lunes, 27 de noviembre de 2017

CENTRAL 1 BOCA 0: CARENTE DE CALMA Y LLENO DE DESAJUSTES

 En el fútbol siempre se debe tener paciencia, ya que de estar de lo mejor se puede pasar a lo peor en poco tiempo. Quedó demostrado con este encuentro que, después de ver a ese equipo goleador e imbatible, Boca no es invencible, se lo puede descolocar y se lo puede hacer entrar en estado de confusión.
 Mismo resultado que en la Copa Argentina, y también un planteo muy similar de parte del equipo rosarino: hacer que los dos puntas presionen en bloque con los volantes, recuadrando toda una zona de obstáculos que Boca no fue capaz de traspasar. Pero por encima de cualquier pretexto táctico, está lo mental: Central le ganó a Boca con la cabeza, haciéndolo sentir nervioso con el trámite y el resultado, tornando el partido muy incómodo.
 Desde el vamos, por naturaleza el xeneize salió a la cancha incómodo, como un hombre que sale a correr rengueando: sin Benedetto ni Bou, Guillermo improvisó con Benítez como punta, que no tiene las cualidades para cumplir ese rol ni siente esa función como parte de su juego. Sin un hombre de peso en el centro del ataque que pueda ser el pivot, sumado a que Barrios se encontraba torpedeado por el asedio del elenco de Santa Fe manifestando insuficiencias para distribuir correctamente el balón, Boca fue un conjunto desdibujado, sin orden ni punción para sacar ventaja como suele hacerlo. El centro-delantero para Boca siempre fue una carta del triunfo porque alimentaba recíprocamente a todo el conjunto, mientras que Pavón pudo sacar su mejor versión porque tenía un socio por el cual desbordar, lo que no pudo ocurrir en esta noche agria. Y si el volante tapón erra pases y traslada de más la pelota, es un síntoma de que se padece la enfermedad de falta de juego.
 Envuelto en una furia impotente por no ver el rumbo, Boca llegó a su clímax de desesperación en la expulsión de Goltz, que entró en el juego de Ruben, haciendo que el rival consiga su objetivo (lo que se mencionó anteriormente de que Central jugó con la cabeza). Ese percance descompuso aún más el sistema, ya que Barrios pasó a jugar como marcador central, Nández y Pérez se repartieron la zona céntrica y Cardona fue una especie de enganche. Si entrar a jugar sin un nueve es algo poco innato, estas modificaciones obligadas desnaturalizaron por completo a la estructura, que además contaba con un hombre menos.
 La idea del DT de Rosario Central en introducir a Lovera por Gil para ser más ofensivo no fue desacertada: contra un contrincante con jugadores en posiciones inestables y estando con 10, el canalla tenía la chance de rematar el pleito con los hombres de Boca mirándoles el número, además de continuar con el litigio físico-espiritual de hacer sentir el rigor de su cancha con la pierna fuerte, en parte exagerada a causa del desconcierto arbitral.
 Parecía un resultado irremontable hasta que el espíritu combativo inoperante de Boca se desactivó para dar lugar al del elenco de transiciones rápidas, veloz por las bandas y con llegadas por sorpresa. Cardona siempre dio la talla probando desde afuera cuando tenía la oportunidad o de sorprender con un pase bombeado que signifique una posibilidad de avanzar, y de a poco se le fueron sumando los laterales, Espinoza y un equipo que de la nada misma reunió fuerzas para someter al rival a un aglutinamiento inesperado para conservar sus aires, hizo que tal vez lo mas justo fuese un empate.
 Los desajustes, entrar en el juego ajeno, y las sorprendentes bajas que sufre el equipo de los mellizos son alarmas de que las cosas pueden estar peor, pero la levantada que pudo haber terminado en empate da cátedra de que volviendo a acomodar los tornillos, la máquina puede volver a funcionar.

lunes, 6 de noviembre de 2017

RIVER 1 BOCA 2: LA NAVAJA SUIZA

 Si había algo que le faltaba conseguir a Boca para terminar un gran año, además de haber conseguido el último campeonato local y estar cerca de terminar primero en el actual, era dejarlo KO a River en una semana que no va a olvidarse nunca. En este tipo de partidos es donde el fútbol como deporte interactúa con todos sus componentes: la suerte, la historia, y sobre todo, lo emocional. Los de Núñez se presentaban con sus sentimientos completamente averiados, no solo por el hecho de quedar eliminados de la copa, sino por la forma en la que los hechos acontecieron: se le hizo honor a su apodo de "gallinas", y no debe haber nada más doloroso para el hincha de River que recordar las manchas de su historia como aquella vez contra Peñarol en donde se les otorgó el apodo, cuando San Lorenzo lo dejó afuera convirtiendo dos goles con nueve hombres, el descenso, y ahora puede sumarse otro capítulo fatídico en su historia copera, empaquetado con un moño azul y oro. Todo ese combo es tan letal para River que no sería descabellado que salga a jugar el partido con Deportivo Morón con miedo a otra tarde trágica. Las emociones juegan un papel muy fuerte, y mientras River salió a jugar en su cancha golpeado, Boca fue a capitalizar esa angustia para convertirla en alegría propia. 
 El espectáculo más fabuloso que puede presentar el fútbol argentino fue entretenido, Boca puso sobre la mesa las armas con las que viene batallando desde que empezó la Superliga que lo tiene con puntaje perfecto, y River expuso una pelea de igual a igual, con distribución en el medio con Pérez y Rojas, conducción y atrevimiento de Fernández y Martínez, y un Scocco siempre temerario. Sin Gago, el dueño de la mitad de la cancha para manejar los tiempos y desplegar fútbol en el xeneize es Pablo Pérez, quien tiene bien merecida la cinta de capitán porque tiene la personalidad para pedir siempre la pelota, poner la pierna fuerte, llevar la bocha bajo la suela y tomarse un tiempo para pensar si es necesario; puede que no sean todas resoluciones majestuosas, pero es el que da un dote de buen timing para el tráfico del balón. Y sin que desentone Benedetto (no tuvo mucha participación, aunque aún así, cada vez que entra en contacto con la redonda da indicios de calidad), Boca daba señales de peligro gracias a la pegada de Cardona, hasta que el nerviosismo de River y las transiciones vertiginosas de Boca guiaron el partido a una patada criminal de Fernández, un tiro espectacular del 10 xeneize, y en un partido que exhibía un ir y venir de ambos conjuntos, se inclinó la balanza a favor de los visitantes, 1-0 arriba y con un hombre de más. 
 Llamativamente, Boca no fue capaz de liquidar el pleito teniendo todo a su favor. Entregó la pelota, Barrios no imponía la presencia que suele establecer, y con orgullo y vergüenza, los de Gallardo procuraron atacar con advenimientos en bloque no del todo claros, pero que en todo momento incomodaron a Boca e incitaron a forzar errores (como el mano a mano que Rossi le tapa a Scocco, donde Magallán marca mal y deja al ex Newell's habilitado), hasta que con toda la bronca Ponzio quiso darle un consuelo a sus hinchas. 
 Pero el fútbol es tan raro, tan cambiante, tan increíble, que cuando todo estaba dado para que River lo de vuelta, gracias al envión del empate, que había recuperado el protagonismo, que Pitana le dio una mano echando injustamente a Cardona, fue el turno de los hombres de los mellizos para rebelar personalidad e ir al frente. Como se dijo anteriormente, Pablo Pérez tiene bien ganada la cinta de capitán, y en un jugadón fabricado desde los pies del capitán, Nández terminó de noquear a River. Es una jugada que refleja las situaciones de ambos rivales: River, con una defensa flácida, que ya no es lo que era, recibiendo cachetazos que siempre terminan con sangre: no puede dar fe de que Lux va a evadir el golpe. Boca es como una navaja suiza multiuso: no fue un gran partido de sus dos delanteros, pero si no le anda el saca corchos tiene la tijera: tiene fútbol en Pérez y llegada con Nández, que también expone un excelente despliegue cuando hay que correr y cerrar el partido; pegada con Cardona y sorpresa con Fabra. Boca es una máquina multi-función, con la agresividad de una navaja suiza. Lo único que le faltó en el partido fue aprovechar más la desesperación de su rival: en dos contraataques con una clara superioridad numérica, se falló en la precisión de los pases increíblemente, imposibilitando ganar el clásico con más comodidad. 
 Esta victoria es pura felicidad para el barrio de La Boca, no solo por cómo se consiguió (con fútbol y coraje, con el árbitro en contra, también por el momento de River), sino porque la gente ya empieza a tener cariño a determinados futbolistas, a encontrar un sentido de pertenencia entre la tribuna y el campo de juego. El fútbol argentino se está pareciendo a una liga europea porque Boca decidió que así sea y partido a partido usufructúa sus fundamentos de forma escarpada. 

jueves, 2 de noviembre de 2017

BOCA 4 BELGRANO 0: UNA HEGEMONÍA DIFÍCIL DE DESTERRAR

 Vamos a comparar el caso de Boca con uno semejante: es histórico que en España, la llamada "liga de las estrellas" sea famosa por dos equipos, que se disputan entre ellos el campeonato hace muchísimos años (sin despreciar los ricos recursos que puedan tener los 18 equipos restantes, que han intentado aprovechar las metodologías de esos dos rivales para enriquecerse), y eso se debe al presupuesto. El Barcelona y el Real Madrid son clubes multimillonarios, tanto que son de los pocos clubes en Europa que lo siguen siendo, sin la necesidad de ser comprados por empresarios para contratar figuras. Es tal el nivel que tienen sus futbolistas (además de proyectos futbolísticos serios y bien trabajados, ya que no alcanzaría con simplemente tener buenos jugadores), que es costumbre ver resultados abultados, que algunos compromisos parezcan un trámite, que hasta jugando mal, en algún momento del partido hagan la diferencia. Por esos motivos el equipo que termina ocupando la tercera posición queda a más o menos 20 puntos del escolta, para ser claros. 
 Nadie dice que ese va a terminar siendo el caso de Boca y la Superliga, pero es innegable que por el momento está ocurriendo. Ya van siete partidos y el mismo número en cantidad de victorias. Algunas más trabajadas, otras en donde floreció el mejor fútbol del xeneize. Este 4-0 ante Belgrano tuvo un poco de todo: al principio, le costó hacer pie; el elenco cordobés aparentó disputarle a Boca el mando del encuentro, hasta que los de Guillermo recuperaron la memoria y parecería ser que Belgrano también, casi como entendiendo que tenía que jugar para no recibir más goles que para conquistar una luz de esperanza. 
 Parecía raro al principio ver la disposición táctica de Boca: la presión no era del todo alta y agresiva, se dejaba que los centrales de Belgrano manejen la pelota y hasta avancen con ella. No se está diciendo que haya sido un error: teniendo en cuenta lo estratégico, el jugador que menos daño puede hacer teniendo la pelota en sus pies después del arquero es el defensa central, y se recalca aún más la maniobra al observar que los abalanzamientos de los zagueros visitantes no generaron peligro alguno, ya que la última línea local continuó con sus reacciones sobrias (elemento fundamental de todos los triunfos conseguidos) y Belgrano no desentonó como para impartir una discordia con el destino. 
 A veces lo bueno debe esperarse. Boca no se encontraba consigo mismo, Cardona estaba lento e impreciso, Pavón no hallaba los callejones, Benedetto participaba poco, Pablo Pérez no generaba con Nández esa sociedad que implicaba la presencia de Gago, hasta que el uruguayo finalmente llegó con libertad y Pavón volvió a resolver con la fuerza y velocidad exacta nuevamente, cualidad de alguien veloz y a la vez intelectual. A partir de ese momento, el equipo de la ribera estuvo en su salsa: puede comprobarse en el segundo tanto, moviendo la pelota de un lado al otro, en bloque y con pases mordaces en los últimos metros y finalizando con el gol del número 10, que se revitalizó junto con todo el equipo. 
 La falsa violencia interpretada contra las "boquitas", que injustificablemente se les ve negada su participación en la previa y en el entretiempo por un insólito e injustificable eslogan para este tipo de casos (su ausencia no tiene fundamentos porque van a hacer exactamente lo mismo en futsal y básquet, solo que no va a ser televisado; ellas mismas se quejaron de la medida; y sobre todo porque televisar a un grupo de chicas bailando no es violencia contra la mujer, sino que es privilegiarlas mostrando a la gente una actividad en la que se destacan), fue la emanada por el equipo para no conformarse e ir en busca de más constantemente. Violencia en el buen sentido: eso es, pases punzantes que quiebren líneas, como la pared de Jara con Espinoza, por ejemplo (violencia que significa placer), y el cambio de formación hecho por Guillermo cuando el partido ya estaba ganado, no para ser más agresivo porque el equipo ya estaba dando signos de supremacía, sino para ensayar una nueva variante, darle minutos a un interesante Espinoza, y demostrar que también se puede ser igual de organizado, disciplinado, profundo y manteniendo el ideal futbolístico con un hombre más de ataque y sin un volante central de contención. Toda una variante que para los tiempos del fútbol de hoy en día en donde muchos equipos optan por jugar la pelota al ras y con extremos ya no es revolucionario, pero que revuela al fútbol argentino porque justifica el liderazgo hegemónico de Boca. 
 No hay que olvidarse de otro estandarte de lo que está siendo esta campaña: Rossi responde en el momento que debe hacerlo, y a estas alturas ya se ganó el título de arquero de equipo grande. 

lunes, 16 de octubre de 2017

PATRONATO 0 BOCA 2: IMPUSO AUTORIDAD

La lesión de Gago es un sismo para la articulación de Boca: el 5 es el jugador que construye el inicio de la concatenación de pases, y para el equipo de Guillermo es el toque de distinción que significa la pausa para tanto vértigo. Nández es un gran jugador, pero es muy distinto a Gago: es agresivo, explosivo con la pelota, de mucho ida y vuelta y no tan cerebral como el ex Real Madrid. Boca puede seguir funcionando muy bien con el uruguayo, pero no seguir funcionando de la misma manera, por el simple hecho de que cuando se cambia una pieza y el sustituto es completamente diferente al fragmento original, toda la estructura se ve alterada. Ahora Boca tiene menos pausa y más detonación. Además, el puntero del campeonato llegaba a Paraná sin Cardona, otro que pone la pelota bajo de la suela y aporta claridad. Con Espinoza y Nández, el xeneize llegaba con la hipótesis de que tenía que ir al golpe por golpe, quebrar el partido a través de la velocidad siendo vertiginoso. 
 Sin quitarle los méritos que obtuvo para estar en primera división, hay que decir que Patronato es un equipo básico: es un conjunto de pierna fuerte en el medio, espeso de la mitad de cancha hacia atrás, que apuesta sus posibilidades a la segunda pelota y bochazos frontales hacia los delanteros. Para desarticular tal soporte, Boca necesitaba de la mente fría de un hombre como Gago, de alguien que no actúe impulsivamente sino coherentemente, que ambicione con destruir la disposición contraria gracias a la paciencia y no con el individualismo. Al escasear de determinados elementos, Boca extrañó a Gago y chocó constantemente frente a la procuración engallada de los propios ideales. 
 Muchas veces el equipo quedó largo ante una mala decisión: había demasiados hombres enfocados en recibir a la carrera, a tal punto que cuando se perdía la pelota quedaba un vacío a sus espaldas, y Patronato por momentos tuvo camino por recorrer para ejecutar un contragolpe. La poca eficacia y determinación de los paranaenses, sumado a los buenos reflejos de Rossi ante un potente remate de media distancia le dan una explicación al cero en el arco visitante. 
 Pero si la ecuación no podía despejarse mediante el esparcimiento de ideas superiores en lo técnico e intelectual del elenco boquense, la vía para el escape hacia la victoria debía manifestarse mediante lo colérico y temperamental: era menester encontrar el oasis del eufemismo colectivo en donde el más poderoso imparta su jefatura ante el más débil conciliando sus fuerzas más espirituales que técnicas. Allí apareció Pavón, corriendo como si el Río Paraná se desbordara y esté a punto de tragarlo, y definiendo en el suelo como si no hubiera un mañana, dejando todo el cuerpo sumido a la eventualidad. Aunque sería injusto diluir todo el gol a la voluntad del cordobés, ya que la cuota de fútbol finalmente apareció de la mano del que más sabe: ese es Benedetto, que juega de nueve pero también de enganche, porque cuando se tira atrás tiene la figura de Pavón en la cabeza, y así como había hecho frente a Chacarita hace una semana, le volvió a poner un pase de forma magnífica, esta vez bombeado, para resquebrajar una defensa que no puede anticipar el movimiento y no quedar expuesta. 
 Boca lleva ganados todos los partidos de la Superliga porque es una fórmula colectiva en donde coexisten diversas sociedades: la de Benedetto y Pavón es una de ellas; y también puede mencionarse la de Pavón y Fabra (cuando el ex Talleres se tira a la izquierda, siempre sabe que el colombiano va a pasarle como una locomotora). La baja de Gago no es la caída de un soldado sino la de un general, pero mientras se tengan en pie otros escuadrones, el ejército podrá seguir marchando. 

miércoles, 11 de octubre de 2017

LA CASA ESTA EN ORDEN

 A lo largo de las eliminatorias, Argentina experimentó distintas metamorfosis, que abarcaron protagonistas, estilos, esquemas, golpes duros en lo deportivo; pero siempre hubo un factor en común: Messi fue la mecha que en momentos de plena oscuridad, siempre estuvo prendida, y el que debía iluminarnos el camino para no volver a tropezar. Messi siempre estuvo en un nivel interestelar, pero la diferencia estuvo en que esta vez los compañeros supieron escoltarlo en la misma sintonía. La final de la última Copa América con la imagen de Lionel encarando solo frente a cuatro chilenos; las únicas aproximaciones argentinas en el 0-0 con Uruguay a través de pases de Messi, que se repitieron con más claridad frente a Perú, donde faltó eficacia. El 10 del Barcelona estuvo a la altura en todo momento: sufrimos lo que sufrimos porque no estuvieron a la altura los demás, es decir, los compañeros (Di María terminando mal las jugadas, por ejemplo), el equipo en general (lo dijo muy bien Menotti: en Argentina no había sociedades. Solo basta tomar cinco minutos del Barcelona y de la selección para darse cuenta la diferencia a la hora de elaborar una jugada, donde en Argentina faltan jugadores que piquen al vacío, que se desmarquen para recibir, volantes que dejen la zona de confort para hacer a la agresividad del conjunto), y hasta de cada uno de los argentinos, que no supieron valorarlo. 
 La improvisación genera esto: una oportunidad para salir ganando o fracasar en el intento. Improvisar implica seguridad en uno mismo para tomar la decisión, pero no deja de ser inseguro en el plano genérico. La inseguridad implica muchas veces sufrir. Cuando Sampaoli tomó las riendas del equipo, trajo consigo una idea que implementó en Chile con mucho tiempo de trabajo: nosotros no podíamos pretender alcanzarla en tan poco tiempo. El DT se la jugó con nombres nuevos: Acuña, Acosta, Rigoni, Icardi, Benedetto, Gómez, Salvio, Fazio, Paredes; con el objetivo de encontrar una respuesta y pensar a futuro en nuevas alternativas. Además de adaptarse a una selección sin pasar por el proceso correspondiente, jugadores como el goleador de Boca debieron cargar con el peso de un posible sexto puesto que los deje afuera del Mundial y los marque negativamente de por vida. Debieron cargar con la responsabilidad y también con una adaptación instantánea. Pero imaginemos toda la carga que debía estar soportando Messi, que es el mayor responsable, el que tiene la lupa encima, el que conduce al resto, el que se espera que nos salve de la catástrofe. 
 Ante Ecuador, por fin tuvimos el desahogo final: no es que Messi haya cambiado, porque siempre fue igual de extraordinario, sino que cambiaron las piezas que son esenciales para que la figura pueda lucirse: con dos carrileros natos y laterales para tener opciones por afuera y también equilibrio, salida muy clara a través de Biglia, sorpresa por parte de Pérez (lo que le faltaba a Banega: no tanta distribución y más compromiso ofensivo para que la posesión no sea tan predecible), y una referencia de área como Benedetto que también es socio de todo el equipo. Parando la pelota, pensando con tranquilidad (Di María es el mejor ejemplo, y el primer gol lo demuestra), tratando de generar superioridad numérica con triángulos en donde alguien pueda romper líneas y no chocar contra una muralla de hombres como ante Perú. Defenderse con la pelota no es tenerla pasivamente, es hacerla rodar para que no te ataquen a causa de que tu equipo es el dominador del encuentro: Ecuador hizo pesar la localía y su abundancia de oxígeno a través de individualidades que crearon sofocos muy de vez en cuando, pero Argentina supo sacarlo adelante no con el físico, sino con la mente: eso quiere decir, estando fuerte de la cabeza, incluso perdiendo a los 40 segundos por una distracción, se puede ganar jugando bien en la altura. No hace falta correr más que el rival para ganar: de hecho los ecuatorianos corrieron más, porque Argentina lo hizo correr detrás de la pelota, y en hombres como Mercado y Otamendi tuvo solvencia para ganar en el mano a mano con una seguridad de caudillo. Eso también es clave: para tener la pelota hay que saber recuperarla. Y mientras la casa esté en orden, Messi va a estar en su fase top. No es que a veces esté apagado, es que el fútbol es un deporte colectivo, y la plataforma grupal hace a las distintas operaciones individuales. Y cuando falta suerte como ante Perú, si se hacen las cosas bien la buena suerte termina siendo una costumbre. 
 Ahora que el objetivo está cumplido, es momento de sentarse a pensar en serio: Sampaoli debe decidir qué hombres son los más indicados, y seguir plasmando su identidad, donde deberá elegir cómo hacerlo. Ante Ecuador, fue con dos carrileros, un punta y un mediapunta con las libertades que se merece un crack. Estará en el DT si fue un esquema apto para jugar en todas las canchas o más para la altura. Lo cierto es que Sampaoli se la jugó y salió triunfando porque consiguió lo que no parece ser fácil para todos los técnicos argentinos: que Messi esté cómodo, y eso no significa hacerlo jugar con el club de amigos. 

jueves, 28 de septiembre de 2017

BOCA 0 CENTRAL 1: EL AMOR PROPIO

Los dos llegaban en momentos muy distintos: Boca, en un gran momento, goleando a sus rivales, manteniendo la punta; Central, llegaba como podía, golpeado, sin rumbo. Uno venía de ganar 4-0, el otro de perder por el mismo resultado. A veces el fútbol no tiene lógica, pasan cosas inesperadas, pero las cosas no se dan porque sí: lo lógico del resultado está en el amor propio de Central, que parecía jugarse mucho más que una clasificación a cuartos de la Copa Argentina: se jugaba la cabeza de su entrenador y la confianza de sus hinchas. 
 Se concretó el peor partido de Boca en lo que va de la temporada, sin fluidez en el juego, sin ganar los duelos individuales, sin encontrar soluciones sobre la marcha, y donde sus grandes futbolistas no pudieron sacar ventaja: Benedetto no tuvo el acompañamiento de siempre, y en la única que pudo acomodarse y sacar un latigazo pasó cerca; Pavón no pudo desnivelar ni por la derecha ni por la izquierda, donde Fabra tuvo intenciones de hacer algo distinto pero lo marcaron bien, sin dejarle los huecos que le dejó Vélez; y a Cardona siempre le adivinaron la gambeta, mientras que cuando quiso ayudar a los volantes a armar juego desde más atrás, Central permanecía sin zarandearse. 
 El canalla jugó con los dientes apretados, con vergüenza por lo hecho de local ante Banfield y con bronca por no estar teniendo contentos a sus seguidores: Montero ubicó un medio campo combativo, con tres cincos para distribuirse solidaria y coordinadamente la presión en el centro, ayudados también por Colman, Ruben y Herrera, que hicieron un trabajo muy desgastante cuando Boca tenía la pelota en su poder. Hay que decir que Ruben y Herrera (que seguramente tuvo la oportunidad en lugar de Zampedri porque atesora características más acordes) también formaron parte de la mitad de la cancha, ya que nutriendo la presión posicionándose delante de Goltz, Magallán y Barrios, lo obligaron a Gago a retroceder, a Cardona a tener que ir a pedirla más abajo porque no le llegaba, a los laterales a tener que dar un pase atrás porque no podían trasladar el balón. Herrera jugó muy bien moviéndose de espaldas para distribuir la pelota, y si bien Central no tuvo un abanico de posibilidades como para decir que fue un sobrio merecedor del triunfo, obtuvo la victoria debidamente por lo hecho para impedir que Boca se sienta cómodo, y porque aprovechó la pelota detenida para sacar una ventaja que tal vez con la pelota en movimiento era desventaja. 
 Para Boca no tiene que ser la muerte de nadie: no jugó bien, pero tampoco fue bailado y goleado, y tiene jugadores tan distintos que por cuestión de detalles tal vez pudo haber encontrado un gol en el camino: Gago, a dos toques, puso un pase entre líneas de una mente imaginariamente inverosímil que no llegó a conectar Cardona, que de hacerlo iba de cara al arco de Rodríguez; y Cardona, que tiene un gran pie derecho, le metió un centro bárbaro a Bouzat (que se pasó y no pudo cabecear), y después probó en un tiro libre que tapó el ex arquero de Independiente. Los cambios no otorgaron nada distinto, sino que sublevaron sus intenciones en seguir galopando en esa lucha fatal contra la presión rosarina, en donde tanto Nández como Bouzat quedaron en buenas pretensiones. Pablo Pérez, uno de temperamento fuerte que aparece mucho en los momentos difíciles para hacer menos denso el tráfico de la pelota, también fue neutralizado. 
 Los de Guillermo se toparon con un rival aguerrido que supo ser mejor, y está bien que se vaya con tristeza como manifestó en sus declaraciones. Pero ese sentimiento debe ser aprovechado para encaminarse en el torneo, porque si bien se esperaba llegar más lejos en esta copa, haberse quedado afuera es un aviso para no subirse al pony, pero tampoco es la caída de un rascacielos. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

VELEZ 0 BOCA 4: SE ADAPTA A LAS CIRCUNSTANCIAS

La máquina de Guillermo se florea ante los rivales y goza de su eficacia goleadora, pero hay mucho más detrás de la efectividad de Benedetto y el toqueteo abrumador que lo tiene en la cima. Es un equipo que se adapta, fluye según el rival de turno, capitaliza cualquier equivocación crónica del adversario, y eso se debe a sus buenos intérpretes y a los grandes planteos del técnico. 
 Ante Olimpo hubo un solo equipo en la Bombonera; ante Lanús luchó y aprovechó la que tuvo; contra Godoy Cruz se la jugó al golpe por golpe y ganó por tener mejores futbolistas; y ahora en el Amalfitani frente a Vélez, le dejó tener la pelota al rival, lo mató de contra y después disfrutó de lo que quedaba del partido. 
 Los de De Felippe no tienen un equipo experimentado, pero es un conjunto lleno de juventud, rebeldía y carácter, por lo que no iba a entregarle la pelota a Boca, sino que en su propio estadio y con su gente, fue a ganarlo desde el minuto cero. Con una versión de Pablo Pérez más aguerrida, un Gago que sirvió como contenedor en el medio, y un Barrios que sacó a relucir su estampa de experto y licenciado en ciencias de la táctica y la recuperación del balón, el visitante absorbió al fortín en la mitad del campo, no lo dejó jugar y en las oportunidades que puso en una hipotética posición de avance a uno de sus hombres no pudo resolver de buena manera por la solvencia de los hombres de Boca para defender. Cuando decimos que Boca no es solo Benedetto, es porque también es Goltz y Magallán. Al segundo zaguero se lo ve cada vez más firme, ya como un hombre experimentado a la hora de tirarle el peso encima a un juvenil de Vélez o para salir lejos de su área de forma veloz, y se complementa muy bien con su compañero de zaga, que llegó para ser el dos de Boca y está cumpliendo su labor con creces. A partir de allí, Boca cumplió lo primero: que la pelota en poder del rival no sea un conflicto. Y las estadísticas lo evidencian: solo dos remates al arco en todo el partido de parte del local, y que fueron controlados sin ninguna dificultad por Rossi, que ya se acostumbra a terminar con la vaya invicta. Vargas y Romero, chicos habilidosos que siembran peligro cuando el elenco de Liniers ataca, deben hacerse cargo de los percances a pesar de su corta edad, y todavía no están listos para deformar la cohesión de la solidez del xeneize, ya que la actitud es un factor determinante pero no es lo único esencial, sino que la jerarquía muchas veces termina haciendo la diferencia. Con este dilema se topó Vélez al enfrentarse a un equipo como Boca. 
 Cuando el equipo de los Barros Esquelotto recuperaba la pelota, decidía jugar rápido para atacar al espacio, que muchas veces quedaba expuesto, y otras era fabricado con la sencillez de sus hombres, que hicieron simple lo complicado. En lo sencillo podemos observar goles como el primero de Benedetto, donde Fabra corrió como en las mejores épocas de Clemente Rodríguez por toda una franja izquierda despejada. Y en la parte en la que se hace simple lo complicado vemos cosas como en el segundo tanto, donde una vez que el pensativo Pavón le dio el pase a Benedetto ya era todo muy simple, pero no parecía serlo antes de que Cardona le de un cambio de frente perfecto al ex Talleres. Cuando algo que no parece tan fácil de ejecutar, como ese pase puesto como con la mano, se hace costumbre, es porque nos estamos refiriendo a excelentes jugadores. Y ser un gran futbolista no hace referencia únicamente a la técnica, sino también a la visión para implementarla de la mejor manera. Antes del gol de Fabra, este se mete en el área previendo que Bou va a darle el pase atrás; eso es porque además de sus notables condiciones físicas, tiene sentido de la orientación, tanto para asistir como cuando le pasó por detrás a Pavón en el primer tanto, como para anotar intercambiando posiciones con un compañero. 
 Decir que Boca es capaz de ganarlo todo en esta temporada no suena descabellado si tenemos en cuenta que es una formación que sale de memoria, sus jugadores parecen estar en su mejor momento (Pablo Pérez fue clave ante Godoy Cruz y en la ajustada victoria ante Guillermo Brown, activando la aceleración del entramado, flotando en el medio para conectar, y hasta llegando para convertir como hace mucho no lo hacía), y dependiendo del rival y el contexto se acomoda para terminar disfrutando de la victoria.