lunes, 29 de junio de 2020

CUENTO: LOS PENSAMIENTOS DE ESTANISLAO

Es una tarde lluviosa en la Ciudad de Buenos Aires, es miércoles por la tarde y esta da para quedarse en casa. Estanislao se encuentra llorando en su cama. Los sollozos agrietan corazones con solo escucharlos. Ese llanto rompe almas va acompañado de la misma frase una y otra vez: “¿Por qué, por qué tiene que pasarme esto? ¡Muéranse, hijos de puta, muéranse!” El hecho de pensar en forma repetitiva cómo lo habían maltratado en el colegio angustiaba cada vez más a Estanislao, que se esforzaba por ocupar su mente en otra cosa, pero no lo lograba.
 Sus padres venían de un duro día de trabajo; Estanislao no iba a preocuparlos contándoles lo mucho que odiaba ir a la escuela y a sus compañeros. Luego de comer con poco apetito y acostarse en la cama, Estanislao se encontraba a solas con la almohada, sin poder conciliar el sueño, preocupado por tener que lidiar mañana con el mismo calvario. No pudo dormir en toda la noche, lleno de bronca y odio pensando en la muerte de alguno de aquellos que le causaban tanto daño. Sabía que el odio lo envolvía como a aquellos seres que despreciaba, pero sus emociones lo tomaron por completo. Una hora antes de que sonara el despertador pudo dormir. Eran 60 minutos escasos en todo el descanso nocturno, pero era mejor antes que ir al colegio sin haber dormido completamente nada.
 En el camino a la escuela Estanislao se entusiasmaba con la fantasía de que Dios le conceda su deseo: que aquel compañero que era el líder negativo del grupo y que lo molestaba haya muerto en algún accidente. Pero sabía muy bien que por imaginarlo el hecho no iba a ocurrir, así como así.
 Al entrar al aula era pura desolación. Estanislao se preguntaba a qué se debía tal escenario. Los mejores amigos de aquel grupo de brabucones lloraban por su amigo: José María, el que se dedicaba a humillar a Estanislao, había fallecido esa misma mañana luego de, a través de esa personalidad tan prepotente, cruzar un semáforo en rojo camino a la escuela. La velocidad de un auto no tuvo piedad.
 Estanislao disimuló preocupación, pero estaba feliz en el fondo. Aquellos que se reían de las estupideces que le hacían ahora estaban tan angustiados como él por la pérdida de su líder.
 Luego de un par de meses las cosas se estabilizaron. José María ya no estaba, pero sus amigos debían tomar la posta del bullyng. Ahora Ricardo y Juan Manuel eran los líderes de un grupo de muchos desalmados por sus acciones, y otros que lo eran por mirar para otro lado. Estanislao volvió a llorar aquella tarde en su casa como lo había hecho hace dos meses antes de la muerte de José María. Había sido muy ingenuo pensando que la pérdida de uno implicaría el fin de su padecimiento.
 Estanislao se vio envuelto de rabia una vez más, e increíblemente, al llegar al aula al día siguiente vio el mismo escenario. Se enteró en el recreo de que Ricardo había sido asesinado la noche anterior en un asalto en su casa, y que Juan Manuel se había suicidado luego de ver a su padre maltratando a su madre. Estanislao ahora no sentía ni tristeza ni felicidad; se sentía sorprendido. Llegó a sospechar que su dicha podía llegar a tener algo que ver con las muertes: era mucha casualidad. Las veces que había sentido tanta bronca por determinadas personas, estas habían muerto a la brevedad. Estanislao no era muy creyente, pero ahora estaba empezando a creer que una mano divina estaba detrás de todo esto.
 Justo ese día un profesor de matemática lo había reprobado en un examen por una causa que Estanislao consideraba injusta. Pensó en la muerte del profesor, en gozar de verlo morir en ese mismo instante delante de sus ojos.
 En el momento en que el docente se encontraba delante del curso explicando un tema en el pizarrón, cayó tumbado en el suelo. Había muerto de un paro cardíaco. Estanislao ahora sí lo creía: sobre sus pensamientos recaía un poder divino de elegir el destino de los demás. Ahora ya nadie podía meterse con él, nadie podía molestarlo.
 Lo primero que hizo una vez enterado de su poder fue pensar en la muerte de su psicoanalista: Estanislao ya no soportaba más a aquel soberbio que muchas veces se consideraba un ser superior a sus pacientes, y que quería convencer a Estanislao de que la culpa de lo que le pasaba era suya. El padre de Estanislao le comunicó esa misma noche que su psicólogo había fallecido por una enfermedad cerebro-vascular.
 Estanislao de repente sabía que era el ser más poderoso del mundo. Pero nadie debía enterarse.
 De todas formas, no había forma de que alguien se entere: Estanislao no debía mover un solo músculo, ya que, con solo imaginarlo, la muerte del otro era inminente.
 Pasados varios años de las primeras muertes causadas por el poder de Estanislao, este había provocado la muerte de todo aquel que lo estorbara, con el único objetivo de ser feliz: había muerto ya más de la mitad del colegio, de su curso y de otros años; muchos familiares molestos también; y no faltaban los decesos de muchos compañeros del club donde hacía diversos deportes.
 El problema de no parar de pensar en las imágenes que le hacían mal siempre fue un problema para Estanislao, pero ahora era una solución: todas las imágenes de bronca con quienes se ensañaba les provocaba la muerte.
 A los 30 años Estanislao se encontró solo, sin nadie a su alrededor. Ya nadie podía molestarlo. Pero tampoco fue feliz. Sus pensamientos nunca dejaron de ser un problema.

miércoles, 10 de junio de 2020

LA DEMOCRACIA PERDIDA EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Una familia perteneciente a una comunidad es maltratada y abusada por las fuerzas policiales, mientras el gobernador del distrito ordena cercar el barrio prohibiendo la salida y entrada de sus habitantes al buen estilo de un "gueto". Parece una historia de discriminación y maltratos hacia las minorías étnicas del siglo XX. Sin embargo, dichos acontecimientos ocurren contra la comunidad Qom en la provincia de Chaco, en pleno 2020.
 Un campesino sale de su humilde casa, pero nunca mas vuelve: es encontrado muerto en un monte, luego de haber sido asesinado por las fuerzas policiales. Esto ocurrió en la provincia de Tucumán. Una víctima del cruento autoritarismo de la violencia represiva. Pero no es un hecho ocurrido en el marco de la guerra de guerrillas de los 70', donde el foquismo implantaba células guerrilleras cuya batalla era redimida en zonas rurales: aquel fatídico destino le ocurrió a un tucumano que nada tiene que ver con acciones de sedición y terrorismo, y el hecho tiene lugar en el mismo contexto que el anterior, en el año 2020 en medio de un gobierno que fue elegido a través del voto democrático.
 En Santiago del Estero y San Luis, personas detenidas largas horas por las fuerzas policiales denuncian maltratos y torturas físicas y psicológicas. No se trata de la Triple A ni de secuestros ordenados por los cuadros de las fuerzas armadas acoplados en el trono de una dictadura sanguinaria. Las torturas ocurren a través de las policías provinciales dependientes de la gobernación de aquellas provincias. La primera de ellas gobernada por un matrimonio (turnándose entre marido y mujer al frente de la gobernación desde el 2005); la segunda gobernada por otra familia, solo que el vínculo dinástico no es entre un matrimonio sino entre hermanos, que manejan San Luis desde la vuelta de la democracia en 1983.
 En el 2018 una nena de siete años debe dar un discurso político: el guión que le hacen decir dice "... En Formosa estoy tranquila, aquí está mi capitán...". Sin hacer mención a la provincia, parece un relato de adoctrinamiento infantil en la Italia de Mussolini o en la Alemania nazi, pero el "capitán" es el peronista que gobierna Formosa desde 1995, el mismo que fue cobijado por el presidente de la Nación hace pocos días en un acto público.
 Todos los hechos tienen que ver con provincias gobernadas por el mismo signo político, con provincias sumidas en la pobreza, el clientelismo político, la corrupción y la falta de empleo privado y genuino. En medio de una pandemia cuyos números son muy pequeños comparados a la hecatombe económica que ocurre en la Argentina (apenas mas de 700 muertes en un país con más de 44 millones de habitantes, en contraste con una caída de la economía que se estima que será igual o peor que en el 2001), un Estado omnipresente controla los horarios en los que la gente puede salir; dispone qué actividades se pueden o no realizar; le quita el derecho al trabajo, a la educación y a la libre circulación a sus habitantes; y sin darnos cuenta, la democracia se escurre como agua entre los dedos a través prácticas autoritarias que no tienen a los grupos de presión que hacen negocios con el lema de los derechos humanos alzando la voz contra dichos abusos, como sí ocurrió en un caso inventado y totalmente parcializado como el de Santiago Maldonado. ¿Quién ayuda a la familia del campesino tucumano asesinado y tirado por un barranco en Catamarca?¿Quién reclama por los derechos de la comunidad Qom?¿Es más doloroso y preocupante un virus cuya persona infectada tiene mas oportunidades de recuperarse que de morir que un chico Qom muerto de hambre, sin acceso a condiciones de higiene y de alimentación básicas? 
 Los gobernantes que construyen relatos demagógicos (el término demagógico entendido como un "gobierno de los pobres", en términos de Aristóteles) necesitan de que el relato contemple a un enemigo que atenta contra el bienestar del pueblo para justificar que las acciones gubernamentales son por el bien de ese "pueblo". Ese enemigo en la Argentina fue mucho tiempo el campo, los medios de comunicación, los grandes capitales, el neoliberalismo. Hoy en día el enemigo favorito del kirchnerismo es el coronavirus. El gobierno nos quita las libertades para "cuidarnos"; si no hacemos caso a las restricciones corre "peligro" nuestra vida; es mejor ser mas pobres y no "morirnos"; y de forma silenciosa, en un contexto ficticio construido por un relato que nos amenaza con la muerte en caso de la no obediencia, tienen lugar los abusos: abusos policiales; casos de sobreprecios; violación de la libertad de expresión (cíber-espionaje) y de la propiedad. 
 En cuanto a la violación de la propiedad, nos encontramos con otra enseñanza aristotélica, que tiene que ver con lo que es un gobierno: para el filósofo de la Antigua Grecia un Estado es la asociación de distintos componentes de la sociedad con el fin de lograr un objetivo máximo, y el gobierno debe ser el gobierno de las leyes y no de los hombres, porque un líder que no respeta la Constitución termina por corromper y deformar la forma y el fin del Estado. 
 El artículo 17 de nuestra Constitución dice: "La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. (...)". La maniobra del gobierno para quedarse con Vicentín interviniendo la empresa pasando por encima al juez que estaba a cargo de homologar el concurso, para su posterior expropiación, es parte de la concentración de poder que se viene dando con la excusa de la pandemia, al igual que la empresa cordobesa de respiradores que fue intervenida en el comienzo de la cuarentena, sumado al intento de intervención de las clínicas privadas.
 ¿Cual puede ser la utilidad pública de dicha expropiación, cuando el Estado argentino manejado por la misma elite política ha demostrado ser totalmente ineficiente en la administración de otras empresas públicas? Un Estado que no puede pagar la deuda con sus acreedores no está en condiciones de hacerse cargo de la deuda contraída por una empresa del mundo privado, donde la indemnización, la deuda y la consecuente ineficiencia que implica que el Estado maneje una empresa terminan siendo pagadas por todos los contribuyentes. 
 La filosofía de la Antigua Grecia nos deja enseñanzas que parecieran contadas en los tiempos de hoy: para Aristóteles un Estado debe integrarse por elementos distintos, donde la virtud de cada uno lleve a una virtud general, con cada uno cumpliendo su función, porque un Estado compuesto por partes iguales tiende a desaparecer. El Estado debería dejar que la actividad privada produzca, sin adueñarse de sus activos, dando lugar a la virtud de los actores privados. Sin estatizar Vicentín, el Estado ya intentaba controlar el mercado agro-exportador a través de altas retenciones y condiciones restrictivas para liquidar divisas, con un tipo de cambio desfavorable para el campo. Que el gobierno se adueñe del mercado y de las libertades sin respetar la Constitución nos lleva a un Estado que se destruye para dar lugar a otro: un Estado que ya no es gobernado por las leyes sino por la voluntad de un hombre; un Estado uniforme integrado por un único elemento: el pensamiento único y voluntad del líder, donde toda propiedad pasa a formar parte de su posesión. Los ejemplos asoman dentro de la misma región: el chavismo se apoderó de Venezuela y hoy dicho país no puede producir ni su propio petróleo, cuando era uno de los países mas ricos del mundo en materia petrolera.
 Bajo el contexto de la pandemia, el Estado no se ocupa de garantizar condiciones de seguridad jurídica, no caer en la cesación de pagos y ocuparse de arreglar rutas, escuelas y hospitales: el Estado cumple funciones que no son las suyas jugando al empresario, metiéndose en la privacidad y libertad de los argentinos en medio de una economía en caída libre. "Kirchnerizar" el mercado de granos podría ser apenas el comienzo de una ola estatizadora.
 Encerrados en nuestras casas, en medio de feudos provinciales, expropiaciones, pérdida de libertades, la democracia se pierde en tiempos de una pandemia que resulta ser una gran oportunidad para los que quieren delegar atribuciones del resto de los poderes en el poder ejecutivo. Llamar una democracia a tal concentración de poder sería faltarle el respeto a los países realmente liberales.

sábado, 30 de mayo de 2020

QUE EL BARBIJO NO TAPE LOS OJOS

Hace más de dos meses el presidente Alberto Fernández ratificaría el cambio de rumbo que tomaría nuestras vidas a raíz de la pandemia del Covid-19: se estableció la cuarentena obligatoria y ya nada sería igual. Las restricciones obligatorias de tal medida impactaron no solo en la reducción de los contagios sino en múltiples hábitos de la vida. Incluso cuando esté disponible una vacuna, lo más seguro es que el mundo en el que vivíamos ya no sea el mismo, instaurándose mayores cuidados, suprimiendo ciertas costumbres, adecuando nuevos hábitos preventivos. Entre ese mundo pre-pandemia y post-pandemia nos encontramos actualmente, donde restringimos casi de forma total la normalidad pre-existente y la re-adaptamos a lo que será el futuro una vez superada la pandemia. Muchos países en todo el mundo abren de a poco la cuarentena, poniendo fechas del retorno a las clases, abriendo comercios con distanciamiento social, regresando las principales ligas de fútbol (aunque sin público). Estamos ante un mundo que le da prioridad al peligro del coronavirus junto a la salud toda, sin despreciar los asuntos económicos (se espera una caída del PBI mundial superior a la de la crisis del 2008) y psico-sociales. Es decir, en el mundo se está tratando de "adaptar" la vida a la nueva normalidad: esto es, volver a la actividad con los cuidados necesarios.
 Mientras tanto, en la Argentina no parece haber horizontes de una salida de la cuarentena. Fernández afirmó en su última conferencia de prensa que la cuarentena va a "durar lo que tenga que durar". No hay por el momento una estrategia para re-adaptar la normalidad, crear una nueva vida con nuevos hábitos y cuidados. En el gobierno nacional, apoyado por Rodríguez Larreta desde el Gobierno de la Ciudad, se avistan cómodos dentro del confinamiento obligatorio y no están dispuestos a tomar riesgos a pesar de ciertas flexibilizaciones. El principal problema radica en que en este paréntesis de la historia en que nos encontramos (entre el mundo antes de la pandemia y cuando se consiga una vacuna) los principales dirigentes políticos argentinos se refugian en privar a la ciudadanía de sus libertades en función del coronavirus, sin contemplar otros problemas igual de trascendentes.
 Sin duda la apertura total que ignora al virus ha sido defectuosa no solo por el colapso del sistema sanitario (como fue en los casos de Italia, España y Estados Unidos) sino también que la economía no salió ilesa: tanto Estados Unidos como Brasil, cuyos mandatarios son los mas reacios a limitar la actividad económica, han sufrida una caída importante de esta. 
 La polaridad tan característica de la "grieta" que ha estado presente a lo largo de toda la historia argentina con sus diferentes matices, se manifiesta ahora en la voz del kirchnerismo con los siguientes polos: los que están a favor de la vida, respaldando las medidas oficialistas; y los que están a favor de la muerte, identificados con los miles de muertos de los países mas afectados. La palabra como constructora de fenómenos sociales hace una vez mas del discurso una herramienta de poder para justificar políticas que afectan las libertades mientras políticos oficialistas y opositores se enamoran de las encuestas con el objetivo de cumplir con sus pretensiones políticas. En la columna escrita el 24 de marzo (https://tomiblogracki.blogspot.com/2020/03/el-deber-de-la-humanidad-frente-la.html) se ha enfatizado por este medio en la importancia de ser responsable y no comprometer la salud del prójimo, limitando la libertad en el caso de que sea necesario para preservar la propiedad mas importante, que es la vida. Sin embargo, estar a favor de la salud no implica el extremo de atarse a la cuarentena de forma indeterminada y sin contemplar otras alternativas que busquen puntos intermedios para equilibrar todos los asuntos que deben ponerse en la balanza.
 Decir que el que está en contra de la cuarentena está a favor de la muerte (como ha expuesto Máximo Kirchner en su discurso en el congreso) es un reduccionismo carente de lógica al igual que decir que todo el que está a favor de la cuarentena está a favor de la vida, como si se tratara de una cuestión antagónica y totalmente polarizada: tener solamente en cuenta las variables de la circulación de personas y el coronavirus lleva a una relación causal muy fácil de comprender: a menor circulación de personas, habrá menor riesgo de contagio, y por lo tanto menos muertes. El problema que tiene la ciencia cuando se utiliza la cláusula ceteris paribus, es decir, cuando se tienen en cuenta solo dos variables presumiendo que el resto de las variables permanecen constantes, es precisamente que hay otras variables que no se están teniendo en cuenta. Mientras se intenta nuclear toda la salud en torno al coronavirus, como si fuese hoy en día la única enfermedad existente y la mas mortal, cuando los números demuestran que tiene una baja mortalidad y esta aumenta estadísticamente en personas mayores y con enfermedades preexistentes, hay otras preocupaciones que se están dejando de lado: el confinamiento ha producido una reducción considerable de las consultas médicas vinculadas a muchas otras patologías; han caído las donaciones de sangre; y el dengue es otra malaria que sigue propagándose. Por otro lado está la salud mental, que también forma parte de la salud, y se está viendo comprometida en mucha gente que padece el encierro y sufre sus consecuencias económicas. Por otra parte, las medidas que está tomando el gobierno nacional con el objetivo de "cuidar" a los argentinos, como lo ha manifestado de forma tajante el presidente ante la incomodidad de la pregunta de una periodista acerca de la angustia de la gente, tienen un sesgo cortoplacista que a futuro no van a hacer otra cosa que comprometer la salud de la población: los gobiernos populistas suelen incurrir en medidas de corto plazo a través de una intervención del estado que por el momento le generan beneficios a los ciudadanos (como la inmensa cantidad de subsidios que se solventan con la emisión monetaria), pero a futuro pueden provocar males peores a los presentes: el peligro de terminar en una hiperinflación generaría más hambre y muertes provocadas por la desnutrición y la violencia. Además, detrás de este estado que aparenta ser responsable con la salud se esconde una irresponsabilidad letal al afirmar, en palabras del propio Alberto Fernández, que no le importa un aumento de la pobreza: uno de los indicadores donde se manifiesta la pobreza es el acceso a la salud, y una mayor pobreza implica no solo consecuencia psicológicas difíciles de llevar, sino también un acceso a la salud totalmente precario y donde los hospitales públicos no garantizan una atención gratificante para aquel que ya no tenga capacidad de abonar una medicina privada.
 Además de aspectos vinculados a la salud y a la economía (donde claramente ambos aspectos no representan una dicotomía sino que se encuentran vinculados), se encuentran temas injustamente postergados e importantes: la educación no parece estar en la órbita del gobierno para un pronto regreso; mientras que la cultura, con cines y teatros cerrados, no tienen alternativas a la vista para volver a funcionar. ¿Hasta cuando seguirá todo cerrado por el miedo al contagio, y no se buscarán alternativas creativas para diagramar el mundo que se viene, realizando las actividades con los cuidados necesarios? Programas de entretenimiento que no son una actividad indispensable, como el programa que conduce Marcelo Tinelli, tienen todo listo para volver. Es inentendible que actividades realmente importantes como la educación y toda actividad económica que necesita trabajar y producir para subsistir se estén postergando al ritmo eterno de la cuarentena. 
 En el manifiesto realizado por la Fundación Internacional para la Libertad, se habla de la oportunidad de algunos gobiernos para "arrojarse un poder excesivo" en medio de la pandemia. El kirchnerismo parece encontrarse cómodo en la cuarentena, donde ante tal situación de excepción, Cristina avanza ocupando casilleros en materia judicial: luego de la liberación de presos y de la renuncia de la Oficina Anticorrupción a la querella de las causas mas sensibles de CFK, suenan cada vez mas fuerte la todavía desconocida reforma judicial, una modificación en los miembros de la Corte Suprema y el impulso de colocar a Daniel Rafecas como jefe de los fiscales. Mientras muchos derechos y garantías como el trabajo y la libertad de circulación se encuentran suspendidos en nombre de la salud, la justicia sigue sin funcionar y el congreso lo hace a medias, por medio de cesiones virtuales que no tienen la misma efectividad, mientras los poderes legislativos del resto del mundo se reúnen en forma presencial con las prevenciones necesarias. Por otra parte, la corrupción es una actividad que a diferencia de muchas otras, no se detuvo: las compras con sobreprecios en el ministerio de desarrollo social y en la Ciudad de Buenos Aires son un síntoma de la falta de controles en las transacciones del estado ante la aparente necesidad de adquirir los productos más rápido dada la situación de emergencia.
 Las intenciones chavistas de quedarse con parte de las empresas que recibieron ayuda del Estado se dejaron entrever en el proyecto que impulsa la diputada Vallejos: la idea de un Estado que se queda con todo, tanto con las libertades, con nuestra información y con la propiedad aparece de forma latente.
 Mientras muchos países se van adaptando a la nueva normalidad, la Argentina, que tuvo un acierto en la precoz medida de restringir la circulación, se sigue vanagloriando por medio de las filminas de Alberto de tener menor cantidad de muertos, comparándose con países como Suecia, que aplicó una mejor política de testeos y tiene un plan para salir del confinamiento, donde además del coronavirus contempla otras cuestiones. Si es cierto que la cuarentena sirvió para preparar el sistema de salud ante un eventual aumento de casos y que ahora se sabe exactamente dónde está el virus, es hora de que esta "infectocracia" (gobierno de infectólogos) abarque también otras disciplinas y que la supresión de derechos constitucionales sea solo una medida momentánea y no una política de estado. Decir que no se puede salir por miedo al contagio es tan banal como decir que no se debe salir por miedo a que nos asalten o nos ocurra un accidente. Existen también otro tipo de temores: en el mundo millones de personas mueren al año por hambre, y el coronavirus no puede ser una excusa para justificar que tales desgracias ocurran en la Argentina. Que el barbijo nos cubra la boca para protegernos del virus, pero que no nos tape los ojos: hay cosas que la pandemia no nos está dejando ver.

martes, 19 de mayo de 2020

CUENTO: EL NUEVO MIEMBRO

Estoy en un profundo túnel negro, y veo una luz al final, creo que llegó el momento de salir.
 Al salir de aquel camino oscuro no veo otra cosa que pura luz, tanto iluminación no me deja abrir los ojos. No se donde estoy, solo se que estoy rodeado de una sustancia pegajosa y hay una lengua que no para de lamerme. No se quién es, pero puedo sentir que me lame porque tiene una conexión conmigo. ¿Tendrá que ver este individuo que me lame con el lugar oscuro donde estuve tranquilo y protegido durante meses?
 De a poco me acostumbro a mi nueva vida, aunque es algo complicado: venía de estar alimentado y tranquilo sin moverme, y ahora me debo acostumbrar a esta luz que me enceguece y tengo que articular movimientos para alimentarme con comida, aunque no puedo quejarme por lo rica que es. De a poco siento también la presencia de muchos otros individuos de un tamaño similar al mío. Somos muchos, por eso nos turnamos para beber un líquido delicioso de las tetillas de nuestra madre. Así es, comprendí que es nuestra madre porque de su cuerpo salimos todos nosotros.
 Pero no estamos solos: hay unos gigantes que nos alcanzan la comida. De a poco empiezo a comprender que antes vivía cómodamente sin moverme, pero ahora tampoco es que tenga que moverme demasiado. No comprendo porqué nos alcanzan comida de forma selectiva y no nos dan de forma interminable estos alimentos, así podríamos disfrutar de estos manjares todo el día.
 Pero algo raro está ocurriendo: a medida que pasa el tiempo tengo hermanos que desaparecen. No entiendo qué es lo que ocurre. ¿Porqué estos individuos similares a mí empiezan a desaparecer y en su lugar aparecen otros más pequeños que salen del interior de nuestra madre?¿En algún momento será mi turno de desaparecer y vendrá otro en mi lugar?
 Un día ese momento llegó: esos gigantes que se ocupaban de alimentarnos me metieron en una jaula. ¿A dónde me llevan? Llego a ver que ahora me tienen otros gigantes distintos, y veo entre los agujeros de la jaula que me permiten respirar todo un universo que nunca antes había visto: siento un deja-vu: ya me había pasado esto. Antes estuve encerrado durante meses hasta que decidí seguir una luz que había al final del camino, y vi que el mundo no era solo esa cómoda cápsula en la que me encontraba a salvo. Ahora estoy sintiendo algo similar: estoy dentro de un espacio cerrado (bastante cómodo, por cierto), pero veo un sin fin de caminos a mi alrededor. El mundo es mas grande de lo que pensé. 
 ¿Pero qué significa todo esto?¿Porqué me separaron de mi madre y mis hermanos?¿A qué mundo me están llevando ahora? Ahora solo veo otro espacio cerrado donde yo y mi jaula nos encontramos dentro. Pero no para de haber movimiento. Tanto andar me está mareando un poco. Estoy asustado, no entiendo nada.
 El viaje por fin terminó, salí de mi jaula. Pero estoy aterrorizado. Estoy en un lugar similar al que vivía antes, solo que es distinto, no es el mismo. Estoy tan asustado que me fui corriendo a esconderme debajo de una estructura que se veía bastante cómoda para dormir. Cuando pierda el miedo tal vez me recueste. 
 No sé dónde estoy, ni qué tan grande es este lugar, y ahora uno de los gigantes asoma la cabeza donde yo estoy escondido. Parece querer conectarse conmigo. No entiendo qué quiere. Yo solo tengo miedo. 
 De a poco me voy animando a salir. Si no lo hago no podría cumplir con mis necesidades fisiológicas, así que tampoco tengo mucha opción. También empiezo a acostumbrarme a este lugar. Hay muchos lugares cómodos para dormir y los gigantes hacen que me divierta con objetos circulares, objetos parecidos a otros seres pero que no están vivos. No entiendo que son, pero son divertidos. 
 Estos gigantes son muy distintos a los anteriores: no solo me dan de comer, también están muy cerca mío. Me hacen masajes en el lomo y en la barbilla, me tocan con las manos, me tocan con sus labios, me alzan, me limpian. No entiendo qué es lo que quieren. A veces solo quiero que me dejen en paz. 
 Este lugar se encuentra bastante alto, y hay un espacio al aire libre donde puedo ver todo el universo que hay fuera. Me da mucha curiosidad. El mundo parece inmenso y yo vivo en unos pocos metros cuadrados, mientras veo otros gigantes caminando fuera, aunque desde las alturas parecen muy pequeños. Los gigantes que viven conmigo me bajan cada vez que me ven subido en el caño que está al aire libre. Solo estoy observando todo este universo que hay afuera que me es inaccesible recorrer, ¿Porqué no me dejan subirme allí, acaso no quieren que me caiga o que me escape de este lugar?
 Ya pasó mucho tiempo y ni me acuerdo cómo llegué acá, de dónde vine. Solo sé que estoy muy cómodo, y siento mucho amor por estos gigantes, una conexión parecida a la que sentí en algún momento que ya no me es posible recordar. No entiendo muy bien porque vivo con gigantes y no hay otros seres parecidos a mí. Pero estos gigantes forman parte de mi vida, todo lo que hago es en torno a ellos, incluso sufro cuando ellos no están. Yo no puedo comunicarme como los gigantes lo hacen entre ellos; solo sé gritar y emitir vibraciones desde mi garganta; no tengo la inteligencia que ellos tienen, pero hay una sensación que nos conecta, como si lo que yo siento hacia ellos, ellos también lo sentirían hacia mí.
 No logro recordar cómo es que estoy viviendo acá, siento como si desde el primer momento de mi vida hubiese estado siempre en este lugar viviendo con mis queridos gigantes. Quisiera saber los motivos y si hubo otras posibilidades de que mi vida haya tomado un camino distinto a este hermoso porvenir. ¿Será que esto es lo que me deparó el destino?

viernes, 15 de mayo de 2020

ANALISIS DE POCO ORTODOXA: ESTRUCTURA O ACCION

La serie "Poco ortodoxa" de Netflix, una miniserie de cuatro episodios que narran una historia basada en un libro acerca de hechos reales, ha tenido mucho éxito y ha despertado innumerables interrogantes, tanto para la comunidad judía como para personas no judías, que se aventuraron a través de dicha historia en un mundo para muchos desconocido.
 En la serie la protagonista se escapa de la comunidad ortodoxa en la que vivía para comenzar una nueva vida, descontenta con su anterior forma de vida y enfrentando las dificultades que deben atravesar todos los chicos que abandonan las comunidades ortodoxas: manejar idiomas distintos al Yddish; conocer elementos de la cultura occidental que son muy comunes pero no lo son para ellos; adaptarse a una nueva forma de alimentarse; "desestructurarse" luego de tanto tiempo de tener hábitos totalmente automatizados (como son las oraciones y bendiciones específicas que se deben decir luego de determinadas acciones, prohibiciones, entre otras). 
 Un interrogante que emerge para muchos es si el judaísmo es lo que se ve en la serie. La realidad (el término "realidad" hace referencia a los hechos que ocurren en el aquí y ahora, lo que los hechos reales denotan) es que es solo una parte del judaísmo y no su totalidad. La otra parte que abarca otro tipo de judaísmo, aunque parezca que tiene poco que ver con los grupos ortodoxos que se muestran en la serie, también son tan judíos como la ortodoxia, aunque sus vidas a simple vista tengan poco y nada que ver con ese estilo de vida. La pregunta que de aquí resulta es: ¿Pueden ser de un mismo pueblo personas que comparten pocas costumbres o que incluso pueden llegar a disentir en su creencia y pensamiento? En estas líneas se intenta demostrar que sí, mas allá de que la gran mayoría de los personajes ortodoxos que se muestran en "Poco ortodoxa" disentirían en que alguien que no lleva su mismo estilo de vida puede pertenecer a su mismo grupo étnico y religión.
 Toda la vida de los personajes que se muestran en la serie se encuentra reglada bajo una rígida estructura legal, esta es la Halajá, la ley judía, elaborada en la edad media a base de interpretaciones sobre la Torah. Es decir que para un ortodoxo todo lo que hace en su vida no debe salirse de la ley halájica, mientras que el que no cumple con dichos preceptos no estaría viviendo una vida judía. Incluso para temas de actualidad que eran imprevisibles en la época del Talmud, se recurren a las leyes halájicas para determinar qué está permitido y qué no (por ejemplo, fecundaciones in vitro) sin modificarlas ni crear nuevas disposiciones.
 La cuestión que plantea la serie nos lleva a un viejo dilema dentro de las ciencias sociales: ¿Qué es más importante en una sociedad, la estructura o la acción? La realidad es que no se puede tener en cuenta el estudio de una sociedad sin tener en cuenta ambas cosas: las reglas que hacen reproducir nuestras acciones, pero también el sentido que le damos a las mismas. Al ser el sentido de la acción la parte subjetiva de una sociedad, y la estructura lo objetivo, nos encontramos en el dilema de la protagonista de la serie: se encuentra inmersa dentro de una estructura perfectamente reglada, pero el sentido que ella le da a sus acciones disiente de el de los demás. Ella desea salir de la estructura (no de la estructura global de una sociedad, pero sí por lo menos de esa estructura, la halájica).
 ¿El judaísmo es solo lo que se encuentra dentro de esa estructura halájica, donde todo está reglado? La realidad, los hechos reales hablados al principio, demuestran que no: el sentir subjetivo de vivir una vida judía se encuentra presente en muchos judíos que no comparten esa estructura, que viven en una estructura diferente de acuerdo a su sentir subjetivo ("asimilados" en la cultura occidental). Para los legistas halájicos el dilema entre estructura y acción es muy fácil de resolver: para la ley judía es judío el que nace de vientre judío porque la ley así lo dice, sin importar lo que piense o sienta, y como judío debe vivir bajo la estructura de las demás leyes, sin importar si está de acuerdo o no, ya que las leyes marcan el camino a seguir (halajá significa "el caminar", viniendo del verbo lalejet, que es "ir/caminar"). El interrogante que se presenta ahora es: ¿La halajá es la verdad que debe respetarse al igual que otras leyes, como una constitución nacional?
 En primer lugar, es pertinente decir que desde el punto de vista divino, la halajá sí es similar a otras leyes, ya que no hay mucha diferencia con la elaboración de una ley en un parlamento: las leyes judías se hicieron en una asamblea, debatiendo y deliberando, interpretando la Torá. Atribuírles a leyes hechas por seres humanos la palabra de Dios sería lo mismo que decir que un dictador siempre tiene la verdad porque gobierna en nombre de Dios (como sucedía en las monarquías anteriormente). La diferencia que hay con leyes constitucionales, civiles, penales, entre otras leyes es que estas pueden modificarse votando en los parlamentos; en cambio las leyes halájicas no contemplan modificación, siendo una "verdad" estática y no adaptable a los tiempos del presente.
 En segundo lugar, la diferencia que hay entre una ley común y la ley judía es que la primera debe cumplirse porque de lo contrario hay una penalización, mientras que la segunda solo se basa en la creencia, no existen fácticamente en sí mismas: no hay un tribunal rabínico que le quite un carnet de judío al que no cumple con los preceptos.
 En los años del siglo 18 el movimiento reformista del judaísmo introduce cambios para vivir el judaísmo con libertad y adaptado a los tiempos de hoy, y un rabino referente del movimiento como Kauffman Keler sostuvo que debe haber una halajá para tener una referencia que guíe a la comunidad espiritualmente, pero esta debe ser solo una sugerencia y dejar lugar al libre arbitrio de cada fiel, siendo esta una rebelación continua y no estática, es decir, modificable en el tiempo, pero siempre permitiendo la libertad individual de seguir o no los preceptos, "el caminar" de la Halaja como un camino interminable y continuo. Lo cual no se contradice en absoluto con la creencia en Dios: la Torá es también una revelación divina que no puede entenderse en forma literal, sino que se debe interpretar, pero la interpretación también es continua y debe persistir a través del tiempo, sin quedarse con ninguna verdad.
 Todo esto lleva a la siguiente conclusión: para el judaísmo la fe es inseparable de la acción, ya que se debe creer en lo que se hace, y hacerlo con felicidad (el Talmud pide servir a Dios con alegría), pero ocurre un problema: nuestra fe, nuestra creencia, nuestro sentir subjetivo, no es el mismo ya que Dios nos hizo diversos y diferentes. Por lo tanto, ver "Poco ortodoxa" nos lleva al viejo dilema de las ciencias sociales, pero no para llevar a cabo una investigación (donde hay un consenso de que los métodos cualitativos y cuantitativos son igual de importantes), sino para el asunto de la identidad, en este caso la identidad judía: ¿lo importante es la estructura o la acción (el sentir subjetivo de lo que se hace)? Inclinarse por la acción nos llevaría a salirnos de la estructura, a creer en la fe de cada uno, el judaísmo de cada uno.
 Para concluír, es pertinente responder al primer dilema: ¿Pueden personas totalmente distintas pertenecer al mismo pueblo? Para responder solo miremos al pueblo argentino: somos todos muy diferentes, pero pertenecemos al mismo pueblo, solo que de forma distinta, ya que tenemos la libertad de elegir. En el caso del pueblo judío no hay un documento de identidad, sino que todo depende del sentir subjetivo: o creemos que formamos parte, o no creemos, y lo que sentimos va mas allá de las formas.


jueves, 30 de abril de 2020

EL MITO DEL NEOLIBERALISMO

La crisis del petróleo de 1973, producida luego de que los integrantes de la OPEP decidieran subir estrepitosamente el barril de crudo, implicó el fin de una era, aquella de los llamados Estados de Bienestar iniciados luego de la calamitosa crisis económica del "crack" de 1929. Una producción en masa basada en gran parte en la alta provisión de energía se vería frenada por los altos costos de la energía, mientras que el alza del precio de la misma agitaría aún más el problema inflacionario en estados con un gasto público cada vez más insostenible. Aquel quiebre fue el que daría lugar al "consenso de Washington" en 1989 y a la etapa "neoliberal" de reducción del estado en todo el planeta, con el objetivo de eliminar el problema del déficit fiscal, el alto endeudamiento y la inflación.
 El término "neo" quiere decir "nuevo", por lo que es apropiado hablar de neo-liberalismo para referirse al final de una intervención total del estado en la economía para retomar el liberalismo económico con las particularidades propias del contexto: una producción atada a la demanda, sin acumular stock; un mayor capital financiero; sumados a una mayor desprotección de los trabajadores (hoy la Argentina padece lo contrario, insostenibles costos laborales) y mayores impuestos regresivos. Sin embargo, el término "neoliberal" ya no es utilizado de manera tal de referirse a la historia sino de forma peyorativa. Desde las entrañas de la izquierda más intransigente y reaccionaria urge hablar del neoliberalismo como un insulto a aquellos que se oponen a modelos populistas y demagógicos. Y muchas veces el término sirve como excusa para encontrar un "chivo expiatorio", un culpable a todos los males que ocurren, y de esa forma desligarse de una autocrítica que sería destructiva para los intereses de determinados modelos estatistas.
 La viceministra de educación, Adriana Puiggrós, declaró en su cuenta de Twitter el pasado 22 de abril que "El coronavirus infectó sociedades humanas enfermas de neoliberalismo. La destrucción llevada a cabo por el capitalismo financiero liberó el virus. El irrefrenable impulso de los dueños del capital produce una espiral que se retuerce engullendo a la sociedad". Lo argumentado por la viceministra es muy parecido a lo sostenido por Vladimir Lenin en su obra "El Imperialismo": el líder del partido Bolchevique sostenía que el imperialismo sería la fase mas monstruosa del capitalismo, que conduciría inevitablemente a una revolución proletaria y a una caída del mundo capitalista. Esta etapa se caracterizaría por el dominio mundial de los grandes imperios económicos y entre ellos estaba el reino del capital financiero, absorbiendo y monopolizando distintos mercados, llevando a que el mundo se vuelva dependiente de las naciones mas poderosas. Llamar como "destrucción" a lo realizado por el capital financiero, así como intuir que los dueños del capital "engullen" a la sociedad, hacen del tweet una declaración con estrechos parentescos leninistas. Dirigirse a la historia de forma ciega y tendenciosa puede concluir en errores estrepitosos ya cometidos anteriormente: quitarle el capital a los capitalistas como ocurrió en el modelo soviético (y como ocurre actualmente en Cuba y Venezuela) trajo aparejados innumerables problemas que los modelos con mayor libertad económica no padecen.
 Hasta ahora, la idea mas certera acerca del origen del coronavirus es que tiene su origen en la ciudad de Wuhan, en China, un régimen que no es precisamente comunista, pero que es gobernado de manera totalitaria por un partido llamado de esa manera, que ocultó los primeros casos y sigue escondiendo información sobre sus infectados. Países como Cuba y Venezuela, cuyos líderes han hecho de la lucha contra el neoliberalismo su bandera, tienen casos de coronavirus y debido a sus delicadas situaciones socio-económicos (falta de suministros de higiene), una propagación del virus similar a la que tuvieron países "neoliberales" puede ser excepcionalmente mortífera.
 Por otro lado, descartando que el virus sea producto del "monstruo" del neoliberalismo, tampoco es cierto que todos los males que aquejan a la humanidad sean producidos por este. Si bien es cierto que en la época de los Estados de Bienestar la centralización económica de los estados hizo crecer las economías y amplió los derechos sociales, dicha historia no puede entenderse sin la anterior conquista de derechos políticos y civiles alcanzada en los siglos anteriores, y que el proceso de Industrialización por Sustitución de Importaciones tenía vida corta en el tiempo, ya que ningún país es capaz de satisfacer su mercado interno sin abrirse al mundo. La apertura y desregulación eran inevitables para aliviar a los estados deficitarios que hubiesen contraído "enfermedades" peores si no se aplicaba dicha cura.
 Está de más decir que la apertura no implica un estado ausente: es vital que el estado cumpla con el deber de satisfacer los derechos sociales y encauzar un camino sostenible a partir de medidas que impacten positivamente en el desarrollo, pero este es imposible si no hay libertad económica para que el capital genere trabajo, viendo al inversor y poseedor del capital no como un "oligarca" sino como una oportunidad para generar trabajo.
 Mucho se dice también del capital financiero, que al ser muy volátil se fuga a mercados externos cada vez que resulta conveniente, que no genera trabajo, y si bien la apertura y desregulación implica esos riesgos, ¿Seguiremos pensando que el capital financiero es un demonio cuando ahorremos dinero producto de nuestro trabajo y queramos invertirlo en un plazo fijo, posibilitado porque los bancos, esos seres que muchos los vislumbran como endemoniados, compran títulos de deuda del Banco Central?¿Seguiremos diciendo lo mismo del sistema financiero, cuando una empresa invierte en bonos para luego invertir y generar más trabajo?¿Diremos que el sistema financiero y los bancos son los malos de la película que hay que nacionalizar, cuando a través de un crédito hipotecario muchos trabajadores compran su primera vivienda, y cuando si caen los bancos, que tienen el dinero de la gente, colapsa todo el sistema?¿El monstruo es realmente el neoliberalismo y su capital financiero, cuando la Argentina vuelve a emitir títulos de deuda, necesarios para pagar sus compromisos más urgentes y no caer una vez más en default y echarle otra vez la culpa a los fondos "buitres"? Sin un sistema financiero confiable y un mercado de capitales sostenible no hay país que pueda sostenerse en el tiempo.
 El neoliberalismo y el capitalismo no son los causantes del coronavirus que el mundo socialista piensa, sino que la actividad capitalista, a partir de la investigación científica, es lo que puede encontrar la vacuna y aliviar al mundo de esta pandemia. El día que la clase política argentina deje de atacar la generación de riqueza y deje de tener como chivo expiatorio al neoliberalismo, posiblemente puedan liberarse de sus propios pecados y dejar de hacer justicia social para hacer justicia en serio: el neoliberalismo tampoco tiene nada que ver con la liberación de presos por parte del juez Violini, con fuertes lazos con el justicialismo y la doctrina abolicionista de Zaffaroni.

lunes, 13 de abril de 2020

LAS DOS CARAS DE ALBERTO FERNANDEZ

En su obra El Político y El Científico, Max Weber contrasta el rol que cumple el político con el del científico. El político es un hombre destacado por tener un discurso demagógico y estimular las prebendas estatales con el fin de conseguir un objetivo: este es ser electo, para lo cual necesita del apoyo de gran parte de las masas no educadas que asimilen el discurso como promesas que serán cumplidas a cambio del voto; el problema del político está en que sabe como atraer a las masas pero no cómo lograr cumplir con sus objetivos para llegar al objetivo máximo, que es ser electo en la próxima elección. Por otra parte está el científico, hombre que no tiene la capacidad discursiva para expresarse ante el público que se debe conquistar, pero conoce el método requerido para que el político cumpla sus promesas y consiga sus objetivos. La principal diferencia entre ambos radica en que uno utiliza el rendidor pero oculto trabajo verídico de la ciencia, y el otro la altisonante pero vaga retórica de la campaña política. Ambos con contradictorios, pero se necesitan mutuamente: el político necesita del científico para gobernar, de lo contrario nunca podrá cumplir con sus objetivos porque no sabrá cómo.
 El gobierno de Alberto Fernández se auto-referenció como un gobierno de "científicos" en contraposici­ón al gobierno de "CEOS" de Mauricio Macri. Si bien no es cierto que cada uno de los gobiernos contenga de forma pura el 100% de aquellas referencias, es cierto que el gobierno actual posee una faceta científica, como también aquella faceta de la política cuyo discurso en sí mismo es vacío de contenido en cuanto se asemeja a la verdad: pero sí es un discurso lleno de un contenido maligno a la hora de sanear las instituciones de la Argentina.
 Desde su llegada al poder Alberto Fernández se ha caracterizado por tener una doble moral: es muy conocida su historia ambigua de haber criticado férreamente a Cristina para luego pasar a decir que "son lo mismo". En esta ocasión es la falsa dicotomía entre economía y salud la que trae un presidente que presenta facetas totalmente dicotómicas: por un lado, el titular del poder ejecutivo se respalda en la ciencia, la estadística y el consejo de profesionales de la salud para prolongar la cuarentena, y, a través de una presentación digna de una clase de la facultad, presenta porqué tal medida es necesaria junto con los buenos resultados que esta está consiguiendo.
 Si bien pueden objetarse ciertas cuestiones de parte de los especialistas (como la carente cantidad de testeos), es innegable que la curva de contagios en la Argentina se ha contenido a comparación de países que atraviesan una situación realmente dramática a causa del colapso del sistema sanitario que provocó el brote del coronavirus. Sin embargo, en la otra cara de la moneda se encuentra el aspecto económico, y de esta dicotomía del presidente resulta ser un aspecto totalmente distinto al de la salud: Fernández no se está respaldando en buenas políticas basadas en la ciencia y está sosteniendo sus medidas a través de una retórica demagógica y poco constructiva para las instituciones tan débiles de la Argentina.
 El jefe de estado pide que no se lo "corra con la economía", argumentando que "de la caída del PBI se vuelve, de la pérdida de la vida no". La pregunta que debe hacerse es: ¿Cómo se vuelve?¿Y a costa de qué?
 Es manifiesto el hecho de que la actual crisis que atraviesa el mundo entero tendrá graves consecuencias y que no es culpa de Alberto Fernández. Lo que debe objetarse es la forma en la que está paliando la crisis:
1) No se está realizando el esfuerzo de parte del aparato elefantástico del Estado para achicar los costos improductivos que tal estructura acarrea. No se realiza el esfuerzo que se hizo en Italia, por ejemplo, donde se aprobó una reforma constitucional para achicar la cantidad de parlamentarios, medida que le ahorrará millones de euros al estado italiano.
2) Al no achicarse el Estado, las medidas de emergencia se resuelven haciéndolo más grande en vez de reasignar partidas: al intentar crear más impuestos, amenazar con intervenir el sistema de salud privado y recurrir a la emisión monetaria de forma descontrolada, no se está pensando en no solo bajar los sueldos de los funcionarios públicos, sino tampoco en achicar toda la estructura ministerial y burocrática que es muy grande e ineficiente, y de esa forma destinar los recursos a inversiones en infraestructura y gastos de capital para invertir en la salud.
3) Se están emitiendo miles de millones de pesos, lo que puede traer aparejado un combo letal: aumento del déficit fiscal y de la inflación.
4) La faceta política del presidente en relación con la cuestión económica quiebra aún más la poca confianza que hay en las instituciones, llamando miserables a los empresarios de cuyo capital depende darle trabajo a los trabajadores que dice defender, amenazando con crear un impuesto confiscatorio de la riqueza desalentando a todo aquel que quiera invertir en la Argentina, y llenando de buenos adjetivos a un sindicalista corrupto como Moyano, responsable de que existan costos laborales insoportables.
 En estos cuatro puntos puede resumirse la faceta política que se contradice con la faceta científica de Alberto Fernández: recuerda a las épocas autoritarias de Perón cuando se llamaba a "colgar" a aquellos que suban los precios, cuando el principal motivo de la suba de precios es la inflación que no deja de subir por la emisión monetaria que financia a un Estado tan grande como insostenible. Y estas instituciones que tan mal le hacen a la economía y viceversa, no son un contrapeso de un poder ejecutivo cada vez mas poderoso, que se presta a la corrupción. No hay un poder legislativo o judicial que funcione durante la emergencia, ni órganos extra-poder, como son la Auditoría General de la Nación o la Defensoría del Pueblo, que controlen y limiten la ineficiencia del poder como debe ser en una república.
 El populismo chavista que expropiaba la riqueza bien habida mientras aumentaba la que se generaba producto de la corrupción, aumentó a tal punto el Estado que la inflación y los precios máximos en Venezuela llegaron al desabastecimiento catastrófico que vive aquel país latinoamericano. Esa falsa lucha de clases socialista se replica de alguna manera en la Argentina, atacando la generación de riquezas y promoviendo clases altas de funcionarios ricos y corruptos, que no controlan los sobreprecios de los productos comprados por el Estado. Si no queremos terminar de la misma manera, es hora de que Alberto Fernández se respalde en la ciencia para la economía de la misma forma en que lo hace para la salud.