Nos preguntamos si el empate no es un justo regalo de pascuas para Patronato porque Boca extrañó mucho a Gago y a Centurión. Pablo Pérez parece ganador de un máster en jugar al fútbol por cómo se las ingenia para moverse y recibir la pelota, pero si el equipo no está entonado difícilmente veamos un pase entre líneas que quiebre la última línea rival. Boca no juega con enganche, por lo que el único que se dedicó a pensar en desestructurar al rival fue el ex hombre de Newell´s, que vale aclarar, no es enganche. Bentancur es buscado en el viejo continente por su buena disciplina táctica, por estar siempre bien ubicado gracias a su volátil dinámica para recuperar la pelota y jugar a dos toques, pero no se hace cargo del juego, no es un organizador ni un generador de fútbol, propiedad jerárquica que conlleva una gran responsabilidad que tal vez no tenga incorporada a sus 19 años.
Al tener grandes dificultades para pasar la mitad de la cancha con jugadores a la carrera, sin estar de espaldas ni estáticos, la actuación de los delanteros se vio muy disminuida, casi nula, y el pressing de Patronato se glorificó como patrones de una hazaña como la que lideró Moisés en su peregrinación desde Egipto. Ese concepto se notó mucho en la salida desde el fondo, donde tanto Insaurralde como Vergini no estuvieron dúctiles para ser los iniciadores de una mutilada irrupción ofensiva ante la falta de Gago. La figura que sobresalió siendo la lámpara entre la oscuridad fue Wilmar Barrios, corrigiendo los pases erróneos de los compañeros recuperando ardorosamente el balón y hasta distribuyendo el mismo de forma eficiente, junto con su gran omnipresencia para cobijar a la defensa ante cualquier arremetida del equipo visitante. Generalmente el volante tapón de un equipo (a excepción de Mascherano en Brasil 2014) es el que no sale en la tapa del diario, porque hace el trabajo más silencioso, mientras que sus compañeros se encargan de patear al arco, armar juego y hacer los goles, pero si Barrios salió en todas las fotos fue por la poca claridad del equipo y su gran rendimiento en particular para tapar los baches como un buen cinco clásico.
El olfato goleador y buena técnica de Benedetto junto con una buena decisión de Solís, que decidió no jugar por abajo e intentar superar a la defensa vía aérea, puso a Boca en ventaja sin que le sobre nada, mientras que Patronato no perdía su orgullo de no regalarle nada al puntero. Con un andar similar en el segundo tiempo, el equipo de los mellizos debía tener paciencia para que en alguna abertura por el debilitamiento psicológico del rival (que mantenía su fiera defensa pero sabiendo que necesitaba hacer un gol) podría sellar la diferencia, o simplemente dejar pasar el tiempo. Boca no supo conseguir ninguna de las dos cosas. Primero porque Pavón tuvo en sus pies la liquidación del encuentro, e inexplicablemente lo malogró de forma inaudita (un conocido mío diría que los goles que no se hacen cuando hay que hacerlos se lamentan al final del campeonato; tal vez se equivoque y Boca se alce con el título), y cuando era cuestión de tener la pelota y cerrar el pleito rechazando todo el cargamento que Patronato ponía cerca de Rossi, Barrios se quedó corto en un pase por primera vez en la tarde, le cabecean a Peruzzi, Insaurralde le erra al cabezazo y Vergini no alcanza a cerrar. Falencias en el fondo que se pagan caro y que un campeón no puede tener.
Está siendo costumbre que a Boca se le compliquen los partidos en la Bombonera, porque los rivales suelen replegarse y el xeneize no encuentra el juego que sí encuentra de visitante para abrir espacios y atacar con comodidad. Será tarea para el hogar de Gustavo y Guillermo. Su equipo todavía sigue primero en soledad, y a 10 partidos para la finalización del torneo, tienen tiempo para encontrar soluciones.
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