Puede decirse que se vio el mejor partido de Boca en este no hace mucho comenzado 2017. Porque sometió al rival al juicio del buen fútbol, se empachó con pases verticales, Rossi tuvo la tarde más tranquila de las cinco que le tocó participar oficialmente más allá del gol rival (pura desconcentración nuestra mezclada a un ímpetu hambriento del pibe de Vélez), y sin contar al mencionado Rossi que no le tocó decir presente en ningún momento, todos demostraron una gran imagen futbolística entablando una sociedad en donde todos fueron partícipes de forma suntuosa.
Guillermo encontró la forma de reemplazar a Gago luego de la lamentable y desgraciada lesión de Sebastián Pérez, que desde ya deseamos una rápida recuperación. Haber encontrado cómo reemplazarlo no quiere decir encontrar a alguien igual, sino más bien encontrar a alguien con otro rol que engranado con el de los otros volantes hagan del equipo un elenco de funcionalidad igual en lo vital y espíritu colectivo. Con Barrios como un cinco posicional, teniendo como laderos a Bentancur, de gran despliegue y voluntad para formar parte del andamiaje, y con Pablo Pérez como el cerebro de la tenencia, entre Desábato y Canteros se miraban entre ellos sin entender como hacer pie en el medio y que no queden al descubierto las falencias de los de Liniers para generar fútbol y contener avances rivales. Si Pablo Pérez está bien, es probable que Boca cuente con pases precisos y verticales, porque el ex Newell´s es un gran intérprete del juego y así lo demostró cada vez que su equipo demandó la intervención de sus pies, para jugar corto y oxigenar la jugada o para arriesgar con un pase que parta líneas, como en más de una oportunidad lo encontró a Fabra entrando al área por izquierda.
Otra materia aprobada por el xeneize fue ser preciso y claro cuando la fracción de tiempo imploraba ser más acotada y el desenlace final anteponía altas probabilidades de concluir con una intervención directa de Assman. Entre Centurión, Pavón y Benedetto encontraron una zona de confort donde moverse a plena comodidad para concretar contraataques como el del primer gol, donde se encontraron la conducción de Centurión sin firulete (jugar así también tiene sus beneficios, y la realidad es que al sobrar espacios y opciones de pase comprendió a la perfección lo que demandaba la jugada) y la buena ubicación y precisión de sus compañeros; o parar la pelota y moverla de un lado al otro apoyándose en Pérez o en la subida de los laterales cuando para fabricar espacios se requería de más tiempo.
Boca, un equipo diseñado para abrir la cancha, en este compromiso encontró alternativas rompiendo por el centro, gracias a un Pérez que el local no supo bloquear, un Centurión que sabe cerrarse y encarar también detrás del área como un mediapunta y hasta en Peruzzi, que tronchó los manuales yendo a buscar al área.
Pero Boca no hubiese jugado con tanta comodidad si no hubiera sido porque el rival así lo dispuso. No fue la misma historia ante Defensa y Justicia, que lo aprisionó durante todo el partido haciendo que la esperanza más cercana dependa de una jugada aislada, como terminó sucediendo. Vélez naufragó entre la confusión y la desesperación, pecando de endeble y una apatía que imposibilitan cualquier oportunidad de truncar el rumbo. Si desde un comienzo aparentó empujar con los volantes externos y con los dos puntas pero sin volumen de juego y sufriendo una heterogeneidad en su total apariencia, la expulsión de Canteros terminó convirtiendo el desarrollo en un espectáculo de Boca y una lágrima de angustia de los locales, que esperaron a que llegue el final del partido desde el comienzo del segundo tiempo.
El equipo de Guillermo fue una muestra de buen fútbol donde dio cátedra sin depender en exclusividad de Gago, y teniendo en Pérez y sus atacantes (los laterales también lo son) otras variantes para explayar sus intenciones ofensivas colocando un volante central de tarea puramente defensiva, como Barrios. Además, ya son muchos los partidos en los que Boca viene triunfando en condición de visitante, lo que marca una continuidad en el rendimiento sin importar los marcos, y esa efectividad lógicamente viene de la mano de la identificación de sus jugadores con la idea y de que esta no se tuerce aunque falten los mejores. Si Boca ganó el fin de semana pasado sin merecerlo, daba la sensación de que estos tres puntos no se le podían escapar. Y el campeonato tampoco.
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