Los primeros 15 minutos parecían de un partido entre el Real Madrid y el Real Betis, como el que ganó esta temporada el equipo merengue por 5 a 1, entre otros tantos partidos que sacan tanta diferencia el Madrid y el Barcelona en España, es decir, la diferencia en cuanto a presupuesto y posición en la tabla se hacía notar en el juego. Dominábamos la pelota de un lado al otro con mucha agresividad, de forma parecida al partido con Banfield, solo que el rival de Misiones era aún mas vulnerable, y realmente parecía mas un partido del fútbol español que de nuestro campeonato porque era todo demasiado simple: Crucero defendía en línea con cinco hombres, pero nadie salía a presionar al portador de la pelota, por lo tanto, ante la estática del rival, la movilidad propia derrumbaba muy sencillamente la estructura del rival, de hecho en el primer cuarto de hora ya teníamos un penal (errado), un gol y tres disparos al arco.
Pero como ya es costumbre en nosotros, nos cuestan demasiado los elencos recién ascendidos o mas precisamente los que vienen a defenderse a la Bombonera, no porque esté latente una ruptura en el resultado, sino porque no podemos mantener la misma intensidad durante los 90 minutos. Se podría decir que congelamos el partido, ya que al no seguir brillando de la misma manera que en los primeros minutos y ante un rival sin recursos como para neutralizarnos y hacernos daño, el asunto entro en un estado de parálisis. Ver un partido con mucho roce, poco juego, pocas situaciones, y donde solo Tévez puede hacernos sentir algo de chispa por su capacidad individual (que obviamente sucede en una jugada aislada, que no suele ser habitual, ya que un solo jugador no puede por sí solo quebrar el transcurso del partido si no hay un equipo que lo acompaña) no es un buen espectáculo para la vista. Y en un pensamiento conceptualista se diría que Boca no encontró su estilo, que por mas de que Crucero perdió, fue el que mas ganó, ya que consiguió lo que fue a buscar: perder dignamente, sin ser bailado por Boca. Pero desde una mirada resultadista está mas que claro que Boca cumplió: brilló hasta hacer el gol, luego encerró el marcador en un frigorífico para que no cambie mas, y sin atacar, como el rival no atacaba, el partido estaba cocinado, no iba a haber mas goles, aunque siempre está el riesgo de que un error propio te deje pagando, pero por suerte los santos no quisieron que estemos meados por un elefante.
El fútbol está para ganar, aunque siempre hay que preguntarse de qué forma se llegó al resultado final. Si es ganando como con Banfield mejor, pero aunque muchos no lo crean, saber congelar partidos también es un arte (el arte de la conveniencia), y el ingreso de Fuenzalida en vez de la entrada de Palacios o Chávez explica lo que el Vasco comprendió: ganar 1-0 o 5-0 te da tres puntos, a nadie le dan mas puntos por convertir mas goles, y si Boca ganaba estaba a 6 de San Lorenzo faltando tres fechas, ¿para qué arriesgarse? Metimos el partido en el frezer, pero sacamos la cerveza: no habremos disfrutado de una actuación inter-estelar del equipo del Vasco, pero podes tomar cerveza tranquilo, que sacando 4 de 9 puntos levantamos otra copa. Disfrutemos.
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