domingo, 15 de noviembre de 2015

DE A POCO SE VA ENCONTRANDO UN FUNCIONAMIENTO

 Esta vez la selección funcionó como Martino y todos queríamos: equipo corto, sin dejar espacios, presión alta, con movilidad y agresividad para atacar, donde los laterales fueron un reflejo del buen momento: ni Rojo ni Roncaglia sufrieron por ambos costados y sorprendieron trepando por sus respectivas bandas, sobre todo Roncaglia, que tenía la difícil tarea de ocuparse del ingenio de Brasil, que era Neymar, ya que la selección de Dunga solo parece dar miedo cuando la pelota está en los pies del astro, que no pudo con la presión de Argentina y la buena marca del ex hombre de Boca.
 Argentina había encontrado el funcionamiento, individualmente estaba bien y tenía controlado a Neymar, es decir, estaba para ganar por goleada, pero como ya es costumbre en el ciclo de Martino, los baches en los segundos tiempos son el peor rival: estaba el partido más que controlado, pero cedimos la pelota, dejamos de aproximarnos y en la única jugada elaborada de Brasil en el partido la vamos a buscar adentro.
 En un momento complicado, donde no abundan las victorias ni llueven los goles, y cuando se sigue sin ganar se entra en la desesperación, pero no hay que confundirse, ya que dejando de lado los resultados, claramente la selección del Tata va en estado ascendente: fue un desastre con Ecuador, no mereció nada con Paraguay pero tampoco mereció perder, y claramente mereció ganar con Brasil, encontrando el estilo de los mejores partidos en la Copa América, donde hasta se nos fueron las dudas de cómo estaba la pareja de centrales, y acorde a la confianza y juego de Argentina, Otamendi y Funes Mori dieron una muestra de carácter mas que interesante, perdiendo el miedo de ir a anticipar, de salir jugando y de ejercer presión unos metros mas adelante, mientras que Roncaglia le tapó la boca a todos los que dudaban de él y dejó en claro que mas allá de cualquier rendimiento individual, lo fundamental es el rendimiento colectivo: con Ecuador sufrió con Bolaños porque el equipo estaba desequilibrado, y con muchos metros por recorrer, el jugador ecuatoriano le sacaba mucha ventaja; pero con un equipo más corto, con Di María colaborando por la derecha y con un triángulo en el centro formado por Mascherano, Biglia y Banega que presionaba para ganar donde se ganan los partidos (en la mitad de la cancha), Roncaglia pudo lucirse cuando el extremo que jugaba por su banda era Neymar. Mientras que Higuaín y Lavezzi demostraron que pueden seguir vistiendo esta camiseta, que esta camada todavía no se extinguió.
 Se podría decir que no se ganó por esas cosas que tiene el fútbol, por bajar la intensidad solo 15 minutos y que el rival se inspire en ese lapso, muy lejos de que este plantel no sienta la camiseta y que Martino no pueda dirigir este equipo. Todavía falta mucho, van tres fechas y de a poquito se van corrigiendo errores y creando virtudes, aunque está claro que no nos sobra nada: que no estén Messi, Tévez y Agüero no es para nada una certeza de que jugando así con ellos vamos a ganar por goleada todos los partidos, ya que en el hipotético caso de que saliera Lavezzi y entre Messi en el equipo, hay que ver qué jugador va a seguirlo a Neymar por derecha, entonces sigue siendo una incógnita el equipo de memoria, y habrá que ver cómo hace el cuerpo técnico para mantener el mismo nivel los 90 minutos, porque por mas de que el rival de turno dependa exclusivamente de inspiraciones individuales y sea totalmente ganable, como este Brasil, la concentración debe ser durante todo el partido, sino pasan estas cosas.
 Argentina va por buen camino, puede decirse que es una torre en construcción, por lo tanto dejémosle a Martino que la siga construyendo, no la destruyamos.

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