La Champions ganada por Luis Henrique tuvo algo de renovación: nunca se desechó el concepto de pasar el balón hasta que la profundidad de los pases haga lo suyo, pero hubo una reinvención: muchos partidos se ganaron con goles fabricados de forma vertical y con pocos pases, de contragolpe, efectuando el entusiasmo del nuevo tridente sudamericano, entablando un equipo algo más dependiente de la individualidad y convirtiéndose en un arma de fuego a través de los delanteros, cuando la vanguardia guardiolista indica que todo se construye a partir del mediocampo, y no solo por los volantes, sino que la superioridad numérica la generaban todos: los centrales, los laterales pasando por afuera, Messi apareciendo como un falso enlace. Luis Henrique supo fabricar su propio estilo tomando los conceptos de los éxitos anteriores, y eso es lo que ahora necesita el Barcelona para volver a brillar.
Ya se sabe que Luis Henrique dejará el cargo al final de la temporada, que ya dejó afuera de la Champions a un equipo poco lúcido, vapuleado tanto en octavos como en cuartos. El Barsa necesita volver a ser un equipo alegre con la pelota, que los volantes sean un eje con el cual presionar y fabricar y no una vía de tránsito donde se sufre ante cada pérdida. Una idea que requiere de presionar instantáneamente ante cada pérdida necesita de volantes muy activos, para proceder al pressing coordinado con la defensa y luego desmarcarse para circular el esférico. Hoy no se ve en el mediocampo esa armonía que nos tenía acostumbrados, donde Xavi sobresalía de forma soberbia y luego con Rakitic como reemplazo. La salida de Dani Alves significó una gran baja, recordando todos los pases que el brasileño recibía de Messi, que siempre lo tenía en cuenta por la derecha ante cada ataque. El Barcelona necesita recuperar la felicidad de Messi, que deje de jugar con la cabeza gacha, que vuelva a potenciar a sus compatriotas sudamericanos, y tal vez una forma de contentarlo sea animarlo con nuevos compañeros que renueven esperanzas: traerle un lateral derecho de categoría e incorporar algún volante como alternativa para Iniesta, Rakitic o incluso Busquets (se había sondeado el nombre de Weigl, del Borussia Dortmund).
Por más de que el 6-1 al PSG demuestra el corazón sagrado de este equipo que nunca perdió la pasión por seguir ganando, es un símbolo de que hoy el equipo catalán ya no tiene el mismo brillo, es decir, a esa pasión la debe volver a complementar con un fútbol insignia como el que tuvo antes.
Uno de los motivos por el que Guardiola dio por finalizado su ciclo, además del desgaste de los años y de buscar su emoción por el fútbol en otros países, ya que en el Barsa le quedaba más para perder que para ganar luego de haberlo conseguido todo, era que para mantener un nivel superlativo en algún momento se debía solventar el paralelo desgaste que también venían acumulando varios futbolistas, que hacía que la brecha con Messi se haga cada vez más grande, y la fraternidad del vínculo generado entre el DT y muchos de ellos no le permitía realizar una renovación. Que para la próxima temporada ya no esté Luis Henrique y llegue un técnico nuevo sin ningún tipo de vínculo con los jugadores tal vez de vía libre para hacer los cambios que se crean necesarios.
Suena extraño hablar de que un equipo con tantos cracks necesite reinventarse y buscar nombres que lo posibiliten, pero si no se encuentra profundidad en el juego ni la mejor versión de Messi, se debe cambiar el método o sino los nombres. Parece difícil que el Barcelona cambie su juego tan característico (ahora con una versión más utilitaria; como se dijo anteriormente, más dependiente de los delanteros y no de una confección general). El resultado de este domingo ante el Real Madrid será clave para ello, porque se juega un desafío top para demostrar si está a la altura y lo que queda de la temporada, que será la Liga, aunque le quede la Copa del Rey.
Por más de que el 6-1 al PSG demuestra el corazón sagrado de este equipo que nunca perdió la pasión por seguir ganando, es un símbolo de que hoy el equipo catalán ya no tiene el mismo brillo, es decir, a esa pasión la debe volver a complementar con un fútbol insignia como el que tuvo antes.
Uno de los motivos por el que Guardiola dio por finalizado su ciclo, además del desgaste de los años y de buscar su emoción por el fútbol en otros países, ya que en el Barsa le quedaba más para perder que para ganar luego de haberlo conseguido todo, era que para mantener un nivel superlativo en algún momento se debía solventar el paralelo desgaste que también venían acumulando varios futbolistas, que hacía que la brecha con Messi se haga cada vez más grande, y la fraternidad del vínculo generado entre el DT y muchos de ellos no le permitía realizar una renovación. Que para la próxima temporada ya no esté Luis Henrique y llegue un técnico nuevo sin ningún tipo de vínculo con los jugadores tal vez de vía libre para hacer los cambios que se crean necesarios.
Suena extraño hablar de que un equipo con tantos cracks necesite reinventarse y buscar nombres que lo posibiliten, pero si no se encuentra profundidad en el juego ni la mejor versión de Messi, se debe cambiar el método o sino los nombres. Parece difícil que el Barcelona cambie su juego tan característico (ahora con una versión más utilitaria; como se dijo anteriormente, más dependiente de los delanteros y no de una confección general). El resultado de este domingo ante el Real Madrid será clave para ello, porque se juega un desafío top para demostrar si está a la altura y lo que queda de la temporada, que será la Liga, aunque le quede la Copa del Rey.
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