miércoles, 11 de octubre de 2017

LA CASA ESTA EN ORDEN

 A lo largo de las eliminatorias, Argentina experimentó distintas metamorfosis, que abarcaron protagonistas, estilos, esquemas, golpes duros en lo deportivo; pero siempre hubo un factor en común: Messi fue la mecha que en momentos de plena oscuridad, siempre estuvo prendida, y el que debía iluminarnos el camino para no volver a tropezar. Messi siempre estuvo en un nivel interestelar, pero la diferencia estuvo en que esta vez los compañeros supieron escoltarlo en la misma sintonía. La final de la última Copa América con la imagen de Lionel encarando solo frente a cuatro chilenos; las únicas aproximaciones argentinas en el 0-0 con Uruguay a través de pases de Messi, que se repitieron con más claridad frente a Perú, donde faltó eficacia. El 10 del Barcelona estuvo a la altura en todo momento: sufrimos lo que sufrimos porque no estuvieron a la altura los demás, es decir, los compañeros (Di María terminando mal las jugadas, por ejemplo), el equipo en general (lo dijo muy bien Menotti: en Argentina no había sociedades. Solo basta tomar cinco minutos del Barcelona y de la selección para darse cuenta la diferencia a la hora de elaborar una jugada, donde en Argentina faltan jugadores que piquen al vacío, que se desmarquen para recibir, volantes que dejen la zona de confort para hacer a la agresividad del conjunto), y hasta de cada uno de los argentinos, que no supieron valorarlo. 
 La improvisación genera esto: una oportunidad para salir ganando o fracasar en el intento. Improvisar implica seguridad en uno mismo para tomar la decisión, pero no deja de ser inseguro en el plano genérico. La inseguridad implica muchas veces sufrir. Cuando Sampaoli tomó las riendas del equipo, trajo consigo una idea que implementó en Chile con mucho tiempo de trabajo: nosotros no podíamos pretender alcanzarla en tan poco tiempo. El DT se la jugó con nombres nuevos: Acuña, Acosta, Rigoni, Icardi, Benedetto, Gómez, Salvio, Fazio, Paredes; con el objetivo de encontrar una respuesta y pensar a futuro en nuevas alternativas. Además de adaptarse a una selección sin pasar por el proceso correspondiente, jugadores como el goleador de Boca debieron cargar con el peso de un posible sexto puesto que los deje afuera del Mundial y los marque negativamente de por vida. Debieron cargar con la responsabilidad y también con una adaptación instantánea. Pero imaginemos toda la carga que debía estar soportando Messi, que es el mayor responsable, el que tiene la lupa encima, el que conduce al resto, el que se espera que nos salve de la catástrofe. 
 Ante Ecuador, por fin tuvimos el desahogo final: no es que Messi haya cambiado, porque siempre fue igual de extraordinario, sino que cambiaron las piezas que son esenciales para que la figura pueda lucirse: con dos carrileros natos y laterales para tener opciones por afuera y también equilibrio, salida muy clara a través de Biglia, sorpresa por parte de Pérez (lo que le faltaba a Banega: no tanta distribución y más compromiso ofensivo para que la posesión no sea tan predecible), y una referencia de área como Benedetto que también es socio de todo el equipo. Parando la pelota, pensando con tranquilidad (Di María es el mejor ejemplo, y el primer gol lo demuestra), tratando de generar superioridad numérica con triángulos en donde alguien pueda romper líneas y no chocar contra una muralla de hombres como ante Perú. Defenderse con la pelota no es tenerla pasivamente, es hacerla rodar para que no te ataquen a causa de que tu equipo es el dominador del encuentro: Ecuador hizo pesar la localía y su abundancia de oxígeno a través de individualidades que crearon sofocos muy de vez en cuando, pero Argentina supo sacarlo adelante no con el físico, sino con la mente: eso quiere decir, estando fuerte de la cabeza, incluso perdiendo a los 40 segundos por una distracción, se puede ganar jugando bien en la altura. No hace falta correr más que el rival para ganar: de hecho los ecuatorianos corrieron más, porque Argentina lo hizo correr detrás de la pelota, y en hombres como Mercado y Otamendi tuvo solvencia para ganar en el mano a mano con una seguridad de caudillo. Eso también es clave: para tener la pelota hay que saber recuperarla. Y mientras la casa esté en orden, Messi va a estar en su fase top. No es que a veces esté apagado, es que el fútbol es un deporte colectivo, y la plataforma grupal hace a las distintas operaciones individuales. Y cuando falta suerte como ante Perú, si se hacen las cosas bien la buena suerte termina siendo una costumbre. 
 Ahora que el objetivo está cumplido, es momento de sentarse a pensar en serio: Sampaoli debe decidir qué hombres son los más indicados, y seguir plasmando su identidad, donde deberá elegir cómo hacerlo. Ante Ecuador, fue con dos carrileros, un punta y un mediapunta con las libertades que se merece un crack. Estará en el DT si fue un esquema apto para jugar en todas las canchas o más para la altura. Lo cierto es que Sampaoli se la jugó y salió triunfando porque consiguió lo que no parece ser fácil para todos los técnicos argentinos: que Messi esté cómodo, y eso no significa hacerlo jugar con el club de amigos. 

jueves, 28 de septiembre de 2017

BOCA 0 CENTRAL 1: EL AMOR PROPIO

Los dos llegaban en momentos muy distintos: Boca, en un gran momento, goleando a sus rivales, manteniendo la punta; Central, llegaba como podía, golpeado, sin rumbo. Uno venía de ganar 4-0, el otro de perder por el mismo resultado. A veces el fútbol no tiene lógica, pasan cosas inesperadas, pero las cosas no se dan porque sí: lo lógico del resultado está en el amor propio de Central, que parecía jugarse mucho más que una clasificación a cuartos de la Copa Argentina: se jugaba la cabeza de su entrenador y la confianza de sus hinchas. 
 Se concretó el peor partido de Boca en lo que va de la temporada, sin fluidez en el juego, sin ganar los duelos individuales, sin encontrar soluciones sobre la marcha, y donde sus grandes futbolistas no pudieron sacar ventaja: Benedetto no tuvo el acompañamiento de siempre, y en la única que pudo acomodarse y sacar un latigazo pasó cerca; Pavón no pudo desnivelar ni por la derecha ni por la izquierda, donde Fabra tuvo intenciones de hacer algo distinto pero lo marcaron bien, sin dejarle los huecos que le dejó Vélez; y a Cardona siempre le adivinaron la gambeta, mientras que cuando quiso ayudar a los volantes a armar juego desde más atrás, Central permanecía sin zarandearse. 
 El canalla jugó con los dientes apretados, con vergüenza por lo hecho de local ante Banfield y con bronca por no estar teniendo contentos a sus seguidores: Montero ubicó un medio campo combativo, con tres cincos para distribuirse solidaria y coordinadamente la presión en el centro, ayudados también por Colman, Ruben y Herrera, que hicieron un trabajo muy desgastante cuando Boca tenía la pelota en su poder. Hay que decir que Ruben y Herrera (que seguramente tuvo la oportunidad en lugar de Zampedri porque atesora características más acordes) también formaron parte de la mitad de la cancha, ya que nutriendo la presión posicionándose delante de Goltz, Magallán y Barrios, lo obligaron a Gago a retroceder, a Cardona a tener que ir a pedirla más abajo porque no le llegaba, a los laterales a tener que dar un pase atrás porque no podían trasladar el balón. Herrera jugó muy bien moviéndose de espaldas para distribuir la pelota, y si bien Central no tuvo un abanico de posibilidades como para decir que fue un sobrio merecedor del triunfo, obtuvo la victoria debidamente por lo hecho para impedir que Boca se sienta cómodo, y porque aprovechó la pelota detenida para sacar una ventaja que tal vez con la pelota en movimiento era desventaja. 
 Para Boca no tiene que ser la muerte de nadie: no jugó bien, pero tampoco fue bailado y goleado, y tiene jugadores tan distintos que por cuestión de detalles tal vez pudo haber encontrado un gol en el camino: Gago, a dos toques, puso un pase entre líneas de una mente imaginariamente inverosímil que no llegó a conectar Cardona, que de hacerlo iba de cara al arco de Rodríguez; y Cardona, que tiene un gran pie derecho, le metió un centro bárbaro a Bouzat (que se pasó y no pudo cabecear), y después probó en un tiro libre que tapó el ex arquero de Independiente. Los cambios no otorgaron nada distinto, sino que sublevaron sus intenciones en seguir galopando en esa lucha fatal contra la presión rosarina, en donde tanto Nández como Bouzat quedaron en buenas pretensiones. Pablo Pérez, uno de temperamento fuerte que aparece mucho en los momentos difíciles para hacer menos denso el tráfico de la pelota, también fue neutralizado. 
 Los de Guillermo se toparon con un rival aguerrido que supo ser mejor, y está bien que se vaya con tristeza como manifestó en sus declaraciones. Pero ese sentimiento debe ser aprovechado para encaminarse en el torneo, porque si bien se esperaba llegar más lejos en esta copa, haberse quedado afuera es un aviso para no subirse al pony, pero tampoco es la caída de un rascacielos. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

VELEZ 0 BOCA 4: SE ADAPTA A LAS CIRCUNSTANCIAS

La máquina de Guillermo se florea ante los rivales y goza de su eficacia goleadora, pero hay mucho más detrás de la efectividad de Benedetto y el toqueteo abrumador que lo tiene en la cima. Es un equipo que se adapta, fluye según el rival de turno, capitaliza cualquier equivocación crónica del adversario, y eso se debe a sus buenos intérpretes y a los grandes planteos del técnico. 
 Ante Olimpo hubo un solo equipo en la Bombonera; ante Lanús luchó y aprovechó la que tuvo; contra Godoy Cruz se la jugó al golpe por golpe y ganó por tener mejores futbolistas; y ahora en el Amalfitani frente a Vélez, le dejó tener la pelota al rival, lo mató de contra y después disfrutó de lo que quedaba del partido. 
 Los de De Felippe no tienen un equipo experimentado, pero es un conjunto lleno de juventud, rebeldía y carácter, por lo que no iba a entregarle la pelota a Boca, sino que en su propio estadio y con su gente, fue a ganarlo desde el minuto cero. Con una versión de Pablo Pérez más aguerrida, un Gago que sirvió como contenedor en el medio, y un Barrios que sacó a relucir su estampa de experto y licenciado en ciencias de la táctica y la recuperación del balón, el visitante absorbió al fortín en la mitad del campo, no lo dejó jugar y en las oportunidades que puso en una hipotética posición de avance a uno de sus hombres no pudo resolver de buena manera por la solvencia de los hombres de Boca para defender. Cuando decimos que Boca no es solo Benedetto, es porque también es Goltz y Magallán. Al segundo zaguero se lo ve cada vez más firme, ya como un hombre experimentado a la hora de tirarle el peso encima a un juvenil de Vélez o para salir lejos de su área de forma veloz, y se complementa muy bien con su compañero de zaga, que llegó para ser el dos de Boca y está cumpliendo su labor con creces. A partir de allí, Boca cumplió lo primero: que la pelota en poder del rival no sea un conflicto. Y las estadísticas lo evidencian: solo dos remates al arco en todo el partido de parte del local, y que fueron controlados sin ninguna dificultad por Rossi, que ya se acostumbra a terminar con la vaya invicta. Vargas y Romero, chicos habilidosos que siembran peligro cuando el elenco de Liniers ataca, deben hacerse cargo de los percances a pesar de su corta edad, y todavía no están listos para deformar la cohesión de la solidez del xeneize, ya que la actitud es un factor determinante pero no es lo único esencial, sino que la jerarquía muchas veces termina haciendo la diferencia. Con este dilema se topó Vélez al enfrentarse a un equipo como Boca. 
 Cuando el equipo de los Barros Esquelotto recuperaba la pelota, decidía jugar rápido para atacar al espacio, que muchas veces quedaba expuesto, y otras era fabricado con la sencillez de sus hombres, que hicieron simple lo complicado. En lo sencillo podemos observar goles como el primero de Benedetto, donde Fabra corrió como en las mejores épocas de Clemente Rodríguez por toda una franja izquierda despejada. Y en la parte en la que se hace simple lo complicado vemos cosas como en el segundo tanto, donde una vez que el pensativo Pavón le dio el pase a Benedetto ya era todo muy simple, pero no parecía serlo antes de que Cardona le de un cambio de frente perfecto al ex Talleres. Cuando algo que no parece tan fácil de ejecutar, como ese pase puesto como con la mano, se hace costumbre, es porque nos estamos refiriendo a excelentes jugadores. Y ser un gran futbolista no hace referencia únicamente a la técnica, sino también a la visión para implementarla de la mejor manera. Antes del gol de Fabra, este se mete en el área previendo que Bou va a darle el pase atrás; eso es porque además de sus notables condiciones físicas, tiene sentido de la orientación, tanto para asistir como cuando le pasó por detrás a Pavón en el primer tanto, como para anotar intercambiando posiciones con un compañero. 
 Decir que Boca es capaz de ganarlo todo en esta temporada no suena descabellado si tenemos en cuenta que es una formación que sale de memoria, sus jugadores parecen estar en su mejor momento (Pablo Pérez fue clave ante Godoy Cruz y en la ajustada victoria ante Guillermo Brown, activando la aceleración del entramado, flotando en el medio para conectar, y hasta llegando para convertir como hace mucho no lo hacía), y dependiendo del rival y el contexto se acomoda para terminar disfrutando de la victoria. 

martes, 12 de septiembre de 2017

LANUS 0 BOCA 1: EL DESEO DE GANAR FUE MAS FUERTE

 El fútbol, además de ser un deporte, es considerado por muchos como una pasión, y también un arte. El talento y la buena elaboración es lo que hacen a la belleza de este arte. Y para ser un artista, se necesita de un buen espíritu. Cuando las condiciones terrenales atentan contra el espíritu de los equipos, es donde debe nacer otro tipo de arte: el de la voluntad, el esfuerzo y la improvisación. Uno dirá que los espectadores pagan una entrada para ver a la belleza más pura en todo su esplendor: esa belleza es, en efecto, un partido en condiciones normales, donde la pelota ruede de forma normal, y los equipos no pierdan su esencia, para así poder desarrollar todo lo bello que tengan a disposición. Pero como esto no fue posible debido a los chaparrones que inundaron la cancha de Lanús, hubo que hacer foco en el arte que aparece como desprendimiento y desecho del verdadero, que se vio imposibilitado de realizarse. Para muchos equipos el arte de trabar con la cabeza es su faceta original, pero ese no es el caso de Lanús y Boca, equipos que se destacan por el pase corto y el campo de juego en buenas condiciones es indispensable (en realidad, para todos los equipos del mundo debería serlo, ya que en algún momento todos necesitan darle un pase a un compañero). 
 Como se dijo anteriormente, la salida desde el fondo quedaba descartada: siempre estaba el riesgo latente de que un pase bien dado quede corto, y en el intento por superar al campo de juego Magallán quiso jugar con Rossi y le terminó dando un paquete explosivo: en el anhelo por que no quede el balón a medio camino, realizó un pase con más fuerza que dificultó el dominio del arquero, lo que era igual de peligroso. En estas situaciones, no complicarse y tirar la pelota detrás de la línea del lateral era válido. El juego sincronizado y comunal se vio imposibilitado debido a la misma problemática: lo más valioso del fútbol es conectarse entre compañeros, y muchas veces eso no era posible. Ante tales circunstancias, las oleadas de buen fútbol dejaron de ser tal para transformarse en corazonadas, por lo que ambos conjuntos fueron siempre muy anunciados y las defensas estuvieron cerradas, tornando un encuentro chato, típico 0-0 sin emociones, donde si por alguna eventualidad se generaba una situación de peligro, tal vez esa sería la única. 
 Al no poder implementar el pase raso como siempre lo hace, Boca recurrió al buen pie de Gago para lanzar pases bombeados hacia Pavón, para encontrar la chance de que se abra un espacio a través de su velocidad. Luego se intentó con jugadores electrizantes, como Nández y Benítez, ya que el partido daba más para alguien que se lleve al mundo por delante y no para ejecutar el verdadero arte de parar la pelota y pensar, como suele hacerlo Cardona. 
 Con mucho afán y deseo, sobre el final Lanús pudo rebasar el obstáculo natural y generó asociaciones, donde tocando hacia al centro y moviéndose para recibir el pase a la carrera como hace siempre, demostró querer ganar el partido a su manera por sobre todas las cosas. 
 Pero cuando no hay aciertos, los errores son los que marcan la diferencia, aunque siempre son forzados por algunos aciertos: Jara fue hasta el fondo mentalizado en que los tres puntos eran posibles, se animó a centrar de zurda y Benedetto hizo su trabajo, pero para eso hubo un yerro total de Herrera, fallando en el cálculo para rechazar de cabeza. 
 Es un triunfazo de Boca porque aunque parecía que era un empate clavado y las condiciones no estaban dadas para desarrollarse normalmente, lo sacó adelante como pudo. Este es un síntoma de que este equipo tiene algo más que buen fútbol. 

jueves, 7 de septiembre de 2017

NO SE PUEDEN FORMULAR RESPUESTAS EN TAN POCO TIEMPO

 Esta doble fecha de eliminatorias que dejó a la Argentina con el sabor amargo de dos empates que lo obligan a usar la calculadora demuestra que por más de que se tenga tanta variedad, el fútbol no es tan sencillo, y el que pensó que cambiando de técnico y borrando a Higuaín iban a llegar los resultados, se equivocó.
 Hay que destacar la valentía de Sampaoli: asumió en un equipo con muy poco margen de error, con pocos partidos para que finalicen las eliminatorias, con poco tiempo para trabajar, y aún así impuso sus gustos y metodología que lo identifican. Si se trae un DT como Sampaoli, es por su labor realizado en la Universidad de Chile, selección de Chile y Sevilla, y se espera que haga algo similar con la selección argentina. Su coraje para querer reinventar sobre la marcha al seleccionado vale mucho. Pero no tener un proyecto futbolístico, cambiar tanto de entrenador y hasta de futbolistas no es gratis. Puede comprobarse con un simple ejercicio: pregúntense a ustedes mismos cuál es su proyecto de vida, que planes tienen para el futuro, con qué herramientas cuentan, y finalicen consultándose de qué manera piensan conseguirlo todo. No es una respuesta sencilla, capaz de contestar en dos minutos. Hasta tal vez nunca se sepa la respuesta, aparezcan sorpresas, cambiemos de ideales. Y cuando surge un problema, hay que plantearse como solucionarlo, buscar salidas ante los imprevistos, observar qué inconvenientes puede haber con una idea a llevar a cabo. Y con un equipo de fútbol ocurre algo similar: la propuesta de Sampaoli es ambiciosa, pero no se concreta de un día para el otro, sino que las preguntas se deben ir respondiendo con los entrenamientos, minutos y partidos: ¿es beneficioso jugar sin laterales?, ¿se puede cumplir el objetivo de mantener la pelota todo el partido, con el riesgo de perderla y quedar expuestos?, ¿es el momento de Icardi y Dybala, y se terminaron las oportunidades para Higuaín y Agüero?, ¿hay defensores que tengan la destreza para jugar siempre por abajo y que sean una solución si los volantes externos tienen más ida que vuelta? Y así podrían seguirse formulando preguntas, cuyas respuestas no se elaboran en una semana.
 Pero dadas como están las cosas, con una AFA que peca de desconfianza y un equipo prácticamente nuevo que juega con toda la presión de las formaciones anteriores, nos estamos jugando la vida por participar en Rusia 2018.
 Hubo pasajes superficiales de lo que pretende el entrenador: un juego de posesión con muchos jugadores en posición de ataque y siempre priorizando el pase rasante y corto. El problema ante Uruguay fue que el rival, amontonando futbolistas en el centro detrás de la mitad de la cancha, bloqueó completamente a Dybala, obligó a abrir la cancha, donde por un lado se encontraba Acuña, muy incómodo, y por el otro lado Di María, que no supe resolver bien en un solo centro. No es la culpa únicamente de ambos, ya que el equipo no supo generar variantes para que Di María, por ejemplo, este más acompañado o mejor posicionado para resolver mejor (podría decirse, por ejemplo, que Biglia y Pizarro se dedicaron a distribuir la pelota, y no rompieron el esquema apareciendo por sorpresa para quebrar líneas rivales). Solo Messi, en actos de inspiración, talento y rebeldía, supo inventar un pase para Di María como los que le suele dar a Jordi Alba en el Barcelona, o varias gambetas que terminaron con una pared con Dybala y un tiro al arco. Entonces, no hubo variantes porque faltó movilidad para recibir mejor, los stoppers no avanzaron con la pelota para atraer marcas sino que cayeron en la trampa de tener la superioridad numérica para manejar el balón cómodamente en el propio terreno, para luego no tener opciones en campo contrario, consumado al hecho de que cuando Uruguay presionó en la salida de Argentina, los albicelestes se complicaron de forma superflua.
 Ante Venezuela el escenario aparentó ser diferente: con Mascherano como stopper derecho, es decir, un volante jugando como defensor (el atributo de ser mediocampista otorgó seguridad al integrarse al circuito de la tenencia), se tomó el riesgo de avanzar con la pelota y así poder encontrar más a los atacantes, y lo mismo en el caso de Otamendi. No se tuvo efectividad en las oportunidades que se nos presentaron, y en el segundo tiempo fue un caos total, la mitad de la cancha era un callejón, Mascherano y Otamendi comenzaron a sufrir sus espaldas, y el nerviosismo propio envalentonó las aspiraciones rivales.
 Un equipo no se forma en dos partidos, y la clasificación corre riesgo porque además de que debe haber una adaptación acelerada, el vínculo de los futbolistas con la gente se compromete al ver la imagen de Argentina moviendo la pelota de un lado a otro mientras se empataba con Uruguay y el partido se moría, y las llamativas impresiciones a la hora de ir a buscar la victoria frente a Venezuela. Pero pase lo que pase, en el mejor de los casos se irá al Mundial y puede que allí nazca un equipo que haga historia o se caiga en un intento más por que Messi levante una copa con su país; y en el peor de los casos nos quedaremos afuera, luego de cometer tantos errores organizativos en lo institucional. En el último caso, servirá de lección, y si llegase a ocurrir, esperemos por el bien del fútbol argentino que se haga lo posible por mantener a este cuerpo técnico, y si no es posible, sostener una continuidad, o sino se volverá a caer en el mismo círculo vicioso que nos llevó a esta situación.

lunes, 28 de agosto de 2017

BOCA 3 OLIMPO 0: EL SILENCIO QUE HIZO MUCHO RUIDO

 Hay que decir que el término "Súper" es una palabra que tiene como función agigantar a otra, y que al haber una única liga, el nombre de Superliga tiene un significado puramente marketinero. Pero teniendo en cuenta la cantidad de goles y encuentros entretenidos que supieron entregar varios equipos, hace que el prefijo se sitúe bien. Y un elemento clave para el producto de Fox y Turner que, por cuestiones de negocios, habrá que abonar aparte a pesar de que ya se esté contratando a una empresa televisiva, es el protagonismo de Boca y River, cuyas alineaciones a veces parecen dar la sensación de transformar las chances de todos en una hegemonía compartida entre los rivales de toda la vida para quedarse con el título. En este deporte, el poderío económico suele hacer la diferencia, pero si no se acompaña de un proceso de adaptación de parte de los jugadores hacia la idea del entrenador, el proceso puede no terminar hasta conseguir un título que le saque mucho peso a la camiseta. Boca ese proceso ya lo vivió, lo culminó saliendo campeón y ahora juega de memoria, mantiene a sus figuras y los que llegan solo se tienen que vestir y jugar.
 Boca parece que cuando juega se divierte, tiene variantes permanentemente y los rivales se resignan a no perder con baile incluido. Olimpo fue un conjunto vagabundo, que arrancó el partido de forma enérgica tratando de sacar provecho por la espalda de los laterales. Pueden contabilizarse un intento de llegada que resolvió Magallán luego de un bochazo hacia el sector de Fabra, y un desentendido de Goltz que abrió una apertura por el sector derecho que terminó con un tiro al primer palo y a las manos de Rossi. Luego los de Bahía no encontraron la pelota, y eso se debe a que no encontraron la forma de tomar las marcas, para así neutralizar la posesión de Boca y atacarlo como pueda. Cuando ya no había nada que perder y adelantó sus líneas, lo hizo sin sustento y con pocos pases Boca lo aniquiló de contra. Cuando hay una formación bien parada y con las cosas claras y del otro lado pasa todo lo contrario, las evidencias en el marcador son más que suficientes.
 Boca es un equipo que juega realmente bien porque el concepto de equipo está muy arraigado: Fabra no pasaría al ataque con tanta tranquilidad si no tuviera un Magallán que cuando sale lejos se muestra firme; Gago y Pablo Pérez no se moverían tan libremente si Barrios no estaría detrás de ellos; Benedetto no haría los goles que hace si el equipo no lo asistiría, y además es una relación recíproca, ya que Benedetto también juega para sus compañeros.
 Que la camiseta de Boca pesa 100 kilos no es un mito: lo experimentaron muchos profesionales. Pero cuando la gente asiste al estadio con confianza, sabiendo que además de ímpetu va a haber un fútbol total que pagarían por ver hasta los neutrales, el jugador también está confiado, los nervios desaparecen, y pueden desarrollar sus habilidades al máximo. Eso se debe al campeonato obtenido, que además acomodó todas las piezas que hoy parecen armar una fortaleza impenetrable. Con un Gago confiado, Boca tiene un volante mixto que mete pelotazos que en realidad son pases, y hasta parece que la salida de Centurión y la llegada de Cardona perfeccionó el ideal: se restó vértigo y se sumó pausa, manteniendo calidad y dándole a la alineación un elemento que le hacía falta. Pavón hoy en día es otro jugador, mucho más perfeccionado: a ese jugador potente y veloz que era inhibido por los nervios y tendía a encerrarse en sus propias jugadas, pasó a ser un extremo derecho que le agrega inteligencia a su dinamismo: no cualquiera puede pensar en velocidad, correr y ser preciso como lo fue en los dos primeros tantos.
 Si Olimpo fue incapaz de saber a que jugar, es decir, a entender como recuperar la pelota para luego pensar de qué forma conseguir aunque sea un empate, fue porque la rotación de Boca a la hora de circular el balón fue resplandeciente: los futbolistas se mueven con la pelota, teniendo siempre más de una variante para crear huecos: si Benedetto o Pavón están tapados, Cardona se cierra como un enlace, Pablo Pérez entra por sorpresa, los laterales siempre son opción por cualquiera de las bandas.
 El equipo de los mellizos ya se sacó el peso de encima, juega liberado, cómodo, hasta como quiere. Y hay silencios que dicen mucho: aunque Tévez sea un ídolo e indiscutido, hoy Boca no lo necesita, tiene cada puesto y su funcionamiento en general a pleno. Si viene para la Libertadores 2018, tiene que ser a sumar y debe estar al 100%, porque con estos nombres y rendimientos, no tendría el lugar asegurado. El mensaje se explica por sí solo: la gente no está necesitando ver a un ídolo para sentirse feliz los domingos.

martes, 15 de agosto de 2017

BOCA 5 GIMNASIA Y TIRO 0: LA MEJOR EXPRESION DE LO QUE ES EL FUTBOL

 Cuando un equipo es campeón, muchos de sus jugadores clave empiezan a ser sondeados a causa de sus buenas actuaciones, y en un continente como el latino-americano, retenerlos es una tarea difícil de concretar, y en poco tiempo los equipos consagrados no son más que algo que queda de ellos. Desde lo dirigencial, Boca hizo el impecable trabajo de obtener ganancias y no desarmar la columna de este plantel. Blindó a Benedetto y a Pavón, perdió a Centurión pero ganó a Cardona, lo mismo con Tobio y Goltz. Sin tener ninguna baja, vendió a Chávez por tres millones de dólares (no es una baja porque el ex Banfield llegó y se fue, sin ser nunca parte de la estructura de Guillermo).
 Los futbolistas que ya son parte hace tiempo deben seguir haciendo lo suyo, y acoplar a los nuevos para que se adapten lo más rápido posible. Cuando se habla el mismo idioma, no se necesita de mucho tiempo para entenderse. Es por eso que Cardona se sintió sumamente cómodo en su debut, y aunque ya tenía el partido servido en bandeja, Espinoza también ingresó en el segundo tiempo en sintonía con el resto.
 Con todo respeto hacia Gimnasio y Tiro de Salta, que aunque no haya parecido a simple vista debido al alto predominio de Boca habrá dejado todo para jugarse el partido de su vida, puede decirse que en este encuentro se vislumbró lo que significa una superioridad tiránica en un partido de fútbol, que dicho en pocas palabras sería que el xeneize hizo lo que quiso. Lo técnico y lo físico se hizo notar en las diferencias entre un equipo y otro. A puro toque, desligando a ambos laterales de su tarea defensiva, soltando a Pablo Pérez cerca del área como nunca antes, se vio una de las mejores versiones del Boca que quiere Guillermo, donde en todo momento estuvo todo bajo control, y siempre fue cuestión de esperar a que algún Gago o Cardona vea el hueco para filtrar un pase o jugarse a la individual de parte de Pavón para que la jugada finalice con un moño.
 Las conexiones del campeón a la hora de atacar resultaron excelentes: Pavón, a pura velocidad para ganarle la espalda a los rivales y con una impecable resolución en los espacios que eran reducidos se complementó muy bien con Cardona, que como ya era de esperar, ocupa la posición de extremo izquierdo pero su función es la que marca su naturaleza: ser el que determina los tiempos, el que frena la pelota y lo espera a Fabra a que pase por su costado izquierdo, el que tiende a cerrarse para establecer un perímetro de posesión de pelota de carácter destructivo.
 Y aunque suene repetitivo, se debe destacar la permanencia de Benedetto, con acciones que justifican su posible convocatoria a la selección argentina: tiene buen olfato para el gol, pero también mucho más que eso: Benedetto es, además, un nexo entre los volantes y los extremos, donde se hace notable su calidad técnica para jugar de primera y su lectura del juego.
 La única mancha de la noche fue la pelota que saca Rossi del ángulo ante un rebote en Magallán: fue puro mérito del centro-delantero del elenco de Salta, que aguantando la pelota entre Jara y Goltz, evadió la doble marca para escaparse por izquierda y tirar ese centro venenoso. Pero esa mancha fue limpiada, dejando el estante reluciente, ya que a Rossi le sirvió para convalidar su apropiación de los tres palos para resolver ante la única complicada de los 90 minutos.
 Este partido fue importante para los mellizos y Boca porque es el arranque del semestre, el primer avance en la Copa Argentina y el envión anímico para lo que viene para saber que si se juega como la gente, Gago puede enviar balones largos tan precisos como dios manda. El fútbol, entre otras cosas, es saber resolver lo mejor posible en muy poco tiempo, y una vez que eso se logra, lo explosivo de cada movimiento atrae la belleza del juego y el atractivo en el expectador. Boca sabe como hacerlo.