viernes, 11 de septiembre de 2020

LA NUEVA GRIETA INSTALADA POR ALBERTO FERNANDEZ

La Argentina es un país al que nunca en su historia le han faltado grietas y divisiones: la unificación de la Confederación Argentina con Buenos Aires por medio del Pacto de San José de Flores y la instauración definitiva de una república federal luego de la Batalla de Pavón en 1861 fue la culminación de múltiples guerras civiles, donde la violencia, los fusilamientos y la necesidad de organizar un territorio nacional que recién empezaba a consolidarse hicieron correr mucha sangre. La división entre unitarios y federales dividía a la Argentina en cuanto a cómo sería la organización política de su territorio. Aquellos años llevaron a Domingo Sarmiento a escribir el "Facundo, civilización y barbarie", retratando las dos Argentinas que se encontraban en aquel entonces: una predominantemente rural, bajo el poderío de los caudillos, poco desarrollada y donde la violencia era el foco de resolución de los conflictos; mientras que había otra Argentina en las zonas urbanas, con respeto a la propiedad privada, con la religión como elemento educador y civilizatorio, y donde una economía más avanzada, producto de la cultura europea, distinguía a las ciudades de la pobreza del campesinado. Luego, a finales del siglo 19 vinieron las divisiones entre la plebe y la oligarquía, donde el fraude de los conservadores y los levantamientos armados de la Unión Cívica Radical mandaban en el escenario político de aquella época. En 1945 el peronismo cambió la política argentina para siempre, y en sus distintas variantes, el peronismo y el antiperonismo nos acompañarían hasta el día de hoy, con el kirchnerismo y antikirchnerismo en su forma moderna. Hoy la grieta acumula un nuevo canal de expresión, que no es más que reavivar una grieta antigua, propia de las guerras civiles del pasado: la riqueza de la Ciudad de Buenos Aires contra el resto del país. ¿Cuanto de lo que decía Sarmiento en aquel entonces, nos sigue sucediendo en la realidad? Seguimos teniendo un país con una capital rica, con índices de desarrollo superiores al resto del país en su conjunto, cuyo contraste es la Provincia de Buenos Aires, donde la inseguridad y la pobreza presentan una realidad calamitosa. 
 La grieta que instaura el presidente Alberto Fernández es desconocer la raíz del problema, la causa de tal desigualdad: mencionar que le da "pudor" y "pena" tener una Ciudad de Buenos Aires tan "opulenta", casi de forma premonitoria a la quita de un punto de coparticipación que se le realiza a la Ciudad de forma arbitraria y autoritaria para solucionar el conflicto policial bonaerense, es un síntoma de la otra epidemia que nos asola: es la romantización de la pobreza, y el desprecio por el éxito, que hace que la "pena" sea hacia el desarrollo y no hacia el atraso y la decadencia. 
 Alberto Fernández podría hablar de los sistemas feudales que funcionan hace muchos años en el sur y norte del país, sin embargo, lo que le causa pena es un distrito federal que ha hecho las cosas bien para tener un nivel de desarrollo próspero. En el sistema feudal se debía trabajar la tierra para el señor feudal a cambio de protección, ya que la aristocracia era la que tenía las armas para la defensa. En este sistema feudal del interior del país, muchos habitantes de Formosa, Santa Cruz, San Luis, entre otros feudos provinciales, siguen votando al peronismo para poder vivir del Estado, con cargos públicos o subsidios. Los feudos provinciales no generan riqueza: hay más empleo público que privado, y los porcentajes de pobreza son significativamente altos. Este aparato clientelar se sostiene mediante la coparticipación, ya que estas provincias no generan sus propios recursos. 
 La Ciudad de Buenos Aires es una de las provincias (y no debe causar ningún "pudor" llamarla de esa manera, ya que es una Ciudad-Estado con el mismo rango que el resto de los distritos federales del país) que más aporta al sistema de coparticipación federal de impuestos (representando el 18,6% de la economía argentina), y paradójicamente, es la más perjudicada: recibe un 68,92% menos de lo aportado. Formosa, una de las provincias más pobres, es la más beneficiada, recibiendo un 465% más de lo que aporta, siendo un claro ejemplo de la ineficiencia, clientelismo y decadencia del peronismo feudal del interior del país, aunque Alberto Fernández haya destacado a Gildo Insfrán como un gran gobernador en un acto público celebrado hace unos meses. 
 La desigualdad que sigue vigente en la Argentina no puede entenderse sin la mala administración de los recursos y mal manejo de la coparticipación federal, que sostiene a provincias que no tienen punto de comparación con el desarrollo alcanzado por la Ciudad de Buenos Aires, lo cual queda expuesto en el conflicto con la policía bonaerense: en la Provincia de Buenos Aires un suboficial ganaba como sueldo mínimo menos de 40.000, mientras en la Ciudad los sueldos de un suboficial son de un mínimo de 60.000, con buen equipamiento y condiciones laborales aceptables. El gobierno de Macri había aumentado la coparticipación recibida por la Ciudad a un 3,5% producto del traspaso de la policía federal para crear la nueva Policía de la Ciudad, ejerciendo el derecho de la Ciudad como distrito autónomo a administrar sus propias fuerzas de seguridad sin depender de las fuerzas federales, porcentaje que le sigue dando a la Ciudad mucho menos de lo que aporta a la administración federal. 
 Mientras en la Argentina se siga con una mentalidad que castiga a la prosperidad y el desarrollo, como el nuevo impuesto a las grandes fortunas, o solucionar problemas de una provincia que no pudieron solucionar más de 30 años de peronismo quitándole recursos a la Ciudad de Buenos Aires, la civilización y la barbarie seguirán dividiendo a los argentinos: la civilización de una ciudad de estándares europeos, con una clase media altamente consolidada, con la inseguridad en caída año a año, que le presta sus servicios a millones de bonaerenses y ciudadanos del interior que viajan a la Ciudad a atenderse, estudiar y trabajar debido a las deficiencias de sus provincias (que no deja de tener un índice de 20% de pobres, que son la otra realidad de la "opulencia" tan denostada); y un conurbano pobre, con pisos de barro, escuelas que se caen a pedazos y la infaltable barbarie del delito callejero y la mafia de las altas cumbres de la política. 
 Para tener un país más federal, se deben generar oportunidades en el resto del país, terminar con los caudillos provinciales, que no se dependa únicamente de la Ciudad para realizar las actividades que realizan los cuatro millones de argentinos que entran a territorio porteño todos los días. Pero sin castigar a la Ciudad, sino siguiendo sus pasos, sin dividir a los argentinos generando odio entre compatriotas de distintas jurisdicciones, pero de la misma Nación. Nuestra Constitución Nacional establece en su artículo 75 que la coparticipación federal de impuestos será "equitativa, solidaria, y dará prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional". Hasta el momento, su uso se realizó de forma discrecional, sin sancionar una ley convenio estipulada en la misma constitución, y donde comportamientos como los del presidente no demuestran intenciones de tener un país más igualitario, sino igual de pobre. Como diría Aristóteles en su Ética, la justicia es la igualdad, pero siempre en proporción al mérito del que recibe. Los porteños no tienen porqué pagar la ineficiencia y despilfarro de recursos de otras jurisdicciones, donde el mal manejo de la coparticipación no ha hecho más que ensanchar la desigualdad de dos Argentinas diferentes, ahora incrustadas en una nueva grieta, expresada  también en palabras del gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, quien manifestó que los porteños son "terribles" e "insoportables". La judicialización del conflicto será la nueva versión de la disputa entre el desarrollo y el subdesarrollo parasitario y feudal de muchos mandatarios peronistas, que no supieron generar riqueza en tantos años gobernando La Matanza, lamentándose del éxito porteño, aunque vivan en los opulentos edificios de Recoleta. 

viernes, 28 de agosto de 2020

CUENTO: EL MERCADO DE FRUTAS

 En la profundidad de una selva donde sólo habita vida silvestre y vegetación, lejos de la civilización y del clima contaminado de las ciudades cosmopolitas, una comunidad de animales se organiza para que a nadie le falten los recursos que brinda la naturaleza. Los monos son la especie más avanzada e inteligente, y en la zona más exclusiva de la selva, pasando un pantano y distintos ríos es donde se encuentra el mercado de frutas: un sistema de intercambio donde todos salen ganando, ya que los monos son los que trabajan recolectando las frutas, y cada uno luego vende los frutos que recolectó a otros animales a cambio de servicios que estos ofrecen. El mercado es una gran cueva con distintos pisos de altura, donde en cada rincón hay troncos de árbol donde los monos guardan sus frutas que esperan ser vendidas. Los osos hormigueros son grandes clientes: ellos compran frutas a cambio de comerle a los monos las hormigas que caminan por su pelaje. 
 Lejos del mercado, distanciado por múltiples ríos, cascadas y pantanos muy peligrosos, habita una comunidad de monos nómades que aspiran a llegar al mercado de frutas para hacerse de un puesto donde negociar sus frutas recolectadas. Polimeko es un joven mono que presenta grandes habilidades: es ágil para trepar, rápido para desplazarse, perspicaz para captar peligros y oportunidades, y además tiene una corpulencia admirable para entrenarse día y noche: nadie duda de que puede ser capaz de triunfar en el mercado de frutas, recolectando todas las mejores frutas posibles para venderlas a los clientes más exclusivos de toda la selva. 
 Polimeko forma parte de una camada jóvenes monos que apuntan a llegar al mercado de frutas para seguir desarrollándose como homínidos: en la parte de la selva donde viven no hay tantos recursos y especies de animales; en cambio en el mercado de frutas los espera toda una vida de relaciones intra-especie y habilidades nuevas por delante. 
 Polimeko nunca pensó que un día se despediría de sus amigos tan rápido:
 -Polimeko: creo que ya estoy maduro para ir al mercado. Me motiva mucho este desafío.
 -Parmánado: yo también estoy muy emocionado. Mañana por la tarde voy a estar llegando al mercado de frutas. No veo la hora de llegar.
 -Polimeko: ¿Pero cómo?¿Mañana a la tarde? El mercado de frutas está muy, muy lejos... No vas a poder escalar las montañas, viajar en las lianas, saltar las aguas tan rápido. 
 -Parmánado: No, Polimeko. No voy a tardar más de un día porque voy a cruzar el pantano con los cocodrilos, ya tengo todo arreglado. 
 -Polimeko: Ha, cierto, vos eras amigo de esos...
 Al oír la conversación se acercan otros monos, que cuentan cómo van a llegar al mercado.
 -Sermónodo: Mira vos. A mí me va a llevar nada más que dos horas. Me lleva un águila volando. Es una amiga de mi primo.
 -Queráclato: Yo voy a estar llegando a la madrugada. Me lleva una manada de elefantes, amigos de mis padres. Corriendo son más rápidos que una gacela. Y allá en el mercado ya tengo todo el puesto instalado, voy a laburar con mi hermano que está allá hace un año.
 -Sermónodo: ¿Y vos Polimeko, cómo vas a llegar? 
 -Polimeko: Y no sé, qué se yo. Yo iré por mi propia cuenta.
 -Queráclato: Estás loco, es re lejos. No vas a llegar más. Aparte es peligroso, mirá si te morís de hambre en el camino. 
 -Parmánado: Bueno Polimeko, pensalo, capaz más adelante se presenta una oportunidad para llegar. Vos sos el más capaz de todos nosotros pero no hagas cagadas, si te mandás solo tal vez nunca llegues. Yo parto mañana, seguro en algún momento nos veremos allá.
 Había llegado el día de mañana y Polimeko quería partir sea como sea al igual que sus amigos. Al fin y al cabo, él era el mono con más habilidades, no podía quedarse atrás mientras todos sus amigos llegaban al mercado de frutas.
 Polimeko emprendió el camino hacia el futuro que él tanto esperaba: convertirse en un exitoso mono en el mercado de frutas. Para ello debía cruzar toda la selva.
 Al llegar a un pantano lleno de cocodrilos, Polimeko sintió que le temblaban las piernas: si se metía a nadar, un cocodrilo se lo podía comer. Pero Polimeko recordó cómo su amigo Parmánado iba a llegar por el pantano gracias a los cocodrilos, así que se atrevió a consultarle a un cocodrilo mientras un pajarito le limpiaba los dientes:
 -Polimeko: Señor, disculpe, yo tengo que llegar al mercado de frutas, alguno de ustedes podría...
 -El cocodrilo: ¿que hacés acá nene, a vos quién te conoce? Te van a comer vivo.
 -Polimeko: Pero un amigo mío...
 -El cocodrilo: Ha, sí, ese mono que pasó hace un rato. Ese es amigo del jefe, a ese lo ayudamos. Pero a vos no te conoce nadie, no tenés nada que hacer acá.
 Polimeko no se desilusionó y decidió escoger otro camino: eligió llegar por la zona de los montes. 
 Escalando una montaña Polimeko vió un águila que volaba cerca. Polimeko pensó que tal vez una de esas lo ayudaba a subir, pero cuando vio cómo el pájaro se aproximaba de forma amenazante, Polimeko se inclinó para atrás y aunque cayó al suelo muy adolorido, hubiese sido peor quedarse arriba mientras era desgarrado por las garras del pájaro.
 -Polimeko: casi me mata esa conchuda. Pero safé. Si no se puede llegar por los montes y los pantanos lo voy a hacer por el llano, aunque tarde más. Yo voy a llegar.
 Polimeko pasó días caminando sin parar, pensando en sus amigos que con la ayuda de otras especies ya habían llegado y estaban trabajando en el mercado. Los otros monos no tenían las condiciones físicas de Polimeko, pero con la mano que le daban otros animales, todo se hacía más fácil.
 Un día Polimeko no dió más de caminar. Cayó desplomado, mientras un león pasaba por al lado suyo, y el pobre mono pensaba qué bien le vendría que un felino tan fuerte le de una mano, una simple ayuda que le permita llegar. 
 Polimeko no pudo llegar al mercado de frutas. A pesar de sus grandes habilidades, el camino era muy largo y duro para hacerlo por sus propios méritos. Polimeko tenía todo para triunfar, pero pereció por el simple hecho de no conocer a nadie.

martes, 18 de agosto de 2020

EL 17 DE AGOSTO: EL PEDIDO POR UN PAIS LIBRE Y REPUBLICANO

El 17 de octubre de 1945 miles de personas fueron a la Plaza de Mayo en apoyo a la liberación de un líder que supo cómo persuadir a las masas: durante esa época la radio era un gran instrumento utilizado por la política, y sobre todo por líderes carismáticos que hacían un culto al personalismo. La historia demostraría que el culto a un líder suele terminar avasallando los derechos individuales, como fue el caso del general Perón, quien en aquel 17 de octubre habría logrado dar comienzo al movimiento peronista y legitimar la continuidad de un gobierno de facto y autoritario por medio de las elecciones que lo darían como ganador frente a la Unión Democrática. 
 El 17 de agosto de 2020 se dio en toda la Argentina un reclamo espontáneo y auto-convocado por la gente, con las redes sociales como principal instrumento de convocatoria (ahora a la radio solo le tocaría relatar lo que ocurre, sin ser el principal mecanismo transformador de la realidad), y con la consigna de reclamar por la libertad de los mismos participantes, sin ser guiados por ningún tipo de líder. Es el repudio a los políticos tradicionales lo que moviliza a la gente, que quiere ser la protagonista de la historia y no limitarse a esperar a que sus representantes elegidos por medio del voto actúen por ellos. 
 En este 17, pero de agosto, y del 2020, en memoria de otro general, el que hizo un culto a la libertad, el General José de San Martín, libertador de las guerras de la independencia, distintos mensajes hicieron eco del hartazgo social hacia una clase política que le arrebató a la ciudadanía esa libertad reclamada. Sin centralizarse en un foco homogéneo de reclamos, y de forma pacífica y con los cuidados necesarios en el contexto de la pandemia, las manifestaciones en distintos puntos del país fueron con distintos objetivos: no a la reforma judicial; no a la caída estrepitosa de la economía; no al cierre de escuelas; no a la inseguridad; no al atropello de las instituciones y una cuarentena eterna e injustificada. 
 Después de ver por las noticias las desapariciones y asesinatos de civiles por parte de la policía a causa del simple hecho de no cumplir con el confinamiento, una gran parte de la sociedad canalizó en la convocatoria una forma de expresar un mensaje: ese mensaje es que la sociedad no va a dejar que se pierdan sus derechos tan fácilmente; que no se tolera ser perseguido por las fuerzas de seguridad por pasear un perro o salir a remar en un bote, mientras la vicepresidente avanza con una ley que viola la independencia del poder judicial: como diría Jean Jacques Rousseau, el padre del Contrato Social, una ley debe emanar de la voluntad general, teniendo como fin un objetivo general, porque el único bien existente en un pacto social es el bien común, y cuando las voluntades particulares se distancian de la voluntad general y apuntan a objetivos individuales, la ley pierde la fuerza del pacto que la hace posible. La reforma judicial impulsada por el oficialismo tiene un costo económico totalmente irracional de pagar; beneficia únicamente al kirchnerismo ampliando la cantidad de jueces federales para nombrar magistrados afines al poder y no afecta en lo más mínimo las deudas que tiene la justicia con la sociedad (entre ellas, castigar en forma debida a los delincuentes). La única beneficiada con la reforma es la vicepresidente: la ley no tiene nada que ver con la voluntad general, sino con una voluntad totalmente individual. 
 En un contexto de pérdida de las libertades, el virus es una gran herramienta política para los gobernantes: resulta ser una gran oportunidad para negarle a la gente el derecho de salir y manifestarse, utilizando el recurso de la muerte con la complicidad de muchos infectológos, que ven en la opción de encerrarse una solución maestra, en vez de optar por la responsabilidad ciudadana, el cuidado individual y una cuarentena inteligente para los grupos de riesgo. En años anteriores la ocupación de camas de terapia intensiva estuvieron en un nivel similar; cerca de 30.000 personas mueren por año en la Argentina a causa de neumonía y gripe; millones de personas mueren por año en todo el planeta producto del cáncer; y así podrían nombrarse otras causas de mortalidad iguales o más letales que el coronavirus. Sin embargo, las cifras de la actual pandemia son utilizadas para sembrar el terror e instalar la idea de que todo lo que ocurre es por el bien de la salud. 
 Utilizar las cifras de muertos por el coronavirus se volvió una estrategia política de control social, ejerciendo el control sobre las actividades y horarios de las personas, ignorando las graves consecuencias que la cuarentena trae para otros asuntos vinculados a la salud, además de provocar una catástrofe económica y educativa. 
 A pesar de los pésimos resultados educativos de la Argentina en cada año transcurrido, en todo el 2020 se han mantenido las escuelas cerradas sin ningún intento por aplicar protocolos, lo cual refleja el escenario que se ilustra en este entramado oscuro de la cima del poder: la gente encerrada, sin poder trabajar, con más de la mitad de la población dependiendo del empleo público y subsidios del Estado, y por si fuera poco, un pueblo poco educado. Una proyección a futuro que le da al kirchnerismo un escenario perfecto para pauperizar a la sociedad y salir impune de todas las causas de corrupción. 
 Pero si la gente se manifestó sin un portavoz, es porque la oposición tampoco ejerce un contrapeso suficiente: Rodríguez Larreta ha sido partícipe de cada violación de los derechos y garantías constitucionales, incluso discriminando a los adultos mayores en la Ciudad de Buenos Aires, dictando un decreto que prohibía su circulación por el único "pecado" de ser gente mayor, de forma totalmente arbitraria y sin razonabilidad legal. No es exagerado afirmar que desde el 18 de marzo se produjo un auto-golpe de Estado, usurpando desde el poder ejecutivo nacional a los demás poderes y violando la Constitución Nacional: el presidente dicta decretos a gusto del poder; el poder legislativo se reúne por videoconferencia sin participar ni debatir sobre la pertinencia de la restricción de las libertades; y el poder judicial no funciona más allá de haber fallado en contra de la intervención de Vicentín, no hay un juez que dicte la inconstitucionalidad de los decretos presidenciales que incumplen con el artículo 14 de la ley suprema, y este poder corre el peligro de ser reformado. La utilización dialéctica de la medicina y la amenaza de un virus no pueden ser motivo para la implantación de un gobierno de facto en un país que desea ser libre. Si en el peor momento de la pandemia se empiezan a permitir actividades que antes permanecieron prohibidas con un menor número de casos se debe a dos motivos: nunca debieron haber estado prohibidas, y los que tienen el poder hacen con la libertad de la gente lo que se les antoja, sin ningún control. 
 El virus no sólo trajo una "anormalidad" vinculada a la necesidad de establecer protocolos y cumplir el distanciamiento preventivo junto con todos los cuidados necesarios. La vida completamente anormal que nos toca vivir se asocia también con la criminalización de gente de bien que lo único que desea es salir a trabajar, verse con seres queridos y practicar deportes; donde los asesinatos en medio de abusos policiales producto de no cumplir la cuarentena vislumbran el Estado de Sitio no declarado, es decir, la usurpación ilegal del poder público; mientras que la delincuencia parece ser uno de los trabajos "esenciales" que tienen permiso de circulación. 
 Una sociedad entabla relaciones sociales por medio de un complejo sistema de símbolos que es el lenguaje, y donde muchas veces la clase política ignora que la comunicación no es siempre desde la cúspide gubernamental hacia los representados (con decretos, conferencias de prensa o cadenas nacionales), sino también desde el pueblo hacia el poder: el día de ayer se emitió un mensaje. La sociedad habló, con carteles, expresiones y con su simple presencia y movilización en cada plaza del país, a pesar de que el Presidente haya emitido un decreto que penaliza las reuniones sociales y muchos médicos afines hayan querido asustar con que muchos iban a contagiarse. 
 En este 17 de agosto, en memoria del General José de San Martín se reivindicó la libertad, y se pidió por la verdadera justicia social: no la que le quita a los que supieron generar riqueza honestamente, sino la que es realmente justa: la que debe quitarle la riqueza mal habida a los políticos corruptos para devolvérsela a la gente, la que premie la meritocracia y no a los acomodados en el Estado que ganan sueldos irrisorios, como Zaffaroni cobrando 800.000 pesos de jubilación; ex presidentes y vicepresidentes cobrando pensiones millonarias; y prácticas de nepotismo donde un chico de 20 años que da una imagen patética de aberración del lenguaje gana 180.000 pesos (véase la conferencia donde un funcionario de tal edad dice "les pibis"). Los ideales no fueron los de una "independencia económica" que nos aleja del mundo y amenaza con expropiar empresas, sino los de una independencia de poderes, donde se respete al ciudadano, porque como diría el prócer, "seamos libres que lo demás no importa nada". 

jueves, 6 de agosto de 2020

EL FRACASO DEL ESTADO, EL TRIUNFO DE LA DELINCUENCIA

En un país en cuarentena, donde se debe tener permiso para circular, donde la libertad es un bien escaso, los delincuentes afloran en cada calle y suburbio del conurbano. El monopolio de la fuerza coercitiva del Estado se concentra en que se cumpla el aislamiento social: la policía vigila que se circule con barbijo, con permisos de personal esencial (como si se pudiera decidir qué trabajo, en tiempos de malaria, es prescindible y cuál no), que no se realicen reuniones, mientras la delincuencia no está en cuarentena: crece a medida que cae la actividad económica, con hurtos, torturas, robos y asesinatos donde la policía no alcanza a vigilar. La fuerza policial es ejercida sobre el trabajador, sobre el que debe trasladarse para ganarse la vida honradamente, mientras el ladrón es liberado con la excusa del coronavirus y posibles contagios en la cárcel, esparciendo el virus del delito por cada rincón de la Argentina. 
 Siguiendo a la filosofía iusnaturalista, la existencia del Estado se explica a partir de la necesidad de los individuos de asociarse para conformar un cuerpo que proteja sus derechos naturales por medio de la ley civil: estos son la vida, principalmente, seguida por la propiedad privada, y la libertad. Debido a la condición defectuosa del hombre para respetar aquellas leyes naturales (arrepentirse de los pecados; pedir perdón; dar las gracias; amar al prójimo como a uno mismo, entre otras) formuladas por la razón natural creada por Dios, que hacen posible la preservación de los derechos naturales, diría Thomas Hobbes, autor del Leviatán, que los hombres entran en un estado de guerra permanente. Para salir de aquel estado de naturaleza, y por lo tanto de guerra, para Hobbes se debe crear el Estado, para garantizar el cumplimiento de los derechos naturales innatos a todo hombre, que existen de forma prevaleciente a cualquier tratado civil. Es el Estado el que por medio de la justicia debe establecer un convenio entre todos los hombres para alcanzar la paz, efectuando el pacto hecho entre los civiles y el soberano mediante leyes, cuyo cumplimiento se garantiza por medio de la jurisprudencia. 
 La falta de justicia, y por lo tanto la inseguridad creciente, son producto del fracaso del Estado. El Estado en sus distintos niveles (nacional, provincial, municipal) ha fracasado en cumplir el principal motivo que compone al pacto social que hace a la soberanía sobre un territorio y su población: el cuidado de los derechos naturales, la vida y la propiedad. Un Estado que no utiliza la justicia para hacer cumplir la ley, sino que la aplica arbitrariamente, descuida la defensa de los ciudadanos y los obliga a ejercer la justicia por mano propia, volviendo al estado de naturaleza del que se debe salir para conformar un Estado. Es tan rotundo el fracaso y la inoperancia estatal, que el hombre debe volver a sus instintos más primitivos, de matar para no ser matado. 
 En distintos pasacalles de la Provincia de Buenos Aires se pueden observar avisos de vecinos organizados, probablemente con armas, que advierten a los delincuentes. Hoy la policía no alcanza (o puede decirse que no funciona, ya que está concentrada en controlar a la gente de trabajo), el Estado está ausente: es la misma gente la que debe actuar, armarse y organizarse para cuidar sus bienes y sus vidas. 
 La ley siempre está objeta a interpretación, y deben ser magistrados idóneos, invita Hobbes, los que deben tener la responsabilidad pública de interpretarla y aplicarla lo mejor posible, para que su literalidad y la asociación de esta con el caso pertinente no se desvíen de su motivación original. El código penal fue diseñado para castigar con el peso de la ley a aquel que ha violado el pacto social y ha infringido un daño, y aquellos jueces y fiscales que lo interpretan de una determinada manera y liberan a asesinos y violadores, o juzgan a vecinos que se defendieron en su legítima defensa, representan la más rancia politización de la justicia en aras de la doctrina zaffaroniana, y no hacen más que desviar la ley de su verdadera propósito: que el Estado proteja el fin en sí mismo de su constitución: la paz social y defensa de sus ciudadanos. 
 Debe entenderse esta "invasión" de jueces mal llamados garantistas, ya que no defienden los derechos y garantías de las víctimas, como una intromisión de la ideología progresista del siglo XXI: este falso progresismo comprende a los criminales como víctimas de un capitalismo salvaje, que delinquen porque el sistema los condenó. Aquella nefasta doctrina multiplica sus seguidores por medio del sistema educativo, ejerciendo un adoctrinamiento que desploma todo pensamiento crítico y aleja a los jóvenes de la cultura del esfuerzo y el sacrificio traída al país por sus abuelos inmigrantes, para acercarlos a la defensa dialéctica de la fauna de los subsidios prebendarios y protección de los delincuentes en favor de la "causa". Aquella ideología que coloniza la educación universitaria queda al descubierto en la alta casa de estudios donde se forman muchos de los abogados que luego son jueces y deben defender la causa pública: en la facultad de derecho de la Universidad de Buenos Aires los movimientos juveniles de izquierda le prohibieron hace unos meses a Sergio Moro, ex juez federal del Brasil, dar una conferencia debido a su rol como juez y luego ministro de justicia de Bolsonaro. En dicha universidad, Zaffaroni es invitado con ánimos y agradecimientos a dictar charlas y conferencias, mientras el pensamiento disidente es lentamente erradicado. 
 Este fracaso de un Estado ausente lleva lentamente a sus ciudadanos de bien desamparados a pensar en nuevos destinos, para llevar la producción y el trabajo a tierras donde realmente se los valore. Creer que  la causa de la delincuencia es el sistema económico es una falta de respeto a la gente humilde que trabaja cada día de su vida con ímpetu y esfuerzo: es esta pobre gente, que debe tomarse colectivos a la madrugada, otros que son jubilados que durante su vida han dado todo por el trabajo, los que terminan sufriendo la inmoralidad de la delincuencia y sus protectores. 
 A la Argentina, además de una gran crisis económica, la asola una gran falta de valores, transmitida por generaciones que nunca han sabido lo que es el estudio y el trabajo, pero que sí se les transmite de padre a hijo la acción de la delincuencia. Los desalmados que utilizan su tiempo para delinquir y no para ganarse la vida dignamente, que invierten en motos, drogas y pistolas para robar, no son ninguna víctima de la sociedad ni del sistema capitalista. Las únicas víctimas son la gente honesta de trabajo, que es asaltada de facto por los delincuentes, y es asaltada, pero de jure, por los políticos que hacen de sus impuestos todo menos garantizar la seguridad, educar en serio para no tener en el futuro generaciones que no saben lo que es ganarse la vida con el trabajo.
 La prioridad del Estado parece ser la reforma judicial para lograr la impunidad, el aborto como una política pública que ponga contenta a toda la generación progre-feminista, pero no invertir en cárceles y en la educación. La atención de los políticos se encuentra en controlar a la gente que desea circular por el suelo argentino, por motivos laborales o por el motivo que sea, e incluso introducirse en la intimidad doméstica de sus habitantes; pero no parece interesarse mucho en controlar a los verdaderos infractores de la ley y el orden. 
 El Estado fracasa hace muchos años y sigue fracasando, por las razones expuestas, y la grieta hoy ya no es política, sino moral: entre aquellos que admiran los escritos de Zaffaroni, y los que desean un país normal, donde se defienda a las víctimas y la justicia sea justicia, porque como dice el tango Cambalache, "... Es lo mismo el que labura, noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura, o está fuera de la ley...". 

jueves, 23 de julio de 2020

CUENTO: LA ACADEMIA DE ANGELES


En el mundo espiritual de los ángeles, cada ángel espera por su oportunidad para encarnar en un cuerpo humano y empezar su vida en el Mundo Terrestre, para luego volver a morir y regresar al Mundo Celeste, y luego volver a reencarnar y así sucesivamente.  Este mundo de ángeles es como el cielo mismo: está lleno de nubes y las entidades espirituales flotan de aquí para allá.
 La Academia de Ángeles es la institución donde cada ángel portador de un alma debe instruirse para poder encarnar correctamente en un cuerpo. El ángel D44 acaba de ingresar a la Academia, y se siente ofuscado por ello.
D44 no entiende para qué debe hacer semejante sacrificio: se siente frustrado por tener que ir de forma obligatoria a la Academia en la madrugada angelical, cuando podría ser en un horario donde las almas estén más descansadas y rindan mejor; este ángel tampoco entiende porqué debe estar tantas horas en la Academia, ya que desea aprovechar el tiempo para realizar otras tareas; y sobre todas las cosas, D44 no soporta tener que ir revestido del aura espiritual de la Academia, cuando se siente más cómodo con su propio aura. El aura es una especie de esfera que hace sentir placentera al alma del ángel, y todos los ángeles que asisten a la Academia deben revestirse de la misma aura. D44 no soporta tal falta de libertad.
Un día, el Ángel Supremo ingresó al aula de la Academia donde se encontraba D44, y reprimió severamente a todos los que tenían un aura distinta. Sus reproches eran calamitosos. El Ángel Supremo se obsesionaba con que todos estén iguales, sin interesarse en lo absoluto en que tal vez el aura de la Academia no les gustaba demasiado.
Para D44, su fastidio no solo consistía en no poder elegir el aura con la cual revestirse, sino también aquella rutina obligada y coercitiva a la que debía someterse cada día en la Academia: además de tener que ir con pocas horas de descanso, cada vez soportaba menos tener que pararse cada mañana angelical con los otros ángeles, y recitar el Himno Celestial. El Ángel Supremo se creía que todos los ángeles debían sentirse orgullosos por cantar ese himno, y el que no lo cantaba era obligado a hacerlo. D44 no paraba de temblar y sentir terror cuando el Ángel Supremo hacía un control de rutina y revisaba a uno por uno para ver si cada ángel estaba cumpliendo con todo lo ordenado por la Academia angelical. 
 Un día D44 se plantó frente a uno de los ángeles veteranos que daban clases en aquella institución celestial, luego de hacer la reverencia obligada ante cada ángel veterano que se presentaba: “¡Por qué mierda nos obligan a todos a venir acá, nos visten a todos de la misma manera, nos obligan a seguir rituales estúpidos, nos exigen que les tengamos respeto de forma obligatoria a todos los que nos mandan!”
El ángel veterano, que se sorprendió al escuchar tal queja antes de comenzar la clase, respondió: “Son reglas que se deben seguir. Algún día vas a salir de esta Academia, y vas a tener un cuerpo en el mundo terrenal. Te estamos preparando para ello”.
D44 solo sintió más rabia con aquella respuesta. ¿Sirven de algo estas estructuradas y ridículas normas? Obligan a todos los ángeles a tener respeto por Ángeles superiores de forma restringida, sin ganárselo. ¿Tiene sentido obligar a pedir un respeto exagerado a otro sin que este lo sienta? D44 odiaba hasta su propio nombre: no quería ser una combinación de números y letras al igual que todos los ángeles. Quería tener su propio nombre, valerse como individuo, y no ser parte de una masa donde todos eran obligados a ser iguales: usar su propia aura, y no la misma que el resto que iba a esa maldita Academia de Ángeles; no quería pasar la mayor parte del día allí, sino que quería disfrutar de otras herramientas del Mundo Celeste: encima que tenía que asistir a ese lugar gran parte del día, en su tiempo libre lo obligaban a realizar ejercicios que le encomendaban en la Academia.
 Vestirse como otros le dicen, tener control sobre sus horarios y decisiones, obligarle a cantar Himnos y seguir rituales con la excusa de que se le deben tener respeto porque el Ángel Supremo lo dice, sin que el respeto nazca del alma. D44 pensaba que todo era una gran estupidez, y que, al momento de encarnar en un cuerpo, tales rigideces no harían a las almas mejores, sino peores. De hecho, ya estaba ocurriendo: todos los ángeles acataban todas las órdenes por miedo a ser reprimidos, pero en el momento que no los veían, desataban con furia un libertinaje que hasta resultaba peligroso. La pedagogía de inculcarle a cada ángel cómo debía actuar y pensar a veces creaba almas sin pensamiento propio (como si fueran robots), y otras veces creaba un efecto contraproducente: la rebeldía desataba un caos que desestabilizaba todo orden pretendido.  
 Un día el alma de D44 encarnó en un cuerpo humano, y ya en el Mundo Terrestre, sin recordar absolutamente nada de lo que había sido su vida en el Mundo Celeste, se preguntó: ¿Acaso sirve de algo todo lo que nos obligan a hacer, cuando al mundo le faltan tantos valores?

miércoles, 8 de julio de 2020

DEFENDER LA LIBERTAD EMANADA POR LA CONSTITUCION Y EL HIMNO NACIONAL

El asesinato de Fabián Gutiérrez conmovió al país no solo por la muerte misma, sino porque esta es producto del dinero robado a las arcas públicas: si el gobierno de Cristina no hubiese sido tan corrupto a tal punto de esconder las fortunas robadas debajo de la tierra al buen estilo de un pirata que esconde un tesoro, el asesinato nunca hubiese ocurrido. El origen espurio de la fortuna enterrada fue declarado por el mismo Gutiérrez, cuando este declaró como arrepentido en la causa de los cuadernos. Esto no quiere decir necesariamente que Cristina y el gobierno lo hayan mandado a matar, pero sí que el Estado es responsable de no haberlo protegido como corresponde. Lo que sí es seguro es una cosa que ni para el mas enceguecido de los fanáticos puede negarse: el asesinato está íntimamente relacionado con la corrupción kirchnerista. Pero el problema de Cristina y todo el kirchnerismo no es este asesinato: su principal preocupación radica en que la justicia investigue el origen del dinero, y que los medios de comunicación lo informen.
 La intención de los miembros del gobierno de salir impunes de todas las causas y a su vez vengarse de los que los denunciaron y desenmascararon sus maniobras fraudulentas depende en gran medida de neutralizar la división de poderes e incumplir la constitución: esto ocurre simplemente porque en un país con instituciones fuertes y un espíritu republicano la constitución se cumple a rajatabla y el imperio de la ley restringe cualquier asociación ilícita que se quiera implantar desde la cúpula del poder. Es por eso que el kirchnerismo siempre estuvo obsesionado con la justicia, amagando con reformar los miembros de la Corte Suprema, y aspirando a colocar a Rafecas como jefe de los fiscales, como así también quitarle a la justicia el manejo del programa de testigos protegidos, donde muchos arrepentidos han sido protegidos durante el macrismo luego de declarar en causas de corrupción K.
 La pandemia ha sido una gran prueba para reafirmar la deficiencia institucional que opera en la Argentina: no solo no funciona a pleno la justicia, sino que funciona acorde a los deseos del poder: la feria judicial se sigue prorrogando al ritmo eterno de la cuarentena, pero para excarcelar presos y ordenar detenciones de forma imparcial sobre enemigos políticos del oficialismo, la justicia no solo que se activa, sino que lo hace de forma llamativamente rápida. Que la sobrina de Cristina no sea apartada como fiscal de la causa de Gutiérrez sería una arista más de la hegemonía feudal del kirchnerismo en Santa Cruz pero también del quebrantamiento institucional de la justicia a nivel país.
 Que el congreso funcione por videoconferencia es otro honor que se le hace al peronismo, cuando en la época de Perón se dejaba a los pocos diputados opositores que había en el Congreso hablando solos, dejando claro el mensaje de que la palabra disidente poco importaba, y que no merecía ser escuchada. Algo muy similar ocurrió cuando a un senador opositor se le apagó el micrófono cuando se debatía de forma virtual la creación de una comisión investigadora de la deuda de Vicentín, que además, se creó de forma ilegal, sin llegar a los dos tercios necesarios para su concreción.
 No deja de ser curioso que el senado quiera sesionar por videoconferencia, cuando dicha modalidad se presta a este tipo de maniobras, y luego de que en este gobierno se hayan disuelto las Sociedades de Acciones Simplificadas, que permitían crear un emprendimiento de forma virtual en cuestión de horas. En la Argentina donde se premia a los políticos corruptos y llenos de dinero y se castiga al ciudadano de a pie cada vez más empobrecido, la tecnología con buenos fines es menospreciada, y la utilizada para el bien del poder es estimulada y aprobada con creces.
 Pero más allá de la división de poderes, cuestión que caracteriza de forma terminante a un régimen republicano, se encuentran las libertades, ya que sin ellas, la democracia no existe: no hay una forma de gobierno democrática donde no haya libertad de expresión, libertad económica, libertad de culto, libertad de asociación, entre otras libertades en las que se ha basado la constitución de nuestro país, que tiene como cuerpo principal a la constitución de 1853, cuyo autor intelectual, Juan Bautista Alberdi, se inspiró en un modelo de constitución liberal y moderna pensando en un país libre. La libertad se encuentra en la esencia mas profunda de nuestra patria, y así lo demuestra nuestro himno nacional, cuando dice "Oíd mortales el grito sagrado, libertad, libertad, libertad".
 La libertad es algo que le inquieta demasiado a los gobernantes argentinos, porque gracias a la libertad de expresión y a las libertades políticas es que a diferencia de Venezuela, en la Argentina sigue habiendo un periodismo independiente que informa a los ciudadanos sobre todo lo que hace el poder, y hay una oposición que tiene con qué competirle al peronismo en las próximas elecciones. Por esta razón siempre al peronismo le molestó y le seguirá molestando la libertad, y tanto Alberto Fernández como otros miembros del gobierno maltratan a los periodistas, mandan a ensañarlos, escracharlos y hasta intentan detenerlos queriéndolos involucrar en presuntos espionajes ilegales: porque siempre que se cuente la verdad y haya una opinión pública disidente, al gobierno se le hace más cuesta arriba concentrar el poder y salir inmunes de ello.
 El artículo 14 de nuestra constitución nacional dice muy claramente: "Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio, a saber: De trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a sus autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender". En el kirchnerato de la pandemia, los argentinos ya no tenemos libertad para circular, trabajar, estudiar, acceder a los templos religiosos, abrir un comercio, hacer deporte, y ahora la libertad de expresión se encuentra seriamente en peligro a raíz de distintos acosos a periodistas. La constitución es una sola y es la misma con pandemia y sin pandemia, y a través de ella es que los políticos deben entender que son empleados públicos al servicio del ciudadano, y que el ciudadano no debe estar al servicio de ellos.
 Durante esta cuarentena se han violado muchas de las libertades garantizadas por la constitución, y el día que se censure al periodismo y ya nadie tenga acceso a la información, Argentina habrá completado su proceso de "venezolanización" y habrá adoptado la tiranía como forma de gobierno. El deber de los partidos políticos opositores, la prensa y toda la ciudadanía en su conjunto es hacerle honor a las palabras de nuestro himno y defender la libertad, que tanto costó conseguir.

lunes, 29 de junio de 2020

CUENTO: LOS PENSAMIENTOS DE ESTANISLAO

Es una tarde lluviosa en la Ciudad de Buenos Aires, es miércoles por la tarde y esta da para quedarse en casa. Estanislao se encuentra llorando en su cama. Los sollozos agrietan corazones con solo escucharlos. Ese llanto rompe almas va acompañado de la misma frase una y otra vez: “¿Por qué, por qué tiene que pasarme esto? ¡Muéranse, hijos de puta, muéranse!” El hecho de pensar en forma repetitiva cómo lo habían maltratado en el colegio angustiaba cada vez más a Estanislao, que se esforzaba por ocupar su mente en otra cosa, pero no lo lograba.
 Sus padres venían de un duro día de trabajo; Estanislao no iba a preocuparlos contándoles lo mucho que odiaba ir a la escuela y a sus compañeros. Luego de comer con poco apetito y acostarse en la cama, Estanislao se encontraba a solas con la almohada, sin poder conciliar el sueño, preocupado por tener que lidiar mañana con el mismo calvario. No pudo dormir en toda la noche, lleno de bronca y odio pensando en la muerte de alguno de aquellos que le causaban tanto daño. Sabía que el odio lo envolvía como a aquellos seres que despreciaba, pero sus emociones lo tomaron por completo. Una hora antes de que sonara el despertador pudo dormir. Eran 60 minutos escasos en todo el descanso nocturno, pero era mejor antes que ir al colegio sin haber dormido completamente nada.
 En el camino a la escuela Estanislao se entusiasmaba con la fantasía de que Dios le conceda su deseo: que aquel compañero que era el líder negativo del grupo y que lo molestaba haya muerto en algún accidente. Pero sabía muy bien que por imaginarlo el hecho no iba a ocurrir, así como así.
 Al entrar al aula era pura desolación. Estanislao se preguntaba a qué se debía tal escenario. Los mejores amigos de aquel grupo de brabucones lloraban por su amigo: José María, el que se dedicaba a humillar a Estanislao, había fallecido esa misma mañana luego de, a través de esa personalidad tan prepotente, cruzar un semáforo en rojo camino a la escuela. La velocidad de un auto no tuvo piedad.
 Estanislao disimuló preocupación, pero estaba feliz en el fondo. Aquellos que se reían de las estupideces que le hacían ahora estaban tan angustiados como él por la pérdida de su líder.
 Luego de un par de meses las cosas se estabilizaron. José María ya no estaba, pero sus amigos debían tomar la posta del bullyng. Ahora Ricardo y Juan Manuel eran los líderes de un grupo de muchos desalmados por sus acciones, y otros que lo eran por mirar para otro lado. Estanislao volvió a llorar aquella tarde en su casa como lo había hecho hace dos meses antes de la muerte de José María. Había sido muy ingenuo pensando que la pérdida de uno implicaría el fin de su padecimiento.
 Estanislao se vio envuelto de rabia una vez más, e increíblemente, al llegar al aula al día siguiente vio el mismo escenario. Se enteró en el recreo de que Ricardo había sido asesinado la noche anterior en un asalto en su casa, y que Juan Manuel se había suicidado luego de ver a su padre maltratando a su madre. Estanislao ahora no sentía ni tristeza ni felicidad; se sentía sorprendido. Llegó a sospechar que su dicha podía llegar a tener algo que ver con las muertes: era mucha casualidad. Las veces que había sentido tanta bronca por determinadas personas, estas habían muerto a la brevedad. Estanislao no era muy creyente, pero ahora estaba empezando a creer que una mano divina estaba detrás de todo esto.
 Justo ese día un profesor de matemática lo había reprobado en un examen por una causa que Estanislao consideraba injusta. Pensó en la muerte del profesor, en gozar de verlo morir en ese mismo instante delante de sus ojos.
 En el momento en que el docente se encontraba delante del curso explicando un tema en el pizarrón, cayó tumbado en el suelo. Había muerto de un paro cardíaco. Estanislao ahora sí lo creía: sobre sus pensamientos recaía un poder divino de elegir el destino de los demás. Ahora ya nadie podía meterse con él, nadie podía molestarlo.
 Lo primero que hizo una vez enterado de su poder fue pensar en la muerte de su psicoanalista: Estanislao ya no soportaba más a aquel soberbio que muchas veces se consideraba un ser superior a sus pacientes, y que quería convencer a Estanislao de que la culpa de lo que le pasaba era suya. El padre de Estanislao le comunicó esa misma noche que su psicólogo había fallecido por una enfermedad cerebro-vascular.
 Estanislao de repente sabía que era el ser más poderoso del mundo. Pero nadie debía enterarse.
 De todas formas, no había forma de que alguien se entere: Estanislao no debía mover un solo músculo, ya que, con solo imaginarlo, la muerte del otro era inminente.
 Pasados varios años de las primeras muertes causadas por el poder de Estanislao, este había provocado la muerte de todo aquel que lo estorbara, con el único objetivo de ser feliz: había muerto ya más de la mitad del colegio, de su curso y de otros años; muchos familiares molestos también; y no faltaban los decesos de muchos compañeros del club donde hacía diversos deportes.
 El problema de no parar de pensar en las imágenes que le hacían mal siempre fue un problema para Estanislao, pero ahora era una solución: todas las imágenes de bronca con quienes se ensañaba les provocaba la muerte.
 A los 30 años Estanislao se encontró solo, sin nadie a su alrededor. Ya nadie podía molestarlo. Pero tampoco fue feliz. Sus pensamientos nunca dejaron de ser un problema.