lunes, 28 de septiembre de 2026

Opinión: Puntos a favor y en contra de las PASO

Para las elecciones de 2027, se debatirá si se eliminan o no las PASO.

Todo cambio en el sistema electoral conlleva sus costos y beneficios. No existe un sistema perfecto, y para evaluar el impacto de posibles reformas debe analizarse a partir de qué objetivos se implementan. Al ser una instancia del acto eleccionario donde los votantes ejercemos nuestra soberanía para elegir a nuestros representantes, la permanencia o eliminación de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) merece un debate y reflexión profunda para que los parlamentarios opten por la mejor decisión posible. Para esto último, no pueden dejarse de lado los aspectos positivos y negativos que las PASO implican desde su implementación en el año 2015.

Aspectos positivos:
1) Sin dudas las PASO representan una mayor participación democrática de la ciudadanía. Al agregar las elecciones primarias como instancia previa a las elecciones generales, se le está dando la posibilidad al votante de elegir tanto qué frentes que superan el umbral mínimo participarán o no de las elecciones generales, como también qué alternativa prevalece a nivel interno en cada una de las coaliciones.
2) Que las PASO como instancia previa a la primera vuelta filtre ciertos espacios políticos que no llegan al 1,5% es un cierto mecanismo que de alguna manera evita la fragmentación partidaria. Esto no impide que el sistema de partidos termine fragmentado, ya que podría ocurrir que muchos frentes superen el 1,5%, pero sí contribuye a evitar una atomización del sistema al colocar dicho umbral. Tener un sistema atomizado, tal como ocurre en Perú, en lugar de consolidar un bipartidismo sólido, es negativo ya que luego la fragmentación deriva en parlamentos con pocas posibilidades de formar acuerdos de políticas sostenibles a largo plazo. Además, tener elecciones primarias incentiva a formar coaliciones entre partidos que tienen ideas medianamente parecidas, que de otra forma irían por separado. 
3) Al brindar la posibilidad de forjar elecciones internas dentro de cada coalición, se está permitiendo que esas elecciones se diriman por el voto popular, lo que le da al ganador de la interna mucha más legitimidad por parte de sus socios de la coalición. En el 2015 Macri le gana por una diferencia apabullante la interna a Sanz y Carrió, lo que reflejaba la decisión tajante del público de que el PRO debía liderar la coalición por sobre la UCR y la CC. Las primarias en 2023 permitieron saber que la mayoría del electorado prefería como candidato a Patricia Bullrich y no a Rodríguez Larreta, algo que no muchos preveían. 
4) Al sumar una instancia más antes de las elecciones generales, el votante tiene más información a la hora de acudir a las urnas, permitiendo en muchos casos recalibrar el voto para la primera vuelta. Cuando en 2019 Macri pierde en las PASO por más de 15 puntos con Alberto Fernández, mucha gente que había votado precandidatos poco gravitantes o que directamente no había ido a votar decidió hacerlo por Juntos por el Cambio, reduciendo la diferencia a siete puntos con respecto al Frente de Todos. Esta reducción en la diferencia fue muy relevante en la composición posterior del Congreso.

Aspectos negativos:
1) Si bien el objetivo de las PASO es dirimir las internas de las coaliciones mediante el voto democrático, no todas las coaliciones necesariamente presentan más de un precandidato. Por nombrar un caso icónico: en las elecciones de 2019, de las seis listas que llegaron a las elecciones generales, ninguna había presentado más de una lista en las PASO. Por lo tanto, las PASO terminan funcionando como una mega encuesta, lejos de cumplir su función original.
2) Así como las PASO le dan más información al votante de cara a la elección general, el gobierno de turno también pasa a tener más información. Así ocurrió en 2023, cuando luego de salir tercero en las PASO, el gobierno de Unión por la Patria a cargo de Alberto Fernández y Massa hizo un descalabro monetario con tal de ganar la elección, con graves consecuencias para el país.
3) Al igual que las elecciones generales y el eventual balotaje, las PASO son obligatorias. Sin embargo, en la práctica la obligatoriedad no existe, y termina votando un porcentaje mucho menor al padrón. Ante un contexto donde la gente está desencantada con la política y va desanimada a votar, o incluso mucha gente no acude a las urnas, no tiene demasiado sentido sumar más "esfuerzos" sumando un acto eleccionario que al no ser definitorio de los cargos públicos a mucha gente no le interesa.  
4) Las PASO no terminan necesariamente con las elecciones de los candidatos "a dedo", aun cuando haya internas en las coaliciones: para que los precandidatos encabecen las listas que van a competir por ser el candidato de la coalición en las elecciones generales, el proceso interno dentro de cada partido para disponer a su precandidato puede no ser demasiado democrático dependiendo del funcionamiento interno de la institución partidaria. 
5) Las PASO no se salvan de la corrupción: ha habido espacios como el de Guillermo Moreno (¿qué se podía esperar?) que sabiendo que probablemente no iba a llegar al umbral del 1,5%, decidió presentar ¡cinco listas! en las elecciones primarias del 2023, con todo el presupuesto que significa imprimir boletas para cinco listas. El presupuesto lo asigna la justicia electoral para que cada coalición imprima sus boletas. Sabiendo que ninguna de las cinco listas iba a obtener demasiados votos, Moreno no imprimió todas las boletas presupuestadas, y se quedó con todo el presupuesto restante. El espacio de Julio Bárbaro, que obtuvo el 0,10% de los votos en la misma elección, presentó tres listas, al igual que el frente Proyecto Joven de Mempo Giardinelli. 
6) En un país con una tasa de pobreza del 30%, y donde la política le cuesta tanto dinero al contribuyente en materia de cargos y asesores, hay que preguntarse si realmente tiene sentido gastar el presupuesto que una elección primaria amerita. 

Sopesando los costos y beneficios, optar por la permanencia de un acto eleccionario que no define cargos públicos sino quienes son los candidatos a ocuparlos no se condice con el enorme esfuerzo que está realizando la sociedad. Introducir la boleta única reduce las erogaciones que se deben hacer imprimiendo todas las boletas partidarias, pero aun así el gasto logístico y de personal que implica realizar un acto eleccionario sigue siendo importante. 
 A la hora de optar por su eliminación y permanencia, los diputados y senadores no pueden dejar de considerar lo positivo y lo negativo que las PASO introducen en el sistema electoral. Si se quiere achicar el presupuesto destinado a las elecciones, pero no declinar en el intento por democratizar el método de selección de los candidatos dentro de los frentes, pueden pensarse alternativas más austeras y con participación ciudadana. Hoy, la prioridad debe pasar por que la clase política asimile el sacrificio de la ciudadanía.

Tomás Racki. Politólogo. Diplomado en Seguridad Ciudadana.

martes, 15 de septiembre de 2026

Adelanto de mi libro: Republicanismo, ¿Qué es ser republicano?

        Fragmento del primer capítulo de Republicanismo, ¿Qué es ser republicano?

Esa “cosa de todos”, que empieza de forma incipiente mediante el pensamiento de Aristóteles, encuentra en la soberanía del pueblo, y por consiguiente a través de la democracia indirecta, la mejor forma de manifestarse y crear un sentido cívico y comunitario, uniendo y formando, como lo entendía Rosseau, una voluntad general, que lejos de ser un cúmulo de las voluntades particulares de cada individuo, es una manifestación superadora y pluralista.
 La democracia republicana poco tiene que ver con la democracia ateniense, que era directa. Es decir, cuando no había representantes que se dedicaban profesionalmente a la política, sino que era el mismo ciudadano común el que participaba. No hay riesgos de caer en la anarquía, estado referido por Platón donde como gobiernan todos, no termina gobernando nadie. Ni de caer en la demagogia, la degradación de la democracia que pensaba Aristóteles.
 En esta democracia representativa, la desconcentración del poder resultante de la división de poderes se encarga mediante la institucionalidad de impedir derivas autoritarias. A su vez, las diversidades de pensamiento y pluralidad de intereses se cristalizan en la institución del parlamento. Esto no quiere decir que la república sea imbatible, y que la democracia, que funciona al amparo de aquella, sea un régimen perfecto. Como muchos otros sistemas de gobierno, hay fallas, y problemas que no siempre logran resolverse. Pero el funcionamiento teórico de la república, activando los mecanismos institucionales previstos y concebidos, es el sistema que más defiende la libertad y permite acercarse lo más posible a la resolución pacífica de conflictos.
 Sin dudas, el republicanismo tiene que ver con una filosofía que, dejando atrás el oscurantismo y el absolutismo, prepondera la institucionalidad por encima de cualquier persona. Es una línea de pensamiento y acción que rechaza el personalismo, y pone a todos los ciudadanos por igual.
 Puede agregarse que el republicanismo es un status quo que pauta reglas del juego determinadas. La arquitectura institucional hace factible aplicar cambios, incluso reformar las instituciones, pero en la medida en que, al participar en una misma arena, jugamos todos de la misma manera, respetando las mismas reglas.
 La teoría de las dos revoluciones, que como se ha mencionado anteriormente pondera la Revolución Francesa y la Revolución Industrial como los dos focos que dan lugar al mundo contemporáneo, no significa que ambas revoluciones sean elementos separados e independientes uno de otro. Así como el orden republicano es el orden político que logra que vivamos de la forma más libre y justa posible, incluso con la posibilidad fehaciente de participar en la toma de decisiones, el orden capitalista es el sistema económico más libre y progresivo de toda la historia. Y debemos animarnos a decir que, para cuidar la libertad del ciudadano, el republicanismo debe garantizar la reproducción del capitalismo y la economía de mercado, ya que el orden político y el económico se retroalimentan. De hecho, gran parte de la discusión pública transparentada por el republicanismo abarca coyunturas económicas, y posiblemente la gente podría dejar de creer y respetar los métodos y valores de la república si esta misma no es capaz de dar respuestas concretas y efectivas ante el malestar económico.
 El mundo contemporáneo le da existencia y entidad al ciudadano, en cuanto al orden político; y al burgués, trabajador, empresario, en el orden económico. Sin ser ciudadanos, probablemente la burguesía no habría podido desarrollarse. Así como el capitalismo produjo grandes desplazamientos del campo a las ciudades, el republicanismo logró que esos habitantes de las ciudades, ahora llamados ciudadanos, participen en política ya sea debatiendo en clubes (así comenzó a gestarse la Revolución Francesa), leyendo diarios, contribuyendo a una opinión pública que luego se plasma en las candidaturas y en los sufragios masivos.
 Sin ciudadanía no hay capitalismo, porque sin tener derechos que nos amparan para no ser confiscados (como cuando se firma la Carta Magna en Inglaterra), los derechos de propiedad que hacen funcionar al mercado no serían posibles.
 Como sistema que busca ser racionalista, dando explicaciones ante la ciudadanía porque se asume que ahora ésta puede y debe participar en los temas que le competen, esa apertura y creatividad para pensar y aplicar soluciones se replica también en la economía, con personas idóneas para invertir dinero y así hacer progresar económicamente a las sociedades con una gran cuota de talento individual.
 Este cambio astronómico y copernicano en la socialización conlleva no solamente modificaciones cuantitativas, ya que ahora la soberanía del pueblo consta del sufragio para constituir un gobierno. Sino que hay también una reforma cualitativa, donde los súbditos se transforman en ciudadanos. Es decir, al contar con ciudadanos, se cuenta con sujetos con derechos y libertades. Los derechos de ciudadanía, que abarcan derechos civiles, políticos y sociales, hacen que la evolución de súbdito en ciudadano sea en un aspecto bidimensional: por un lado, el gobierno que conduce el Estado tiene la obligación de respetar los derechos del ciudadano; y, por otro lado, el ciudadano como tal ahora es partícipe de las políticas que lo afectan.
 En esa segunda dimensión es interesante destacar que, ya sea no solamente a la hora de emitir el voto, sino al momento de informarse, formar una opinión, debatir, el ciudadano forma parte de la esfera pública, más allá de que no sea el tomador de decisiones final. Y a esta segunda dimensión podríamos sumar múltiples sub-dimensiones, que nutren el ejercicio de la ciudadanía: la educación, los negocios, el trabajo, la cultura, la religión, el deporte. Podemos decir que la democracia se ejerce al momento de votar, pero la república funciona constantemente, las 24 horas del día de los 365 días del año. No sólo ejercemos la democracia, sino que vivimos en democracia gracias a la República. Sin república, la democracia no funciona.
 Si la democracia fuera solo un acto eleccionario, no estaríamos ante una democracia republicana sino ante una democracia cesarista, donde el tirano es votado por la gente, pero no por eso deja de ser tirano. El republicanismo es el corazón de la democracia porque la hace funcionar no solamente en cuanto a los mecanismos para acceder al poder, sino también para ejercerlo. En pocas palabras, sin división de poderes y predominio de las instituciones no hay república, y sin república, la democracia no funciona y se vuelve una cáscara vacía.

Tomás Racki. Politólogo. Diplomado en Seguridad Ciudadana.