lunes, 28 de enero de 2019

UNA MAQUINA DE INCORPORAR

Luego del comienzo con igualdad 1-1 ante Newell's, el Boca de Alfaro continúa en su búsqueda de nuevos nombres: Kevin Mac Allister y Lisandro López van a sumarse al plantel xeneize. Más allá del entrenador y del director deportivo, parece ser una política del club sumar refuerzos a mansalva en cada mercado de pases. Dicho apremio por jerarquizar el plantel lo lleva a contratar futbolistas de forma exagerada. Incluso se habla de que también podría llegar Damián Pérez para reforzar el lateral izquierdo.
 Desde que Angelici es presidente de Boca, si hay una falencia futbolística que tuvo su club fue el puesto de marcador central. Desde el arribo de Angelici llegaron: Burdisso, Magallán, Claudio Pérez, Daniel Díaz, Forlín, Torsiglieri, Tobio, Rolín, Insaurralde, Vergini, Goltz, Izquierdoz, Junior Alonso y ahora Lisandro López. El único del cual se pudo extraer un rédito económico y deportivo fue Magallán, vendido recientemente por casi 10 millones de euros al Ajax, aunque desde su llegada en 2012 le costó mucho afianzarse, habiéndose ido a préstamo a otros clubes y siendo relegado mucho tiempo en las temporadas que permaneció en Boca. Pero además del puesto de defensor central, donde parece que Angelici emprendió una búsqueda sin final, Boca suele acumular jugadores en todos los puestos, teniendo un plantel envidiable para cualquier equipo del fútbol argentino, sin que eso garantice ningún resultado. 
 Tanto en los ciclos de Bianchi, Arruabarrena y Guillermo la exigencia que demanda un club como Boca implicó que se tenga la costumbre de incorporar y descartar. Es decir, se contrata a un futbolista esperando que le de resultados al equipo, y si no tiene el rendimiento deseado, en el próximo semestre se suma a otro jugador en su posición, y el que perdió el puesto simplemente es relegado o es transferido a otra institución (¿Boca contrata a Mac Allister como suplente de Buffarini pensando en reemplazar al ex San Lorenzo si no juega bien y luego descartarlo como hizo con Jara y Peruzzi?). Ya es algo típico ver un desfile de jugadores por La Boca cada inicio de temporada, pero lo que los dirigentes no contemplan es que de esta manera no afianzan una escuela de fútbol, sino que consiguen resultados a fuerza de la jerarquía de los futbolistas contratados. Está de más decir que todo el dinero invertido es para conseguir la Libertadores, la mayor obsesión de la institución xeneize, pero ya quedó demostrado en la edición pasada que no se logra por una cuestión de variantes: Boca tenía un plantel mucho más largo que River, sin embargo sufrió todo el segundo tiempo de la final en el Bernabeu hasta que en el tiempo suplementario se dinamitó su padecimiento.
 Boca debe dejar de incorporar jugadores de forma exagerada y afianzar una escuela, es decir, una forma de jugar al fútbol en donde los chicos que lleguen a primera se sientan cómodos, en donde las soluciones estén en las divisiones inferiores. Alfaro pidió a Mac Allister y a López porque siente que no es el momento para Weingardt y Heredia (tal vez sí lo hubiese sido para Balerdi, pero con tan solo cinco partidos en primera ya fue vendido). ¿Pero tampoco es el momento para Molina, que regresó de su préstamo de Defensa y Justicia habiendo acumulado más experiencia? Puede tener algo de lógica que un entrenador que recién llega no esté pensando en formar nuevos profesionales sino en obtener resultados en forma inmediata por la exigencia que implica un club como Boca, pero ese es el mensaje erróneo que se transmite desde la cúpula dirigencial, y que con Burdisso como manáger, todo permanece igual, descartando la idea de que de una vez por todas Boca debía achicar su plantel a una cifra razonable de 22 futbolistas como la gran mayoría de los clubes europeos. 
 Es tan exagerada la compulsión que tiene Boca en su ansiedad por conformar buenos planteles, que cuando Andrada se lesionó en la última Copa Libertadores se contrató a Lampe para ser el suplente de Rossi hasta que se recupere el ex arquero de Lanús. Se pagó un préstamo, además del sueldo del futbolista, para que no juegue ni un segundo. 
 Mientras Maroni salva a la selección sub-20 de quedar afuera del hexagonal final y hace jugar a Talleres cada vez que disputa un encuentro con el equipo cordobés, en Boca incorporan a Reynoso y a Zárate cuando siempre que el juvenil jugó en la primera de Boca lo hizo bien. 
 Y no se queda atrás la confusión generada en este último mercado de pases, que parece que todavía no se cierra: solamente se pueden tenerse 6 futbolistas extranjeros en el plantel, y Boca incorporó a Alonso y a Campuzano pensando que iba a vender a Barrios y a Nandez, y ahora debe desprenderse de Olaza para no pasarse del límite del cupo de extranjeros. Es un papelón por donde se lo mire, ya que Olaza fue el lateral izquierdo de Boca en el sub-campeonato de la Libertadores. Puede gustar o no, pero era el marcador de punta titular. ¿Lo van a ceder a préstamo para que jueguen allí Alonso, que es marcador central, o Mas, que siempre estuvo por debajo del uruguayo en cuanto al rendimiento? 
 Se esperaba que los tres jugadores mundialistas (Pavón, Nandez y Barrios) fueran transferidos dejando un buen colchón de dólares, pero estos permanecen en el plantel y corren el riesgo de desvalorizarse. Y mientras tanto, más jugadores siguen llegando. Por más plantel que tenga, Boca tiene que conseguir lo que consiguió su rival de toda la vida: armar un buen equipo.

lunes, 24 de diciembre de 2018

ALFARO, UN CAMBIO DE PARADIGMA

Decir que la palabra planeta para Tolomeo y Aristóteles significa lo mismo que para Copérnico es totalmente incorrecto, ya que en cada paradigma científico hay un método y un lenguaje propios de cada comunidad, donde una palabra puede significar algo completamente diferente.
 En el fútbol hay palabras que son universales para todos los paradigmas, como por ejemplo que un pase es una entrega del balón de un compañero a otro, pero lo que sí cambia según el punto de vista de un entrenador es la función que conlleva el pase en determinados momentos. Para guillermo todo pase debía ser hacia delante: con una concepción bielsista del fútbol, los equipos de los mellizos siempre fueron verticales, aunque en sus últimos tiempos en Boca tendieron a ser más equilibrados. Para el paradigma de Alfaro posiblemente un pase no signifique siempre atacar, sino también defenderse, con la posibilidad de pasar la pelota hacia atrás, lo que para el anterior DT era un tabú. 
 Teniendo en cuenta los nombres que se barajaron para arribar al último campeón de la Superliga, Boca no está interesado en un paradigma en particular que proyecte una escuela de fútbol en especial, ya que Heinze y Eduardo Domínguez son entrenadores con una mirada similar a la de los mellizos (las similitudes llegan hasta a los años de experiencia), mientras que Gareca, Pekerman y Mohamed son un término medio (son hombres de un rodaje mayor, que se han caracterizado por diseñar equipos ofensivos pero que se han adaptado cuando la razón les demandó cambiar). Pero finalmente la decisión conjunta entre Angelici y Burdisso, el nuevo director deportivo (si Boca tomó la decisión de contar con un mánager hay varias cuestiones que deberían comenzar a cambiar: con alguien encargado de generar un consenso de acuerdo a los refuerzos y las políticas deportivas, debería tenerse en carpeta un proyecto serio de formación de juveniles y elección de entrenadores e incorporaciones), fue contratar a Gustavo Alfaro, un hombre completamente distinto a los nombrados anteriormente. Pero todos tienen algo en común: el perfil a buscar dejó de ser el de un entrenador identificado con Boca, luego de haber tenido ídolos como Bianchi, Arruabarrena y Guillermo sentados en el banco. Analizando los nombres en cuestión, puede suponerse que Angelici adoptó una política similar a la de Florentino Pérez en el Real Madrid: no busca un factor común como el Barcelona, sino que selecciona el mejor entrenador que esté disponible por más de que su estilo no tenga nada que ver con el entrenador anterior y los demás candidatos. Son formas de tomar decisiones aprovechando el poderío económico, que solo los resultados pueden dar el pulgar hacia arriba o hacia abajo. 
 El cenit de Alfaro como entrenador estuvo en Arsenal, saliendo campeón de la Sudamericana en su primer período, y del torneo local, Supercopa y Copa Argentina en su segundo ciclo. Son credenciales importantes para dirigir un club como Boca, que va a exigirle levantar la Copa Libertadores. El paradigma de Alfaro en su exitoso Arsenal fue el del pase como una herramienta para buscar el error del rival y forzar infracciones que aprovechen la efectividad en las pelotas detenidas, además de una robusta solidez defensiva. Que ese haya sido el paradigma dominante de Alfaro en su paso por muchos de sus clubes no significa que sea idéntico en Boca: todo dependerá de cómo se adapte el plantel y de las incorporaciones seleccionadas. 
 Puede decirse que Alfaro será el entrenador más parecido a Falcioni desde que el DT campeón invicto fue echado por una Bombonera que reclamaba por Bianchi y Riquelme. Pasando por un deslucido Bianchi, un Arruabarrena que priorizaba la posesión de pelota y un Guillermo directo para atacar, está claro que durante la gestión de Angelici nunca hubo un proyecto específico y se apoyó en los ídolos para que armen el equipo que todavía no ha logrado ser campeón de América. Alfaro tendrá ese deber y si lo logra, uno aún mayor: devolverle al fútbol sudamericano el orgullo de ser el fútbol más fuerte detrás de Europa: por cuestiones económicas es imposible emparentar ambos continentes como sucedía en la pareja y extinta Copa Intercontinental, pero sí terminar con la mala racha de los campeones de Conmebol que en varias ocasiones en los últimos años no han logrado superar las semifinales, o que lo han conseguido con victorias muy ajustadas e incluso necesitando jugar 120 minutos, por lo que el hecho de que un club sudamericano vuelva a conquistar el mundo (la última vez fue Corinthians en el 2012) está cada vez mas lejos. 
 El mito de que en el fútbol puede pasar cualquier cosa no es un argumento para justificar los fracasos del fútbol sudamericano a nivel mundial, un fútbol que supo ser el principal exportador de estrellas, pero que ahora se encuentra en decadencia: si en el fútbol hay un 50% de chances para cada equipo, ya tendría que haber sucedido que un campeón de la UEFA haya quedado eliminado en semifinales. 
 Boca deposita en Alfaro la confianza para volver a la cima del continente y del mundo, y sabiendo que hasta han cambiado el perfil y las formas de los entrenadores anteriores para contar con sus servicios. Como todo proceso no comienza a encaminarse de la noche a la mañana, dependerá de la fortaleza del nuevo DT y de la madurez y paciencia del hincha saber soportar derrotas si el ciclo no comienza con el pie derecho.

lunes, 10 de diciembre de 2018

RIVER 3 BOCA 1: SIN ENTUSIASMO Y VALOR, NO SE PUEDE LUCHAR

El himno de Boca, que es recitado 30 minutos antes de cada partido que se juega en la Bombonera, dice en su estribillo lo siguiente: "Boca es nuestro grito de amor; Boca nunca teme luchar; Boca es entusiasmo y valor; Boca Juniors a triunfar". Un himno es parte de la idiosincrasia que conforma a la historia de una nación, y una nación debe tener un pueblo identificado con sus símbolos patrios para generar un sentido de pertenencia. El pueblo xeneize sabe que su historia está marcada por hazañas y que el coraje y el valor son los atributos más importantes de esta patria futbolera. 
 Boca llegó a la final de la Copa Libertadores con River, que se definió en un partido atípico jugado en Europa a causa de unos inescrupulosos que nos robaron la posibilidad a todos los argentinos de ver esta apasionante definición definirse en suelo sudamericano, donde corresponde. Pero más allá del escenario bizarro que se llevó todas las miradas del planeta, era el partido más importante de la historia de Boca. Más importante que las diez finales de copa disputadas desde la creación de la competencia, y también más importante que las finales intercontinentales. Porque era una Libertadores especial, era la final con el rival de toda la vida. Único en la historia, tal vez nunca más se repita. 
 Como siempre, cuando está por ocurrir un acontecimiento de relieve tan engrosado, el argentino se caracteriza por su condición de "opinólogo" para hablar un sinfín de cosas previas al resultado. Lo cual no es una crítica hacia el argentino promedio, sino una descripción. Y era lógico que se hable no solo de lo ocurrido en el fallido encuentro que nunca fue en el Monumental, sino también de la superioridad que estableció River sobre Boca desde que Gallardo es su entrenador. Los encuentros por Sudamericana, por Libertadores (que nunca terminó de jugarse, por lo que River no debería tener la facultad de gozar de un triunfo que no se concretó en el campo de juego) y la Supercopa Argentina nunca iban a poder compararse con la historia que siempre jugó a favor de Boca: el xeneize eliminó a sus primos en la Supercopa Sudamericana 1994, en la Libertadores 2000 y 2004; nunca se fue al descenso; le había ganado a River la final del Nacional 1970; y hasta le ganó el partido amateur que significó el adiós de River en el barrio de La Boca. Conociendo su historia, el hincha de Boca podía padecer los últimos triunfos de River sobre su equipo, pero nunca hubiese imaginado que el club de la ribera podía perder el superclásico más importante de la historia, el encuentro más trascendente desde la fundación del club en 1905. Pero sucedió. Así como River se fue a la B en el 2011, Boca perdió el partido más importante de su historia en el 2018. Lo que nunca podría suceder desde la imaginación, la realidad lo hizo posible. Es menester analizar los porqués. 
 Mientras Boca se cansó de realizar contrataciones y armar un gran plantel, nunca logró armar un buen equipo. Fue ganando la final tres veces sumando el partido de ida con el de vuelta, y no fue capaz de imponer por mucho tiempo su predominio. River fue un mejor equipo: lo dominó el primer tiempo en la Bombonera, y lo dominó a partir del segundo tiempo en el Bernabeu. Guillermo nunca consiguió construir una edificación que se sostenga en base a una estructura, sino que siempre dependió de que aparezca un obrero poderoso que sostenga la estructura antes de que se derrumbe. Pero un par de músculos no pueden superar a un buen cerebro: llegó un momento en que la edificación se derrumbó, y las heridas ocasionadas por la catástrofe son significativas. 
 Cuando Boca se fue al vestuario ganando 1-0 por una genialidad de Benedetto luego de un primer tiempo en el que se lo veía seguro, ordenado tácticamente y sin correr riesgos, ni el más pesimista se imaginó que en el momento que River recuperara la luz todo iba a desbandarse. Boca no tuvo el entusiasmo y valor que entonan las estrofas de su himno. Se entumeció, padeció la inteligencia de River para jugar, porque a Gallardo nunca le importó tener un plantel extenso, sino que siempre se concentró en tener un buen equipo. 
 Mientras River disfrutó de la final pasando la pelota de un lado a otro, Boca aguantaba hasta el tiempo suplementario con monstruos como Tevez y Zárate sentados en el banco, mientras que dentro del campo varios soldados se iban cayendo desde lo físico: el xeneize no igualó al millonario desde lo futbolístico ni desde lo físico. Fue una derrota anunciada, una guerra que no fue de seis días porque duró más de lo debido, pero que tuvo un resultado similar por la aniquilación del perdedor. Cuando Barrios salió expulsado la realidad avisaba que la historia de Boca podía torcerse, y cuando Gago dejó a su equipo con nueve se torció definitivamente: no se puede triunfar sin entusiasmo y valor. Entusiasmo por jugar bien al fútbol, y valor por quedarse en el área rival esperando un centro si el físico ya no permite correr. Un cuerpo técnico que no supo diseñar un equipo aceptable a partir del fútbol y competitivo desde lo físico como para sostener un resultado que fue positivo tres veces durante más de 180 minutos no es Boca. Boca no merece esto. Tampoco merece que sus protagonistas declaren que le den la copa a River porque tiene más peso en la Conmebol. Boca se merece jugadores que entren a la cancha y demuestren cual es el peso que más vale. El hincha de Boca está acostumbrado a otra cosa. 

martes, 4 de diciembre de 2018

BESTIAL SOUL CAPITULO 1





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martes, 27 de noviembre de 2018

HACE MUCHO TIEMPO QUE EL FUTBOL DEJO DE SER UN JUEGO

El presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, manifestó en declaraciones hacia los medios de comunicación que "esto pasa por culpa de unos inadaptados", que no comprenden que el fútbol es "un juego; es alegría y felicidad; no esto". Tomando los dichos del titular de la incompetente organización que engloba al fútbol sudamericano, sus palabras son apropiadas para el contexto y agradables en lo discursivo, pero totalmente falsas en la realidad efectiva de los hechos. ¿Si el fútbol es un juego, porqué la Conmebol y la FIFA no resolvieron rápidamente la suspensión y postergación del encuentro a sabiendas de que había futbolistas de Boca lastimados, en vez de forzar a Boca a jugar el partido priorizando el negocio y la ganancia que implican un espectáculo de tal magnitud a nivel mundial por sobre la salud de un grupo de seres humanos? 
 En su libro llamado "El fútbol a sol y sombra", Eduardo Galeano habla sobre un fútbol que dejó de ser un juego, donde ya no se juega por el hecho de jugar y ganar, sino que la victoria o la derrota están condicionadas por un sinfín de negocios que, en palabras de futbolistas reconocidos a nivel internacional, hacen que su trabajo no se disfrute tanto. Pero el fútbol no sufrió una única metamorfosis (de juego a negocio), sino que influído por la idiosincrasia de cada país, tiene la cara multifacética de ser un negocio violento. El fútbol es plata, y también violencia. También es política, y también es una pasión, sin lugar a dudas. Pero la pasión, que hace que este deporte sea único en el mundo, es muy diminuta al lado de la mafia y la violencia que hacen que la pelota se vea manchada con sangre. 
 Gallardo declaró luego de la primer suspensión (el día sábado) que esto "nos deja expuestos como sociedad". Lo cual es cierto, pero a su vez injusto, porque si bien el fútbol argentino se encuentra contaminado por la incivilización de los barrabravas (y que no solo quedó en evidencia ante los ojos del mundo por esta final continental, sino que también había sucedido en la deportación de varios argentinos durante el mundial de Rusia), también en los estadios de fútbol y en grandes rincones del país pueden encontrarse personas civilizadas, con respeto hacia el prójimo y que no vive la vida con una lógica de guerra, donde el que piensa distinto o se siente identificado de otra manera es un enemigo. Pero por supuesto que las noticias son noticias por ser algo fuera de lo normal: una noticia es un auto que pasa con el semáforo rojo y choca produciendo heridos o muertos, y no la gran cantidad de autos que manejan correctamente y pasan desapercibidos a la vista de todos. Pero como una cantidad (que no necesariamente debe ser la mayoría) genera anormalidades que impactan por sobre todo lo normal y refleja una imagen (en este caso, la violencia en el fútbol) haciendo que ya nada sea normal, debe atacarse esa parte de la estadística que se sale de lo norma, que mejor dicho, carece de normas básicas, si se quiere hacer justicia por todo el resto que no se merece el destino que provocan unos "inadaptados", la única palabra bien utilizada por el presidente de la Conmebol. 
 Si fue una venganza del barrabrava cuya casa fue allanada, si hubo zona liberada, si eran barras o no; todo está por verse. Pero lo que no necesita demasiado raciocinio para ser evidente es que los cientos de personas que agredieron al micro de Boca deben su identificación con River a disfrutar del mal provocado a los hinchas o jugadores del eterno rival. En los partidos se establece una ritualización muy importante, ya que alentar con cánticos al club propio e identificándose con la propia parcialidad con la camiseta genera un sentido de pertenencia que diferencia un "nosotros" de un "ellos" (lo mismo puede ocurrir con la religión o temática de cualquier índole). Pero cuando la ritualización incluye considerar al "ellos" como un enemigo y es parte de la identidad atacarlo, estamos ante un comportamiento enfermizo, que no contempla que el otro tiene derecho a tener otra identidad, y que no por eso no merece respeto. 
 El video viralizado de una madre ocultando bengalas en la pansa de su hijo; el video que también circuló de hinchas de River revoleando y maltratando a un perro (o el cadáver de un perro); la entrevista a D'onofrio que termina en corridas; los disturbios y arrebatos en las inmediaciones del Monumental; todos estos acontecimientos, entronados por las agresiones a la delegación de Boca, encuadran lo que en verdad es esta final: es locura, violencia, inhumanidad. El fútbol dejó de ser un juego, y está muy lejos de serlo. 
 Ahora el partido es lo que menos importa. Fue tan brusca la imagen real del fútbol argentino en esta final que degenera al fútbol en lo que en verdad es: ahora el ganador se definirá de forma totalmente desvirtuada y desnaturalizada. Si se juega, sin importar en donde se juegue ya no va a ser lo mismo, y sino va a definirse fuera de la cancha, donde el fútbol se encuentra más simbolizado, porque ya no es únicamente lo que pasa en el campo de juego, y cada vez más está dejando de ser un deporte para convertirse en sentimientos desalmados. Tomando como referencia lo ocurrido en el 2015, el campeón debería ser Boca, ya que lo ocurrido sobrepasa a lo acontecido en aquel entonces: por cuestión de fortuna no hubo heridas irreparables y no hubo muertos. ¿Pero qué hincha puede festejar una copa que no se ganó la cancha? Y si la gana alguien en la cancha, sinceramente es lo que menos importa, ahora lo más importante es que no muera nadie, porque esto no es un juego.

lunes, 12 de noviembre de 2018

BOCA 2 RIVER 2: EL PODER DE FUEGO QUE NO QUEMO

Esta final de Libertadores única en la historia es, a su vez, una posibilidad histórica para que Boca le haga saber al mundo su supremacía como el más grande de la Argentina y de los más gigantes del mundo: afianzar su paternidad con River ganándole el superclásico más importante, y también llegar a la séptima copa, igualando a Independiente como el más campeón de América. Un superclásico es distinto a todos los clásicos del mundo: el ganador no solo está feliz por la victoria, sino que puede gozar del sufrimiento del otro. Por ese motivo Boca puede gozar durante toda la eternidad del descenso de su archi-rival, y el que conquiste esta Libertadores va a poseer la licencia para festejar durante toda la posteridad.
 La estrategia de Gallardo fue efectivamente superadora en gran parte del primer tiempo, entrenador que, vale destacar, fue justamente suspendido luego de una actitud reveladora y soberbia contra las reglas, obteniendo el disciplinamiento debido (en palabras de Focault, la vigilancia y las reglas se imponen con el objetivo de crear subjetividades útiles para el sistema, y en un tercer mundo como Sudamérica destacado por el fracaso de los aparatos de normalización a la hora de evitar la inseguridad y la transgresión a la norma, la Conmebol debía dar una muestra de carácter a la hora de imponer un orden infaltable de acuerdo a los ojos del mundo y al prestigio de la competencia). La estrategia fue superadora porque hizo que River merezca el gol antes que Boca. Haber jugado con cinco defensores no implicó que el visitante haya salido a defenderse, sino todo lo contrario: los tres zagueros le permitieron a River salir desde el fondo ejerciendo superioridad numérica ante la fría presión en soledad de Abila, para luego jugar con Palacios y Martínez flotando en la zona de los interiores de Boca y abriendo a Montiel y Casco, posibilitando la utilización de todo el campo de juego y ganando los duelos individuales. En el campo de juego se interioriza la exterioridad y se exterioriza la interioridad (aludiendo a la teoría de Bourdieu sobre cómo influye el Hábitus en el comportamiento de las personas dentro de cualquier campo de la vida), es decir que lo colectivo influye para potenciar o empeorar lo individual y una individualidad aporta al juego colectivo. River supo hacer figura a Rossi porque además de su disposición táctica, ganó los duelos individuales a partir de un apoyo colectivo que se retroalimentó de las decisiones individuales: Perez, Barrios y Nandez no supieron como tomar a los futbolistas rivales, que los superaron en el medio campo, y Montiel y Casco recibieron llegando al vacío en más de una oportunidad, sumado a que Pratto, cuando se inclinó por el sector izquierdo, generó un desierto por la posición de Jara (un desierto por la incapacidad del lateral de Boca para controlar su sector). 
 Aunque Palacios no tuvo el despliegue que suele tener, Martínez volvió a ser un dolor de cabeza para el xeneize: tal vez ese sea el factor que le haya faltado a los de Guillermo: un futbolista que vea la camiseta de River y huela sangre. Mientras el ex enganche de Huracán se hace protagonista en los superclásicos, Pablo Pérez no puede sostener su garra y claridad durante estos partidos tan trascendentes. 
 La esperanza de Boca está en su poder de fuego: no necesita elaborar demasiado para llegar al gol, porque tiene jugadores con una capacidad formidable para convertir. Así lo demostraron Abila y Benedetto, que pusieron a Boca dos veces en ventaja. Pero mientras Boca no esté sólido defensivamente (tanto por errores individuales como por el advenimiento rival en la mitad de la cancha, la zona vital en donde se explican muchas variables de un partido) y seguro desde lo mental (porque el hecho de que Pratto haya empatado el partido después de que River saque del medio es un síntoma de la distracción y la fuerza psicológica que se vislumbran en Boca y River, respectivamente), ese poder de fuego no va a quemar. Es una llama que se mantiene prendida por unos instantes y después se apaga. Cuando Boca tenía el resultado a favor en un segundo tiempo controlado, ya que, paradójicamente, la lesión de Pavón le permitió jugar con más firmeza y conteniendo en mayor medida las iniciativas rivales (pasó a jugar con un 4-4-2 con Villa por izquierda y dos centro-delanteros), era hora de enfriar el partido y jugar con la desesperación de River, pero el equipo local cometió una infracción que le permitió a Martínez sacar a relucir su pegada y ocurrió la desgracia del gol en contra. 
 River, que ya no adoctrinaba la mitad de la cancha como antes, resignó un defensor para poblar más el medio con Fernández, y Boca descartó la posibilidad de desbordar por las bandas sacando a un Villa exhausto por Tevez, una modificación razonable porque si había algo que le faltaba a Boca era conexión con los dos delanteros, y Carlitos podía cumplir ese rol en la transición de defensa a ataque. Casi le sale perfecto a Guillermo, pero Benedetto no pudo con Armani. 
 Puede decirse que ahora el problema lo tiene Boca, ya que no pudo sacar una ventaja como local, y que luego de haber ganado todos sus partidos en la Bombonera sin que le conviertan goles desde octavos de final, no le encontró la vuelta a River. Pero es una final, es fútbol, es un superclásico, y la serie está totalmente abierta. 
 El fútbol es tan poco lineal que, algunos recordaran la final que Boca no pudo con Palmeiras en la Bombonera (empate 2-2) y que lo terminó consagrando por penales en Brasil; mientras que más cercano en el tiempo, otros se acordarán que en los goles que erraron Cvitanich y Viatri sobre el final en el partido de ida de la final en el 2012 estuvo la suerte de campeón del Corinthians. Esto es fútbol y el futuro es indescifrable. En definitiva, eso es lo que hace lindo a este deporte.