Vamos a citar a fenómenos del balonpié para enriquecer las líneas.
Dante Panzeri, que marcó un hito en la historia del periodismo deportivo en la Argentina, manifestó muy sabiamente que el fútbol es la dinámica de lo impensado. Todos creyeron que el asunto iba a girar al rededor de Gago, que Gallardo debía buscar la manera de neutralizarlo y Guillermo la forma en que siga desplegando su aporte colectivo. La realidad estuvo en que el cinco de los mellizos dedicó toda su labor a lo defensivo, fue un volante central clásico de contención, y Boca no comenzó arrollando a sus primos de la mano de su eje de circulación, sino que lo hizo atacando directo, de la mano de Tévez, dependiendo del 10 en todas las maniobras. Si Pavón le ganó las espaldas al chico Olivera fue por pases en profundidad del enganche (hay que aclararlo: Tévez jugó de armador), que hasta transformó contraataques en jugadas de igualdad numérica cambiando velocidad por inteligencia, producto de su desarrollada conducción, porque el primer tanto es una obra maestra del Apache: Boca iba embalado como gran parte del primer tiempo, pero él decidió pensar, paró la bocha, juntó marcas y lo dejó solo a Bou; solo un crack puede hacer esa maniobra riquelmeneana.
Pero esto es la dinámica de lo impensado: Gallardo no bloqueó a Gago y a los volantes poniendo una marca encima, sino que los hizo marcar a ellos. La mejor marca de Gago fue D'alessandro, que por momentos le miró el número junto con Pérez y Bentancur, que sufrieron las diagonales de Driussi, los centros al área que no eran por apuro, sino porque River utilizaba al ex (¿actual?) Inter de Puerto Alegre para armar el 2-1 por las bandas y terminar la jugada por el centro. No fue un partido de ida y vuelta constante: primero fue el momento de uno, luego del otro. Ambos dominaron y fueron dominados. Y como se dijo antes, cuando hay muchos goles es porque además de aciertos, hay errores: error de escuelita de Peruzzi en el empate, siesta total de Vergini en el segundo (permítanme traer al artículo a otro genio: Diego Simeone, cuando dijo que el fútbol es un juego de errores).
Boca no salió del todo armado al complemento, sino que continuaba afligiéndose de un desarrollo que lo ponía en desventaja, sin sentirse cómodo apostando a la réplica cuando venía de victorias jugadas a sus tiempos y con la pelota en su poder. Sin dudas lo que fue un antes y un después fue que Boca comience a tener la pelota: sin D'alessandro, Gago no tuvo ese rombo para armar un bloque, pero se rompió el itinerario de River en su búsqueda hacia Werner, y nació una proeza que quedará grabada en la historia de los libros del club de la Ribera.
¿Cuanto significa lo mental en el fútbol? Mucho, muchísimo. Boca tuvo mentalidad de darlo vuelta, de transformar una jugada aislada en un desmoronamiento defensivo de la última línea millonaria, que tuvo una pobre respuesta de parte de su arquero (otra vez, gracias Cholo por las palabras), pero gracias a una garra urgida desde las venas auriazules de Walter Bou, para dar una pirueta de acróbata que habilite a Tévez a igualar la batalla que muchos daban por perdida. "Cuando a un guerrero se lo tiene en el suelo, es mejor cortarle la cabeza y acabar con él, porque puede levantarse y acabar con vos", tuve la suerte de leerlo en una de las líneas de Roberto Pefumo en Olé, y cuanta razón tenía. Boca fue un guerrero que nunca estuvo muerto. Y para explicar su resurreción podemos traerlo a Román con un broche de oro: "en el fútbol argentino se juega mal porque priorizamos un cinco antes que un diez, se corre y no se piensa". Gallardo dejó a River sin el que piensa, y se dedicó a correr, pero corrió mal, se desordenó tácticamente, y como un año atrás la fatídica lesión de Gago significó un gol de Lodeiro, la lesión de Bou nos hizo volver a los dos extremos para capitalizar el bajón del rival con alma y gambeta, regocijando de una aceleración en tres cuartos, coordinado con un Carlitos que le puso el lustre a una tarde que tuvo a 11 luchadores venciendo a más de 60.000, pero no los venció luchando sino jugando, y el juego lo creó su líder. El argentino es necesitado de líderes, los grupos en sí los solicitan: un jefe es alguien que dictamina y ordena, un líder es uno más, pero que sus compañeros le otorgan el rol de conductor porque sienten que ese líder les marca el camino. Eso es Carlos Alberto Tévez. Eso fue el golazo inexorable que narra la leyenda de alguien que volvió para escribir su historia y la de la mitad más uno del país. ¿Hay alguno que pueda analizarme cómo dios creó el mundo? Yo tampoco puedo explicar lo que hizo el que fue tocado, justamente, por la barita de ese dios. Será que las deidades son indescifrables para el simple ojo humano.
Esto es el fútbol: disfrutar, sufrir, llorar, creer, esperanzarse, disfrutar, gozar, ser feliz. Palabra a palabra, así fue el desarrollo del xeneize en el superclásico. Pero si Guillermo tiene a Guardiola como uno de sus espejos, que recuerde la obsesividad que hizo llegar al éxito al catalán: hay que estar en cada detalle, y a veces la victoria te enceguece. Somos un equipo, tenemos una columna vertebral, tenemos recambios que engranan con el conjunto, tenemos juego y actitud, pero no hay que creérsela y pensar que todo está perfecto: tal vez por eso para un DT nunca se alcanza la felicidad y el estrés se apropia de sus noches, porque esos aciertos y errores, siempre se buscan convertir en solo aciertos, pero el trabajo es interminable, es imposible llegar a la excelencia anhelada, por eso siempre los ciclos en algún momento se desgastan, por eso Ferguson hay uno solo. ¿Pero porqué mientras tanto no disfrutar ese extenso camino? Vivamos ese abrazo de Guillermo con Werner como alguien y un grupo que lucharon, se esforzaron, y meritaron un objetivo, de tantos otros que vendrán.
Esto es el fútbol: disfrutar, sufrir, llorar, creer, esperanzarse, disfrutar, gozar, ser feliz. Palabra a palabra, así fue el desarrollo del xeneize en el superclásico. Pero si Guillermo tiene a Guardiola como uno de sus espejos, que recuerde la obsesividad que hizo llegar al éxito al catalán: hay que estar en cada detalle, y a veces la victoria te enceguece. Somos un equipo, tenemos una columna vertebral, tenemos recambios que engranan con el conjunto, tenemos juego y actitud, pero no hay que creérsela y pensar que todo está perfecto: tal vez por eso para un DT nunca se alcanza la felicidad y el estrés se apropia de sus noches, porque esos aciertos y errores, siempre se buscan convertir en solo aciertos, pero el trabajo es interminable, es imposible llegar a la excelencia anhelada, por eso siempre los ciclos en algún momento se desgastan, por eso Ferguson hay uno solo. ¿Pero porqué mientras tanto no disfrutar ese extenso camino? Vivamos ese abrazo de Guillermo con Werner como alguien y un grupo que lucharon, se esforzaron, y meritaron un objetivo, de tantos otros que vendrán.
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