No es casualidad que hace tres encuentros Boca venga marcando de a cuatro, que en muchas ocasiones Gago haga mover la pelota simétricamente, que ante la salida de Bentancur ingrese Centurión y el problema se transforme en una solución, que Boca vaya hacia delante con la fuerza de una estampida de 100 elefantes, con los laterales pasando como locomotoras, animándose a poner gente en campo contrario, con un poder de gol irrefutable, con individualidades como la gambeta que hagan a lo colectivo de una asociación tajante, todo sepultado bajo un Tévez que figura en el medio de la escena, con un equipo que gira al rededor de él. Y cuando un fuera de serie como Carlitos se siente cómodo, se produce un juego que es capaz de arrollar a cualquier rival. Justo ahora, que volvió Gago, que Boca está puntero, que se encontró el sistema ideal, que los hinchas y los jugadores se identificaron con una forma de jugar, que encontró su nivel, se quiere ir. Y aunque parecía todo color de rosas, los próximos seis meses inevitablemente serán una incógnita.
Cuando volvió aquella tarde del 2015, era para quedarse. Cuando volvió Riquelme lo hizo para quedarse, cuando volvió Palermo lo hizo para quedarse. Pero cuando volvió Tévez, duró un año y medio: ¿se arrepintió de hacer semejante locura?, ¿No le dio más el alma como para soportar el mundo Boca y este país de locos como sí pudieron hacerlo Román u otros ídolos? Cada persona es distinta, pero es innegable que es un sismo desilusionante, que no va a terminar siendo el ídolo que todos soñamos con ver levantando una Libertadores en su segundo ciclo, pero nadie le va a quitar el cariño de la gente y el agradecimiento por haber vuelto, aunque haya sido una vuelta fugaz como los toques de esta máquina de fútbol que inventó Guillermo y que le faltará su eslabón fundamental. Desde la humildad de cada uno, habrá que pensar qué se hizo mal para que un ídolo que dejó el primer mundo para volver a su casa tenga ganas de irse a China, a la otra punta del planeta. Tal vez cuando vemos temas puntuales de logística, como que el ingreso de los socios adherentes se vio demorado porque no funcionaban los molinetes, uno entiende lo loco que estaba para volver al tercer mundo y que tenga ganas de irse.
Históricamente, Boca siempre se destacó por ser sólido en defensa y contar con futbolistas aguerridos, mientras que el gol siempre estaba en algún Palermo, Guillermo, Delgado, Cabañas, Manteca Martínez, Rojitas, entre otros. Este equipo es un Boca que da vuelta la historia: tiene a todos sus hombres comprometidos con el área rival, tiene volantes centrales de mucho juego y que manejan la pelota con clase, y si tiene una falencia es en el aspecto defensivo, donde con muy poquito, Colón lo puso al nueve de cara al arco de Werner ganándole las espaldas a los centrales en más de una oportunidad, cuando el elenco de Santa Fe fue a la Bombonera a que no le hagan más goles y estaba siendo notoriamente superado. Pero si hay algo que hace distinto a este equipo que disfruta y goza de la pelota en su poder es Tévez, y sin él Boca tiene dos aspectos a solucionar, solo que este último parece casi imposible de resolver, por el simple hecho de que es alguien que no se puede reemplazar.
Aunque él se declare inconcluso con su destino, Guillermo diga que lo esperan en enero, la gente lo despidió el domingo 19 de diciembre en la Bombonera, mientras él hizo disfrutar a la gente de su alma de potrero y talento que lo disparó hacia la cima del fútbol, ese deporte que lo hizo llorar de alegría muchas veces, pero que también lo tuvo cabizbajo, deshilachado hasta el hartazgo, casi ni sabiendo porqué deseó volver al lugar de donde quiere irse y sufre por sus hijas. Pero esas lágrimas que se vieron al dejar el campo de juego son extrañas, seguro solo él las comprenda: ¿serán de dolor por dejar Boca, traicionando el instinto que lo hizo volver?, ¿serán de emoción por el cántico de la gente? Lo único que puede explicarse con certeza a través de algo tan abstracto como son las emociones de una persona es que todos las tenemos, pero solo unos pocos pueden generarlas en los demás sin planear nada, simplemente siendo como es uno. Se ganó al mundo entero con su fútbol y carisma, se ganó la capitanía del Corinthians siendo un pendejo, salvó del descenso a un club humilde que solo rezaba para que ocurra un milagro, cruzó de una vereda a la otra en Manchester, desembarcó con la 10 en Italia y en poco tiempo se ganó a la complicada afición italiana; y volvió para la Argentina llenando un estadio solo para verlo con la azul y oro, que luego lo despidió con ovaciones no por haberle hecho dos goles a River y salir campeón en 2015, sino por el simple hecho de lo que genera, de lo que nos generó, de que es Carlos Tévez y aunque no vuelva al club de sus amores o se retire del fútbol, siempre va a estar presente en el corazón de cada uno, no por la devoción que genere un ser humano de carne y hueso, sino por lo que nos hizo sentir, en cada punta del planeta, de Brasil a China, y con cada lágrima que vimos caer, del programa de Fantino a su despedida ante Colón.
En muchos aspectos, el fútbol es como la vida, solo que se produce en tiempos mucho más reducidos. Un ser querido puede durar más de 70 años, un ídolo puede durar muy poco. Pero los clubes nunca mueren, la vida de Boca continúa, la vida de los hinchas continúa, este plantel por el momento continúa, pase cualquier cosa que pase, la historia de la vida continúa, solo que hay hitos que la marcan. El legado de los que siguen, sin tener porqué imitar a nadie pero porqué no aprender las mejores cosas, es seguirla escribiendo.
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