martes, 13 de septiembre de 2016

BOCA 3 BELGRANO 0: UN EQUIPO BIEN PICARO

 Ya son varios años los que caracterizan a Belgrano como un equipo aguerrido, ordenado y sólido en defensa. Zielinski dejó un sello y es menester de Teté González continuar el proyecto inculcando su propia impronta, pero el domingo en la Bombonera se vio la peor expresión: estuvo totalmente desencajado, pero por un Boca que estuvo vivaz para atacar con los laterales y a pura picardía con tres jugadores ofensivos que hablan el mismo idioma: Pavón, Tévez y Centurión.
 La gambeta es un elemento imprescindible en el fútbol, ya que si no hay alguien que rompa el molde los avances se hacen previsibles y gracias a ella se pueden construir articulaciones desarmando la estructura rival. Era un partido que necesitaba del mano a mano letal de Centurión para eliminar cualquier bloqueo defensivo, y la realidad es que el ex Racing tuvo una destacada actuación: en estos momentos es donde se demuestra no solo el nivel del futbolista sino también la fortaleza mental para salir adelante en una semana muy complicada. Con aceleraciones en tres cuartos y sorpresa por las bandas se nos abrió el camino con tres media puntas muy picantes, aunque con un deslucido Bou que le tocó la tarea de bancarla bien arriba entre muchos celestes, a diferencia de los otros tres que se mueven con libertad y arrancando desde atrás.
 Pero la picardía del potrero, de los recursos para salir de embrollos y derrumbar el muro rival se vio desmoronada por justamente lo contrario, por poca astucia para reaccionar de la forma más adecuada (en este caso, hubiera sido ni reaccionar), y curiosamente con el jugador menos pensado: Tévez, siendo capitán, con toda su experiencia, no estuvo a la altura en ese instante atroz (cuando sí lo había estado los minutos que estuvo en cancha). En el fútbol estamos muy mal acostumbrados, tratamos al árbitro como una porquería y no como una autoridad, a diferencia del rugby, donde se respeta las decisiones del referí a como de lugar. Además, Delfino no regaló ningún penal, no expulsó a nadie exageradamente ni nada como para pedir su cabeza, sino que tan solo sacó una amarilla (y bien sacada). Entonces ese es el punto en el que nos preguntamos qué necesidad tenía Tévez de insultarlo, en vez de enfocarse en la continuación del encuentro (pedíamos un Carlitos más metido, y esto también incluye a lo que es la concentración). Pero lo que más puede sorprender es buscando en los archivos de las declaraciones del mismo Tévez, mencionando en el año de su regreso que hacía falta quejarse menos con los árbitros y concentrarse en jugar (luego de un triunfo 2-1 en Sarandí), que Boca tenía que madurar y finalizar los partidos con 11 jugadores (derrota por 3-1 ante Racing en el Cilindro). Ahora será turno del Apache para adjudicarse esos planteos, y como parte del fútbol argentino en general hay que pensar en un fútbol menos violento, pero no sólo poniendo la mira en las tribunas (no sólo por los barras; el hincha genuino se habituó a agredir verbalmente y de forma desmedida), pero los protagonistas son un elemento fundamental para esta composición.
 Pero la gran noticia es que jugando gran parte del partido con un hombre menos, la victoria nunca se sufrió, en parte porque Belgrano parecía un equipo únicamente preparado para la contención, sin reacción ni ideas para ir a buscarlo, mientras que a medida que pasaban los minutos se regalaba de forma empinada, y porque Pavón, que cada día es mejor jugador, hizo un gol clave para desanimar al pirata cordobés y tranquilizar a todos. Y luego jugamos con el mismo Pavón y Centurión plantados a los costados de Cubas y Pérez para salir como misiles cuando se pudo y para congelar un resultado que no tenía muchas chances de cambiar. Ser inteligente y saber aferrarse a un resultado también es saber jugar bien al fútbol.
 Con picardía para saber cómo salir jugando (bien Tobio y Vergini), cuando atacar por las bandas con los marcadores de punta, cómo distribuirse en el medio (Pérez se entiende bien con Cubas, estando delante de él y moviéndose libremente) y con pícaros en serio como Centurión, que como marca la literatura renacentista, es alguien de baja clase social que se las arregla para salir adelante, juega con ese talento que lo llevó hasta donde está para desactivar cualquier sistema defensivo. Solo faltó la picardía de Carlitos, pero servirá de lección.

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