En 1861, la batalla de Pavón que enfrentaba a Mitre con Urquiza determinaría el triunfo de Buenos Aires sobre la Confederación Argentina y acabaría con un largo período de guerras civiles, producto de una búsqueda de estatidad que requería de un dominio que organice el territorio para llegar al orden y el progreso. A diferencia de las naciones europeas, donde el dominio significó expandir su territorio, para la Argentina post-independencia que aún conservaba un modelo económico colonial ejercer dominio implicaba unificar su territorio.
En este semestre de Boca hubo muchas batallas de Pavón, donde el joven cordobés salvó la tarde de forma solitaria, pero a diferencia de la guerra definitiva del siglo XIX, las piezas de Guillermo no se terminaban de unificar. Esta vez, los planetas se alinearon: la batalla de Pavón se terminó y el dominio del xeneize pudo garantizarse ya no desde un solo jugador, sino desde un ente unificado y homogéneo: esta no fue solo la batalla de Pavón sino que fue también de Pérez, Cardona, Fabra, Abila, y todo un equipo que arrasó desde un primer momento.
La ausencia de Barrios siempre es un problema, porque se pierde el factor de equilibrio entre el ataque y la defensa, pero Guillermo decidió reemplazarlo aumentando el poderío ofensivo, es decir, suplir el orden defensivo con mayor vocación de ataque. La idea fue ir hacia delante constantemente sin dejar lugar al retroceso, someter al rival y reducirlo a nada. Para realizar esta táctica ubicó a Pérez (un volante mixto, de creación y llegada) como volante central para impulsar al equipo desde el círculo central apoyado por Nandez, y liberó a Cardona, Tevez, Pavón y Abila para que encaren y hagan desastres ante la pasividad peruana. Boca encontró en su diferenciación cuantitativa de hombres en ataque también una marca cualitativa: no fue solo juntar jugadores en el área rival, también fue pases en profundidad, cambios de frente, generar un dos contra uno en las bandas que permita ejecutar centros peligrosos. Pero el fútbol no son solo virtudes propias sino también defectos ajenos: además de lo realizado, el dominio de Boca fue posible gracias a la desmotivación del visitante, que no se decidió a ser más agresivo o tajante en la presión, por lo que por momentos no hubo oposición para generar espacios desde lo colectivo ni cuando un futbolista del local decidía ganar la posición desde lo individual.
Nunca hay que vaticinar fracasos antes de que esté todo cocinado. Boca empezó el partido quedando afuera pero faltaban 90 minutos por jugarse, y si bien no dependía de si mismo, la actuación descollante demostrada ante Alianza Lima y la flaqueza de Junior en Brasil revelaron la realidad.
La realidad también indica que es muy difícil mantener este rendimiento todos los partidos, ya que no todos los rivales van a ser de esta categoría, pero si el equipo acompaña a Pavon sin responsabilizarlo de todo lo que pueda hacer Boca en el área rival (y esto incluye la tarea de Tevez, que estuvo permanentemente relacionado con el circuito de juego, demostrando potencia física y explosión para penetrar al rival a diferencia de los anteriores encuentros), el equipo de la ribera va a ser ese candidato temible que en sus mejores épocas nadie quería enfrentar.
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