jueves, 6 de agosto de 2020

EL FRACASO DEL ESTADO, EL TRIUNFO DE LA DELINCUENCIA

En un país en cuarentena, donde se debe tener permiso para circular, donde la libertad es un bien escaso, los delincuentes afloran en cada calle y suburbio del conurbano. El monopolio de la fuerza coercitiva del Estado se concentra en que se cumpla el aislamiento social: la policía vigila que se circule con barbijo, con permisos de personal esencial (como si se pudiera decidir qué trabajo, en tiempos de malaria, es prescindible y cuál no), que no se realicen reuniones, mientras la delincuencia no está en cuarentena: crece a medida que cae la actividad económica, con hurtos, torturas, robos y asesinatos donde la policía no alcanza a vigilar. La fuerza policial es ejercida sobre el trabajador, sobre el que debe trasladarse para ganarse la vida honradamente, mientras el ladrón es liberado con la excusa del coronavirus y posibles contagios en la cárcel, esparciendo el virus del delito por cada rincón de la Argentina. 
 Siguiendo a la filosofía iusnaturalista, la existencia del Estado se explica a partir de la necesidad de los individuos de asociarse para conformar un cuerpo que proteja sus derechos naturales por medio de la ley civil: estos son la vida, principalmente, seguida por la propiedad privada, y la libertad. Debido a la condición defectuosa del hombre para respetar aquellas leyes naturales (arrepentirse de los pecados; pedir perdón; dar las gracias; amar al prójimo como a uno mismo, entre otras) formuladas por la razón natural creada por Dios, que hacen posible la preservación de los derechos naturales, diría Thomas Hobbes, autor del Leviatán, que los hombres entran en un estado de guerra permanente. Para salir de aquel estado de naturaleza, y por lo tanto de guerra, para Hobbes se debe crear el Estado, para garantizar el cumplimiento de los derechos naturales innatos a todo hombre, que existen de forma prevaleciente a cualquier tratado civil. Es el Estado el que por medio de la justicia debe establecer un convenio entre todos los hombres para alcanzar la paz, efectuando el pacto hecho entre los civiles y el soberano mediante leyes, cuyo cumplimiento se garantiza por medio de la jurisprudencia. 
 La falta de justicia, y por lo tanto la inseguridad creciente, son producto del fracaso del Estado. El Estado en sus distintos niveles (nacional, provincial, municipal) ha fracasado en cumplir el principal motivo que compone al pacto social que hace a la soberanía sobre un territorio y su población: el cuidado de los derechos naturales, la vida y la propiedad. Un Estado que no utiliza la justicia para hacer cumplir la ley, sino que la aplica arbitrariamente, descuida la defensa de los ciudadanos y los obliga a ejercer la justicia por mano propia, volviendo al estado de naturaleza del que se debe salir para conformar un Estado. Es tan rotundo el fracaso y la inoperancia estatal, que el hombre debe volver a sus instintos más primitivos, de matar para no ser matado. 
 En distintos pasacalles de la Provincia de Buenos Aires se pueden observar avisos de vecinos organizados, probablemente con armas, que advierten a los delincuentes. Hoy la policía no alcanza (o puede decirse que no funciona, ya que está concentrada en controlar a la gente de trabajo), el Estado está ausente: es la misma gente la que debe actuar, armarse y organizarse para cuidar sus bienes y sus vidas. 
 La ley siempre está objeta a interpretación, y deben ser magistrados idóneos, invita Hobbes, los que deben tener la responsabilidad pública de interpretarla y aplicarla lo mejor posible, para que su literalidad y la asociación de esta con el caso pertinente no se desvíen de su motivación original. El código penal fue diseñado para castigar con el peso de la ley a aquel que ha violado el pacto social y ha infringido un daño, y aquellos jueces y fiscales que lo interpretan de una determinada manera y liberan a asesinos y violadores, o juzgan a vecinos que se defendieron en su legítima defensa, representan la más rancia politización de la justicia en aras de la doctrina zaffaroniana, y no hacen más que desviar la ley de su verdadera propósito: que el Estado proteja el fin en sí mismo de su constitución: la paz social y defensa de sus ciudadanos. 
 Debe entenderse esta "invasión" de jueces mal llamados garantistas, ya que no defienden los derechos y garantías de las víctimas, como una intromisión de la ideología progresista del siglo XXI: este falso progresismo comprende a los criminales como víctimas de un capitalismo salvaje, que delinquen porque el sistema los condenó. Aquella nefasta doctrina multiplica sus seguidores por medio del sistema educativo, ejerciendo un adoctrinamiento que desploma todo pensamiento crítico y aleja a los jóvenes de la cultura del esfuerzo y el sacrificio traída al país por sus abuelos inmigrantes, para acercarlos a la defensa dialéctica de la fauna de los subsidios prebendarios y protección de los delincuentes en favor de la "causa". Aquella ideología que coloniza la educación universitaria queda al descubierto en la alta casa de estudios donde se forman muchos de los abogados que luego son jueces y deben defender la causa pública: en la facultad de derecho de la Universidad de Buenos Aires los movimientos juveniles de izquierda le prohibieron hace unos meses a Sergio Moro, ex juez federal del Brasil, dar una conferencia debido a su rol como juez y luego ministro de justicia de Bolsonaro. En dicha universidad, Zaffaroni es invitado con ánimos y agradecimientos a dictar charlas y conferencias, mientras el pensamiento disidente es lentamente erradicado. 
 Este fracaso de un Estado ausente lleva lentamente a sus ciudadanos de bien desamparados a pensar en nuevos destinos, para llevar la producción y el trabajo a tierras donde realmente se los valore. Creer que  la causa de la delincuencia es el sistema económico es una falta de respeto a la gente humilde que trabaja cada día de su vida con ímpetu y esfuerzo: es esta pobre gente, que debe tomarse colectivos a la madrugada, otros que son jubilados que durante su vida han dado todo por el trabajo, los que terminan sufriendo la inmoralidad de la delincuencia y sus protectores. 
 A la Argentina, además de una gran crisis económica, la asola una gran falta de valores, transmitida por generaciones que nunca han sabido lo que es el estudio y el trabajo, pero que sí se les transmite de padre a hijo la acción de la delincuencia. Los desalmados que utilizan su tiempo para delinquir y no para ganarse la vida dignamente, que invierten en motos, drogas y pistolas para robar, no son ninguna víctima de la sociedad ni del sistema capitalista. Las únicas víctimas son la gente honesta de trabajo, que es asaltada de facto por los delincuentes, y es asaltada, pero de jure, por los políticos que hacen de sus impuestos todo menos garantizar la seguridad, educar en serio para no tener en el futuro generaciones que no saben lo que es ganarse la vida con el trabajo.
 La prioridad del Estado parece ser la reforma judicial para lograr la impunidad, el aborto como una política pública que ponga contenta a toda la generación progre-feminista, pero no invertir en cárceles y en la educación. La atención de los políticos se encuentra en controlar a la gente que desea circular por el suelo argentino, por motivos laborales o por el motivo que sea, e incluso introducirse en la intimidad doméstica de sus habitantes; pero no parece interesarse mucho en controlar a los verdaderos infractores de la ley y el orden. 
 El Estado fracasa hace muchos años y sigue fracasando, por las razones expuestas, y la grieta hoy ya no es política, sino moral: entre aquellos que admiran los escritos de Zaffaroni, y los que desean un país normal, donde se defienda a las víctimas y la justicia sea justicia, porque como dice el tango Cambalache, "... Es lo mismo el que labura, noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura, o está fuera de la ley...". 

jueves, 23 de julio de 2020

CUENTO: LA ACADEMIA DE ANGELES


En el mundo espiritual de los ángeles, cada ángel espera por su oportunidad para encarnar en un cuerpo humano y empezar su vida en el Mundo Terrestre, para luego volver a morir y regresar al Mundo Celeste, y luego volver a reencarnar y así sucesivamente.  Este mundo de ángeles es como el cielo mismo: está lleno de nubes y las entidades espirituales flotan de aquí para allá.
 La Academia de Ángeles es la institución donde cada ángel portador de un alma debe instruirse para poder encarnar correctamente en un cuerpo. El ángel D44 acaba de ingresar a la Academia, y se siente ofuscado por ello.
D44 no entiende para qué debe hacer semejante sacrificio: se siente frustrado por tener que ir de forma obligatoria a la Academia en la madrugada angelical, cuando podría ser en un horario donde las almas estén más descansadas y rindan mejor; este ángel tampoco entiende porqué debe estar tantas horas en la Academia, ya que desea aprovechar el tiempo para realizar otras tareas; y sobre todas las cosas, D44 no soporta tener que ir revestido del aura espiritual de la Academia, cuando se siente más cómodo con su propio aura. El aura es una especie de esfera que hace sentir placentera al alma del ángel, y todos los ángeles que asisten a la Academia deben revestirse de la misma aura. D44 no soporta tal falta de libertad.
Un día, el Ángel Supremo ingresó al aula de la Academia donde se encontraba D44, y reprimió severamente a todos los que tenían un aura distinta. Sus reproches eran calamitosos. El Ángel Supremo se obsesionaba con que todos estén iguales, sin interesarse en lo absoluto en que tal vez el aura de la Academia no les gustaba demasiado.
Para D44, su fastidio no solo consistía en no poder elegir el aura con la cual revestirse, sino también aquella rutina obligada y coercitiva a la que debía someterse cada día en la Academia: además de tener que ir con pocas horas de descanso, cada vez soportaba menos tener que pararse cada mañana angelical con los otros ángeles, y recitar el Himno Celestial. El Ángel Supremo se creía que todos los ángeles debían sentirse orgullosos por cantar ese himno, y el que no lo cantaba era obligado a hacerlo. D44 no paraba de temblar y sentir terror cuando el Ángel Supremo hacía un control de rutina y revisaba a uno por uno para ver si cada ángel estaba cumpliendo con todo lo ordenado por la Academia angelical. 
 Un día D44 se plantó frente a uno de los ángeles veteranos que daban clases en aquella institución celestial, luego de hacer la reverencia obligada ante cada ángel veterano que se presentaba: “¡Por qué mierda nos obligan a todos a venir acá, nos visten a todos de la misma manera, nos obligan a seguir rituales estúpidos, nos exigen que les tengamos respeto de forma obligatoria a todos los que nos mandan!”
El ángel veterano, que se sorprendió al escuchar tal queja antes de comenzar la clase, respondió: “Son reglas que se deben seguir. Algún día vas a salir de esta Academia, y vas a tener un cuerpo en el mundo terrenal. Te estamos preparando para ello”.
D44 solo sintió más rabia con aquella respuesta. ¿Sirven de algo estas estructuradas y ridículas normas? Obligan a todos los ángeles a tener respeto por Ángeles superiores de forma restringida, sin ganárselo. ¿Tiene sentido obligar a pedir un respeto exagerado a otro sin que este lo sienta? D44 odiaba hasta su propio nombre: no quería ser una combinación de números y letras al igual que todos los ángeles. Quería tener su propio nombre, valerse como individuo, y no ser parte de una masa donde todos eran obligados a ser iguales: usar su propia aura, y no la misma que el resto que iba a esa maldita Academia de Ángeles; no quería pasar la mayor parte del día allí, sino que quería disfrutar de otras herramientas del Mundo Celeste: encima que tenía que asistir a ese lugar gran parte del día, en su tiempo libre lo obligaban a realizar ejercicios que le encomendaban en la Academia.
 Vestirse como otros le dicen, tener control sobre sus horarios y decisiones, obligarle a cantar Himnos y seguir rituales con la excusa de que se le deben tener respeto porque el Ángel Supremo lo dice, sin que el respeto nazca del alma. D44 pensaba que todo era una gran estupidez, y que, al momento de encarnar en un cuerpo, tales rigideces no harían a las almas mejores, sino peores. De hecho, ya estaba ocurriendo: todos los ángeles acataban todas las órdenes por miedo a ser reprimidos, pero en el momento que no los veían, desataban con furia un libertinaje que hasta resultaba peligroso. La pedagogía de inculcarle a cada ángel cómo debía actuar y pensar a veces creaba almas sin pensamiento propio (como si fueran robots), y otras veces creaba un efecto contraproducente: la rebeldía desataba un caos que desestabilizaba todo orden pretendido.  
 Un día el alma de D44 encarnó en un cuerpo humano, y ya en el Mundo Terrestre, sin recordar absolutamente nada de lo que había sido su vida en el Mundo Celeste, se preguntó: ¿Acaso sirve de algo todo lo que nos obligan a hacer, cuando al mundo le faltan tantos valores?

miércoles, 8 de julio de 2020

DEFENDER LA LIBERTAD EMANADA POR LA CONSTITUCION Y EL HIMNO NACIONAL

El asesinato de Fabián Gutiérrez conmovió al país no solo por la muerte misma, sino porque esta es producto del dinero robado a las arcas públicas: si el gobierno de Cristina no hubiese sido tan corrupto a tal punto de esconder las fortunas robadas debajo de la tierra al buen estilo de un pirata que esconde un tesoro, el asesinato nunca hubiese ocurrido. El origen espurio de la fortuna enterrada fue declarado por el mismo Gutiérrez, cuando este declaró como arrepentido en la causa de los cuadernos. Esto no quiere decir necesariamente que Cristina y el gobierno lo hayan mandado a matar, pero sí que el Estado es responsable de no haberlo protegido como corresponde. Lo que sí es seguro es una cosa que ni para el mas enceguecido de los fanáticos puede negarse: el asesinato está íntimamente relacionado con la corrupción kirchnerista. Pero el problema de Cristina y todo el kirchnerismo no es este asesinato: su principal preocupación radica en que la justicia investigue el origen del dinero, y que los medios de comunicación lo informen.
 La intención de los miembros del gobierno de salir impunes de todas las causas y a su vez vengarse de los que los denunciaron y desenmascararon sus maniobras fraudulentas depende en gran medida de neutralizar la división de poderes e incumplir la constitución: esto ocurre simplemente porque en un país con instituciones fuertes y un espíritu republicano la constitución se cumple a rajatabla y el imperio de la ley restringe cualquier asociación ilícita que se quiera implantar desde la cúpula del poder. Es por eso que el kirchnerismo siempre estuvo obsesionado con la justicia, amagando con reformar los miembros de la Corte Suprema, y aspirando a colocar a Rafecas como jefe de los fiscales, como así también quitarle a la justicia el manejo del programa de testigos protegidos, donde muchos arrepentidos han sido protegidos durante el macrismo luego de declarar en causas de corrupción K.
 La pandemia ha sido una gran prueba para reafirmar la deficiencia institucional que opera en la Argentina: no solo no funciona a pleno la justicia, sino que funciona acorde a los deseos del poder: la feria judicial se sigue prorrogando al ritmo eterno de la cuarentena, pero para excarcelar presos y ordenar detenciones de forma imparcial sobre enemigos políticos del oficialismo, la justicia no solo que se activa, sino que lo hace de forma llamativamente rápida. Que la sobrina de Cristina no sea apartada como fiscal de la causa de Gutiérrez sería una arista más de la hegemonía feudal del kirchnerismo en Santa Cruz pero también del quebrantamiento institucional de la justicia a nivel país.
 Que el congreso funcione por videoconferencia es otro honor que se le hace al peronismo, cuando en la época de Perón se dejaba a los pocos diputados opositores que había en el Congreso hablando solos, dejando claro el mensaje de que la palabra disidente poco importaba, y que no merecía ser escuchada. Algo muy similar ocurrió cuando a un senador opositor se le apagó el micrófono cuando se debatía de forma virtual la creación de una comisión investigadora de la deuda de Vicentín, que además, se creó de forma ilegal, sin llegar a los dos tercios necesarios para su concreción.
 No deja de ser curioso que el senado quiera sesionar por videoconferencia, cuando dicha modalidad se presta a este tipo de maniobras, y luego de que en este gobierno se hayan disuelto las Sociedades de Acciones Simplificadas, que permitían crear un emprendimiento de forma virtual en cuestión de horas. En la Argentina donde se premia a los políticos corruptos y llenos de dinero y se castiga al ciudadano de a pie cada vez más empobrecido, la tecnología con buenos fines es menospreciada, y la utilizada para el bien del poder es estimulada y aprobada con creces.
 Pero más allá de la división de poderes, cuestión que caracteriza de forma terminante a un régimen republicano, se encuentran las libertades, ya que sin ellas, la democracia no existe: no hay una forma de gobierno democrática donde no haya libertad de expresión, libertad económica, libertad de culto, libertad de asociación, entre otras libertades en las que se ha basado la constitución de nuestro país, que tiene como cuerpo principal a la constitución de 1853, cuyo autor intelectual, Juan Bautista Alberdi, se inspiró en un modelo de constitución liberal y moderna pensando en un país libre. La libertad se encuentra en la esencia mas profunda de nuestra patria, y así lo demuestra nuestro himno nacional, cuando dice "Oíd mortales el grito sagrado, libertad, libertad, libertad".
 La libertad es algo que le inquieta demasiado a los gobernantes argentinos, porque gracias a la libertad de expresión y a las libertades políticas es que a diferencia de Venezuela, en la Argentina sigue habiendo un periodismo independiente que informa a los ciudadanos sobre todo lo que hace el poder, y hay una oposición que tiene con qué competirle al peronismo en las próximas elecciones. Por esta razón siempre al peronismo le molestó y le seguirá molestando la libertad, y tanto Alberto Fernández como otros miembros del gobierno maltratan a los periodistas, mandan a ensañarlos, escracharlos y hasta intentan detenerlos queriéndolos involucrar en presuntos espionajes ilegales: porque siempre que se cuente la verdad y haya una opinión pública disidente, al gobierno se le hace más cuesta arriba concentrar el poder y salir inmunes de ello.
 El artículo 14 de nuestra constitución nacional dice muy claramente: "Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio, a saber: De trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a sus autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender". En el kirchnerato de la pandemia, los argentinos ya no tenemos libertad para circular, trabajar, estudiar, acceder a los templos religiosos, abrir un comercio, hacer deporte, y ahora la libertad de expresión se encuentra seriamente en peligro a raíz de distintos acosos a periodistas. La constitución es una sola y es la misma con pandemia y sin pandemia, y a través de ella es que los políticos deben entender que son empleados públicos al servicio del ciudadano, y que el ciudadano no debe estar al servicio de ellos.
 Durante esta cuarentena se han violado muchas de las libertades garantizadas por la constitución, y el día que se censure al periodismo y ya nadie tenga acceso a la información, Argentina habrá completado su proceso de "venezolanización" y habrá adoptado la tiranía como forma de gobierno. El deber de los partidos políticos opositores, la prensa y toda la ciudadanía en su conjunto es hacerle honor a las palabras de nuestro himno y defender la libertad, que tanto costó conseguir.

lunes, 29 de junio de 2020

CUENTO: LOS PENSAMIENTOS DE ESTANISLAO

Es una tarde lluviosa en la Ciudad de Buenos Aires, es miércoles por la tarde y esta da para quedarse en casa. Estanislao se encuentra llorando en su cama. Los sollozos agrietan corazones con solo escucharlos. Ese llanto rompe almas va acompañado de la misma frase una y otra vez: “¿Por qué, por qué tiene que pasarme esto? ¡Muéranse, hijos de puta, muéranse!” El hecho de pensar en forma repetitiva cómo lo habían maltratado en el colegio angustiaba cada vez más a Estanislao, que se esforzaba por ocupar su mente en otra cosa, pero no lo lograba.
 Sus padres venían de un duro día de trabajo; Estanislao no iba a preocuparlos contándoles lo mucho que odiaba ir a la escuela y a sus compañeros. Luego de comer con poco apetito y acostarse en la cama, Estanislao se encontraba a solas con la almohada, sin poder conciliar el sueño, preocupado por tener que lidiar mañana con el mismo calvario. No pudo dormir en toda la noche, lleno de bronca y odio pensando en la muerte de alguno de aquellos que le causaban tanto daño. Sabía que el odio lo envolvía como a aquellos seres que despreciaba, pero sus emociones lo tomaron por completo. Una hora antes de que sonara el despertador pudo dormir. Eran 60 minutos escasos en todo el descanso nocturno, pero era mejor antes que ir al colegio sin haber dormido completamente nada.
 En el camino a la escuela Estanislao se entusiasmaba con la fantasía de que Dios le conceda su deseo: que aquel compañero que era el líder negativo del grupo y que lo molestaba haya muerto en algún accidente. Pero sabía muy bien que por imaginarlo el hecho no iba a ocurrir, así como así.
 Al entrar al aula era pura desolación. Estanislao se preguntaba a qué se debía tal escenario. Los mejores amigos de aquel grupo de brabucones lloraban por su amigo: José María, el que se dedicaba a humillar a Estanislao, había fallecido esa misma mañana luego de, a través de esa personalidad tan prepotente, cruzar un semáforo en rojo camino a la escuela. La velocidad de un auto no tuvo piedad.
 Estanislao disimuló preocupación, pero estaba feliz en el fondo. Aquellos que se reían de las estupideces que le hacían ahora estaban tan angustiados como él por la pérdida de su líder.
 Luego de un par de meses las cosas se estabilizaron. José María ya no estaba, pero sus amigos debían tomar la posta del bullyng. Ahora Ricardo y Juan Manuel eran los líderes de un grupo de muchos desalmados por sus acciones, y otros que lo eran por mirar para otro lado. Estanislao volvió a llorar aquella tarde en su casa como lo había hecho hace dos meses antes de la muerte de José María. Había sido muy ingenuo pensando que la pérdida de uno implicaría el fin de su padecimiento.
 Estanislao se vio envuelto de rabia una vez más, e increíblemente, al llegar al aula al día siguiente vio el mismo escenario. Se enteró en el recreo de que Ricardo había sido asesinado la noche anterior en un asalto en su casa, y que Juan Manuel se había suicidado luego de ver a su padre maltratando a su madre. Estanislao ahora no sentía ni tristeza ni felicidad; se sentía sorprendido. Llegó a sospechar que su dicha podía llegar a tener algo que ver con las muertes: era mucha casualidad. Las veces que había sentido tanta bronca por determinadas personas, estas habían muerto a la brevedad. Estanislao no era muy creyente, pero ahora estaba empezando a creer que una mano divina estaba detrás de todo esto.
 Justo ese día un profesor de matemática lo había reprobado en un examen por una causa que Estanislao consideraba injusta. Pensó en la muerte del profesor, en gozar de verlo morir en ese mismo instante delante de sus ojos.
 En el momento en que el docente se encontraba delante del curso explicando un tema en el pizarrón, cayó tumbado en el suelo. Había muerto de un paro cardíaco. Estanislao ahora sí lo creía: sobre sus pensamientos recaía un poder divino de elegir el destino de los demás. Ahora ya nadie podía meterse con él, nadie podía molestarlo.
 Lo primero que hizo una vez enterado de su poder fue pensar en la muerte de su psicoanalista: Estanislao ya no soportaba más a aquel soberbio que muchas veces se consideraba un ser superior a sus pacientes, y que quería convencer a Estanislao de que la culpa de lo que le pasaba era suya. El padre de Estanislao le comunicó esa misma noche que su psicólogo había fallecido por una enfermedad cerebro-vascular.
 Estanislao de repente sabía que era el ser más poderoso del mundo. Pero nadie debía enterarse.
 De todas formas, no había forma de que alguien se entere: Estanislao no debía mover un solo músculo, ya que, con solo imaginarlo, la muerte del otro era inminente.
 Pasados varios años de las primeras muertes causadas por el poder de Estanislao, este había provocado la muerte de todo aquel que lo estorbara, con el único objetivo de ser feliz: había muerto ya más de la mitad del colegio, de su curso y de otros años; muchos familiares molestos también; y no faltaban los decesos de muchos compañeros del club donde hacía diversos deportes.
 El problema de no parar de pensar en las imágenes que le hacían mal siempre fue un problema para Estanislao, pero ahora era una solución: todas las imágenes de bronca con quienes se ensañaba les provocaba la muerte.
 A los 30 años Estanislao se encontró solo, sin nadie a su alrededor. Ya nadie podía molestarlo. Pero tampoco fue feliz. Sus pensamientos nunca dejaron de ser un problema.

miércoles, 10 de junio de 2020

LA DEMOCRACIA PERDIDA EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Una familia perteneciente a una comunidad es maltratada y abusada por las fuerzas policiales, mientras el gobernador del distrito ordena cercar el barrio prohibiendo la salida y entrada de sus habitantes al buen estilo de un "gueto". Parece una historia de discriminación y maltratos hacia las minorías étnicas del siglo XX. Sin embargo, dichos acontecimientos ocurren contra la comunidad Qom en la provincia de Chaco, en pleno 2020.
 Un campesino sale de su humilde casa, pero nunca mas vuelve: es encontrado muerto en un monte, luego de haber sido asesinado por las fuerzas policiales. Esto ocurrió en la provincia de Tucumán. Una víctima del cruento autoritarismo de la violencia represiva. Pero no es un hecho ocurrido en el marco de la guerra de guerrillas de los 70', donde el foquismo implantaba células guerrilleras cuya batalla era redimida en zonas rurales: aquel fatídico destino le ocurrió a un tucumano que nada tiene que ver con acciones de sedición y terrorismo, y el hecho tiene lugar en el mismo contexto que el anterior, en el año 2020 en medio de un gobierno que fue elegido a través del voto democrático.
 En Santiago del Estero y San Luis, personas detenidas largas horas por las fuerzas policiales denuncian maltratos y torturas físicas y psicológicas. No se trata de la Triple A ni de secuestros ordenados por los cuadros de las fuerzas armadas acoplados en el trono de una dictadura sanguinaria. Las torturas ocurren a través de las policías provinciales dependientes de la gobernación de aquellas provincias. La primera de ellas gobernada por un matrimonio (turnándose entre marido y mujer al frente de la gobernación desde el 2005); la segunda gobernada por otra familia, solo que el vínculo dinástico no es entre un matrimonio sino entre hermanos, que manejan San Luis desde la vuelta de la democracia en 1983.
 En el 2018 una nena de siete años debe dar un discurso político: el guión que le hacen decir dice "... En Formosa estoy tranquila, aquí está mi capitán...". Sin hacer mención a la provincia, parece un relato de adoctrinamiento infantil en la Italia de Mussolini o en la Alemania nazi, pero el "capitán" es el peronista que gobierna Formosa desde 1995, el mismo que fue cobijado por el presidente de la Nación hace pocos días en un acto público.
 Todos los hechos tienen que ver con provincias gobernadas por el mismo signo político, con provincias sumidas en la pobreza, el clientelismo político, la corrupción y la falta de empleo privado y genuino. En medio de una pandemia cuyos números son muy pequeños comparados a la hecatombe económica que ocurre en la Argentina (apenas mas de 700 muertes en un país con más de 44 millones de habitantes, en contraste con una caída de la economía que se estima que será igual o peor que en el 2001), un Estado omnipresente controla los horarios en los que la gente puede salir; dispone qué actividades se pueden o no realizar; le quita el derecho al trabajo, a la educación y a la libre circulación a sus habitantes; y sin darnos cuenta, la democracia se escurre como agua entre los dedos a través prácticas autoritarias que no tienen a los grupos de presión que hacen negocios con el lema de los derechos humanos alzando la voz contra dichos abusos, como sí ocurrió en un caso inventado y totalmente parcializado como el de Santiago Maldonado. ¿Quién ayuda a la familia del campesino tucumano asesinado y tirado por un barranco en Catamarca?¿Quién reclama por los derechos de la comunidad Qom?¿Es más doloroso y preocupante un virus cuya persona infectada tiene mas oportunidades de recuperarse que de morir que un chico Qom muerto de hambre, sin acceso a condiciones de higiene y de alimentación básicas? 
 Los gobernantes que construyen relatos demagógicos (el término demagógico entendido como un "gobierno de los pobres", en términos de Aristóteles) necesitan de que el relato contemple a un enemigo que atenta contra el bienestar del pueblo para justificar que las acciones gubernamentales son por el bien de ese "pueblo". Ese enemigo en la Argentina fue mucho tiempo el campo, los medios de comunicación, los grandes capitales, el neoliberalismo. Hoy en día el enemigo favorito del kirchnerismo es el coronavirus. El gobierno nos quita las libertades para "cuidarnos"; si no hacemos caso a las restricciones corre "peligro" nuestra vida; es mejor ser mas pobres y no "morirnos"; y de forma silenciosa, en un contexto ficticio construido por un relato que nos amenaza con la muerte en caso de la no obediencia, tienen lugar los abusos: abusos policiales; casos de sobreprecios; violación de la libertad de expresión (cíber-espionaje) y de la propiedad. 
 En cuanto a la violación de la propiedad, nos encontramos con otra enseñanza aristotélica, que tiene que ver con lo que es un gobierno: para el filósofo de la Antigua Grecia un Estado es la asociación de distintos componentes de la sociedad con el fin de lograr un objetivo máximo, y el gobierno debe ser el gobierno de las leyes y no de los hombres, porque un líder que no respeta la Constitución termina por corromper y deformar la forma y el fin del Estado. 
 El artículo 17 de nuestra Constitución dice: "La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. (...)". La maniobra del gobierno para quedarse con Vicentín interviniendo la empresa pasando por encima al juez que estaba a cargo de homologar el concurso, para su posterior expropiación, es parte de la concentración de poder que se viene dando con la excusa de la pandemia, al igual que la empresa cordobesa de respiradores que fue intervenida en el comienzo de la cuarentena, sumado al intento de intervención de las clínicas privadas.
 ¿Cual puede ser la utilidad pública de dicha expropiación, cuando el Estado argentino manejado por la misma elite política ha demostrado ser totalmente ineficiente en la administración de otras empresas públicas? Un Estado que no puede pagar la deuda con sus acreedores no está en condiciones de hacerse cargo de la deuda contraída por una empresa del mundo privado, donde la indemnización, la deuda y la consecuente ineficiencia que implica que el Estado maneje una empresa terminan siendo pagadas por todos los contribuyentes. 
 La filosofía de la Antigua Grecia nos deja enseñanzas que parecieran contadas en los tiempos de hoy: para Aristóteles un Estado debe integrarse por elementos distintos, donde la virtud de cada uno lleve a una virtud general, con cada uno cumpliendo su función, porque un Estado compuesto por partes iguales tiende a desaparecer. El Estado debería dejar que la actividad privada produzca, sin adueñarse de sus activos, dando lugar a la virtud de los actores privados. Sin estatizar Vicentín, el Estado ya intentaba controlar el mercado agro-exportador a través de altas retenciones y condiciones restrictivas para liquidar divisas, con un tipo de cambio desfavorable para el campo. Que el gobierno se adueñe del mercado y de las libertades sin respetar la Constitución nos lleva a un Estado que se destruye para dar lugar a otro: un Estado que ya no es gobernado por las leyes sino por la voluntad de un hombre; un Estado uniforme integrado por un único elemento: el pensamiento único y voluntad del líder, donde toda propiedad pasa a formar parte de su posesión. Los ejemplos asoman dentro de la misma región: el chavismo se apoderó de Venezuela y hoy dicho país no puede producir ni su propio petróleo, cuando era uno de los países mas ricos del mundo en materia petrolera.
 Bajo el contexto de la pandemia, el Estado no se ocupa de garantizar condiciones de seguridad jurídica, no caer en la cesación de pagos y ocuparse de arreglar rutas, escuelas y hospitales: el Estado cumple funciones que no son las suyas jugando al empresario, metiéndose en la privacidad y libertad de los argentinos en medio de una economía en caída libre. "Kirchnerizar" el mercado de granos podría ser apenas el comienzo de una ola estatizadora.
 Encerrados en nuestras casas, en medio de feudos provinciales, expropiaciones, pérdida de libertades, la democracia se pierde en tiempos de una pandemia que resulta ser una gran oportunidad para los que quieren delegar atribuciones del resto de los poderes en el poder ejecutivo. Llamar una democracia a tal concentración de poder sería faltarle el respeto a los países realmente liberales.

sábado, 30 de mayo de 2020

QUE EL BARBIJO NO TAPE LOS OJOS

Hace más de dos meses el presidente Alberto Fernández ratificaría el cambio de rumbo que tomaría nuestras vidas a raíz de la pandemia del Covid-19: se estableció la cuarentena obligatoria y ya nada sería igual. Las restricciones obligatorias de tal medida impactaron no solo en la reducción de los contagios sino en múltiples hábitos de la vida. Incluso cuando esté disponible una vacuna, lo más seguro es que el mundo en el que vivíamos ya no sea el mismo, instaurándose mayores cuidados, suprimiendo ciertas costumbres, adecuando nuevos hábitos preventivos. Entre ese mundo pre-pandemia y post-pandemia nos encontramos actualmente, donde restringimos casi de forma total la normalidad pre-existente y la re-adaptamos a lo que será el futuro una vez superada la pandemia. Muchos países en todo el mundo abren de a poco la cuarentena, poniendo fechas del retorno a las clases, abriendo comercios con distanciamiento social, regresando las principales ligas de fútbol (aunque sin público). Estamos ante un mundo que le da prioridad al peligro del coronavirus junto a la salud toda, sin despreciar los asuntos económicos (se espera una caída del PBI mundial superior a la de la crisis del 2008) y psico-sociales. Es decir, en el mundo se está tratando de "adaptar" la vida a la nueva normalidad: esto es, volver a la actividad con los cuidados necesarios.
 Mientras tanto, en la Argentina no parece haber horizontes de una salida de la cuarentena. Fernández afirmó en su última conferencia de prensa que la cuarentena va a "durar lo que tenga que durar". No hay por el momento una estrategia para re-adaptar la normalidad, crear una nueva vida con nuevos hábitos y cuidados. En el gobierno nacional, apoyado por Rodríguez Larreta desde el Gobierno de la Ciudad, se avistan cómodos dentro del confinamiento obligatorio y no están dispuestos a tomar riesgos a pesar de ciertas flexibilizaciones. El principal problema radica en que en este paréntesis de la historia en que nos encontramos (entre el mundo antes de la pandemia y cuando se consiga una vacuna) los principales dirigentes políticos argentinos se refugian en privar a la ciudadanía de sus libertades en función del coronavirus, sin contemplar otros problemas igual de trascendentes.
 Sin duda la apertura total que ignora al virus ha sido defectuosa no solo por el colapso del sistema sanitario (como fue en los casos de Italia, España y Estados Unidos) sino también que la economía no salió ilesa: tanto Estados Unidos como Brasil, cuyos mandatarios son los mas reacios a limitar la actividad económica, han sufrida una caída importante de esta. 
 La polaridad tan característica de la "grieta" que ha estado presente a lo largo de toda la historia argentina con sus diferentes matices, se manifiesta ahora en la voz del kirchnerismo con los siguientes polos: los que están a favor de la vida, respaldando las medidas oficialistas; y los que están a favor de la muerte, identificados con los miles de muertos de los países mas afectados. La palabra como constructora de fenómenos sociales hace una vez mas del discurso una herramienta de poder para justificar políticas que afectan las libertades mientras políticos oficialistas y opositores se enamoran de las encuestas con el objetivo de cumplir con sus pretensiones políticas. En la columna escrita el 24 de marzo (https://tomiblogracki.blogspot.com/2020/03/el-deber-de-la-humanidad-frente-la.html) se ha enfatizado por este medio en la importancia de ser responsable y no comprometer la salud del prójimo, limitando la libertad en el caso de que sea necesario para preservar la propiedad mas importante, que es la vida. Sin embargo, estar a favor de la salud no implica el extremo de atarse a la cuarentena de forma indeterminada y sin contemplar otras alternativas que busquen puntos intermedios para equilibrar todos los asuntos que deben ponerse en la balanza.
 Decir que el que está en contra de la cuarentena está a favor de la muerte (como ha expuesto Máximo Kirchner en su discurso en el congreso) es un reduccionismo carente de lógica al igual que decir que todo el que está a favor de la cuarentena está a favor de la vida, como si se tratara de una cuestión antagónica y totalmente polarizada: tener solamente en cuenta las variables de la circulación de personas y el coronavirus lleva a una relación causal muy fácil de comprender: a menor circulación de personas, habrá menor riesgo de contagio, y por lo tanto menos muertes. El problema que tiene la ciencia cuando se utiliza la cláusula ceteris paribus, es decir, cuando se tienen en cuenta solo dos variables presumiendo que el resto de las variables permanecen constantes, es precisamente que hay otras variables que no se están teniendo en cuenta. Mientras se intenta nuclear toda la salud en torno al coronavirus, como si fuese hoy en día la única enfermedad existente y la mas mortal, cuando los números demuestran que tiene una baja mortalidad y esta aumenta estadísticamente en personas mayores y con enfermedades preexistentes, hay otras preocupaciones que se están dejando de lado: el confinamiento ha producido una reducción considerable de las consultas médicas vinculadas a muchas otras patologías; han caído las donaciones de sangre; y el dengue es otra malaria que sigue propagándose. Por otro lado está la salud mental, que también forma parte de la salud, y se está viendo comprometida en mucha gente que padece el encierro y sufre sus consecuencias económicas. Por otra parte, las medidas que está tomando el gobierno nacional con el objetivo de "cuidar" a los argentinos, como lo ha manifestado de forma tajante el presidente ante la incomodidad de la pregunta de una periodista acerca de la angustia de la gente, tienen un sesgo cortoplacista que a futuro no van a hacer otra cosa que comprometer la salud de la población: los gobiernos populistas suelen incurrir en medidas de corto plazo a través de una intervención del estado que por el momento le generan beneficios a los ciudadanos (como la inmensa cantidad de subsidios que se solventan con la emisión monetaria), pero a futuro pueden provocar males peores a los presentes: el peligro de terminar en una hiperinflación generaría más hambre y muertes provocadas por la desnutrición y la violencia. Además, detrás de este estado que aparenta ser responsable con la salud se esconde una irresponsabilidad letal al afirmar, en palabras del propio Alberto Fernández, que no le importa un aumento de la pobreza: uno de los indicadores donde se manifiesta la pobreza es el acceso a la salud, y una mayor pobreza implica no solo consecuencia psicológicas difíciles de llevar, sino también un acceso a la salud totalmente precario y donde los hospitales públicos no garantizan una atención gratificante para aquel que ya no tenga capacidad de abonar una medicina privada.
 Además de aspectos vinculados a la salud y a la economía (donde claramente ambos aspectos no representan una dicotomía sino que se encuentran vinculados), se encuentran temas injustamente postergados e importantes: la educación no parece estar en la órbita del gobierno para un pronto regreso; mientras que la cultura, con cines y teatros cerrados, no tienen alternativas a la vista para volver a funcionar. ¿Hasta cuando seguirá todo cerrado por el miedo al contagio, y no se buscarán alternativas creativas para diagramar el mundo que se viene, realizando las actividades con los cuidados necesarios? Programas de entretenimiento que no son una actividad indispensable, como el programa que conduce Marcelo Tinelli, tienen todo listo para volver. Es inentendible que actividades realmente importantes como la educación y toda actividad económica que necesita trabajar y producir para subsistir se estén postergando al ritmo eterno de la cuarentena. 
 En el manifiesto realizado por la Fundación Internacional para la Libertad, se habla de la oportunidad de algunos gobiernos para "arrojarse un poder excesivo" en medio de la pandemia. El kirchnerismo parece encontrarse cómodo en la cuarentena, donde ante tal situación de excepción, Cristina avanza ocupando casilleros en materia judicial: luego de la liberación de presos y de la renuncia de la Oficina Anticorrupción a la querella de las causas mas sensibles de CFK, suenan cada vez mas fuerte la todavía desconocida reforma judicial, una modificación en los miembros de la Corte Suprema y el impulso de colocar a Daniel Rafecas como jefe de los fiscales. Mientras muchos derechos y garantías como el trabajo y la libertad de circulación se encuentran suspendidos en nombre de la salud, la justicia sigue sin funcionar y el congreso lo hace a medias, por medio de cesiones virtuales que no tienen la misma efectividad, mientras los poderes legislativos del resto del mundo se reúnen en forma presencial con las prevenciones necesarias. Por otra parte, la corrupción es una actividad que a diferencia de muchas otras, no se detuvo: las compras con sobreprecios en el ministerio de desarrollo social y en la Ciudad de Buenos Aires son un síntoma de la falta de controles en las transacciones del estado ante la aparente necesidad de adquirir los productos más rápido dada la situación de emergencia.
 Las intenciones chavistas de quedarse con parte de las empresas que recibieron ayuda del Estado se dejaron entrever en el proyecto que impulsa la diputada Vallejos: la idea de un Estado que se queda con todo, tanto con las libertades, con nuestra información y con la propiedad aparece de forma latente.
 Mientras muchos países se van adaptando a la nueva normalidad, la Argentina, que tuvo un acierto en la precoz medida de restringir la circulación, se sigue vanagloriando por medio de las filminas de Alberto de tener menor cantidad de muertos, comparándose con países como Suecia, que aplicó una mejor política de testeos y tiene un plan para salir del confinamiento, donde además del coronavirus contempla otras cuestiones. Si es cierto que la cuarentena sirvió para preparar el sistema de salud ante un eventual aumento de casos y que ahora se sabe exactamente dónde está el virus, es hora de que esta "infectocracia" (gobierno de infectólogos) abarque también otras disciplinas y que la supresión de derechos constitucionales sea solo una medida momentánea y no una política de estado. Decir que no se puede salir por miedo al contagio es tan banal como decir que no se debe salir por miedo a que nos asalten o nos ocurra un accidente. Existen también otro tipo de temores: en el mundo millones de personas mueren al año por hambre, y el coronavirus no puede ser una excusa para justificar que tales desgracias ocurran en la Argentina. Que el barbijo nos cubra la boca para protegernos del virus, pero que no nos tape los ojos: hay cosas que la pandemia no nos está dejando ver.

martes, 19 de mayo de 2020

CUENTO: EL NUEVO MIEMBRO

Estoy en un profundo túnel negro, y veo una luz al final, creo que llegó el momento de salir.
 Al salir de aquel camino oscuro no veo otra cosa que pura luz, tanto iluminación no me deja abrir los ojos. No se donde estoy, solo se que estoy rodeado de una sustancia pegajosa y hay una lengua que no para de lamerme. No se quién es, pero puedo sentir que me lame porque tiene una conexión conmigo. ¿Tendrá que ver este individuo que me lame con el lugar oscuro donde estuve tranquilo y protegido durante meses?
 De a poco me acostumbro a mi nueva vida, aunque es algo complicado: venía de estar alimentado y tranquilo sin moverme, y ahora me debo acostumbrar a esta luz que me enceguece y tengo que articular movimientos para alimentarme con comida, aunque no puedo quejarme por lo rica que es. De a poco siento también la presencia de muchos otros individuos de un tamaño similar al mío. Somos muchos, por eso nos turnamos para beber un líquido delicioso de las tetillas de nuestra madre. Así es, comprendí que es nuestra madre porque de su cuerpo salimos todos nosotros.
 Pero no estamos solos: hay unos gigantes que nos alcanzan la comida. De a poco empiezo a comprender que antes vivía cómodamente sin moverme, pero ahora tampoco es que tenga que moverme demasiado. No comprendo porqué nos alcanzan comida de forma selectiva y no nos dan de forma interminable estos alimentos, así podríamos disfrutar de estos manjares todo el día.
 Pero algo raro está ocurriendo: a medida que pasa el tiempo tengo hermanos que desaparecen. No entiendo qué es lo que ocurre. ¿Porqué estos individuos similares a mí empiezan a desaparecer y en su lugar aparecen otros más pequeños que salen del interior de nuestra madre?¿En algún momento será mi turno de desaparecer y vendrá otro en mi lugar?
 Un día ese momento llegó: esos gigantes que se ocupaban de alimentarnos me metieron en una jaula. ¿A dónde me llevan? Llego a ver que ahora me tienen otros gigantes distintos, y veo entre los agujeros de la jaula que me permiten respirar todo un universo que nunca antes había visto: siento un deja-vu: ya me había pasado esto. Antes estuve encerrado durante meses hasta que decidí seguir una luz que había al final del camino, y vi que el mundo no era solo esa cómoda cápsula en la que me encontraba a salvo. Ahora estoy sintiendo algo similar: estoy dentro de un espacio cerrado (bastante cómodo, por cierto), pero veo un sin fin de caminos a mi alrededor. El mundo es mas grande de lo que pensé. 
 ¿Pero qué significa todo esto?¿Porqué me separaron de mi madre y mis hermanos?¿A qué mundo me están llevando ahora? Ahora solo veo otro espacio cerrado donde yo y mi jaula nos encontramos dentro. Pero no para de haber movimiento. Tanto andar me está mareando un poco. Estoy asustado, no entiendo nada.
 El viaje por fin terminó, salí de mi jaula. Pero estoy aterrorizado. Estoy en un lugar similar al que vivía antes, solo que es distinto, no es el mismo. Estoy tan asustado que me fui corriendo a esconderme debajo de una estructura que se veía bastante cómoda para dormir. Cuando pierda el miedo tal vez me recueste. 
 No sé dónde estoy, ni qué tan grande es este lugar, y ahora uno de los gigantes asoma la cabeza donde yo estoy escondido. Parece querer conectarse conmigo. No entiendo qué quiere. Yo solo tengo miedo. 
 De a poco me voy animando a salir. Si no lo hago no podría cumplir con mis necesidades fisiológicas, así que tampoco tengo mucha opción. También empiezo a acostumbrarme a este lugar. Hay muchos lugares cómodos para dormir y los gigantes hacen que me divierta con objetos circulares, objetos parecidos a otros seres pero que no están vivos. No entiendo que son, pero son divertidos. 
 Estos gigantes son muy distintos a los anteriores: no solo me dan de comer, también están muy cerca mío. Me hacen masajes en el lomo y en la barbilla, me tocan con las manos, me tocan con sus labios, me alzan, me limpian. No entiendo qué es lo que quieren. A veces solo quiero que me dejen en paz. 
 Este lugar se encuentra bastante alto, y hay un espacio al aire libre donde puedo ver todo el universo que hay fuera. Me da mucha curiosidad. El mundo parece inmenso y yo vivo en unos pocos metros cuadrados, mientras veo otros gigantes caminando fuera, aunque desde las alturas parecen muy pequeños. Los gigantes que viven conmigo me bajan cada vez que me ven subido en el caño que está al aire libre. Solo estoy observando todo este universo que hay afuera que me es inaccesible recorrer, ¿Porqué no me dejan subirme allí, acaso no quieren que me caiga o que me escape de este lugar?
 Ya pasó mucho tiempo y ni me acuerdo cómo llegué acá, de dónde vine. Solo sé que estoy muy cómodo, y siento mucho amor por estos gigantes, una conexión parecida a la que sentí en algún momento que ya no me es posible recordar. No entiendo muy bien porque vivo con gigantes y no hay otros seres parecidos a mí. Pero estos gigantes forman parte de mi vida, todo lo que hago es en torno a ellos, incluso sufro cuando ellos no están. Yo no puedo comunicarme como los gigantes lo hacen entre ellos; solo sé gritar y emitir vibraciones desde mi garganta; no tengo la inteligencia que ellos tienen, pero hay una sensación que nos conecta, como si lo que yo siento hacia ellos, ellos también lo sentirían hacia mí.
 No logro recordar cómo es que estoy viviendo acá, siento como si desde el primer momento de mi vida hubiese estado siempre en este lugar viviendo con mis queridos gigantes. Quisiera saber los motivos y si hubo otras posibilidades de que mi vida haya tomado un camino distinto a este hermoso porvenir. ¿Será que esto es lo que me deparó el destino?