Podría decirse que en su debut como DT de la selección, Bauza aprobó la materia más importante, que era ganar (por lo general, al principio se mira de reojo a los técnicos, y arrancar con el pie derecho es clave para el futuro del ciclo); y en el primer tiempo, hasta donde se estuvo con 11 jugadores, Messi se vio con muchas ganas en su regreso, porque además de que se notaron las ansias por seguir vistiendo esta camiseta, estuvo acompañado con tal de que él haga jugar bien al equipo, pero que no sea el único que lo haga jugar. Pratto se sacrificó mucho en la presión y estuvo atento para jugar de espaldas; Dybala aparentaba una ubicación por detrás del nueve, pero metiendo diagonales, juntándose siempre que pudo con el 10; Di María no estuvo fino pero se ofreció siempre por izquierda; y los mejores socios de Messi estuvieron detrás de él, para recuperar siempre la pelota y volver a atacar. Con una masa de jugadores que se desmarcan constantemente, y hasta con Más apareciendo por sorpresa en determinadas circunstancias, Argentina tuvo todas las intenciones del mundo de jugar, de facilitarle la tarea a Messi, sin la necesidad de pausar el juego como pedía Martino: por lo menos para este encuentro, el ex DT del San Pablo entendió que ante un Uruguay que fue a bloquear todo avance argentino (casi olvidándose de que adelante tiene a monstruos como Cavani y Suárez), si la posesión se hacía lenta iba a permitir a los volantes y defensores uruguayos armarse para el repliegue, entonces lo más satisfactorio sería atacar más rápido de lo que el rival defiende, hasta con Mascherano animándose a meter varias pelotas largas antes que tocar en corto.
Si vamos a un análisis profundo del asunto, el plan de Tabárez no salió mal: fue a mantener el cero, y si se podía, ganarlo con alguna jugada aislada de los atacantes, a través de la pelota detenida o de segunda jugada, y Argentina no tuvo demasiadas situaciones nítidas, mientras que en el gol Messi está rodeado de siete jugadores, es decir, sin que quedara otra opción más que el remate, por lo que tácticamente Uruguay logró implementar su planteo. Pero la realidad es que al Maestro esta forma de jugar le dio muchos resultados hace unos años, pero cada vez los delanteros se ven más aislados y desaprovechados, y la garra charrúa se consume toda variante de funcionamiento (con un hombre de más, Uruguay no tuvo chances ni superó al equipo albiceleste). A los orientales no les vendría mal ir pensando en otra manera de mirar el fútbol, que le empiece a dar resultados.
Pero cabe destacar que luego del imprevisto que fue la expulsión de Dybala, que derivó en el llanto de espíritu amateur del cordobés, Bauza dejó de lado la asociación en tres cuartos de cancha y llevó a cabo una de sus mejores cartas: refugiarse atrás de mitad de cancha, una fórmula que le dio muy buenos resultados en San Lorenzo. Con el mismo hambre que tenía el pibe de la Juventus, el equipo defendió el resultado a puro orden y equilibrio, y con la posibilidad latente de que Messi pueda liquidarlo con Alario o algún volante en el momento que se abra un espacio. Si se sabe integrar a Messi y el DT consigue la solidez que supo explotar en sus clubes, este ciclo puede ser muy fructífero.
Bauza utilizó sus mejores recursos para adaptarse a los distintos capítulos que tuvo el encuentro, y superó al rival en todo momento. Bien hecho.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario