Empezó el torneo siendo un equipo, goleando a los rivales con un andamiaje que nos hizo pensar a todos que tendríamos un campeonato europeo, donde un equipo se escapa en la cima y el mejor panorama posible para el resto es salir segundo sin pensar en el primer puesto. Con un Benedetto intratable, que llegaba siempre a tiempo para definir y también hacía jugar a sus compañeros; con Gago para manejar los tiempos, escoltado por un Barrios que cubría todos los espacios y un Pérez que se conectaba y llegaba al área, Boca consiguió un colchón de puntos que le permitió mantener la diferencia el resto del torneo. Lo único sorprendente que quedó de ese Boca arrollador luego de las lesiones de Gago y Benedetto fue un salvador Pavón, que demostró ser el mejor jugador de la Superliga por su sacrificio para emplear un desgaste en el que siempre decía presente para recuperar la pelota y una individualidad majestuosa para dejar desairados a los rivales y asistir al delantero que lo acompañe.
No solo el rendimiento fue una señal de la merma que sufrió el campeón en comparación con el primer tramo, sino también los resultados: de los holgados triunfos pasó a arañar victorias con lo justo, hasta triunfos o empates en el último minuto. Pero si a pesar de las lesiones y los bajones el xeneize continuó con su racha y se enfiló hacia la obtención del título, es porque algo tiene: conserva algo especial que el resto no tuvo, y eso es la perseverancia por defender el primer puesto sea como sea y hasta el final.
Sin dudas este andar exitoso es resultado de la buena gestión de Angelici para contar con dinero fresco a la hora de las incorporaciones, ya que las lesiones, que fueron el principal obstáculo, pudieron sobrepasarse gracias al extenso plantel, en el que se cuentan con jugadores capaces de aparecer en los momentos indicados en circunstancias desfavorables (las ausencias, que a su vez conllevan a flaquear en el rendimiento). En su campaña anterior, Boca tuvo en Centurión a un baluarte a la hora de marcar la diferencia, y su baja fue cubierta por el arribo de Cardona, un hombre de selección. También se pudo reemplazar a Gago y a Benedetto con hombres de jerarquía como Nandez y Abila (no se los pudo reemplazar desde el funcionamiento, pero las múltiples variantes con las cuenta el cuerpo técnico le dan herramientas como para que todos los puestos sigan teniendo una estructura confiable).
Si Boca tuvo un componente que lo hizo campeón que los demás equipos no tuvieron fue que el equipo de la ribera también maneja un presupuesto que solo lo equiparan los equipos grandes. Pero muchas veces la valorización de los futbolistas no necesariamente implican una alta productividad. Un caso es el de Tevez, el hombre de mayor renombre del fútbol argentino, que no logró engranarse con el entramado de Boca y pareció ser un jugador más. Su flojo nivel tiene mucho que ver con el andar general, ya que cuando no encontraba su lugar como falso nueve, Boca tampoco era el mismo equipo de la primera etapa, y lo mismo ocurrió cuando Guillermo lo utilizó como enganche: pero una cosa alimenta a la otra, y no hay lugar a objeciones cuando uno piensa que con un buen Tevez, seguro habría un mejor Boca. Pero hasta con el mejor de todos en su peor momento (¿su último momento?) Boca no se dejó alcanzar por el buen Godoy Cruz, defendió con uñas y dientes el título gracias a apariciones estelares de sus interpretes (Pavón en todos los encuentros, Abila ante Unión, Pablo Pérez ante Gimnasia, por nombrar algunos ejemplos) y logró lo que nadie logra, que es ser bicampeón. Para llegar al último bicampeonato hay que remontarse al 2006, también logrado por Boca.
La Copa Libertadores también es materia para el análisis y es otra historia, pero el fútbol local también existe y en una región en donde a diferencia del fútbol europeo todo es tan cambiante (Lanús fue finalista de la última edición del torneo continental y ni participó de la actual), obtener un bicampeonato de torneo largo es algo muy complicado y único en la historia.
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