jueves, 12 de abril de 2018

PALMEIRAS 1 BOCA 1: LOS DETALLES QUE EXPLICAN UN RESULTADO

Este se presentaba como un partido de ambigüedades: ambos prometían (uno, primero en el campeonato argentino, y el otro, viniendo de ganar los dos partidos por la copa), pero también los dos debían rectificarse luego de algunas dudas (en mayor medida el Palmeiras, después de un golpazo como lo es perder una final; no es así en el caso de Boca, que venía de una derrota que no significaba demasiado).
 En todo momento hubo una sensación de excesiva especulación de parte de Boca, que de subir un poco la velocidad y el ritmo podría haber apabullado al rival, que estaba golpeado, confundido, que no inquietaba. Hubo un respeto mutuo que plasmó 90 minutos sin mayores fluctuaciones. Pero hay que entender el porqué de la mencionada impresión acerca del posible triunfalismo del visitante. Ninguno de los dos equipos concretaba demasiados pases certeros, por lo que ambos estaban imprecisos, pero decir que los dos estuvieron en un estado de confusión sería erróneo: el que realmente estuvo confundido fue Palmeiras, ya que Boca por momentos tuvo el partido bajo su control: esto es, manejar la pelota de un lado al otro, que el rival no estremezca. Pero tener bajo control la situación hipotética de la derrota difiere de ejercer un monopolio de las situaciones de gol, lo que termina resultando una superioridad más cerca de la victoria. A ese control, Boca no le pudo agregar una cuota de despedazamiento de la estructura rival. A veces la diferencia no se zanja desde la superioridad, sino desde un error rival, que puede ser un yerro (como de los que hubo sobre el final, donde se hablará más adelante) o una expulsión proveniente del nerviosismo que otorga la dicha confusión, que debió haber existido en las agresivas embestidas de Felipe Melo. Quedó demostrado en el final que Boca depende exclusivamente de Pavón para generar peligro, y eso explica sus asistencias, goles y continuidad, ya que nunca se pierde un partido. Es por eso que en los goles de Boca no interviene únicamente Pavón (tiene compañeros que lo asisten y se involucran), pero sí es un factor común el hecho de que siempre participa activamente de las conversiones del xeneize. Cuando se depende de forma tan terminante de un jugador, y no se prestan las condiciones para que este destaque (ya sea porque en el juego de la gambeta, a veces puede ganar el rival; no hay espacios para explotar su velocidad; no encuentra ángulo de remate), es complicado que se marque la diferencia. Ese control sereno de la situación por parte del equipo de la ribera se dio cuando Jara se desprendió por la derecha, Pérez y Reynoso se encontraban aptos para la rotación, Abila rebotaba bien de espaldas y Cardona se movía libremente, pero cuando eso dejó de ocurrir, Boca parecía estar en el mismo estado vegetativo que Palmeiras: se dividió la pelota, parecía imposible concatenar una serie de pases con propósitos tajantes, y Reynoso, que es un gran generador de fútbol, no liberaba su mejor característica (que fue por lo que Guillermo decidió utilizarlo y no colocar a un futbolista más defensivo como Buffarini) sino que parecía un jugador más, corriendo para defender y no ser atacado, y no corriendo para defender y luego atacar. 
 Otro dato que aporta a una información más compleja que puede sacarse de este encuentro es que siempre hay que esperar, nunca desesperarse: en la derrota de Boca frente a Defensa y Justicia, los de Guillermo habían marcado mal en el fondo y Magallán, de gran rendimiento y titular indiscutido, cometió el error que significó la victoria del halcón y los comentarios acerca de posibles incorporaciones de marcadores centrales, o lamentos sobre los refuerzos que no fueron. En este empate, como en muchas paridades que son opacas en cuanto al juego, sobresale la tarea defensiva: tanto Goltz como Magallán resolvieron con creces. Por eso no se puede condenar a nadie por un partido. Para hacer una evaluación correcta se debe analizar muchos partidos, y no quedarse con la última imagen. 
 Y luego de haber hablado del desarrollo, el resultado puede explicarse no mediante el mismo, sino por detalles que fueron clave: cuando el error individual se mezcla con el acierto, aunque sea aislado y no se origine de una colectividad, se puede explicar un gol. El fútbol muchas veces es un juego de errores y aciertos: a pesar de que esté Buffarini para cerrar la franja derecha, Jara se tropezó solo y vino el gol de Palmeiras. Y aunque no haya habido forma de desbordar a la defensa de los brasileños, por una pifia de Antonio Carlos Pavón encontró el vacío. Fue un buen anticipo de Tevez en el área chica, pero eso no es parámetro para medir en qué posición juega: hay defensores que hacen goles de cabeza y no por eso tienen que jugar de centro-delanteros. 

lunes, 2 de abril de 2018

BOCA 2 TALLERES 1: LA ANGUSTIA PREDESTINADA

Boca parece un auto viejo, pero de los más nobles: parece que se descompone a mitad de camino, pero siempre vuelve a arrancar, y como un miembro más de la familia, siempre tiene su cama durante la noche esperándolo: su dueño, Guillermo, hace mucho que tiene la cochera del primer puesto alquilada, y le hace a su coche todos los mantenimientos necesarios, le compra a Reynoso, la rueda de auxilio que necesita cuando Tévez se pincha, y aunque se rompan Gago y Benedetto, el volante y el GPS, siempre tiene un motor como Pavón para hacerlo funcionar. Es un automóvil que rinde, que siempre cumple, aunque por momentos tenga desperfectos. 
 Boca se enfrentaba al escolta del campeonato, que debía ganar para instaurar por primera vez un suspenso que nunca existió en todo el torneo, pero pareció jugar con un equipo del montón, que va a la Bombonera a refugiarse y estar a la expectativa de alguna fatalidad del equipo local. Cuando el empate era el mejor resultado para el xeneize, este puso todo el empeño en alargar la diferencia a nueve unidades, cuando Talleres no se enfurecía demasiado si su destino era amortiguar los seis puntos de distancia. Eso detona una superioridad, explica porqué el equipo de Guillermo está consiguiendo la Superliga de arriba a abajo. Y además ensambla una personalidad demoledora para conseguir el objetivo hasta cuando las piernas se encuentran fusiladas. Eso se debe a que en equipos míticos como Boca, el fútbol se puede explicar a dos vertientes: el pasado y el presente. El pasado es lo que menos influye, porque la estabilidad se consigue mediante cómo se hagan las casas en el aquí y ahora, pero los creyentes de la religión boquense siempre justificarán que se gana a lo Boca porque es lo que más lo identificó al hincha en toda su historia, un libro que se escribe con agonía y angustia, pero con finales felices; por eso las finales ganadas por penales, y por eso tantos puntos conseguidos sobre el final en los últimos tres encuentros: porque hay que sufrir para poder disfrutar. Pero el principal argumento, que lógicamente es más racional aunque no por eso debe ser mucho más verídico, es que Boca cuenta con buenos futbolistas que lo dotan de un predominio espacio-terrenal para meterlo al rival en su área. Como se dijo anteriormente, puede que Pablo Pérez, la caja de cambios, le cueste hacer que el auto pase de primera a segunda, y que eso despierte una notoria impaciencia en el público, que descarga su estrés de la semana injustamente en el partido, ya que un equipo que está cerca de conseguir el campeonato no merece los reclamos, que aparecen hasta cuando el empate no le quedaba mal al retrato que se estaba colgando en la Bombonera; pero eso no quita que cuando funcione el embrague Pavón se ilumine a falta de Tévez y Cardona, y nos haga ilusionar con alegrías también con la camiseta albiceleste. La respuesta de Pérez al hincha que lo insultó es mediática y llamativa por ser uno de los protagonistas, pero una de las injusticias que debe soportar un futbolista es que los insultos de parte del hincha no tienen las mismas características. ¿Hasta cuando vamos a vivir en una sociedad tan loca donde algunos tienen más derechos que otros para agredir y bajo sin ningún pretexto?
 Lo mejor de Boca es cuando se asocia con una dinámica que le permita circular la pelota para quebrar espacios, y eso ocurre cuando hay tres jugadores cerca y el que recibe la pelota puede devolverla con una pared o distribuirla hacia un tercero, pero cuando el que la recibe lo hace estático, marcado y sin referencias se convierte en un pase improductivo, donde Talleres u otros rivales aprovechan el momento para robar y salir disparados. Para que la productividad sea eficiente en todos los casos y no se escuchen los insoportables murmullos, debe estar más lúcido Reynoso, Bou debe disfrazarse un poco de Benedetto en el acto de entrar y salir del área, y que Nández, que es el combustible de este auto, este en su auténtica figura. 
 Pero Boca tiene mucho más que los nueve puntos de diferencia para estar tranquilo: sabe que si se atora en el camino, es porque debe ir al mecánico a ajustar algunas tuercas (la fluidez para monopolizar la pelota y no padecer los tiros libres rivales cuando el partido se encuentra en sus manos) y no porque el camino presente lomas de burro (Talleres formó con tres delanteros, pero cuando lateralizó sus avances se encontró con Fabra y Jara bien parados, mientras que en recuperar y salir rápido el atacante no estaba acompañada como para descargar). 
 Mientras sus rivales no den la talla y sepa capitalizar su predominio, aunque sea con angustia, Boca va a disfrutar del torneo argentino hasta que los demás grandes se despierten de su siesta.

lunes, 19 de marzo de 2018

ATLÉTICO TUCUMAN 1 BOCA 1: REALIDADES QUE DESMIENTEN FALACIAS

Boca es como si fuera una Ferrari: se puede andar felizmente gozando de su gran maquinaria o se puede chocar provocando una catástrofe. Aunque River esté a más de 20 puntos Y que Boca siga primero, una final perdida ante los primos significa una hecatombe indigerible. Pero la conocida metáfora "que el árbol no tape el bosque" puede estudiarse de dos maneras siendo objetivo para poder ver las dos caras de la moneda: es cierto que Boca tiene un problema en las definiciones mano a mano a pesar de que hace más de 400 días que es primero en el torneo argentino, pero también es cierto que porque River ganó una copa (que es un único partido, no es ni la Copa Sudamericana ni la Copa Argentina) no se tiene que vivir por mucho tiempo fiesta y carnaval en el Monumental, ya que aunque este envalentonado y le gane a Belgrano 3-1 sigue estando afuera de las copas internacionales y su campaña sigue siendo desastrosa. Boca debe hacer autocrítica por la final perdida pero sigue siendo el primero merecidamente, y ante Atlético Tucumán demostró actitud para imponer un dominio territorial sin deslumbrar pero no permitiéndole al contrincante defender el 1-0 como lo hubiese deseado. Es por eso que llaman la atención las declaraciones del capitán al mencionar que "se hablan boludeces" con respecto a la mencionada charla de Angelici con el plantel y que reina la paz en el vestuario. Quiere decir que Boca está dolido porque River le dio la vuelta en la cara, pero es mentira que La Boca se incendia. En definitiva, nadie sabrá lo que ocurre dentro del club más allá de lo que se diga porque los únicos que pueden saberlo son los que están adentro, los que deben ser los bomberos en caso de que realmente se esté incendiando el club, a sabiendas de que un torneo largo vale mucho más que una copa de un solo partido a pesar del rival que sea.
 Ya nos detendremos en porqué Boca fue perdiendo casi todo el partido hasta el último minuto, pero antes vale la pena desmentir otro mito que es una fábula tan fantástica como la del jinete sin cabeza: que porque Tapia salga en una foto con Angelici en el cumpleaños de Tevez se piense que se lo beneficia a Boca. En un partido en donde se perjudicó tanto a Boca con un penal no cobrado como a Atlético por un off-side inexistente, se puede verificar que la sociedad está tan enferma y conspirativa que se habla cualquier cosa sin argumentos. 
 Guillermo decidió pararlo a Tévez en su posición preferida, detrás del centro-delantero, y si bien Carlitos asistió de gran manera a Abila dejándolo solo frente al arquero y a Pavón con un centro, no demostró estar en óptimas condiciones, porque ya no hace la diferencia desde lo físico, y no tiene tampoco un parentesco con Riquelme como para desnivelar desde lo mental. Pero que sin haber hecho un gran partido haya puesto dos pelotas de gol quiere decir que tiene un potencial por explotar, que se incapacita de revelarlo durante 90 minutos porque todavía no se afirma en el equipo. La indisposición del Apache para construir juego es uno de los principales motivos por los que a Boca le costó jugar en Tucumán, porque debía ser el nexo entre los volantes y los delanteros en un partido que lo tuvo muy lejos a Abila, un delantero que no se parece en nada a Benedetto, de una gran aptitud para asociarse y crear espacios, además de que Barrios no garantizó ser el primer pase para gestar y distribuir con claridad. Era un compromiso donde abundaba la desprolijidad y no se caracterizaba por la precisión.
 Atlético Tucumán encontró el 1-0 gracias a una pelota detenida, pero no aportó pruebas para ganar el juicio de ser superior en el encuentro. No generó más tiros libres de riesgo, tampoco buscó los espacios para un contraataque más allá de alguna jugada de Costa por la derecha, y Boca no solo que le arrebató la pelota sino que lo incomodó de tal manera que mereció el empate conseguido sobre el final. Pablo Pérez era el motor de Boca: con Nández tirado sobre la derecha y Tévez sin hacerse dueño del entramado en su posición de enganche, la responsabilidad de abrir caminos para Pavón recaía sobre el ex Newell's, que por momentos lo hizo bien, y por otros pecó de que el xeneize no disponga de demasiadas opciones para llegar moviendo la pelota de un lado a otro, es decir, de no tener las ruedas para que el motor las haga rodar. Pero esta vez sí se sacó frutos de la mano del entrenador: con el ingreso de Reynoso, Boca floreció en intensidad y agresividad a la hora de tener la pelota, y con Bou en cancha, el acumulamiento de hombres fue un recurso bien aprovechado por Pavón para desbordar y centrar, a su vez asistido por el mencionado Reynoso, que le dio a Boca la apertura y manejo del balón que le estaba faltando. 
 El grito de desahogo de Bou fue un gesto eufórico para decir presente, en una maniobra que delata que los ánimos no están por el piso y que no falta el oxígeno hasta que el árbitro pita el final. No es casualidad que sea el segundo partido consecutivo en donde Boca festeja sobre el final. Contra Tigre sufrió de más por un descuido, pero esta vez fue un avasallamiento sobre el rival hasta dejarlo perplejo. 

jueves, 15 de marzo de 2018

BOCA 0 RIVER 2: LA AVIDEZ ESTRATÉGICA DE LAS FINALES

Hace mucho tiempo que el fútbol nos miente con esos grandes espectáculos de las finales: cuando aparece un partido de tal trascendencia, los medios dan rollo acerca de lo que va a ser el juego del año, pero ya se cae de maduro que las finales no se ganan dando espectáculo: se alza con la copa el más pícaro, el que por detalles tuvo más suerte que el rival en encuentros que suelen ser cerrados. No gana tampoco el que pone más, porque en una final los dos equipos que trazaron su camino hacia el título dejan todo, pero en esa lucha pavorosa el que se equivoca menos se dice que tuvo lo que se necesita.
 Boca es un gran equipo, que tiene figuras exponenciales y que no sabe lo que es no ir primero en el torneo local; puede jugar sin una buena entonación ante rivales menores, pero termina ganando por defecto, porque es el mejor equipo de la Argentina y le convierten poco, mientras que con un par de jugadas que estén bien armadas le alcanza para hacer más goles que el rival aunque no lo merezca, aunque en la mayoría de los compromisos lo merece. Pero eso le alcanza para salir campeón en el último torneo y seguramente conquistar la actual Superliga. La pregunta es: ¿alcanza para salir inmune en competencias donde los cruces son mano a mano, que no es lo mismo que un torneo donde se alza con la conquista el de mayor cantidad de puntos? La Copa Libertadores empieza de verdad a partir de octavos de final, pero esta Supercopa ante el rival de toda la vida era una posibilidad para analizar si Boca tiene ese condimento que se necesita, que no es lo mismo que conseguir regularidad en un certamen de 30 fechas.
 River también tiene futbolistas importantes, pero es un equipo mediocre, que en todos los torneos locales no supera las expectativas, que no puede jugar con un volumen de juego aceptable por más de dos partidos, pero juega estas copas y las gana. El fútbol es tan insólito que podemos decir que en cuanto a los dos equipos en cuestión, Boca y River, el primero es el de alto vuelo hecho y moldeado para los torneos domésticos, mientras que el segundo siempre está sufriendo pero saca una sonrisa cuando juega copas internacionales o locales, porque nació para verse cara a cara con rivales en cruces únicos o de ida y vuelta (a pesar del histórico papelón en las semis con Lanús).
 Enfocándose específicamente en esta Supercopa para observar porqué River es más que Boca en este tipo de partidos, puede dejarse entrever la muñeca del entrenador: no le importó levantar el volumen de juego a la hora de pasarse la pelota, sino incrementar la intensidad y presionar constantemente con Martínez encima de Barrios, Mora tapando la salida de Fabra, Pratto el juego con los pies de Goltz y todo el equipo al rededor de Ponzio haciendo pressing en el medio, y siendo letal: Rossi tuvo mucho menos trabajo que Armani, pero en una contra los de Gallardo sacaron a relucir su ingenio y el DT acertó haciendo entrar a Scocco en el segundo tiempo, cuando cualquiera lo hubiese colocado como titular.
 Boca no fue el Boca de Guillermo: se inclinó deficientemente por explotar las espaldas de Montiel con lanzamientos aéreos para Pavón como único y pobre recurso, que estuvo incisivo pero el equipo no se conectó con él. La razón fue que Cardona estuvo confundido, primero parado como enlace y luego en su zona tradicional por la izquierda; Tévez desapareció; Pérez permaneció incómodo y Nández no encontró los espacios. En parte porque River no se lo permitió, y también porque Boca no fue capaz de generar. En el segundo tiempo Armani fue figura porque River lo dejó crecer, y Boca creció por inercia y carácter, sin contundencia, y con un buen arquero del otro lado eso no alcanza para penetrar la valla rival.
 En el fútbol la cabeza juega mucho: evidentemente, Boca no está a la altura psicológica que tiene River para estos partidos, pero hay que analizar sobre todo lo futbolístico: porqué en el torneo local Tévez está más suelto y tiene más intervenciones, Cardona se luce con su habilidad, Jara y Fabra son laterales que llegan hasta el fondo, y en partidos como este las virtudes se desvanecen. El mundo Boca es tan exigente que hasta ganando un campeonato local no alcanza. Guillermo debe resolver qué hace falta para que alcance en instancias tan decisivas, porque si bien sumando todos los torneos locales de la última década Boca acumula más puntos que River, en los cruces superclásicos históricos del último tiempo River lleva tres de ventaja. Tal vez Boca no sea ese gran equipo que aparenta ser y en los partidos más importantes se manifiestan sus síntomas del síndrome del Poco Fútbol En Los Cruces Decisivos. Y con fútbol ya uno no se refiere únicamente a gustar, sino a saber marcar dentro del área para no cometer penales (ahora Cardona, en su momento fue Marín), no entregarse cuando todavía es posible empatar el partido, entre otros atributos que significan la avidez que se necesita.

viernes, 2 de marzo de 2018

ALIANZA LIMA 0 BOCA 0: VOLUMEN POCO DECOROSO

 Un empate como visitante en la Copa Libertadores nunca es mal negocio. Más teniendo en cuenta que el certamen está comenzando. Pero analizando el contenido más allá del resultado final, puede advertirse de un partido en donde ambos equipos no cumplieron con sus metas fijadas, pero que sobre el final nos regalaron un encuentro chispeante cómo réplica a la frustración y el cansancio.
 La meta de Alianza Lima era dejarlo a Boca ir hasta la zona de Costa, el volante central que jugaba como un quinto defensor sobrante, para lastimar con una salida rápida en un movimiento que encuentre al visitante desprevenido. En algunas ocasiones, con Jara volviendo, el equipo peruano dispuso de algún espacio por la izquierda, pero no hubo claridad ni decisión con criterio para transformar un advenimiento en un contra-golpe.
 Boca debió realizar modificaciones: cambiar la dupla de centrales y el interno derecho. La variante en la zaga no significó ningún tipo de objeción al funcionamiento: cuando debían conducir no erraron pases, y cuando tuvieron trabajo (que no fue demasiado) resolvieron con repertorio. El cambio de Buffarini por Nández sí le trajo complicaciones a Guillermo: si bien el ex San Lorenzo está acostumbrado a jugar como volante desde sus inicios, no encuentra la posición en esa zona. Buffarini es un hombre hecho para jugar sobre el carril derecho, pero ese era un campo ocupado por Jara y Pavón, por lo que debía jugar por una zona más céntrica, y no pudo adaptarse, por lo que la ausencia del uruguayo fue un padecimiento.
 La estrategia del local para que manejen la pelota los centrales de Boca, es decir, los jugadores de campo que menos daño pueden hacerle, fue exitosa en lo defensivo (ya se dijo anteriormente que ofensivamente le faltaron recursos). Significó un trauma para el xeneize porque Reynoso no tuvo ductilidad para hacerse el eje y romper líneas, Tévez estaba bien tomado y Pavón claramente no estaba en su noche. Donde sí había fútbol era por donde jugaban Cardona y Fabra: el 10 se entendió a la perfección con el lateral para, con el tiempo y la fuerza justa, darle vía libre por la franja izquierda como si fuera una autopista. Pero Boca no supo explotar la banda izquierda como debió haber hecho. Si hay que resaltar algo en Boca no fue lo grupal en lo absoluto, pero sí lo individual: cuando no se alinean los planetas para rotar la pelota con fluidez, puede aparecer de forma aislada una acción individual, y así fue con Cardona y Tévez, jugadas que terminaron en palo y travesaño.
 Como Alianza Lima no lo exigía demasiado a Boca, y el conjunto de la ribera no era lúcido para el protagonismo, el cero en los arcos le quedaba moteado al encuentro, pero el cansancio hizo que con el tiempo ambos manifiesten desórdenes que alzaron un poco el nivel de incertidumbre.
 ¿Era un partido para que entren Bou o Abila? Llegado un momento, el contexto daba como para que Boca tenga una referencia en el área y pruebe por arriba, pero los mellizos no quisieron traicionar el manual. Es una decisión respetable. Y ante el poco brillo de la mitad de cancha en delante, se lucieron los de tareas que suelen pasar más desapercibidas: lo mejor fue el esfuerzo y el orden de Barrios y Vergini.

lunes, 26 de febrero de 2018

BOCA 4 SAN MARTIN 2: EL REGRESO DEL VIEJO EQUIPO

Una victoria en el fútbol puede lograrse de diversas formas, pero no hay nada mejor que disfrutar de una sabiendo que se hicieron las cosas bien y la suerte no fue el principal protagonista. Boca venía de ganar no de forma angustiante, pero sí de manera no muy convincente ante Temperley y Banfield. Sería un error pensar que en este triunfo Boca no tiene nada para mejorar pero lo que es cierto es que ganó superando a su rival, con el mejor vértigo apabullante del estilo de Guillermo y ratificando buenas decisiones del entrenador: que Reynoso ocupe el lugar que le pertenece a Pablo Pérez y que Tévez siga siendo el número nueve. 
 El equipo local tuvo serenidad a la hora de afrontar situaciones de peligro a favor, se soltó y disfrutó el hecho de tener la pelota para atacar. Pavón fue el que se llevó todos los flashes porque si hay un jugador que ejemplifica los atributos de Boca cuando ataca, presiona y arremete es el joven cordobés que está en observación para ir al Mundial. Pero Tévez fue su socio y a su vez la llave para que se abran espacios por el centro: Boca tuvo mucho juego interno, se agrupó para realizar toques cortos en la puerta del área rival para abrir callejones internos en la defensa y Carlitos tuvo mucho que ver dejando espacios para que Nández llegué al área, atrayendo marcas y habilitando a Pavón como un gran asistidor, y apareciendo para empujarla con el olfato de gol que tuvo en el primer tanto. 
 Pero no hay que dejar de lado que para persistir con un juego emparentado a lo ofensivo, tal predisposición acarrea riesgos. San Martín puso en aprietos a Boca pocas veces, pero que le alcanzaron para hacer dos goles y que cuando perdía 2 a 1 Rossi salvara a su equipo en un mano a mano. Los sanjuaninos salían jugando con los centrales mientras Cardona y Pavón se instalaban en la mitad del campo tapando espacios, bloqueándole al visitante aperturas de riesgo. Pero cuando Boca iba con mucha gente y dejaba al descubierto los costados de Barrios, los de Gorosito estuvieron cerca de hacer daño, aunque sea solo por momentos. A Goltz le costó salir lejos y otorgar solidez, mientras que Magallán se lució en los anticipos. 
 Hay una frase tan vieja como el fútbol: "el que no arriesga no gana". Boca arriesga y gana. Con agresividad, velocidad y pertinencia, con un 4-5-1 más que con un 4-3-3 (como diría Riquelme), pero el esquema no es lo más importante, sino que los futbolistas se complementan bien, y los dos de las bandas que abren la discusión sobre si hay un medio-campo súper-poblado o un tridente ofensivo hacen muy bien su tarea: con características muy diversas, el de la derecha es veloz y explosivo, y el colombiano de la izquierda la amasa, piensa, no es tan rápido pero tiene talento, y así Boca logra no dejar huecos defensivamente y estar óptimo para ir por goles. 
 Lo más importante es que recuperó la identidad: eso ahuyenta los dichos irrelevantes sobre el arbitraje y esa suerte de los encuentros no tan bien jugados que no siempre va a estar presente para ayudar.

lunes, 5 de febrero de 2018

SAN LORENZO 1 BOCA 1: LAS ESTADISTICAS FUERON SOLO NUMEROS

El ingreso de Pérez por Bou hacía volver a Boca al esquema predilecto de Guillermo: el 4-3-3 con volantes interiores, dos extremos y un punta. Pero para que ese esquema deba funcionar eficientemente, el punta debe tener las características de un centro-atacante o, en el caso contrario, tener la movilidad de un falso nueve para salir del área y vestirse de enganche cuando haga falta. Tévez es de las facultades del segundo caso, pero una tergiversación futbolística engendró un problema que a su vez fue solución ante la temprana lesión de Pablo Pérez: el reacomodamiento de las piezas con el ingreso de un cuarto atacante le facilitó a Carlitos la tarea posicional: ya no debía entrar y salir del área (rol para el cual es menester contar con un trabazón funcional para adaptar al jugador a las circunstancias, lo que no estaba ocurriendo debido al bajo nivel de Boca), sino que arrancaría desde su ubicación más cómoda en todo momento. Haberle concedido a Tévez un level-up a cambio de la baja de un volante mixto significaba un alzamiento al individualismo y el contraataque.
 Hasta quedarse con un hombre menos por esa mala costumbre del jugador argentino de ir con los tapones de punta, San Lorenzo se mostraba más cómodo: a Goltz le costaba marcar a Blandi, y si bien Nández y Barrios se repartieron bien el centro del campo, parecía que a Boca le faltaba gente para volver, por lo que Gudiño y Botta se desplazaban con libertad, aunque el azulgrana extrañó los buenos tiempos de Belluschi, en donde una intervención suya podía denotar un pase entre líneas o un buen remate de media distancia. Pero Boca siempre saca ventaja por sus figuras, y la posibilidad del contra-golpe y las maniobras ofensivas de sus futbolistas de mitad de cancha hacia delante siempre estuvo latente, sobre todo por la imaginación de Tévez, y no tanto por Bou, que nunca estuvo conectado con el partido y hacía retumbar cada vez más el nombre de Abila en el banco de suplentes.
 Hay tarea para el hogar para los mellizos y Boca en general cuando uno observa que los números parecen darle una cierta ventaja sobre el rival y el equipo no sabe capitalizarla. Boca estuvo un segundo tiempo entero con más jugadores, tuvo 14 tiros de esquina y un 61% de la posesión de la pelota, y no tuvo el juego como para encontrar los espacios que los hombres de más podían darle junto con la tenencia de la pelota ni la precisión en las pelotas paradas como para hacer de las estadísticas un arma en la cual ampararse.
 Es curioso y llamativo cómo Boca desperdicia los tiros de esquina con jugadas preparadas o centros imprecisos. Sumando los del partido anterior, el único tiro de esquina que siguió con un toque corto que terminó en una buena oportunidad fue en el que concluyó con el gol de Tévez.
 Lamentablemente, en un marco formidable y con expectativas de buen fútbol, el encuentro se vio ensuciado por malas decisiones arbitrales. Habría que nuclearse seriamente en cómo solucionar este disgusto que tiene históricamente el fútbol argentino en vez de caer en pequeñeces de declaraciones que argumentan flacamente que se quiere beneficiar a un equipo u otro. Tal vez una solución sea la implementación del VAR en la Superliga. Mencionando también que la forma de disputar una pelota en nuestro fútbol es muy distinta a la que se puede ver en Europa, complementado por un marco que defenestra al juez ante cualquier equivocación. Todos deberíamos cambiar si queremos ver partidos mejor dirigidos.
 El xeneize era el que llegaba con todo para ganar: venía de una victoria, con un plantel más extenso en comparación al del equipo que dirige Biaggio, y con la posibilidad de irse a nueve puntos por sobre el segundo, pero de acuerdo al desarrollo, el que más ganó con este punto fue San Lorenzo, que obligado a replegarse por contar con menos hombres, no dejó que Boca luzca sus mejores síntomas de estar en la primera posición.