jueves, 2 de agosto de 2018

BOCA 6 ALVARADO 0: UN COMIENZO CON BUENAS NOTICIAS

Lo más importante a destacar de este tipo de encuentros no es el resultado, teniendo en cuenta que una goleada a favor del equipo de primera división es lo más normal, sino que lo que se debe rescatar son las actuaciones individuales que anuncian el nivel de competencia que urge en el plantel xeneize, además de ser el primer envión anímico de la temporada. 
 La abultada diferencia era de esperar (e incluso más goles también), porque, salvando las diferencias de categoría en el armado de ambos equipos, el conjunto que compite en el federal A sufre, como todos los clubes que disputen tal torneo en el interior del país, una catarata de cambios en la plantilla y una extensa pre-temporada que hacen aún más abismales las fronteras que separan a un humilde conjunto del ascenso con un gigante como Boca. Pero es de destacar el profesionalismo con el que el equipo más grande del país jugó los 90 minutos, donde Pavón fue la expresión más genuina, corriendo para dar una mano en la marca manteniendo la concentración durante todo el encuentro, lejos de relajarse y sobrar a un rival que, acaparando las complicaciones que enfrenta para hacerle frente a un club como Boca, jugó un gran partido, impidiendo que Boca tenga la misma cantidad de situaciones de gol que tuvo en el primer tiempo en los segundos 45 minutos. 
 La gran noticia era la ausencia de Tevez en el equipo titular, que después de mucho tiempo le tocó sentarse en el banco de los suplentes. Pero es un análisis erróneo ver el gigantismo de la noticia por el hecho de que Carlitos no sea titular, ya que después de un semestre en el que física y técnicamente estuvo por debajo del nivel esperado, no es extraño que ya a sus 33 años empiece a jugar luego de ingresar en el segundo tiempo, y más en un club como Boca, que tiene la urgencia de obtener títulos, una urgencia que impone un examen para todos en cada partido, y que no le tiene paciencia a los ídolos, que por el solo hecho de serlo no tienen un lugar asegurado. La noticia se puede llamar como tal por todo el banco de suplentes que estuvo integrado por grandes futbolistas: jugadores mundialistas como Nandez, hombres de jerarquía como Izquierdoz y Villa, nombres que en cualquier equipo serían titulares, como Reynoso y Buffarini. Y además, no formaban parte de la nómina Benedetto, Gago y Olaza. Un equipo de ensueño, que tuvo en cancha a un futbolista extraordinario como Zárate, entre otros. El nombre de la noticia no es que Tevez fue al banco, sino que Boca tiene un equipo titular en el banco: lo cual significa que dentro del campo tiene una selección.
 Mauro Zárate jugó decididamente de enganche: condujo el ataque filtrando pases dignos de un número diez, y en muchas oportunidades encaró buscando el remate. De a poco se va a acostumbrar a que ya no puede jugar solo para él como lo hacía en Vélez, y va a fusionar su calidad con asociación, siendo un combo letal para cualquiera que enfrente a Boca. Pablo Pérez demostró nuevamente porqué es el capitán, y fue clave tanto en el comienzo de la distribución como en la finalización de las jugadas. Y otra noticia que puede obtenerse de un partido que ya tenía el resultado puesto es que los zagueros convirtieron goles, y eso sí que es un título de diario, porque hace mucho que los centrales xeneizes venían contrayendo esa deuda: Boca obtuvo Copas Libertadores haciendo goles de pelota parada con apariciones ofensivas de defensores como Samuel, Burdisso y Schiavi. Que Magallán y Goltz hallan dicho presente en el área contraria y que entre Zárate, Cardona y Pavón haya ejecutantes de sobra es no solo una noticia, sino una gran noticia.
 Después el fútbol jugó su lógica: un equipo con muchos más recursos tuvo la pelota, Rossi tuvo una tarde tranquila y sin tener 80 tiros al arco en cada tiempo, los de Guillermo fueron como un taekwondista usando su Nunchaku: movió los palos agitando las cadenas de un lado al otro y cuando vio una apertura tiró el latigazo. 
 En un equipo que le sobran nombres, Guillermo debe administrar las piezas para que la convivencia sea buena, que se sepa cual es el once titular pero que nadie se queje de que no juega, y el hincha de Boca tiene la tarea de disfrutar, de mirar cada partido sabiendo que es un semestre prometedor y de que el dinero de su cuota de socio o entradas para asistir a la Bombonera se utiliza para que el evento deportivo que van a ver sea un espectáculo. 

lunes, 23 de julio de 2018

BOCA Y UN MERCADO DE PASES QUE CUMPLE LAS EXPECTATIVAS

Luego del período mundialista, es momento de enfocarse en los clubes nuevamente, en su pretemporada, sus respectivas bajas e incorporaciones, y de volver a las épocas futboleras tradicionales, expulsando el chip del torneo entre países donde hasta activan el modo fútbol los que poco entienden de este deporte. Después de consagrarse bi-campeón del torneo doméstico, Boca apunta todos sus cañones a la Copa Libertadores, el campeonato que es la máxima ilusión de los hinchas xeneizes y por el que Angelici se juega la imagen de su doble gestión. 
 Boca no tuvo idas importantes: Magallán, quien parecía a punto de emigrar a los Países Bajos, va a seguir siendo el segundo marcador central, y Pavón, quien seguro sea el primero en irse el próximo semestre, sigue en la institución. Un equipo que obtuvo dos campeonatos y que mantuvo su columna vertebral, además de recuperar a Gago y a Benedetto (a pesar de que no podrá contar por seis meses con Fabra) no tiene grandes necesidades de reforzar el plantel, pero Boca es un mundo aparte, ya que debe soportar la ansiedad por conseguir su máxima obsesión, y esa ansiedad le genera la compulsión de salir al mercado. 
 Analizando las incorporaciones del club de la ribera, puede decirse que cumplió con las expectativas. Ahora el desafío será, sobre todo para Guillermo, administrar bien las piezas y acoplarlas para formar un buen equipo, teniendo la tarea de perfeccionar la regularidad en el juego y pulir los desajustes en las pelotas detenidas como mayores desafíos, sin olvidarse de que lograr una buena convivencia entre tantas figuras es indispensable: la armonía siempre es el primer recurso para producir una gran obra. 
 Mauro Zárate es, sin lugar a dudas, la bomba del mercado, la figura descollante para que el plantel de un salto de calidad. Boca no lo contrata por la necesidad de ocupar un puesto en el ataque, porque si hablamos de delanteros, Boca tiene material de sobra. La necesidad es aumentar cualitativamente la capacidad goleadora, teniendo un buen competidor para Tévez y otros futbolistas. El ex Vélez se encuentra con una oportunidad única en su carrera, donde cabe resaltar que, a diferencia del conjunto de Liniers, ya no es el dueño del equipo que se lleva todas las responsabilidades, sino que será uno más que deberá ganarse el puesto, siendo mucho menos que jugadores como Carlitos en cuanto a su pasado en el club. Si se quiere ganar el trofeo continental es menester contar con hombres, no solo por la experiencia sino por lo que pueden rendir, y Zárate es uno de esos jugadores que cualquiera querría incorporar para elevar la calidad de un equipo. Todo lo que debió soportar producto de una sociedad enferma, que toma como un pecado capital un acto de profesionalismo, es decir, brindar sus servicios donde le paguen más y sienta que tiene más para dar, es el símbolo de una inmadurez que solo es comparable con el escándalo que significó la ida de Higuaín del Napoli a la Juventus, donde la línea que separa al norte del sur italiano trasciende a lo futbolístico. No se puede negar el error de Zárate en haber declarado que en la Argentina solo jugaría en Vélez, pero es inexplicable la cacería que se encomendó por su cabeza. 
 Las compras de Villa e Izquierdoz son el resultado de errores en mercados anteriores: sus llegadas no podrían explicarse sin el inconformismo para con Espinoza y Vergini, que ahora están un escalón más abajo. Villa es un futbolista desconocido en nuestro fútbol, pero por su edad Boca está asegurándose el futuro para cuando venda a Pavón, y teniendo en cuenta los antecedentes de casos similares, como los de Barrios y Fabra, el xeneize por lo general acierta cuando se inclina por una apuesta del fútbol colombiano. 
 Mientras que Izquierdoz es un zaguero conocido por Guillermo y que aporta jerarquía, pero no todos ven con buenos ojos la inversión que hizo Boca por él. La realidad es que Boca, por más de que sea el equipo más fuerte del país en términos económicos, no puede traer a quien quiera. Es imposible que Boca traiga a un central como Otamendi. Izquierdoz es la posibilidad más factible de los mejores defensores que pueden traerse. ¿Si con tanto dinero se pudiera traer otro central mejor, a quién se hubiese traído? Las respuestas no abundan. 
 Luego de haber concretado los pases de estos tres futbolistas, Boca no parece retirarse del mercado, ya que va en busca de Olaza, y tal vez algún arquero. El primer interés (como cualquier incorporación) le quita posibilidades de mostrarse a algún juvenil que juegue como lateral, lo que ya no es una novedad en Boca, pero las necesidades de conquistar campeonatos son más fuertes que proyectar juveniles a largo plazo. Por otro lado, un arquero que compita con Rossi vendría a jerarquizar el puesto, pero no para sacar al ex Defensa y Justicia de los tres palos, sino para intentar ganarse un lugar, ya que desde un sano juicio, Rossi podrá no ser un arquero que salve partidos, pero desde que llegó a Boca cumplió su tarea aceptablemente. 

lunes, 16 de julio de 2018

LA PELOTA PARADA, LA CLAVE PARA ROMPER LA PARIDAD

Esta copa del mundo se caracterizó por lo parejo de sus encuentros: a pesar de resultados abultados como el de Rusia 5-0 Arabia Saudita, el 6-1 de Inglaterra a Panamá o el 5-2 de Bélgica al mismo equipo, se ha visto un torneo donde la diferencia de jerarquía en los nombres no se trasladó a la diferencia de capacidades para superar al adversario. Por eso hubo encuentros que en los papeles parecían disparejos, pero en los hechos resultaron entretenidos y llenos de incertidumbre para el espectador: como es el caso del 1-0 de España a Irán y el 2-2 con Marruecos, el 2-1 de Inglaterra a Túnez, el triunfo sobre la hora de Bélgica por 3-2 con Japón, entre otros encuentros que pueden destacarse.
 Con la victoria de Francia sobre Croacia se sentenció un campeonato que tuvo a los equipos como conjunto como los mayores protagonistas, lejos de actuaciones individuales descollantes. Pueden destacarse las individualidades de Hazard y Modric, pero no mucho más de figuras como ellos que rompan por sí mismos la ecuación de un encuentro. Con Messi y Cristiano eliminados tempranamente y sin haber contado con grandes seleccionados, Bélgica floreció por su juego directo, Inglaterra por el dinamismo de su formación, Croacia por el aguante y la voluntad, y Francia, que se coronó campeón, tuvo apenas pinceladas de Griezmann y M'Bappé, aferrándose a lo férreo de su defensa y el oportunismo de la pelota parada.
 Puede contemplarse la paridad en el nivel general del torneo poniendo la lupa en el campeón: fue superior a Argentina y Uruguay, pero en el primero llegó a estar perdiendo y en el segundo la pasividad charrúa fue cómplice del adiestramiento sin desentonar del elenco galo, que no fue muy superior en la semifinal y la final, pero que supo abrir los encuentros de la mano de un gran ejecutante como Griezmann. En la gran final el ganador enseñó más eficacia y contundencia que un fútbol avasallador, que sobre el comienzo sí lo tuvo Croacia, ensimismado por taparle la salida a Francia y abriéndole huecos que no había descubierto ningún otro rival en esta copa del mundo: Pavard perdía constantemente con Perisic, Kanté se vio superado por el tridente Rakitic-Brozovic-Modric, y los atacantes parecían estar muy lejos del resto del equipo. Pero como se dijo anteriormente, la pelota detenida fue el arma del campeón para romper la paridad tanto en la final como en el resto de la competencia, para luego soltarse y hacer que M'Bappé vuele como voló contra Argentina. Fue tal la paridad que emparejó a Francia con el resto que su centrodelantero no conoció el arco contrario ni tampoco participó en las jugadas de ataque, dedicándose en exceso a colaborar en las pelotas detenidas y en la presión sobre los zagueros rivales, a tal punto que el VAR fue más protagonista que Giroud: si en Brasil 2014 la gran novedad fue el ojo de halcón, sin ninguna duda en Rusia 2018 la innovación de la FIFA en el deporte fue esta famosa pantalla, que no podía faltar en la final.
 Muchos pueden sollozar, y con razón, que el VAR destiñe al fútbol como deporte, que paraliza el juego, que aparece por encima de la vista del árbitro generando emociones que se habían pasado por alto, pero tampoco puede negarse que hace justicia, y que Croacia, que no supo marcar en los tiros de esquina ni en los tiros libres cerca del área, merecía que le cobren un penal por una mano. Poniendo todo en la balanza, lo positivo pesa más que lo negativo en esta implementación de la tecnología.
 Este Mundial, donde el campeón está por encima del resto, pero no por mucho, es una invitación a que todos se animen a jugar al fútbol como lo hicieron muchas selecciones: Croacia cumplió el sueño de jugar una final, y equipos como Rusia se animaron a soñar aunque sea un poco. Esto nos da un mensaje a los argentinos: no hace falta tener 11 Messis para ser un gran equipo, pero sí se necesita seriedad y organización, y un técnico como Deschamps, que trabaja ininterrumpidamente desde el 2012 en la selección francesa. Por lo tanto, luego de haber visto una copa del mundo donde la pelota detenida fue más protagonista que las grandes figuras, quién nos dice que, haciendo las cosas correctamente, no podamos soñar en cuatro años, aunque tal vez ya no este el mejor del mundo con nosotros.

lunes, 2 de julio de 2018

ARGENTINA 3 FRANCIA 4: FINAL ANUNCIADO

Por más de que el resultado registre tres goles argentinos, el encuentro tuvo un claro ganador, que fue superior en todo momento, ante una Argentina que nunca hizo pie y que sufrió la crisis futbolística que no sería posible sin una crisis institucional. Los errores de Sampaoli y la imagen triste de Messi mirando el suelo son los síntomas de una patología estructural. 
 Para analizar los aspectos generales, primero hay que entender lo micro, lo que acarrea este encuentro en particular y lo que fue esta copa del mundo: Sampaoli nunca pudo armar un equipo, no supo administrar los nombres para hacer de ellos una columna vertebral. Venía de ganar ante Nigeria con un primer tiempo más que aceptable, y en vez de ir a lo seguro y repetir los nombres o esquema decidió sorprender con un 4-3-3 con Messi como "falso nueve", la posición en la que se vio su mejor versión en un Barcelona de Guardiola que deslumbró al mundo entero y marcó una época en el fútbol. Pero el entrenador catalán no lo logró por el esquema, sino que el esquema era el marco en el cual se expresaba su idea, donde Messi era el estandarte del lema de que "los grandes futbolistas deben jugar por el centro". Este 4-3-3 de Sampaoli no era la expresión numérica de un largo trabajo y una identidad futbolística, sino que fue un volantazo más, ensuciado por la improvisación con la que se fue a jugar este mundial. Si las cosas no salieron como el entrenador las pensó fue porque no hubo un proceso que las elabore. 
 Lo único que quedó claro del paso de Sampaoli por la selección nacional fue que para él la posesión de la pelota es indispensable, ya que Argentina es hasta el momento el tercer equipo que más tiempo tuvo la pelota en su poder en lo que va de Rusia 2018, pero el problema argentino es qué hacer con ella, cómo hacer para que Messi se sienta cómodo, como hacer para que Pavón o Di María lleguen a una posición neta de ataque en la que puedan asistir o terminar ellos mismos la jugada. Fue tal el desorden y el desconcierto que en un momento Messi se ubicó como volante y Enzo Pérez se paró como centro-atacante. Pero los mayores problemas se vieron sin duda cuando la pelota la tuvo el rival: una defensa mal escalonada y una mitad de la cancha que le miró el número de la camiseta a M'Bappe, que por destreza individual y falencias ajenas tuvo un partido consagratorio para los suyos y que significó una pesadilla para los contrincantes. 
 El fútbol a veces es tan raro que, como dijo Latorre en sus comentarios de la transmisión y en su editorial en La Nacion, hacer goles a veces puede ser más fácil que jugar bien. Di María nos dio el empate, vaya la paradoja, ubicado en una posición impensada. Pero ni siquiera encontrándose con el 2-1 Argentina supo manejar el partido: no se cuidó de los desbordes y centros franceses, y el desequilibrio táctico, sumado a una desventaja técnica (porque hay que reconocer que tal vez Francia tenga mejores jugadores que Argentina) se le sumaron inconvenientes físicos para que sea imposible emparejar la ecuación. 
 La derrota era un final anunciado porque un equipo que llega sin ningún respaldo, con problemas de continuidad de un proyecto futbolístico (Martino se fue luego del papelón de los Juegos Olímpicos, y Bauza duró nada más que ocho meses) que se evidencian en la casi no clasificación a la competencia y en la derrota 0-3 ante Croacia que pudo haber significado la no clasificación hacia esta fase, tarde o temprano tiene que encontrar un final, porque el fútbol, en casos así, tiene bastante lógica. Por eso es lógico que los uruguayos estén orgullosos de su selección aunque quede afuera en los cuartos de final: porque se ve un trabajo serio, donde se denota un respeto de los futbolistas hacia Tabárez y porque hay una estructura que hace posible una renovación, donde tal vez nunca más aparezcan jugadores como Cavani o Suárez pero sí aparecen juveniles como Bentancur, que no entran como los posibles salvadores como debió hacerlo Pavón, sino que juegan respaldados en una estructura sólida.
 Por lo tanto, lo que ocurrió en este mundial es uno de los síntomas de lo que viene pasando en la AFA hace varios años, que podría continuar con una millonaria indemnización a Sampaoli que evidencie una vez más la incapacidad de la dirigencia de llevar adelante un saneamiento institucional y una renovación política que debe empezar por ordenar las cuentas. 
 Ya se terminó la época de los Mascherano, Biglia, posiblemente Higuaín, Di María, tal vez Messi. Jugadores que surgieron de buenas participaciones de Argentina en las juveniles, lo cual hoy por hoy no ocurre. Los nombres que asoman como la renovación son Pezzela, Lautaro Martínez, Pavon, entre otros que puedan mencionarse, pero si no se hacen bien las cosas desde la cúpula dirigencial, por más de que se siga teniendo una buena genética para que aparezcan futbolistas, los resultados seguirán siendo el síntoma de una enfermedad que por ahora parece incurable. Los hinchas expulsados de Rusia son otro síntoma, en este caso extra-futbolístico, que nos enseña que el mundo es el límite a los morbos internos. 

miércoles, 27 de junio de 2018

ARGENTINA 2 NIGERIA 1: DE LA FORMA QUE SEA

Se había dicho anteriormente que no había tiempo ni trabajo suficiente para jugar como sueñan los laureles del buen fútbol de Sampaoli, que no había que comprometer aún más a un equipo que desde el vamos ya estaba comprometido, por los jugadores que aparecen en el mundial con pocos partidos en el lomo, por los desastres dirigenciales, y por la sufrida clasificación seguida de derrotas en amistosos antes de la copa del mundo. Se dice que el equipo puesto en cancha es de los jugadores. Sin entrar en polémica acerca de quien arma la alineación (vamos a decir que la arma Sampaoli porque es el entrenador, y punto. Sin entrar en desdichas inventadas o convalecidas), puede decirse que es la formación de los jugadores no porque la decidan ellos, sino porque era la que más los identifica. Se necesitaba un equipo que juegue para Messi y no para salir jugando como quiere el técnico. Hasta el injusto empate nigeriano, Sampaoli no se equivocó cuando dijo en la conferencia de prensa previa al encuentro que se vería la mejor versión del seleccionado argentino.
 Banega fue el socio que tanto necesitaba Messi, el encargado de ser el nexo entre el ataque y la defensa. Gracias al ex Boca, Mascherano se encargó de hacer lo que mejor hace, que es recuperar la pelota y dársela a los que saben armar juego, y Messi pudo jugar definidamente de delantero, sin retroceder en exceso. El primer gol es una clara imagen de lo que buscó el planteo del entrenador: un equipo corto, con juego interno y explosión. Con Di María mas ligado al desequilibrio por la izquierda y Enzo Pérez tirado a la derecha pero también con capacidades para asociarse con Messi, se había encontrado la manera de jugar superando al rival, sin comprometerse con las salidas desde el fondo que acarrean riesgos innecesarios. 
 Una sobria tarea defensiva acompañada de un orden táctico disciplinario a la hora de suprimir la tarea defensiva del rival le entregaba un debut tranquilo a Armani. La casa estaba en orden. Pero por esas cosas del fútbol Nigeria llegó al empate sin merecerlo, por un penal de esos que nunca se cobran. Que nunca se cobren no quiere decir que haya estado mal cobrado, pero era innegable que los planetas se alineaban para que Argentina no pueda estar ganando. A partir de ese momento el final podía tener dos desenlaces: o inclinarse por el vértigo con el afán de ir por el gol como si no hubiese un mañana, o implantar tranquilidad, conservar el juego que se estaba teniendo desde el comienzo. Es fácil decirlo cuando se vive desde afuera. La desesperación y el nerviosismo hacen temblar los pies. La bronca por el penal también. La furia era la manera. Había que enojarse en el buen sentido para revelarse y quebrar el empate nuevamente. 
 El contexto contrajo desorden, y se volvió a ver lo malo que vimos los dos partidos anteriores: un cierto desorden generado por el desequilibrio, un equipo que pudo haber muerto por la debilidad para marcar en su área. Pero como dijo Maquiavelo, la fortuna es lo que el hombre no puede controlar, y la virtud es la capacidad del hombre para utilizar sus recursos, pero siendo virtuoso se puede controlar a la fortuna. Puede decirse que Nigeria tuvo fortuna, pero no tuvo la virtud. Argentina fue con sus armas, resignó el orden por la velocidad de Pavón, la impresición que ya era notoria en Di María fue equivalente al ingreso de Meza, y Banega perdió el rol de organizador por entrar en la euforia general. Pero era imposible perder el control, había que conseguirlo como sea. Y se consiguió con virtud, dominando a la fortuna: con tres defensores, uno de ellos tirando el centro, el otro definiendo como número nueve con la pierna menos hábil. 
 Se sufrió como los argentinos siempre sufrimos, pero sabiendo que eramos capaces de lograrlo. El rostro ensangrentado de Mascherano es la encarnación personificada del sufrimiento argentino: nos cortaron la cabeza, pero resucitamos. Ahora se viene Francia, y empieza otro mundial. 

viernes, 22 de junio de 2018

ARGENTINA 0 CROACIA 3: CABALLERO, LA EXPRESION INDIVIDUAL DE UN FRACASO COLECTIVO

Cuando llega el mundial los hinchas se ilusionan. A pesar de perder poder adquisitivo, de que la inflación y la subida de precios devore a todas las billeteras, miles de argentinos viajan a Rusia, porque el fútbol puede ser un espacio de felicidad en el medio de un mundo inseguro, peligroso, egoísta y corrupto. Pero el fútbol es un micro-clima de lo que es el país: dirigentes que no solucionan los problemas del extenso mandato anterior (Tapia es el hijo político de Grondona), proyectos que fracasan y se tiran a la basura sin rescatar ni una pizca de algo positivo, nombres que prometen mucho por lo hecho en sus clubes pero que en la selección son unos más del montón, a tal punto de que pedimos jugar con un combinado local, porque tal vez perder con un equipo lleno de Mezas y Pavones es más digno que ser humillado con figuras de renombre internacional. Por estas razones es que la ilusión en la previa del mundial era una utopía, una esperanza que no se respaldaba con los hechos. ¿Qué tan ilusionados podemos estar de un equipo que se clasificó sufriendo, que no sabe como formar, que tiene jugadores que no están consolidados en la selección, que no es más que 11 hombres librados a la suerte, sin una identidad que los abrace a la tradición futbolera de los argentinos? 
 Hace mucho que el seleccionado nacional perdió la mística: ayer por la noche, Bauza hablaba de su paso por la selección declarando que el 0-3 con Brasil era un partido "perdible". ¿Cual es nuestra identidad que nos hace protagonistas, si nos reconocemos como inferiores a años luz de las potencias futbolísticas? Antes de viajar a Rusia jugamos con España, otro candidato al título y fuimos humillados. Es mejor dejar las cosas claras y no caer en eufemismos injustificados. Lo dijo Messi muy bien en una nota en Canal 13: no somos candidatos a ganar el mundial. Nunca lo fuimos, desde que perdimos la gloria que nos consagró en el 78 y en el 86. Argentina siempre estuvo lejos de ser un equipo firme. Entonces, ¿porqué nos sorprendemos tanto?, ¿porqué no aceptamos nuestro presente como lo hacen las humildes selecciones eliminadas? 
 A raíz de estos sucesos, Sampaoli siempre tuvo dudas. Decidió jugar a su manera, con tres en el fondo y una super-población en la mitad del campo para manejar la pelota a partir de superioridad numérica y penetrar en campo croata. Pero Sampaoli cayó en la misma que los hinchas ilusionados: no supo comprender que lo que hizo en Chile no podía implementarlo en la Argentina. El DT de Croacia no se equivocó al declarar que el partido con Argentina era el más fácil porque somos un equipo en formación. Este equipo no sabe jugar con línea de tres, a Salvio le ganaron la espalda, Acuña mostró voluntad pero se lo vio tan irresoluble como Di María, juntar a Meza con Enzo Pérez le dio verticalidad durante gran parte del partido pero eso no logró que llegue la pelota limpia a Messi y Aguero. La catastrófica pifia de Caballero es una expresión individual del fracaso colectivo: pretendemos salir jugando como España, y no somos España, no aceptamos que nos sienta mejor tirar la pelota para arriba. Cuando Sampaoli habló del fracaso de un proyecto (que luego corrigió refiriéndose al partido, lo cual es extraño, ya que los proyectos son planes a largo plazo) hizo referencia a un proyecto que recién está en su inicio. ¿De qué proyecto hablamos, si desde el 2010 hubo seis entrenadores distintos, donde uno destruyó por completo lo que había armado su antecesor? 
 Es hora de que se hable de un proyecto en serio, que aceptemos que somos un equipo de segundo orden y que si queremos llegar a la altura de las máximas potencias, hay que seguir el ejemplo de Brasil: reinventarse, encontrar una forma de jugar con el tiempo, recuperar el espíritu ganador. 
 Es doloroso ver a Messi sin participación, resignado, casi como arrepentido de no haberse nacionalizado para jugar en la Roja, donde las cosas son muy diferentes. El único entrenador que supo hacer feliz a Messi en la selección fue Sabbella: lo hizo mediante una estructura en donde el equipo no brillaba, pero respondía con los recursos que tenía. Para hacer feliz Messi hay que empezar a jugar para él y no para Caballero. Argentina todavía no está eliminada, pero cuando le toque estarlo, lo mejor que puede hacer Sampaoli es irse dignamente: ajustarse al contexto, entender que Salvio no es un lateral brasileño, que el equipo no puede jugar como el quiere, sino que tiene que jugar como Messi necesita. 

lunes, 18 de junio de 2018

ARGENTINA 1 ISLANDIA 1: NO SE VA A ENCONTRAR EL JUEGO SIN ENCONTRAR EL EQUIPO

Argentina hizo su estreno empatando ante un rival menor. ¿Es una hecatombe? No. Pero este partido nos hace tener los pies sobre la tierra. Con tener al mejor del mundo no alcanza. Los resultados en el fútbol implican trabajo y procesos, así lo demostraron España y Alemania.
 Cuando se juega ante un rival que se va a defender con sus 11 jugadores, se necesita creatividad para romper líneas y encontrar los espacios, y eso va escoltado de ingenio individual y una disposición conjunta. La idea de Sampaoli está clara: generar situaciones de gol mediante la posesión de la pelota, presionar bien arriba y llegar con muchos hombres. Partiendo de la base, no se presentó un encuentro utópico: Argentina tuvo la pelota mucho más que el rival, mantuvo a sus laterales constantemente en posición de ataque y excepto Caballero, todos se vieron involucrados en la tarea de empujar al adversario. El principal problema radicó en que no lo hizo eficientemente, primero porque Biglia y Mascherano eran demasiada gente para ocupar el mismo rol. Argentina necesitaba de un volante que desligue a Messi de la tarea organizativa, alguien que quiebre barreras defensivas, se conecte y llegue al área. Biglia no es ni Mascherano ni Banega, es un intermedio, que puede generar fútbol a partir de su pase pero que no va a ser definitorio en los últimos metros. El jugador del Milan se superponía con el ex Barcelona en el eje central. Banega impuso otra actitud a la hora de encontrar a Messi y a su vez las oportunidades para llegar al gol. De haber convertido el penal tal vez se hubiese ganado con lo justo, pero eso no quita la realidad: que Argentina no tiene el fútbol para que Islandia se sienta incómoda.
 Entre tantas piernas, lo más factible era intentar romper por afuera, pero las duplas Di María-Tagliafico y Meza-Salvio necesitaban de un funcionamiento que los encuentre, que les abra el camino para desbordar.
 La posibilidad de ir ganando 1-0 se encuentra gracias a la presencia de un central zurdo (si hubiese jugado Fazio el remate no hubiese sido posible) que pudo conducir a través de su pie izquierdo, encontrando a un Aguero que tuvo la jerarquía para resolver. Entrenadores con otros gustos hubiesen optado por la opción de bajar la intensidad y cuidar el resultado, pero eso no está en la fisonomía de Sampaoli. Para afianzar un fútbol de alto vuelo en donde se ataca constantemente, se necesita tiempo de trabajo para coordinar bien los movimientos cuando se pierde la pelota, y es por eso que debido al poco tiempo con el que contaba el DT para encontrar un funcionamiento estable, todos los partidos amistosos iban a servir para despejar la mayor cantidad de dudas posibles y entablar su idea, sobre todo en la faz defensiva, ya que la defensa no se rige por la inspiración que podría surgir de los movimientos ofensivos, sino que se necesita tiempo de trabajo. Siendo un equipo en formación y con lo dicho anteriormente de la falta de tiempo del entrenador, no es raro que haya desacoples defensivos como la fragilidad que se tuvo ante los pases largos y que las segundas jugadas caigan a favor del rival.
 La situación puede llevar el mote de preocupante, ya que desde que Sampaoli llegó, los nombres y los esquemas variaron constantemente y los interrogantes siguen persistiendo ahora durante la Copa del Mundo, y es muy difícil jugar bien cuando no se tiene claro con qué nombres se quiere jugar. El momento de hacer variantes, probar, corregir falencias y encontrar el camino se debe hacer durante los cuatro años que duran las eliminatorias. ¿Que Messi se ponga el equipo al hombro y nos salve? Muy difícil. Ni en los equipos en donde más se notaba la dependencia hacia un jugador (Maradona con Argentina en 1986, Riquelme con Boca en 2007) había un futbolista que ganaba solo, sino que son los equipos los que ganan campeonatos. Argentina deberá respaldarse en lo bueno que hizo que merezca ganar ante Islandia aunque sea sin desentonar: la movilidad de Meza, las ganas de Pavón, la ductilidad de Aguero. Y deberá dejar los vicios que lo pueden hacer sufrir, y en esto será fundamental la voluntad de Sampaoli por dejar de lado sus ideales (que pueden ser muy buenos, pero que no se consiguen en estas circunstancias) y adaptarse a la situación, lo cual incluye que salir jugando en todos los tiros puede significar un vicio que tal vez sea mejor dejar para no incurrir en peligros que comprometan aún más un contexto comprometido por tantos factores.