamentos; en cambio las leyes halájicas no contemplan modificación, siendo una "verdad" estática y no adaptable a los tiempos del presente.
 En segundo lugar, la diferencia que hay entre una ley común y la ley judía es que la primera debe cumplirse porque de lo contrario hay una penalización, mientras que la segunda solo se basa en la creencia, no existen fácticamente en sí mismas: no hay un tribunal rabínico que le quite un carnet de judío al que no cumple con los preceptos.
 En los años del siglo 18 el movimiento reformista del judaísmo introduce cambios para vivir el judaísmo con libertad y adaptado a los tiempos de hoy, y un rabino referente del movimiento como Kauffman Keler sostuvo que debe haber una halajá para tener una referencia que guíe a la comunidad espiritualmente, pero esta debe ser solo una sugerencia y dejar lugar al libre arbitrio de cada fiel, siendo esta una rebelación continua y no estática, es decir, modificable en el tiempo, pero siempre permitiendo la libertad individual de seguir o no los preceptos, "el caminar" de la Halaja como un camino interminable y continuo. Lo cual no se contradice en absoluto con la creencia en Dios: la Torá es también una revelación divina que no puede entenderse en forma literal, sino que se debe interpretar, pero la interpretación también es continua y debe persistir a través del tiempo, sin quedarse con ninguna verdad.
 Todo esto lleva a la siguiente conclusión: para el judaísmo la fe es inseparable de la acción, ya que se debe creer en lo que se hace, y hacerlo con felicidad (el Talmud pide servir a Dios con alegría), pero ocurre un problema: nuestra fe, nuestra creencia, nuestro sentir subjetivo, no es el mismo ya que Dios nos hizo diversos y diferentes. Por lo tanto, ver "Poco ortodoxa" nos lleva al viejo dilema de las ciencias sociales, pero no para llevar a cabo una investigación (donde hay un consenso de que los métodos cualitativos y cuantitativos son igual de importantes), sino para el asunto de la identidad, en este caso la identidad judía: ¿lo importante es la estructura o la acción (el sentir subjetivo de lo que se hace)? Inclinarse por la acción nos llevaría a salirnos de la estructura, a creer en la fe de cada uno, el judaísmo de cada uno.
 Para concluír, es pertinente responder al primer dilema: ¿Pueden personas totalmente distintas pertenecer al mismo pueblo? Para responder solo miremos al pueblo argentino: somos todos muy diferentes, pero pertenecemos al mismo pueblo, solo que de forma distinta, ya que tenemos la libertad de elegir. En el caso del pueblo judío no hay un documento de identidad, sino que todo depende del sentir subjetivo: o creemos que formamos parte, o no creemos, y lo que sentimos va mas allá de las formas.


jueves, 30 de abril de 2020

EL MITO DEL NEOLIBERALISMO

La crisis del petróleo de 1973, producida luego de que los integrantes de la OPEP decidieran subir estrepitosamente el barril de crudo, implicó el fin de una era, aquella de los llamados Estados de Bienestar iniciados luego de la calamitosa crisis económica del "crack" de 1929. Una producción en masa basada en gran parte en la alta provisión de energía se vería frenada por los altos costos de la energía, mientras que el alza del precio de la misma agitaría aún más el problema inflacionario en estados con un gasto público cada vez más insostenible. Aquel quiebre fue el que daría lugar al "consenso de Washington" en 1989 y a la etapa "neoliberal" de reducción del estado en todo el planeta, con el objetivo de eliminar el problema del déficit fiscal, el alto endeudamiento y la inflación.
 El término "neo" quiere decir "nuevo", por lo que es apropiado hablar de neo-liberalismo para referirse al final de una intervención total del estado en la economía para retomar el liberalismo económico con las particularidades propias del contexto: una producción atada a la demanda, sin acumular stock; un mayor capital financiero; sumados a una mayor desprotección de los trabajadores (hoy la Argentina padece lo contrario, insostenibles costos laborales) y mayores impuestos regresivos. Sin embargo, el término "neoliberal" ya no es utilizado de manera tal de referirse a la historia sino de forma peyorativa. Desde las entrañas de la izquierda más intransigente y reaccionaria urge hablar del neoliberalismo como un insulto a aquellos que se oponen a modelos populistas y demagógicos. Y muchas veces el término sirve como excusa para encontrar un "chivo expiatorio", un culpable a todos los males que ocurren, y de esa forma desligarse de una autocrítica que sería destructiva para los intereses de determinados modelos estatistas.
 La viceministra de educación, Adriana Puiggrós, declaró en su cuenta de Twitter el pasado 22 de abril que "El coronavirus infectó sociedades humanas enfermas de neoliberalismo. La destrucción llevada a cabo por el capitalismo financiero liberó el virus. El irrefrenable impulso de los dueños del capital produce una espiral que se retuerce engullendo a la sociedad". Lo argumentado por la viceministra es muy parecido a lo sostenido por Vladimir Lenin en su obra "El Imperialismo": el líder del partido Bolchevique sostenía que el imperialismo sería la fase mas monstruosa del capitalismo, que conduciría inevitablemente a una revolución proletaria y a una caída del mundo capitalista. Esta etapa se caracterizaría por el dominio mundial de los grandes imperios económicos y entre ellos estaba el reino del capital financiero, absorbiendo y monopolizando distintos mercados, llevando a que el mundo se vuelva dependiente de las naciones mas poderosas. Llamar como "destrucción" a lo realizado por el capital financiero, así como intuir que los dueños del capital "engullen" a la sociedad, hacen del tweet una declaración con estrechos parentescos leninistas. Dirigirse a la historia de forma ciega y tendenciosa puede concluir en errores estrepitosos ya cometidos anteriormente: quitarle el capital a los capitalistas como ocurrió en el modelo soviético (y como ocurre actualmente en Cuba y Venezuela) trajo aparejados innumerables problemas que los modelos con mayor libertad económica no padecen.
 Hasta ahora, la idea mas certera acerca del origen del coronavirus es que tiene su origen en la ciudad de Wuhan, en China, un régimen que no es precisamente comunista, pero que es gobernado de manera totalitaria por un partido llamado de esa manera, que ocultó los primeros casos y sigue escondiendo información sobre sus infectados. Países como Cuba y Venezuela, cuyos líderes han hecho de la lucha contra el neoliberalismo su bandera, tienen casos de coronavirus y debido a sus delicadas situaciones socio-económicos (falta de suministros de higiene), una propagación del virus similar a la que tuvieron países "neoliberales" puede ser excepcionalmente mortífera.
 Por otro lado, descartando que el virus sea producto del "monstruo" del neoliberalismo, tampoco es cierto que todos los males que aquejan a la humanidad sean producidos por este. Si bien es cierto que en la época de los Estados de Bienestar la centralización económica de los estados hizo crecer las economías y amplió los derechos sociales, dicha historia no puede entenderse sin la anterior conquista de derechos políticos y civiles alcanzada en los siglos anteriores, y que el proceso de Industrialización por Sustitución de Importaciones tenía vida corta en el tiempo, ya que ningún país es capaz de satisfacer su mercado interno sin abrirse al mundo. La apertura y desregulación eran inevitables para aliviar a los estados deficitarios que hubiesen contraído "enfermedades" peores si no se aplicaba dicha cura.
 Está de más decir que la apertura no implica un estado ausente: es vital que el estado cumpla con el deber de satisfacer los derechos sociales y encauzar un camino sostenible a partir de medidas que impacten positivamente en el desarrollo, pero este es imposible si no hay libertad económica para que el capital genere trabajo, viendo al inversor y poseedor del capital no como un "oligarca" sino como una oportunidad para generar trabajo.
 Mucho se dice también del capital financiero, que al ser muy volátil se fuga a mercados externos cada vez que resulta conveniente, que no genera trabajo, y si bien la apertura y desregulación implica esos riesgos, ¿Seguiremos pensando que el capital financiero es un demonio cuando ahorremos dinero producto de nuestro trabajo y queramos invertirlo en un plazo fijo, posibilitado porque los bancos, esos seres que muchos los vislumbran como endemoniados, compran títulos de deuda del Banco Central?¿Seguiremos diciendo lo mismo del sistema financiero, cuando una empresa invierte en bonos para luego invertir y generar más trabajo?¿Diremos que el sistema financiero y los bancos son los malos de la película que hay que nacionalizar, cuando a través de un crédito hipotecario muchos trabajadores compran su primera vivienda, y cuando si caen los bancos, que tienen el dinero de la gente, colapsa todo el sistema?¿El monstruo es realmente el neoliberalismo y su capital financiero, cuando la Argentina vuelve a emitir títulos de deuda, necesarios para pagar sus compromisos más urgentes y no caer una vez más en default y echarle otra vez la culpa a los fondos "buitres"? Sin un sistema financiero confiable y un mercado de capitales sostenible no hay país que pueda sostenerse en el tiempo.
 El neoliberalismo y el capitalismo no son los causantes del coronavirus que el mundo socialista piensa, sino que la actividad capitalista, a partir de la investigación científica, es lo que puede encontrar la vacuna y aliviar al mundo de esta pandemia. El día que la clase política argentina deje de atacar la generación de riqueza y deje de tener como chivo expiatorio al neoliberalismo, posiblemente puedan liberarse de sus propios pecados y dejar de hacer justicia social para hacer justicia en serio: el neoliberalismo tampoco tiene nada que ver con la liberación de presos por parte del juez Violini, con fuertes lazos con el justicialismo y la doctrina abolicionista de Zaffaroni.

lunes, 13 de abril de 2020

LAS DOS CARAS DE ALBERTO FERNANDEZ

En su obra El Político y El Científico, Max Weber contrasta el rol que cumple el político con el del científico. El político es un hombre destacado por tener un discurso demagógico y estimular las prebendas estatales con el fin de conseguir un objetivo: este es ser electo, para lo cual necesita del apoyo de gran parte de las masas no educadas que asimilen el discurso como promesas que serán cumplidas a cambio del voto; el problema del político está en que sabe como atraer a las masas pero no cómo lograr cumplir con sus objetivos para llegar al objetivo máximo, que es ser electo en la próxima elección. Por otra parte está el científico, hombre que no tiene la capacidad discursiva para expresarse ante el público que se debe conquistar, pero conoce el método requerido para que el político cumpla sus promesas y consiga sus objetivos. La principal diferencia entre ambos radica en que uno utiliza el rendidor pero oculto trabajo verídico de la ciencia, y el otro la altisonante pero vaga retórica de la campaña política. Ambos con contradictorios, pero se necesitan mutuamente: el político necesita del científico para gobernar, de lo contrario nunca podrá cumplir con sus objetivos porque no sabrá cómo.
 El gobierno de Alberto Fernández se auto-referenció como un gobierno de "científicos" en contraposici­ón al gobierno de "CEOS" de Mauricio Macri. Si bien no es cierto que cada uno de los gobiernos contenga de forma pura el 100% de aquellas referencias, es cierto que el gobierno actual posee una faceta científica, como también aquella faceta de la política cuyo discurso en sí mismo es vacío de contenido en cuanto se asemeja a la verdad: pero sí es un discurso lleno de un contenido maligno a la hora de sanear las instituciones de la Argentina.
 Desde su llegada al poder Alberto Fernández se ha caracterizado por tener una doble moral: es muy conocida su historia ambigua de haber criticado férreamente a Cristina para luego pasar a decir que "son lo mismo". En esta ocasión es la falsa dicotomía entre economía y salud la que trae un presidente que presenta facetas totalmente dicotómicas: por un lado, el titular del poder ejecutivo se respalda en la ciencia, la estadística y el consejo de profesionales de la salud para prolongar la cuarentena, y, a través de una presentación digna de una clase de la facultad, presenta porqué tal medida es necesaria junto con los buenos resultados que esta está consiguiendo.
 Si bien pueden objetarse ciertas cuestiones de parte de los especialistas (como la carente cantidad de testeos), es innegable que la curva de contagios en la Argentina se ha contenido a comparación de países que atraviesan una situación realmente dramática a causa del colapso del sistema sanitario que provocó el brote del coronavirus. Sin embargo, en la otra cara de la moneda se encuentra el aspecto económico, y de esta dicotomía del presidente resulta ser un aspecto totalmente distinto al de la salud: Fernández no se está respaldando en buenas políticas basadas en la ciencia y está sosteniendo sus medidas a través de una retórica demagógica y poco constructiva para las instituciones tan débiles de la Argentina.
 El jefe de estado pide que no se lo "corra con la economía", argumentando que "de la caída del PBI se vuelve, de la pérdida de la vida no". La pregunta que debe hacerse es: ¿Cómo se vuelve?¿Y a costa de qué?
 Es manifiesto el hecho de que la actual crisis que atraviesa el mundo entero tendrá graves consecuencias y que no es culpa de Alberto Fernández. Lo que debe objetarse es la forma en la que está paliando la crisis:
1) No se está realizando el esfuerzo de parte del aparato elefantástico del Estado para achicar los costos improductivos que tal estructura acarrea. No se realiza el esfuerzo que se hizo en Italia, por ejemplo, donde se aprobó una reforma constitucional para achicar la cantidad de parlamentarios, medida que le ahorrará millones de euros al estado italiano.
2) Al no achicarse el Estado, las medidas de emergencia se resuelven haciéndolo más grande en vez de reasignar partidas: al intentar crear más impuestos, amenazar con intervenir el sistema de salud privado y recurrir a la emisión monetaria de forma descontrolada, no se está pensando en no solo bajar los sueldos de los funcionarios públicos, sino tampoco en achicar toda la estructura ministerial y burocrática que es muy grande e ineficiente, y de esa forma destinar los recursos a inversiones en infraestructura y gastos de capital para invertir en la salud.
3) Se están emitiendo miles de millones de pesos, lo que puede traer aparejado un combo letal: aumento del déficit fiscal y de la inflación.
4) La faceta política del presidente en relación con la cuestión económica quiebra aún más la poca confianza que hay en las instituciones, llamando miserables a los empresarios de cuyo capital depende darle trabajo a los trabajadores que dice defender, amenazando con crear un impuesto confiscatorio de la riqueza desalentando a todo aquel que quiera invertir en la Argentina, y llenando de buenos adjetivos a un sindicalista corrupto como Moyano, responsable de que existan costos laborales insoportables.
 En estos cuatro puntos puede resumirse la faceta política que se contradice con la faceta científica de Alberto Fernández: recuerda a las épocas autoritarias de Perón cuando se llamaba a "colgar" a aquellos que suban los precios, cuando el principal motivo de la suba de precios es la inflación que no deja de subir por la emisión monetaria que financia a un Estado tan grande como insostenible. Y estas instituciones que tan mal le hacen a la economía y viceversa, no son un contrapeso de un poder ejecutivo cada vez mas poderoso, que se presta a la corrupción. No hay un poder legislativo o judicial que funcione durante la emergencia, ni órganos extra-poder, como son la Auditoría General de la Nación o la Defensoría del Pueblo, que controlen y limiten la ineficiencia del poder como debe ser en una república.
 El populismo chavista que expropiaba la riqueza bien habida mientras aumentaba la que se generaba producto de la corrupción, aumentó a tal punto el Estado que la inflación y los precios máximos en Venezuela llegaron al desabastecimiento catastrófico que vive aquel país latinoamericano. Esa falsa lucha de clases socialista se replica de alguna manera en la Argentina, atacando la generación de riquezas y promoviendo clases altas de funcionarios ricos y corruptos, que no controlan los sobreprecios de los productos comprados por el Estado. Si no queremos terminar de la misma manera, es hora de que Alberto Fernández se respalde en la ciencia para la economía de la misma forma en que lo hace para la salud.

domingo, 8 de marzo de 2020

BOCA 1 GIMNASIA 0: UN CAMPEONATO DE DIVERSOS PELAJES

Boca terminaba el 2019 tambaleando entre turbulencias de índole política, la nueva eliminación frente a River en la Libertadores, y con el gusto amargo de no haber podido terminar el año primero en la tabla de posiciones, perdiendo dos puntos frente a Argentinos en la Bombonera (quien finalizó primero antes del receso) y con una derrota en Santa Fe frente a Rosario Central, resultados negativos sumados a un juego que dejaba mucho que desear. Boca era una serpiente que necesitaba mudar de piel: el Boca de Alfaro había atravesado un proceso de desgaste, se necesitaban aires nuevos y una idea que traiga un fútbol más agresivo, ya que no se podían perder más puntos si se quería conseguir el campeonato. Con la nueva dirigencia se abandonó una piel seca y muerta, y se la renovó por una nueva, reluciente y aceitosa, propia de un reptil dispuesto a atacar nuevamente. 
 Alfaro había hecho más de la mitad del trabajo: solo quedaban siete partidos, y el Boca que se hacía fuerte con las pelotas detenidas, el orden táctico y la contundencia basada en pocos hombres de ataque por un equipo que estaba más atento en proteger a Andrada dio lugar a un Boca dispuesto a tomar más riesgos y a cambiar de libreto sin proceso de aprendizaje. Russo encontró la base al momento de llegar: supo ver en Campuzano el volante central de buen pase, ágil y dinámico que en Marcone no se terminaba de localizar; se sacrificó el juego aéreo y marca de Mas por la rapidez y talento de Fabra; y en Soldano Russo consiguió un ladero para Tevez, para terminar de rodear a la figura que Boca siempre tuvo pero que permanecía dormida, un poco por el componente emocional del jugador y gran parte porque no había una estructura que lo favorezca. Hubiese sido una decisión muy racional la de sostener a Alfaro, quien ya había hecho gran parte del camino y si bien despertaba ciertas dudas acerca del rendimiento, el equipo tenía una idea clara, aunque poco vistosa. Riquelme se decidió por un técnico que además de tener una visión futbolística más afín a sus ideales, debía conocer el mundo Boca para llegar y encontrar un equipo que gane todo lo que quedaba. A veces tomar riesgos tiene su recompensa. 
 Otro punto a favor de la nueva dirigencia es que no incorporó a muchos futbolistas para tener más hombres, sino que se enfocó en un futbolista que reemplace a Mac Allister y que ya conozca la camiseta, como Pol Fernández, y otro que con apenas dos partidos jugados todavía está por verse, pero quien supo jugar un mundial con su selección, como Zambrano.
 El esquema de 4-1-3-2 que utilizó Russo los siete partidos es de un pelaje mucho más agresivo que los 4-2-3-1 poblados de volantes que solía utilizar Alfaro. Explotando la habilidad y velocidad de Villa y Salvio por los costados, Soldano haciendo el trabajo sucio y Pol Fernández siendo el nexo en las transiciones se diseñó un entorno que a Tevez le fue favorable, y ya sea de contraataque o quebrando líneas por la insistencia del juego rápido y ofensivo Boca solo tuvo un traspié en el empate ante Independiente, para luego hacer desfilar a todos los rivales que siguieron. 
 A la hora de perfeccionar esta base ya construída, Russo tiene el deber de que Pol Fernández no quede muy lejos de Campuzano, y que el colombiano no sufra a sus costados ante la falta de volantes cerca de la última línea. Sin embargo, pocas veces a Boca se lo vio desbalanceado, ya que la presión ejercida por los atacantes para recuperar la pelota en campo rival y el esfuerzo y coordinación de Pol Fernández y Campuzano para recuperar la pelota de forma escalonada (teniendo en cuenta que los rivales de Boca nunca lo comprometieron mucho, a excepción de Independiente y Gimnasia por momentos) hicieron del xeneize un equipo temible y letal cuando contaba con espacios y recibiendo un solo gol, ante Talleres en Córdoba.
 Tener al hombre más rápido (y sino, de los más rápidos) de la Superliga como Villa, junto con la jerarquía de Salvio permitieron, además, fabricar espacios por adentro para Soldano, que juntando marcas en el área le allanó el camio a Tevez. Esa es la característica que hizo que Boca termine superando al resto: si el rival se concentra en marcar a Salvio y a Villa, sorprenden los laterales; si no es por los costados, Soldano y Tevez se desmarcan por el centro. La superioridad numérica generada en ataque no permitió que Soldano se destaque por lo que más se destaca un número nueve (hacer goles, rematar al arco) y tal vez ese deba ser un punto a mejorar, pero Tevez volvió a ser aquel que remata de afuera, que olfatea el gol, que protege el balón con guapeza y se saca un hombre de encima, y con la posibilidad de asociarse con Pol Fernández y con los misiles de las dos bandas. 
 Termina siendo un campeonato de diversos pelajes: porque no parece ser el mismo torneo que comenzó en 2019, por el cambio de técnico, de idea y de algunos intérpretes, pero gracias a lo hecho por Alfaro en 2019 y por la recta final de Russo el campeonato tiene un condimento especial que lo hace distinto a los conseguidos de punta a punta en 2015, 2017 y 2018: Boca se lo termina quitando a River en el final y la alegría termina siendo doble. Da la sensación de que River es un equipo al que le cuesta sostenerse sobre el final (le pasó en este torneo y en la final con Flamengo), y si Boca continúa con pendiente ascendente, no solo es capaz de permanecer con la posesión de su hegemonía en los torneos domésticos sino que tiene el deber de volver a sumar estrellas a nivel internacional. 

viernes, 21 de febrero de 2020

EL NUEVO RELATO KIRCHNERISTA: UN PELIGRO PARA LA JUSTICIA

Más de 200 años después de la muerte de Cristo, Constantino tiene una visión de la cruz que simboliza la religión católica, con la leyenda de "con esto vencerás". A partir de su fantasía consigue cuatro victorias consecutivas, y la religión católica pasa a ser la religión oficial del Imperio Bizantino (la parte oriental que quedó del antiguo Imperio Romano). El cristianismo se convierte en una fuerza política: el Vaticano y el Papa son armas fundamentales de los romanos para ampliar sus ejércitos y conquistar territorios. Muchos años después, en 1453 el Imperio Otomano toma Constantinopla y la convierte en su capital imperial; el Sultán Mehmed II envalentona a sus soldados con una plegaria del Islam anunciada por el último profeta: "Conquistarás Constantinopla". Las religiones han sido siempre una gran herramienta política para conquistar territorios y seguidores, y para legitimar el poder de la figura imperial.
 Con el tiempo la política se convierte en una profesión más y con ella, toda la maquinaria burocrática y económica de los partidos, que pasan a ocupar el lugar de la religión: los seguidores ya no siguen a un líder creyendo en las plegarias de la Biblia o el Corán, sino en sus promesas de campaña y en la imagen demagógica que tienen de él. El populismo es la forma de gobierno que más contribuye a la "teologización" de la política: el líder sale al balcón a saludar a una multitud que cree en él, porque él es la verdad y él va a salvarlos, por lo tanto todo lo que él haga es correcto. Cuando hay una figura elevada al nivel de una divinidad, sus palabras se convierten en el nuevo libro sagrado y ya no importan las enseñanzas monoteístas acerca de que Dios es uno y no tiene forma ni semejanza. 
 El kirchnerismo se ha convertido en la Argentina en una religión política: sus seguidores no cuestionan sus enunciados, solo creen en ellos ciegamente. Compran el libro "Sinceramente" y lo adoptan como una escritura de culto que tiene impresa la verdad acerca del país, al igual que lo que manifiestan los representantes del kirchnerismo: que la gravedad de la situación es solo producto del fracaso de Macri y no de la política populista del kirchnerismo, mientras que el caso de José López fue un acontecimiento aislado que nada tiene que ver con Cristina y sus funcionarios más acérrimos. 
 En las últimas horas se instaló un video en donde aparece ni más ni menos que Alberto Fernández pidiendo por la liberación de los que él considera "presos políticos" (o ahora bajo su gobierno "detenciones arbitrarias"), donde en su discurso de asunción el 10 de diciembre alzó la consigna del "nunca más", que lleva un sentido más que sensible para todos los argentinos por lo que fue el terrorismo de estado de la última dictadura. Este relato que quiere instaurarse desde el oficialismo tiene la intención de convalidar el relato de la década kirchnerista pasada tratando de salvar a los detenidos que fueron funcionarios de aquel gobierno, para que parezca que nada de lo que se los acusa es cierto, y que Macri, aquel que los eyectó del poder, fue una especie de dictador que colonizó al poder judicial en su favor. 
 Cuando se cree en un dogma es porque se abraza incansablemente su doctrina sin cuestionarla, impulsando la fe sin dejar lugar a la razón. Pensar que Boudou, Milagro Sala o De Vido, por mencionar los ejemplos más altisonantes, no están detenidos en buena ley, es negar todas las pruebas que hay en su contra que demuestran los delitos que tales personajes cometieron contra la patria; al mismo tiempo que cuando se utiliza la figura de las prisiones preventivas para argumentar que las detenciones son arbitrarias, no se tiene en cuenta que la mayor cantidad de detenidos en el país están bajo prisiones preventivas, mientras que muchos acusados por formar parte de la sangrienta dictadura de los 70 han permanecido muchos años y hasta muerto bajo la prisión preventiva sin tener condena. La lentitud de los procesos judiciales para sentenciar una condena firme no implica que haya arbitrariedad ni falta de motivos para quitarle la libertad a personas que han estado involucradas en estafas millonarias al estado argentino. 
 En el video también se utiliza la carta enviada por el relator de las Naciones Unidas, donde a pesar de que se cita entre comillas, no se la cita textualmente, ya que en ningún momento el organismo determinó que bajo el gobierno de Macri había violaciones a los derechos humanos y un no respeto hacia la independencia del poder judicial, sino que le pidió explicaciones a este por una denuncia elevada por agrupaciones de abogados kirchneristas. Es muy poco creíble la palabra de un denunciante que denuncia lo que él mismo cometió: es una buena pregunta la que puede formularse acerca de dónde estuvieron aquellos que sostienen que bajo el gobierno de Macri se presionó a jueces y a fiscales, cuando durante el kirchnerismo se le secuestró un hijo al fiscal Taiano; se le hizo perder el trabajo al fiscal Campagnoli; Nisman apareció muerto; se introdujo, de la mano de Gils Carbó en la procuración general, a integrantes de Justicia Legítima por todo el poder judicial; mientras que Oyarbide salía sorteado en todas las causas y desestimaba toda denuncia realizada contra el gobierno kirchnerista. Incluso el actual presidente Alberto Fernández declaró en su momento que la muerte de Nisman era lamentable y que dudaba en que fuese un suicidio. 
 El relato K tampoco contempla que Alberto Fernández dio un giro de 180 grados en su discurso, y que su intento de "meter mano" en pericias realizadas por gendarmería en los casos de Nisman y de Maldonado es una intromisión indebida que viola la división de poderes del estado de derecho. Por otro lado, aquellos que festejaron la muerte del juez Claudio Bonadio son los mismos que ven en Rafecas a un hombre probo para ser el jefe de los fiscales, a pesar de que en su momento haya desestimado la denuncia de Nisman sin refutar su investigación. En el momento en que se vote en el senado por la designación de Rafecas puede decidirse sobre el futuro de todas las causas que siguen abiertas: si la democracia y la oposición ponen un freno a su designación se estaría evitando que se deje de investigar la corrupción K, donde el relato sostenido durante el video quiere inculcar que nunca existió. 
 Este relato levanta la bandera del "lawfare" para politizar la justicia: hacer pensar que todo avance judicial sobre el kirchnerismo es una persecución política. Pero si bien en el imaginario colectivo todos le atribuyen aquella palabra a la vicepresidente, fue el Papa Francisco el primero en utilizarla: si hay una figura populista por excelencia, es la del Papa, ya que encarna la figura de Dios en un jefe de estado, no muy distinto a los antiguos emperadores y a los presidentes como Hugo Chávez y Nicolás Maduro, que tienen varios presos políticos en su haber. 
 El monoteísmo radica en el creencia en un único Dios, y eso a su vez implica la no creencia en figuras que se hagan pasar por una deidad. La negación de la corrupción kirchnerista, de la dictadura chavista y del autoritarismo poco democrático de Evo Morales es propia del relato que intenta ser hegemónico y llevarse puesta a la democracia y a todo principio ético y moral que tenga como meta una democracia con una justicia independiente y que sostenga los valores más sanos de cualquier credo.
 En su libro "El Político y el Científico" Max Weber enuncia las tres cualidades que debe tener un gobernante: estas son la pasión; la causa por la cual se guía dicha pasión; y la responsabilidad que deben conllevar las acciones dirigidas a dicha causa. Por el peligro que representa para la justicia y la división de poderes, el relato que quiere instaurar el oficialismo explican estas tres cualidades en Alberto Fernández y su sorprendente giro discursivo desde que entabló la alianza con Cristina: su pasión parece ser salvar a Cristina y sus ex funcionarios de la cárcel; la causa, el poder mismo; y la responsabilidad parece no existir: no hay nada más irresponsable que querer violar las reglas del juego, y la división de poderes es una de las reglas más importantes de una república democrática. Los inversores de cuyo capital se depende para reactivar la economía y ponerla de pie, como tanto le gusta decir al presidente, no pasan por alto el asunto de respetar las instituciones a la hora de colocar su dinero en suelo argentino. 

domingo, 29 de diciembre de 2019

LA MEGALEY: UN AJUSTE PERONISTA

"Vamos a volver para ser mejores". Esa frase fue una de las más elucubradas por el Frente de Todos en relación con su vuelta al poder. Volver para mejorar puede significar un reconocimiento de todo lo malo realizado en sus años de gobierno como forma de autocrítica, o también puede significar el deseo de potenciar todo aquello que desean volver a efectuar desde el gobierno. Lo realizado por la ministra Frederic en materia de seguridad habla de que no solo volvieron iguales, sino incluso peores: derogación de protocolos que beneficia a los delincuentes, intento de intromisión en las causas de Maldonado y Nisman para intentar lograr lo que el kirchnerismo y su electorado quiere: hacer pensar que el primero fue un asesinato y que el segundo fue un suicidio, cuando las pericias demostraron que no fue de esa manera.
 Alberto Fernández tomó la decisión de tratar en tiempo maratónico la ley ómnibus que le delega varias atribuciones del congreso, y de esta forma comenzar el próximo año con el camino allanado para gobernar con tales condiciones dispuestas. Un presidente que tiene el poder de modificar la fórmula jubilatoria a su gusto, como así también modificar impuestos y tarifas con el pretexto de que se está en una situación de emergencia fue una maniobra que centralizó aún más el sistema presidencialista en la figura del presidente. ¿Una situación de emergencia es motivo para darle súper-poderes al poder ejecutivo? Teniendo en cuenta que hace muchos años el país se encuentra en emergencia, ya que la pobreza y la inflación no son inventos de Macri sino que son variables empeoradas por este pero arrastradas de muchos gobiernos que han contribuído a la decadencia, robustecer un gobierno personalista que pase por encima al congreso no ha sido efectivo para evitar contextos de emergencia, sino que se han profundizado. La república enfatiza la división de poderes con el objetivo de diferenciarse de la centralización del poder de la monarquía. En un sistema presidencialista, que no comparte el poder de la forma en que se comparte en un sistema parlamentario, es menester el deber de entablar debates entre sectores políticos disidentes en el parlamento para así votar las leyes más cercanas al bien común. Si en una democracia no funciona bien el sistema republicano, entonces el candidato votado para conducir el poder ejecutivo es más parecido a un monarca que a un presidente. Alberto Fernández y el oficialismo actuaron como lo dice Nicolás Maquiavelo en El Príncipe: como un príncipe que debe consolidar el poder en un principado caótico donde su cabeza corre peligro; no como un presidente republicano elegido en el contexto de una democracia. 
 La ley lleva el mote de "solidaridad y reactivación productiva". En primer lugar cabe destacar que el verdadero nombre que debería llevar esta medida es el de "ajuste fiscal", ya que el aumento de impuestos junto con el nuevo impuesto a la compra de dólares (que lleva a la divisa norteamericana a un valor por arriba de los $80, convirtiendo el impuesto en una devaluación virtual) es una medida en favor del equilibrio fiscal vista con buenos ojos por los bonistas y el FMI, ya que de esta forma se ahuyentaron lógicos miedos que relacionaban al kirchnerismo con la irresponsabilidad fiscal y la emisión monetaria descontrolada (lógicos por los 12 años vividos en tales condiciones), haciendo bajar el riesgo país y subiendo el valor de los bonos argentinos. El problema no es que el gobierno busque el equilibrio fiscal (por el contrario, en ese sentido puede decirse que volvieron mejores), sino las medidas populistas que se encuentran detrás de ello, y que no hacen más que alejar a la Argentina de la "solidaridad" y más todavía de la "reactivación productiva". 
 Es un engaño llamar a un "impuestazo" una política de solidaridad, ya que un acto solidario no es quitarle a otro algo a la fuerza, y cuando es más de la justicia social populista que nos tiene acostumbrados el peronismo, que nunca termina siendo justa, sino todo lo contrario. Una verdadera política de estado que piensa en reducir la pobreza no es castigar a aquellos que siempre aportan al estado producto de su trabajo (por lo que podría decirse que ya eran bastante solidarios), sino que debería ser un plan integral económico para aumentar el producto, bajar la inflación y que de esta forma se produzca riqueza. Que un sector de la población mantenga a otro con sus impuestos hace sumir aún más en la pobreza a aquellos que no pueden generar riqueza por sus propios medios. Teniendo en cuenta que la Argentina es uno de los países con mayor carga tributaria en el mundo, un buen punto debe ser promover que los que producen produzcan más y mejor, reduciendo la presión impositiva para que un emprendimiento sea más viable y que no se deba recurrir al sistema financiero para hacer rendir los ahorros, y que aquellos que no pueden ahorrar por tanto ahogo impositivo puedan hacerlo. Con una economía en negro gigante, imponer una doble indemnización y aumentar la carga impositiva no ataca los problemas de fondo y por lo tanto no reactiva la producción. El ajuste que debe hacerse no es solo en los bolsillos de la clase política (que como un mínimo gesto de humanidad debería realizarse) sino en toda la estructura elefantástica del estado que debe reducirse: el gobierno actual es la administración que más ministerios tiene desde que volvió la democracia, con un total de 21. Hacer más grande el estado no es la solución sino parte del problema, además de que se realiza utilizando a la gente de bajos recursos: se utilizan las buenas oraciones de terminar con el hambre en la Argentina cuando no están claras las ideas para empezar a crecer y generar empleo, mientras vemos más de lo mismo: una política asistencialista que de la mano de Cristina y Macri no hizo más que aumentar los planes sociales, síntoma del deterioro argentino y que poco sirve para resolver la situación de muchas provincias que tienen más empleados públicos que privados, que no generan recursos y viven de la coparticipación mientras la mitad de su población está por debajo de la línea de la pobreza.
 El Banco Interamericano de Desarrollo lanzó una investigación sobre el gasto publico en América Latina, donde en el primer capítulo realiza las siguientes conclusiones: "En principio, no hay nada malo en satisfacer las demandas de un mayor gasto, siempre y cuando no comprometa el crecimiento y se vea acompañado de impuestos mas altos y otras instituciones fiscales que garanticen la sostenibilidad" "En el contexto de un crecimiento escaso, hay poco margen para aumentar el gasto para satisfacer estas demandas; al contrario, los gobiernos tienen que hacer mas con los mismos recursos" "Los resultados confirman que la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, reduce la participación relativa del gasto de capital. Es muy posible que esta conclusión explique parte del sesgo observado en contra del gasto de capital en América Latina y el Caribe, dado que la región es la mas desigual del mundo". La última cita se refiere a la necesidad de una utilización mas eficiente del gasto, ya que el gasto de capital es un multiplicador del crecimiento fundamental por encima del gasto corriente, el gasto en el que suelen incurrir este tipo de gobiernos. 
 Alberto Fernández ha enfatizado en reportajes periodísticos que no congeló las jubilaciones, sino que las suspendió para después poder aumentarlas en marzo. La realidad es que los jubilados fueron tomados como variable de ajuste junto con el "estrangulamiento" a la clase media y alta. Si luego se actualiza la fórmula que quedó "suspendida" (palabras del presidente), no va a ser de forma democrática votando en el parlamento sino a pura arbitrariedad del que ahora tiene los poderes para hacerlo. En un contexto de urgencia en el que se deben pagar los vencimientos de deuda y parecen no cerrar los números para pagarle a los jubilados con la fórmula que se había votado en 2017 no es razonable tener un estado con tantos ministerios y tanto gasto. 
 Los jubilados son un problema a nivel mundial: en Francia no pararon de ocurrir incidentes desde que Macron planteó unificar los sistemas jubilatorios de forma tal que le genere un ahorro al estado. Bolsonaro, además de reformas de carácter fiscal, laboral e impositiva implementó una reforma jubilatoria con una edad jubilatoria más razonable a la expectativa de vida y que es un alivio para las arcas estatales: no es casualidad que Brasil haya superado una profunda recesión y su economía esté creciendo más de lo esperado. Hasta que no haya un gobierno argentino que se plantee realizar las reformas de fondo que llevó a cabo el gobierno de Bolsonaro, los problemas estructurales permanecerán inamovibles. 
 Respondiendo a las disyuntiva del principio: un ajuste disfrazado de una intención solidaria que no hace más que seguir utilizando a los pobres como estrategia electoral y que utiliza la situación de emergencia para exacerbar la figura del presidente son síntomas de que el kirchnerismo volvió igual: igual de populista, a través de un ajuste que no es en el estado, sino en los que producen. Un ajuste peronista.

lunes, 9 de diciembre de 2019

AMEAL Y EL DEBER DE CONSTRUIR DESDE BASES YA CONTRUIDAS

Casi de forma análoga a la elección nacional, las elecciones en Boca el pasado domingo sentenciaron un cambio de rumbo: el oficialismo identificado con el macrismo quedó fuera del poder ante una alianza imbatible entre Ameal y el jugador más trascendente de la historia de Boca. A nivel nacional, a los votantes de Fernández poco le importaron la corrupción sistemática acontecida durante el anterior gobierno kirchnerista y el calamitoso estado de la economía con la que Macri debió enfrentarse cuando asumió el poder en 2015. A la mayoría de los hinchas de Boca tampoco les importó la conducta de Riquelme más propia de un mercenario que de un ídolo que quiere trabajar por el bien del club (juntarse con todos los candidatos y ofrecerse en la lista a cambio de un pedido económico no es propio de alguien que se postula según sus convicciones; y por más de que Ameal niegue haberle pagado, ese "pedido inaceptable" trascendió en declaraciones de Beraldi y Angelici y no tardó en darse a conocer en los medios de comunicación). Así es la política: muchas veces, el peor enemigo puede transformarse en el mejor aliado y la unión de fuerzas logra ganar elecciones. De esa forma ocurrió en la política nacional, con una alianza impensada entre Cristina, Alberto Fernández y Massa. Y Ameal, un ex presidente mediocre en la historia de Boca, que había llegado a ser la máxima autoridad del club no por los votos sino por el fallecimiento del presidente Pompilio en aquel entonces, no tenía forma de ganar si la gente hubiese votado de acuerdo a los méritos de su gestión (en los años de su presidencia Boca siempre salió de mitad de tabla para abajo en cada torneo, sin clasificar a torneos internacionales, a excepción del clausura 2011 donde salió séptimo, y del apertura 2011 donde fue campeón invicto). Nicolás Maquiavelo en El Príncipe dice que las tropas de un buen gobernante siempre deben ser propias, porque las que solo trabajan por dinero pueden traicionarlo en cualquier momento: Ameal deberá generar un consenso propio en el socio de Boca para no sostenerse únicamente en la figura de Riquelme, a quien el hincha nunca se atrevería a insultar; no así a un directivo como cualquier otro. 
 Alberto Fernández va a encontrarse con una economía con los mismos problemas, y aún más profundizados, en comparación con la situación del país que dejaba Cristina: una inflación casi duplicada, mayores índices de pobreza, poca actividad económica y una deuda pública gigantesca que deja al país al borde del default. Sin embargo, Macri deja un país con bases más sólidas para solucionar esos problemas que hace mucho tiempo afligen a la economía: el nuevo mandatario encontrará un país con muchas obras de infraestructura fundamentales; con energía y un mayor cumplimiento de la población con las tarifas de servicios básicos; un déficit primario prácticamente eliminado; mayores exportaciones, con balanza comercial positiva; instituciones saneadas con índices y estadísticas confiables; y un país con mejores relaciones exteriores, con un tratado de libre comercio firmado con la Unión Europea que, de ponerse en marcha, es una gran oportunidad para competir con el mundo y generar empleo. Si Fernández se decide a cerrar la grieta y trabajar sobre los cimientos sólidos que deja la anterior administración, las visiones sobre una economía más ortodoxa o heterodoxa no deberían interferir en el trabajo en conjunto de toda la clase política para hacer crecer la economía y terminar con un estado que en vez promover el empleo privado promulga el empleo público deficitario, el trabajo en negro y directamente el desempleo con los altos costes laborales e impositivos que debe afrontar un emprendedor. 
 Sin punto de comparación entre lo que es administrar un Estado Nacional con un club de fútbol (que por cierto, no es cualquier club, sino uno de los más grandes del mundo), la analogía tiene que ver con el Boca que va a recibir Ameal una vez comenzada su gestión: un patrimonio superavitario multiplicado de forma grandilocuente por Angelici, grandes obras de infraestructura en el centro de entrenamiento de Ezeiza, un club acostumbrado a ganar campeonatos locales y a llegar lejos en la Copa Libertadores. La alta inflación y pobreza que deja Angelici, para seguir con la metáfora, es no haber podido ampliar el repertorio del club en cuanto a títulos internacionales y haber caído en duelos muy especiales para la historia con el rival de toda la vida, que le ha sacado una ventaja en los últimos tiempos en lo que al ámbito internacional se refiere. 
 La vara está tan alta que, habiendo llegado a una final de Libertadores en cada mandato, Angelici ha sido reprobado constantemente por el hincha. Boca es un Real Madrid o Barcelona sudamericano: no hay tiempo ni paciencia, el aficionado no acepta la derrota ni un año sin títulos. Así como a Valverde se lo cuestiona tanto por no ganar la Champions aunque consiga ganar la Liga, Boca no perdona no haber obtenido la séptima Libertadores, como si el bicampeonato de Guillermo no importara en lo absoluto. 
 Ameal llega con la promesa de dejar de contratar jugadores a mansalva como sucedió en la era Angelici y consolidar un equipo, con un proyecto futbolístico serio: con Riquelme en la comisión directiva y un probable equipo dirigencial conformado por ex glorias como Battaglia, Bermúdez y Cascini hay buenas ideas y conocimiento para aplicarlo. El interrogante estará en la gestión: una cosa es saber de fútbol (que es imprescindible y fundamental), pero otra es saber gestionar. Sin una buena gestión de los recursos, estos no alcanzarán o serán desperdiciados a la hora de implementar buenas ideas. 
 Otras promesas por las que se lo juzgará a Ameal al final de su mandato por haberlas cumplido o no son de carácter social: hacer un club más abierto a los socios y al barrio, y reformar la Bombonera, aquello que podría ser más valioso que una séptima Libertadores. 
 Con Ameal como presidente, fue el único momento del siglo en el que Boca estuvo comprometido con el promedio. Angelici no solo le dio a Boca la cualidad de ser el club argentino más poderoso económicamente para poder lograr acuerdos como las vueltas de Bianchi y Tévez, o las contrataciones de Gago, Osvaldo y De Rossi (pudieron haber salido bien o mal, pero los directivos no juegan, solo se ocupan de contratar a los profesionales que deben hacerlo), sino también el protagonismo a nivel internacional que había perdido, sin poder clasificarse únicamente a las ediciones de la Copa del 2014 y 2017. Apoyado por Riquelme, llega como solución aquel que en su momento no lo fue: ahora debe construir sobre lo ya construído, o de lo contrario una mala gestión puede destruir las bases construídas: lo peor que podría pasarle a Boca es pasar de que perder una final de la Libertadores con River sea lo peor que existe, a que pelear en los puestos de abajo producto de malas decisiones haga extrañar esos momentos de rivalidad copera.