Así como estaban dadas las cosas, la hipótesis iba a ser de un equipo muy vertiginoso como quiere Guillermo cada vez que tiene la pelota, pero se iba a necesitar un poco de claridad si queríamos que los velocistas no se choquen entre ellos. El orden lo puso Pablo Pérez: de todo el plantel, es el que tiene más aptitud para elaborar juego, pero era necesario acompañarlo, ya que arranca suelto pero en una posición más retrasada, donde tiene la obligación de cuidar su responsabilidad táctica, teniendo en cuenta que Godoy Cruz ataca con bastante gente y tiene mucha movilidad para la rotación, por lo que el ex Newell's tenía la responsabilidad de estar atento para no comprometer a Cubas. Es decir, había una disposición en la mitad de la cancha para distribuir el balón con criterio, pero faltó criterio para definir las posibilidades: con tanto talento en tres cuartos de cancha, por inercia terminamos sometiendo a los mendocinos, pero faltaba ese Pablo Pérez unos metros más adelante: llovían los mano a mano y las gambetas como así también los envíos muy pasados, los toques de más, los enganches inoportunos de Carrizo, los remates desesperados y poco dúctiles de Pavón, mientras los tanques del local amenazaban en nuestra área, pero eran solo eso: amenazas sin concretar.
Cuando el partido se abrió Godoy Cruz adelantó sus líneas por el deseo natural de buscar el gol que le permita sumar algún punto, y atacando con la misma intensidad, hubo chances claras, pero como no se tuvo la inteligencia para dormir o rematar el partido (para eso a veces hace falta menos vértigo y más pausa y equilibrio), Benedetto tampoco tuvo jerarquía para hacer su tarea. Uno al nueve de Boca le pide que aguante de espaldas, que genere fútbol, que aporte en el juego aéreo en las pelotas detenidas, pero si todo eso no se puede, por lo menos se le pide aprobar la materia con un 6: que haga goles. Con Lanús pudo abrir el marcador, ahora pudo liquidarlo, pero viene con el arco torcido. Está en deuda.
Los "bielsistas" dirían que está bien, que fue a buscar el segundo pero falló en la definición, pero así tiene que ser, porque cuando se hace un gol hay que ir en busca del otro. Los "cholistas" dirían que además de que se escapa la victoria en la incapacidad para anotar el segundo, hay un error conceptual grave entre Cubas y Vergini, y por eso quedamos abiertos en el fondo, y por eso nos empataron; que ante equipos ofensivos y que juegan bien como es el del Gallego Méndez hay que cerrar la persiana y cubrir los huecos. Pero a los que no nos gusta mirar el fútbol de forma unilateral como yo decimos que se haya planteado como se planteó luego del gol, sobró talento y verticalidad, pero faltó orden y frialdad, a tal punto de que se pudo perder: de un trámite que resultaba extenso pero andábamos tranquilos chequeando el celular, pasamos a ir a casa y volver corriendo buscando algún papel perdido, con un ida y vuelta revoltoso, estresante y que pudo ser mortífero, porque ante la desesperación te podes olvidar de los semáforos, y por consiguiente de los autos.
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