lunes, 15 de mayo de 2017

BOCA 1 RIVER 3: LIBRAR UN COMBATE SIN COMBATIR

 Una vez más, el fútbol resultó un juego de aciertos y errores. Aciertos que para Gallardo son más felicitaciones acerca de sus triunfos de Waterloo, y errores para Boca que resultan llamativos, y que da para pensar si este equipo está preparado para disputar partidos de tal envergadura, que no son de vida o muerte (vale aclararlo: nadie tiene que irse despedido con un zapato marcado en el trasero), pero que requieren de una frialdad en la sangre y una llama en el corazón a la hora de plantearlos y disputarlos, que Boca no supo tener. Lo tuvo el año pasado a través de Tévez, jugador que contagia hasta a los tele-videntes, pero pareciera que este año, y más precisamente en este momento de caída libre hacia un pozo cuyo fondo no se termina de ver, Boca no parece tener respuestas para consolidarse y escapar de sus perseguidores; no se defiende como un equipo que está para campeón, y tampoco juega como tal, sino que muestra destellos interesantes que no alcanzan para el aplauso; mientras que River tiene en la capacidad de Gallardo la forma en la que reinventarse cada temporada. Es decir, a los de Guillermo no le faltan actitud ni saber cual es la idea o el mensaje que quiere desarrollar el técnico, pero le falta algo más: ese algo más, que aparece cuando el equipo rival se cierra y no te deja espacios, es lo que tienen los grandes equipos, que parece que Boca todavía no supo encontrar.
 Cuando se comparan uno por uno las alineaciones de ambos equipos, según a criterio de cada uno puede haber dos o tres jugadores mejores a favor de River o Boca; eso puede ser un juego divertido para la previa pero es de un valor muy subjetivo y no pesa a la hora de hacer un análisis, pero si miramos a fondo el transcurso del pleito, es evidente que los futbolistas visitantes supieron pararse y moverse entendiendo a la perfección la táctica que solicitaba el juego, con un Boca partido, desordenado, inseguro. Sin ninguna duda son los jugadores los que deben correr y concretar dentro del campo, pero juega muy fuerte la preparación del entrenador en la semana: Gallardo pareció haber previsto todo lo que iba a pasar (un arte de la profesión), mientras que nunca se supo el partido que imaginó Guillermo.
 El medio campo es como si fuera la articulación de una armadura: en un brazo está el escudo, y en el otro la espada, pero sin brazos que coordinen y sean un nexo, es como ir al combate sin armamento. River fue el amo y señor de una mitad de cancha casi despoblada de hombres de azul y oro. Observando detenidamente los dos primeros goles, puede detallarse que si bien las reacciones defensivas son poco ortodoxas, no hay volantes de Boca que estén presentes para disputar el balón y no dejen tan expuestas las falencias a la hora de marcar. Siendo un equipo totalmente dividido, sin solidaridad colectiva, los volantes de Boca no tienen retroceso, y no hay una organización que así lo determine. Es por eso que moviendo piezas de manera muy sencilla, Martínez se hace un festín por el lado de Peruzzi, Fernández llega sin oposición para asociarse, Alario arma un lío de espaldas (donde, gracias a su jerarquía, transforma un pelotazo de Ponzio en un contraataque) y Driussi tiene mucha libertad para probar de media distancia, llegar a posición de gol o centrar el ataque.
 La temprana salida de Centurión (otra vez) volvió a dejar al xeneize muy intermitente a la hora de lastimar, sin una clara supremacía con la tenencia de la pelota, debido a que es un conjunto anárquico para sorprender, en dejar de lado el fútbol robótico de permanecer cada uno en su posición y probar con algo distinto. Como describe la ciencia de la complejidad a la hora de invertir en un negocio, se define el borde del caos como "el estuario en el que se encuentran el orden estricto y el caos aleatorio para crear grandes niveles de adaptación, complejidad y creatividad". A Boca le falta eso.
 Además, el local se vio derrotado en gran parte porque sus individualidades no estuvieron en un buen día, no tiene volantes con llegadas al área ni jugadores que rematen desde afuera (lo que se habló anteriormente de la creatividad), Pavón no aprovechó la falta de experiencia de Mayada como lateral izquierdo porque no se dieron las condiciones para que encuentre su lugar y muchas veces tuvo que hacer un desgaste enorme para correr como un volante carrilero ante la ausencia de un mediocampista para retroceder; el doble 9 no facilitó el armazón de la estructura, ya que pareció ser que entre Benedetto y Bou había uno de los dos que sobraba en esa función y utilización del espacio, cuando tal vez en vez de dos jugadores que hagan exactamente lo mismo hubiese venido bien un enganche o volante que ejerza más presencia para conducir o contener en el medio. Boca tampoco encuentra en la pelota detenida un arma para abrir el camino: no tiene centrales que den miedo en ese aspecto pero porque tampoco tiene un buen ejecutante. Para empezar, no tiene un encargado de los tiros libres o tiros de esquina: uno lo patea Gago, otro Pérez, otro Fabra, otro Pavón, y pareciera ser que algún día se anime a patear Rossi.
 El gol de Gago (con mucha ayuda de Batalla) al final del primer tiempo fue clave para darle vida al puntero, que en el segundo tiempo estuvo a tiro del empate por la vergüenza y amor propio para ir al frente como sea, pero los de Gallardo jugaron la contraparte defendiendo el resultado de la misma manera (como sea), y tuvo en Martínez Quarta, Ponzio y Maidana a tres pilares fundamentales para que entre las imperfecciones River sea el menos imperfecto, sin ser el mismo equipo que en el primer tiempo.
 En lo que se comentaba en los primeros párrafos acerca de la compenetración con el objetivo es que es inadmisible que Gago, a pesar de ser un excelente jugador, se quede pidiendo una falta o un off-side y que no dispute la pelota cuando esta está en movimiento, como en el gol dilapidado por Auzqui. Esa es una de las materias por aprobar cuando mencionamos que hace falta ese "algo más" y no alcanza con solamente jugar lindo.

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