lunes, 27 de agosto de 2018

LOS DIRIGENTES ESTROPEARON LAS COMPETENCIAS

La Conmebol está siendo, desde la reanudación de las dos competencias internacionales organizadas por este ente, protagonista por fallos en relación a la mala inclusión de futbolistas. Hay diversas formas de arruinar una competencia: puede ser de la forma más natural, que es el bajo nivel de los futbolistas y errores arbitrales, o por intervenciones mafiosas de los barrabravas, que son capaces de forzar sanciones para que se juegue a puertas cerradas. Pero otra forma de desprestigiar torneos de semejante envergadura como son la Copa Libertadores y Copa Sudamericana, que se supone que son los torneos continentales de mayor relevancia después de los europeos, es mediante errores garrafales de los dirigentes, y no únicamente de la Conmebol, sino también de los clubes, que haciendo un análisis sensato de las distintas situaciones que vienen ocurriendo desde que San Lorenzo avanzó de fase habiendo perdido los dos partidos, son los mayores responsables. 
 Ni los de pantalón corto ni los que agitan banderas, los protagonistas son los de traje, que de parte de los espectadores ya no puede esperarse nada bueno después de todos los casos de corrupción que involucran a la clase política (abarcando la política nacional y también la política en el fútbol, que implica robar de la forma más corrupta desde los organismos de fútbol internacionales, y donde dirigentes de la Conmebol tuvieron que declarar ante la justicia de los Estados Unidos). En el libro "El arrepentido de la mafia del fútbol" escrito por Facundo Pastor se puede leer el camino que recorrió Burzaco, ex CEO de Torneos, hasta declararse culpable ante los jueces norteamericanos, causa en donde el empresario declaró haber pagado coimas a dirigentes de la Conmebol para adquirir los derechos de televisación de las competencias más trascendentales del continente. Si bien la corrupción no tiene nada que ver en la temática de esta ocasión como es la mala inclusión de futbolistas suspendidos, tiene que ver en el hecho de que se sigue manchando la imagen de la Conmebol: primero como una organización corrupta, ahora como un organismo inútil que comete errores administrativos que tienen la consecuencia de estropear la competencia. 
 Pero luego de haber dejado claro la responsabilidad de la Conmebol, que no es capaz de advertir que un nombre que figura en planilla no está habilitado para jugar, la mayor culpa debe recaer en los clubes. Es inadmisible que equipos tan importantes como River y Santos no estén informados de la situación legal de sus futbolistas, ya que tanto Zuculini como Sánchez se encontraban suspendidos por partidos jugados años atrás. Cuando un jugador llega a una institución se debería hacer un historial detallado para verificar si se encuentra habilitado antes de jugar un partido. Tanto River como Santos no lo hicieron. Los mismos futbolistas tampoco fueron capaces de recordar los partidos que implicaron sus suspensiones y advertir a sus respectivos clubes de la situación. El jugador es un profesional y debería conocer a rajatabla el reglamento y conocer más que nadie si puede jugar o no. Pero al fin y al cabo, el jugador solo piensa en jugar, y para los temas administrativos se encargan los dirigentes: Deportes Temuco incluyó a Requena cuando al haber participado de la competencia con otro equipo se encontraba inhabilitado; Santos incorporó a Sánchez sin saber que el uruguayo tenía que cumplir una suspensión; y River, que utilizó a Zuculini durante toda la fase de grupos, recién en el séptimo encuentro se percató de la equivocación, haciendo junto con la Conmebol una obra maestra del terror, que terminará en que el futbolista no pueda jugar el partido de vuelta después de haber disputado siete encuentros. 
 Las consecuencias de estas equivocaciones terminan arruinando el fútbol: San Lorenzo avanzó de fase en la Copa Sudamericana perdiendo ambos encuentros; posiblemente Independiente gane 3-0 un partido en el que no hubo goles; y Racing va a reclamar ante el TAS (Tribunal Arbitral del deporte). Estas fallas de los dirigentes terminan en goles hechos con una hoja sobre un escritorio, injusticias antideportivas (donde no avanza el que menos se equivoca en la cancha, sino el que no se equivoca en los papeles) y un torneo que es de los más importantes del mundo arruinado y haciendo honor al tercer-mundismo latino-americano. 
 Estos hechos demuestran porqué las sociedades sudamericanas están a años luz de las europeas, que por ser el primer mundo tampoco se salvan de la corrupción y los errores administrativos (en el 2015, en un partido por Copa del Rey Real Madrid incluyó a Cherishev, que estaba suspendido, y le costó la eliminación del certamen), pero que dos gigantes del continente como Independiente y Santos vean arruinada su serie es algo que nunca se vio en un certamen como la Champions League. 
 Tal vez una solución sea que las suspensiones prescriban en una menor cantidad de tiempo para que si en casos como los de Sánchez y Zuculini, que fueron suspendidos en partidos del 2014 y 2015, son olvidados, no haya inconvenientes. 
 A raíz de estos sucesos urge la cuestión de si es una actitud deportiva reclamar para pedir la sanción del equipo rival sin ganar los partidos en la cancha. Cuando se está al frente de una institución, se quiere lo mejor para ella, por lo que es lógico que se reclame cuando el panorama ya está distorsionado por haber invalidado las reglas. 
 Esperemos que por el bien del fútbol sudamericano los dirigentes sean más atentos, actuando con el desempeño que demanda su investidura, y que los partidos se ganen en la cancha, gritando goles o festejando jugadas de jugadores que están habilitados para hacerlo, sin arruinar a una pasión que reúne multitudes.

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