Como en otras oportunidades, el fútbol argentino y esta nueva dirigencia pero con viejos hábitos dan que hablar más de lo que pasa afuera de los estadios que dentro de ellos, donde debería ocurrir lo más interesante. Pecando de poco serios luego de cambiar tres veces el horario del partido, esas mencionadas modificaciones (o pujas) dan para pensar demasiado. Puede deberse a que en la AFA son torpes para decidir los horarios y comunicarlos, o que haya habido una mano de Angelici desde la cúpula de la dirigencia para que los pibes de Estudiantes no jueguen el partido, que por una cuestión lógica debió haberse jugado mucho más temprano para que los chicos no tengan que viajar en helicóptero. Son episodios insólitos que solo deben ocurrir en la Argentina: el de poner un horario totalmente fuera del sentido común y de querer sacar una hipotética ventaja futbolística con ausencias que fueron presencias, cuando Boca debería preocuparse por ganar jugando y siendo superior futbolísticamente, objetivo que no cumplió; además de que cualquiera con un sentido de ética, moral y competitividad deportiva se sentiría más orgulloso de ganar ante un rival con todos sus titulares, y no caer en esa bajeza tercermundista.
Otro capítulo de nuestra sociedad sub-desarrollada también se vio fuera de la cancha, pero sí dentro del estadio: una versión de Hulk o de Goku convirtiéndose en súper saiyajin por primera vez encarnado en Nelson Vivas, todo porque no le cobraron un penal. ¿Tan bajo ha caído el fútbol que se arma semejante escándalo por un penal? Si un técnico está convencido de su equipo y su planteo, se lamenta por el penal no cobrado y luego sigue concentrado en que su equipo juegue y llegue al gol. Pero pareciera que si no es esa oportunidad no habrá otra, que es el fin del mundo, que cada chance vale oro, de alguna forma admitiendo que no van a sobrar situaciones de gol. Hay que enfocarse en que los equipos jueguen bien y que una decisión arbitral no sea lo más importante: hay que recuperar el arte del juego y bajar varios cambios.
Con las vueltas de Centurión y Pablo Pérez, Guillermo dispuso de su 11 ideal, prescindiendo de Barrios y Maroni. El diario del lunes diría que Centurión no estaba para jugar de entrada, sino más bien para rematar el pleito en los últimos 30, o que el colombiano Barrios no podía salir del equipo. Pero Boca no tuvo un gran rendimiento ni superó a su rival porque este dispuso de un mediocampo pegajoso y una alineación preparada para salir rápido.
Los primeros minutos fueron muy favorables para el xeneize: el equipo de Vivas intentó formular su juego saliendo desde el fondo, y los de Guillermo a su vez estuvieron óptimos para presionar arriba y hurtar la pelota, incomodando a un Estudiantes que no estaba cómodo ni seguro. A través de Pablo Pérez, se intentó jugar por el centro, sin tener demasiadas aperturas hacia los costados. Centurión duró hasta donde pudo, otorgando desequilibrio y haciendo amonestar a jugadores rivales la primera media hora de juego, donde sus aires todavía permanecían frescos. Gago, sin las facilidades para nutrir el juego debido al rodeo por el que debía lidiar a la hora de pasar la pelota, terminó fastidioso, con la peor imagen con la que uno puede quedarse de él. La obstrucción de Gago pide a gritos una mayor responsabilidad de Bentancur en el juego, que no pesó en el medio, sin estar fino ni ayudando a Pérez a conducir. Se sintió la ausencia de Maroni con respecto al encuentro anterior: alguien que una líneas, sea socio de Gago y no deje solo a Pérez; mientras que hubiese sido interesante verlo compartir minutos con Centurión.
Como se dijo anteriormente, Boca no tuvo amplitud de espacios, sobre todo cuando pasó el mejor momento de Centurión, lo que se vincula con la falta de juego (para desdoblar por las bandas con laterales o extremos es menester fabricar ese espacio para que el receptor de la pelota lo ataque, lo que requiere de una elaboración previa), tiene mucho que ver el pesaroso rendimiento de Pavón, de llamativas imprecisiones, sin aprovechar su valiosa pegada e imposibilitando a Benedetto de conectar un buen centro.
Entre tanta borrosidad, con niveles por debajo de la costumbre y chocando auras para instaurar un partido chato de ideales, Insaurralde descolló templanza para salir a cortar en contraataques de vida o muerte. Barrios pudo haber sido una solución para otorgar más vitalidad a la mitad de la cancha y explotar su poderío físico para penetrar en zona ajena por sorpresa, pero no le sobró tiempo para actuar.
Con el campeonato más parejo que nunca y en un superclásico donde (como siempre) puede pasar cualquier cosa, Boca va a tener que dar una muestra de personalidad para sacar chapa de campeón y superar esta irregularidad pasmosa, donde a diferencia de Newell's (que sin jugar bien ni atacar demasiado convierte las chances que le llegan) necesita de un juego continuo y aproximaciones varias para hacer la diferencia, sin depender en exclusividad de que mágicamente Pérez meta un pase entre líneas para Benedetto o Bentancur se encuentre con un regalo de Andújar, ya que no es un equipo que cuente con esa suerte de campeón. Es decir, ya que no cuenta con esa suerte, ante River deberá aparecer su juego de campeón.
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