El enganche es una especie en peligro de extinción (o ya extinta): primero Zidane, luego Riquelme, fueron esos jugadores que la 10 les quedaba estampada en la espalda; futbolistas con la aptitud para conducir los ataques, proteger la pelota, con pegada y con habilidad para asistir a los demás: hombres que desde lo mental hacían la diferencia. Hoy en día se sigue jugando con enganche, pero porque hay futbolistas que ocupan esa posición, no porque sean enlaces en lo estrictamente dicho (como en el caso de que se use a un defensor central como lateral derecho: en ese caso se juega con marcador de punta, aunque el encargado de la tarea no la tenga como su especialidad). Hoy en día esos jugadores encargados de ocupar la posición de enganche son mediapuntas, delanteros más retrasados, o la responsabilidad de generar juego también recae en habilidosos que juegan contra la raya (como Rooben) u organizadores, como en el caso de Iniesta o Pirlo, que son volantes creativos, aunque no sean enganches. Pero por más de que sea una función que hoy prácticamente no exista (D'alessandro, uno de los sobrevivientes), muchas veces se necesita, mas allá de sus características, un jugador que signifique un puente entre los volantes y los delanteros. Y Maroni, si bien apenas se está haciendo conocido, mostró dotes interesantes y fue importante para mejorar el funcionamiento xeneize, además de que parece ser de esos enganches clásicos de los que hoy no sobran.
Arsenal presionó arriba en gran parte del partido e intentó tener la pelota en campo de Boca, pero no tuvo química ni regularidad para hacer de una articulación buenos rendimientos. Con Gago participando en la salida de Boca, el local ya fracturaba esa línea de hostigamiento efectuada ineficazmente por los de Sarandí, gracias a la facilidad del 5 para, con mucha sencillez, comenzar con la circulación, que esta vez fue fluida y dinámica porque si Bentancur o Barrios permanecían tapados, entre la pelota y otro jugador de azul y amarillo no había una enorme distancia para que el balón sea interceptado, sino que antes de los puntas se encontraba Maroni, y allí a los defensores de los de Grondona se les hacía imposible contener las rotaciones de Boca entre los internos, el enlace, la subida de los laterales, los desbordes de Pavón y el pivoteo de Benedetto, todo siempre comenzado con el primer pase de Gago.
Cuando se mete en el equipo a un chico de 18 años, hay que asegurarse de que el ambiente que lo rodea sea favorable, ya que si se piensa en colocar a un chico para que sea la salvación, es porque algo anda mal. Puede salir bien, como le pasó a San Lorenzo con el chico Barrios, pero en el caso de Boca fue totalmente distinto: Maroni estuvo sepultado bajo un equipo que lo supo cuidar y hacer que se destaque, sin cargarle toda la responsabilidad.
Ahora Guillermo tendrá un problema, ya que como interior derecho el colombiano Barrios se acopló a la perfección, recuperando y jugando con criterio; Maroni fue una buena solución para volver a encontrar el juego perdido ante la ausencia de Centurión; y regresa Pablo Pérez, uno de los titulares difíciles de discutir. Veremos como decide formar el equipo ante Estudiantes. Pero lo que es seguro es que no tendría estos dolores de cabeza si no fuera por la acertada inserción de Maroni, para cambiar de esquema y probar con algo diferente.
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