miércoles, 30 de marzo de 2016

ARGENTINA 2 BOLIVIA 0: PARA VER CÓMO ATACAMOS, OBSERVAR A LA DEFENSA

 ¿El mejor partido del ciclo de Martino como técnico de la selección? Puede ser. Pero lo que hay que dar por sentado con creces es que fue el mejor partido de Messi en el seleccionado con el Tata en el banco. 
 En cuanto al partido con Chile, además de que cambió el rival (Bolivia es un conjunto muy débil como visitante, con jugadores de un nivel inferior con respecto a los demás equipos), lo que nos dio mas margen para dominar y jugar en campo rival, cambió notoriamente la fisonomía de la Argentina. Se vio el ideal del entrenador: presión instantánea ante cada pérdida del balón, paciencia para circular la pelota, llevarla de un lado a otro si es necesario, tenerla hasta que aparezcan los espacios gracias a combinaciones y triangulaciones, donde Messi fue fundamental, el Messi que todos queremos, el que se mueve de la derecha hacia el centro libremente, el que maneja los hilos, el que decide cuando acelerar, cuando abrir la cancha, y hasta el que espera la devolución para definir. 
 Si en Santiago Argentina debió adaptarse al contexto y aferrarse a enfriar el resultado metiendo la cola atrás, donde en ese segundo tiempo Messi se destacó mas por su labor para esforzase en recuperar más que para definir el partido en un contraataque letal, acorde a los atacante que tenemos, esta vez se destacó por ser el líder, eje, conductor y definidor (no pudo convertir otro gol además del penal, pero se le pudo haber dado), hasta mostrando guapeza para esconder la pelota. El capitán futbolístico que necesitamos para llevar adelante el plan A de Martino, que consiste en seguir por esta línea, y no recurrir al plan B (tal vez improvisación sea una mejor definición para hacer una lectura del segundo tiempo en Chile, por donde Martino no quiere volver a pasar). 
 Pero un estilo siempre está respaldado por un convencimiento general. En este caso cabe resaltar la paciencia y visión para desarmar el amontonamiento defensivo que impuso Bolivia. Y cuando el futbolista está resguardado en una idea de juego colectiva, circunstancialmente puede llegar a una individualidad, y en esto comprendimos lo que nos da el mejor jugador del mundo: él puede jugar para que jueguen los demás (en el Barcelona le sobran asistencias), pero si todos juegan para él, puede pasar cualquier cosa. 
 Si se quiere hacer una lectura precisa de cómo Argentina gustó de un fútbol ofensivo, sobresaliente y fiel a la imaginación del cuerpo técnico (no hay nada mejor para un DT que imaginarse jugar a su equipo de un determinado modo, prever un encuentro, y que salga todo como lo pensó), donde el resultado quedó corto por no haber sido lo necesariamente punzantes para abultar la diferencia, se puede observar el posicionamiento de la defensa: todo empieza atrás, con Demichelis y Pinola, arriesgando, siendo el primer pase para pasar a campo contrario, con Mascherano delante de ellos como baluarte, y donde los laterales son wines bien definidos para poder tener juego externo y profundizar. La imagen de Pinola trasladando la pelota, yendo al frente como suele hacerlo en Central, determina la actitud del equipo. Eso es lo que se pretende de este ideario: que los defensores sean los primeros en atacar, en generar juego, a tal punto de que Mercado sorprenda y pise el área para marcar el gol. 
 El desafío estará en cómo darle una continuidad o adaptar (sin necesidad de que haya un cambio radical) a esta forma de jugar frente a oponentes mas jerárquicos, donde seguramente Mercado y Rojo no puedan instalarse en las bandas, sino que requerirán de pasar mas por sorpresa, y donde Romero y los centrales no tendrán tantas libertades para arriesgar, y habrá mas peligros si se pierde la pelota con Banega concentrado en generar juego y con extremos que no tienen en su ADN solidarizarse para aportar en el retroceso. Pero los partidos, y sobre todo los triunfos, consolidan el estilo, y convencen a los jugadores de que lo que quiere el Tata Martino es posible. 
 
 

viernes, 25 de marzo de 2016

CHILE 1 ARGENTINA 2: LAS DISTINTAS CARAS DE LA VICTORIA

 Argentina había dejado en el Monumental con Ecuador su fogosidad por el fútbol circo de tener a los laterales en la mitad de la cancha y jugar con cuatro jugadores delante de la línea de la pelota, entendiendo que era un flagelo que dejaba expuestos sobre todo a los dos centrales, imposibilitados de bloquear un avance rival en dicha desventaja. Con un fútbol más pragmático, sin dejar espacios y apostando a la efectividad cuando se transita de defensa a ataque, se consiguieron puntos ante Paraguay y Brasil, tres puntos con Colombia y ahora tres puntos frente a Chile.
 La vuelta de Messi implicaba la salida de Lavezzi, de buen trabajo para desgastarse en la banda derecha, aportando equilibrio y llegada al área. Lionel jugó tirado a la derecha pero con las libertades que merece un crack de su estampa: moviéndose de la derecha hacia el centro como en el Barcelona de Luis Henrique, engranando con sus compañeros para ser el eje de una conducción, pero sin llegar a ser la finalización, como lo es seguido en España.
 Era un prueba difícil de superar por lo que es el rival, por el marco, por el pasado reciente. Y hasta Chile supo superar a Argentina en algunos pasajes del encuentro, sobre todo en el inicio, cuando todos rotaban, pasaban y tocaban la pelota para encuadrar una posesión de la pelota sin referencias, con velocidad para circular y llegadas al área (tal vez algo parecido a lo que hizo Martino en Newell´s y el Barcelona, y que quiso intentar en la selección). Pero en desventaja, hubo una muestra de carácter y personalidad para la levantada, donde enfatizamos nuestra faceta para, con un poco de prepotencia e idealismo, sobreponernos al rival, con una arremetida colérica de Banega (lo que quiere el Tata: que sea el volante mas adelantado, donde se produzcan de forma céntrica los avances), para que luego Di María solucione todo con una sencillez que asusta, con su pierna menos hábil. Y de la mano de nuestra faceta de la segunda jugada, el anticipo y el juego aéreo, dimos vuelta el trámite.
 De la remontada en adelante, se vieron ráfagas del ideal del entrenador: pases en bloque para que a través de la precisión y la paciencia se genere un espacio donde lastimar. Tan solo ráfagas, porque el partido dio para otra cosa. No está nada mal tener siempre un plan B, que tal vez de a poco se convierta en el ideal que mas cómodo asienta a los futbolistas.
 Con Chile como dueño del terreno y la iniciativa, nos aferramos al oportunismo de los zagueros, el aguante para conservar el resultado y la inspiración alienígena de Messi, Agüero o Di María, que acorde al desarrollo, este último fue mas volante por izquierda que extremo. Con cansancio para retroceder, los trasandinos podían pagar caro una corrida de los atacantes de una Argentina que de forma vertiginosa encontraba espacios (¿lo que quiso hacer en la final de la Copa América, donde resignó la tenencia de la pelota?).
 La selección va bien, tiene con qué manejar la pelota, y sabe como aguantar y ser cauto para ser directo, pero todavía hay un largo camino para perfeccionarse: los volantes no se replegaban del todo bien, ya que cada rebote era propiedad de los chilenos, y por momentos no hubo una presión exitosa para cancelar pases entre líneas, mientras que a la hora de replicar, Argentina no le sacó provecho en su totalidad a los espacios que Messi y compañía debían explotar.

lunes, 21 de marzo de 2016

LANÚS 2 BOCA 0: UN BOCHORNO QUE DEJA PARA REFLEXIONAR

 Totalmente dormidos, desconcentrados, anárquicos de entereza fue como salimos a jugar este partido. Que nos hagan dos goles en tan poco tiempo da que hablar bastante, donde uno intenta comprender si fueron arrimadas de una abominación inter estelar de Lanús o una pereza absoluta de nuestros jugadores, o simplemente coincidieron ambos conceptos.
 En el primer gol, el volante rival traslada la pelota sin dificultad, y Acosta captura el rebote que él mismo provocó: Boca todavía no entendía que el partido comenzó. Poco tiempo mas tarde, en el tiro de esquina anticipa la pelota un jugador en el primer palo (solo) y Sand la empuja abajo del arco (solo): seguimos dormidos, increíble. Y se podría decir que la siesta duró todo el primer tiempo, donde el equipo de Almirón siempre fue dueño de la pelota, tuvo triangulaciones, asociaciones, combinaciones, iluminaciones individuales, todo lo que haga falta para esclarecer nuestra oscuridad. Mientras ellos brillaban y empeñaban el sencillo acto de dársela al compañero, presionar rápido cuando la pelota se pierde, tener variantes por las bandas y llegadas por el centro (lo que seguramente sueña hacer Guillermo, por ahora no mucho más que un sueño), nosotros contemplamos como nos pasaban por arriba, y dio vergüenza como contrastaba la diferencia entre ambos conjuntos. Para comprobar que el partido se dio como para una goleada atroz, propongo citar algunos ejemplos: 1) Cuando Sand recibía la pelota, lo hacía de espaldas, con las opciones de Mouche y Acosta a sus costados, o con la chance de apoyarse con Almirón o Román Martínez, mientras que Osvaldo ni recibía la pelota, y cuando lo hacía estaba incómodo, a dos segundos de que le arrebaten el balón y sin mucho margen para generar peligro. 2) Cuando el Granate tenía la posesión en manos de sus volantes, sobre todo en Almirón, este atravesaba la imposición de Pérez, Lodeiro y Gago sin mucha dificultad, ya que falló la presión y hubo mucha endeblez a la hora de defender, como en la jugada que el paraguayo queda mano a mano con Orión, luego de superar la "marca" de varios jugadores y la flojera de Insaurralde para anticipar. 3) Las bandas: cuando Acosta o Mouche tenían la tarea de lastimar, tenían un menú de múltiples opciones, como hacer un cambio de frente, jugar corto hacia el centro, optar por una maniobra individualista o abrir la cancha con los laterales, que generaban el 2-1 constantemente, sin ningún tipo de obstrucción, mientras que el Xeneize no contaba con recursos para amplificar el terreno, ya que Tévez no es extremo, Carrizo quedaba atrapado en la vorágine general, y los laterales para proyectarse necesitan de una elaboración por el centro, donde solo una vez se influenció, cuando Lodeiro filtró un pase para Jara, pero nada mas que eso.
 Por consiguiente, no hace falta mucha sabiduría para percatarse de qué equipo era el día y cual la noche, el fuego y el agua (hicimos agua en todos los aspectos), el paraíso y el infierno.
 Las últimas actuaciones nos vinieron a la cabeza y nos quisieron esperanzar con que había tiempo para una corazonada, algún heroísmo que venga de alguna galaxia lejana, es por eso que el orgullo propio y la vergüenza nos adelantaron en el segundo tiempo, manejando la pelota, pero sin conducirla. No es lo mismo saber manejar un auto que saber conducirlo: maniobrando el volante y pisando el pedal manejamos todos, pero para conducir se debe acatar distintas circunstancias, pensar en el otro, tener muy claras las cosas. Si nos amontonamos; si disminuimos todas nuestras posibilidades a algún rebote o desconcentración rival; si Tévez no está cómodo, no tiene lugar para jugar, no queda claro qué es lo que se pretende de su posición; está de mas decir que el control del partido siguió siendo de Lanús.
 Esta derrota (o derrotón, permitiéndome inventar una palabra, aclarando como fue realmente la historia) nos recuerda que estamos en un camino de pura transición, y que en encuentros como este (una final, porque no cabía otro resultado más que la victoria) todavía no estamos para dar la talla. Ni ganando con Unión eramos los mejores ni ahora somos los peores, sino que estamos en un término intermedio, encontrando las posiciones, las funciones (aún mas importante que el ítem anterior) y los nombres para orientarnos a la idea que quieren implementar los mellizos, que están intentando orientar la brújula. El que pensó que si se iba Arruabarrena y llegaba Barros Esquelotto todo iba a cambiar y Boca empezaría a jugar bien, se equivocó rotundamente. Todo lleva su tiempo: acá tienen un comprobante.

viernes, 18 de marzo de 2016

COMPETICIONES EN LAS QUE SE PAGA EL MÁS MÍNIMO ERROR

 El último miércoles la Juventus estuvo a punto de clasificar faltando poco más de un minuto, pero un error de Evra lo llevó al alargue, donde el Bayern con una mayor motivación, aire y energía dio vuelta el resultado y selló el pase a cuartos.
 Pero los de Massimiliano Allegri no perdieron la llave solo en ese minuto fatal, sino que se pagan también los errores del partido de ida. 
 En la ida jugada en Turín (empate 2-2), la Vecchia Signora deprimió en un magro primer tiempo, donde le dio toda la iniciativa al rival, sin dejar lugar a un mísero contraataque, y cuando a un equipo de Guardiola se le entrega la pelota y los espacios es solo cuestión de tiempo para ir a buscarla adentro y sacar del medio. Pero en el segundo tiempo la Juve dejó abierta la llave sacando un volante central y colocando un volante ofensivo como Hernanes, e igualó el asunto jugando de forma directa, vertical y agresiva, con oportunismo para presionar arriba y solvencia en el juego aéreo. Es decir, fue solo cuestión de despertarse para que la Juventus le juegue a su oponente alemán como una potencia europea y no como un equipo con un bajo presupuesto que se conforma con perder por no mas de dos goles. ¿Y si hubiera jugado así desde el primer minuto?
 La lección de la ida enfervorizó a Allegri a jugar con la misma intensidad en la vuelta, evidenciando las facetas más endebles del Bayern Munich: cuando sale jugando aunque la jugada no lo amerite, y cuando el rival logra sobreponerse a la presión y superioridad numérica en el centro, haciéndolo quedar como un equipo largo (hubo mas inspiración de Morata que una concepción colectiva, pero es un llamado de atención para el Benfica, su próximo rival). 
 Pero en el fútbol siempre se requiere de la más precisa concentración, más si uno es defensor, donde la tarea primordial es que el contrincante no logre avanzar hacia el arquero. La línea entre el éxito y la frustración es muy delgada, por eso nunca hay que dar nada por sentado, estar atento a todo momento y ser inteligente para examinar cada momento del partido. Evra priorizó la salida limpia desde el fondo en un lugar de la cancha y momento del partido bastante embrollado, donde ya no importa el idealismo y la estética, solo hay que pensar en pasar de ronda, por lo tanto un pelotazo seguramente hubiese cambiado rotundamente el destino de esos octavos de final. También le pasó a San Lorenzo con Gremio, solo que en la fase de grupos, que te da una vida más: ganaba 1-0 y no supo cerrar el resultado, siguió quedando abierto en el fondo y con muy poquito a Gremio le alcanzó para empatar. Si había algo que tenía Bauza, era ese instinto copero para congelar un resultado. 
 El Bayern sabe que si tiene errores atrás, puede rememorarse con goles en el otro arco, porque es un equipo que impone eso: siempre generar, incomodar, y solucionar sin mucha dificultad la ecuación, por lo tanto su voracidad ofensiva  e ingenio colectivo siempre pueden salvarlo. Pero la Juventus es un equipo diferente, que se aferra a la solidez y el verticalismo, y apuesta a la seguridad propia y al error rival acompañado de la intencionalidad de su propio aporte, y a pesar de que en 135 de 180 minutos su estilo supo superar a la ideología adversaria, los detalles lo dejaron afuera. El que busca el momento para usufructuar una falencia ajena terminó pecando de su propia inseguridad, y el que suele gozar de su propia belleza terminó festejando por el desaire rival, mas allá de que en el tiempo extra supo florearse aprovechando las circunstancias. Al fin y al cabo, quedó eliminado el que más se equivocó, por no jugar en la ida en el primer tiempo como en el segundo, y por no aguantar en el final de un partido que parecía tenerlo en el bolsillo, pecando por aquellos dos goles recibidos hace un tiempo: tirar a la basura una competición en dos partidos en líneas generales muy buenos por cierta falta de determinación en un determinado momento y un grosero error en el final.

martes, 15 de marzo de 2016

BOCA 2 UNIÓN 1: UN TRIUNFO DE INSPIRACIÓN REVITALIZADORA

 Si hay algo que el hincha de Boca lleva en las venas es ir hasta el final, ganar cuando las cosas cuestan, dejar la piel en cada pelota (jugando al fútbol), y si se puede ganar cómodamente mejor, pero este tipo de triunfos son los que mas disfruta el pueblo xeneize: los que se ganan a lo Boca, mereciendo ganar, superando al rival futbolísticamente, pero sobreponiendo una esencia de garra, corazón y huevo, a pura voluntad y esfuerzo. 
 No quiere decir que antes nadie dejaba la vida, pero sin dudas un cambio de entrenador hace resurgir ánimos, rendimientos y competitividades, y da la sensación de que con Guillermo y Gustavo vamos de menor a mayor, entendiendo de a poco qué quieren los mellizos. 
 Unión es un elenco aguerrido, inteligente para jugar, para cubrir el campo: Acevedo, Martínez y Villar se repartieron posiciones por el centro, donde el ex Racing se encargó de tapar la salida de Boca para quebrar transiciones cortas en el armado de nuestro circuito, con el esfuerzo de Malcorra por la izquierda y Gamba que colaboraba por derecha. A Boca en un principio le adoleció hacerse dueño del partido porque la pelota no pasaba por la mitad de la cancha, sino que se hacían muy notorias las dependencias por Carrizo, Palacios y Tévez, ya que sin un procesamiento en los volantes (que por características son de creación) el juego se torna muy previsible. Por lo tanto, con Gago tapado, los uruguayos nulamente participativos y con los jugadores peligrosos que baraja el rival santafesino atentos para configurar la maniobra de una rápida transición, los de Madelón se sentían cómodos, jugando con nuestra desesperación. 
 Pero esto es algo que en estas líneas se ha dicho y se seguirá mencionando obstinadamente: si Carlitos está bien, hay muchas chances de ganar. Con el Apache moviéndose de la izquierda hacia el centro para aportar gambetas que descoloquen a la columna rival y poder jugar con uno de los extremos que transitoriamente ocupe una ubicación céntrica desestabilizadora para la defensa tatengue, generamos peligro. 
 Jara y Silva fueron mas volantes que laterales para igualar la presión; hubo rotaciones que brindaron de mitad de cancha para arriba (aportó el ingreso de Pérez) una elocuencia exitosa para mover el balón, Tobio e Insaurralde se animaron a encargarse de adelantar al equipo, y como diría Guardiola: "para ver como se ataca, hay que ver a los defensores", y es la oración perfecta, porque con ver a Tobio yendo al frente a lo Medero en el 92 y al Chaco tomando responsabilidades ofensivas, se puede observar una actitud ultrajante para llevarse puesto a Unión. 
 El vértigo, empuje y ganas de ganar nos terminaron llevando a jugar en el arco de Nereo Fernández, hasta en el momento de la desventaja, y donde en el empate sería fácil decir que fue suerte porque fue un centro que terminó desviándose al arco, pero no por eso no hay mérito de Lodeiro, y un premio grupal por atacar más y mejor que el oponente. Y ganar a lo Boca no tiene que mal interpretarse con ganar sin jugar a nada, yendo todos a cabecear y tirando centros, es por eso que digo que ganamos a lo Boca porque cuando las papas quemaban, Pablo Pérez abrió la pelota de forma muy inteligente para Meli, sin ir al bulto ni tirar un pelotazo inútil. 
 No está mal decir que se metió mas de lo que se jugó, pero es indiscutible de que además de meter, algo se jugó. La garra y el juego son moléculas igual de importantes para formar un equipo, pero lo que primero se debe obtener es la garra, porque el juego no funcionaría sin ella. Que todos estén con ganas de ganarse un lugar, que haya competencia, que nunca se de por perdido nada sin importar el tiempo o resultado, son señales positivas de que hay material para hacer algo interesante. El juego lo iremos potenciando y adquiriendo con el rodaje.

viernes, 11 de marzo de 2016

BOLIVAR 1 BOCA 1: UNA LUZ QUE PUEDE ILUMINAR EL CAMINO

 Lo mas importante es lo que pasa dentro del campo de juego, pero es una inexactitud decir que no influyen otros factores que penetran desde afuera: el clima, la gente, la prensa, y en este caso la geografía.
 En la altura de La Paz es muy difícil no quedarse sin aire, jugar a la par con el rival local, y los poderosos remates de afuera del área se hacen una usanza de los elencos bolivianos para sacar ventaja. En un escenario poco favorable, además de la sequía goleadora, bajos rendimientos, falta de juego y victorias había que afrontar este compromiso de contexto puramente infortunio, donde no estaba permitido volverse sin nada. Es por eso que el punto vale oro, y la actitud del final revalida la confianza y esperanza de que el camino puede iluminarse. 
 Los primeros 45 minutos fueron una evidencia de la adversidad mencionada anteriormente: sin encontrar el juego, sin aire para finalizar bien un avance y sin piernas para volver. Sánchez Capdevila y Callejón eran como halcones que flotaban pacíficamente por el aire, hasta que veían una presa: no parecían involucrarse demasiado en la contención, sino que eran recursos clave para ensanchar el ataque. Era lógico que los remates serían una tendencia, y Bolívar demostró ser superior en esa faceta: Boca nunca encontró el espacio, el tiempo necesario para rematar, ya que el equipo de Rubén Darío Insúa sabía como generar superioridad numérica y posicional en su propia área, mientras que nosotros pecamos de no poder bloquear los latigazos, como en el gol de Saavedra, que recibe la pelota completamente solo, sin oposición y con el tiempo necesario para clavar el golazo. 
 En el complemento fue distinto, donde fuimos dominadores del encuentro, con la audaz disposición de los mellizos para colocar a Lodeiro cerca de Gago y a Palacios para formar un cuarteto adelante (con Tévez algo mas liberado teniendo a Chávez en una posición mas céntrica), teniendo más opciones de pase y empujando a fuerza de tozudez y pleno verticalismo sin exponerse a un contraataque aniquilador, donde Jara y Fabra fueron muy importantes juntando el aire que les quedaba para afirmarse por las bandas, demostrando su faceta mas dura de la contención. 
 Sin un padrón de juego muy claro, pero con actitud y sin resignarse, así es como en la agonía rescatamos un punto valiosísimo. Con el reloj a punto de concluir la finalización, asfixiados, el gol volvió en el momento menos esperado, pero con jugadores llenos de ganas por empezar a levantar. 
 Todo lo que valió el tiro libre de Carrizo además del punto de oro: con esto uno supone que creceremos anímicamente para crecer en lo futbolístico. Si no me creen pregúntenle a Pachi, que hace rato no jugaba con tanta determinación para encarar, y tuvo la personalidad para hacerse cargo de esa pelota, y al terminar con esta adentro del arco, la confianza crece, en él y sus compañeros. Estos resultados tan épicos son originarios de una pequeña luz, y dependerá de nosotros explotarla para encontrar el camino que nos lleve a la superficie o que sigamos metidos en la oscuridad de la cueva. 

lunes, 7 de marzo de 2016

RIVER 0 BOCA 0: TOMAR EL EMPATE COMO UN CONSUELO

 Una producción muy pobre de Boca, como para justificar porqué de nueve partidos solo pudimos hacer goles en dos. 
 Carlitos está incómodo, no encuentra su lugar, cuando recibe la pelota no está seguro, la pierde, baja hasta la mitad de la cancha haber si con su presencia en la zona de gestación algo puede llegar a pasar. Lodeiro, desaparecido, se ubica como extremo izquierdo y no aparece, se ubica como enganche y no aparece, no responde y no parece ser el crack uruguayo que fue al Mundial 2014 con la celeste. Pablo Pérez, absorbido por la inferioridad en la mitad de la cancha, no aporta en la recuperación, en la generación de fútbol no tiene a nadie que lo ayude, y él tampoco es capaz de conducir sólo a un equipo desconcertado (¿quién sería capaz?). Bentancur es como un niño perdido en el bosque con miedo a que se lo coma el lobo, no tiene escapatoria, no sabe para dónde ir. Palacios hace lo que puede, corre para allá, corre para acá, trata de provocar algo de peligro, intenta generar algo en un equipo que no genera nada. 
 Los jugadores con mayor responsabilidad de hacer engranar el sistema están en muy bajo nivel, debajo de las expectativas, y no hay un funcionamiento donde todos sepan a dónde se quiere llegar, sino que jugamos a ver que hacemos, si los de arriba pueden llegar a hacer algún gol de forma espontánea, pero sin una idea que respalde decisiones. 
 Así es como se puede explicar cómo es que de nueve encuentros disputados sólo pudimos convertir en dos: nada es casualidad, sino que es una causalidad. 
 Nuestros hijos, que también están en pleno camino de reconstrucción, están varios pasos mas avanzados que nosotros, es por eso que tampoco saben cuales son sus 11 titulares, pero sí saben como hacer daño, como ser protagonistas, aunque no les sobre nada, y por esto último fue que la superioridad por momentos estuvo mas cerca de la equidad, aunque no fue así en planos generales. Es por eso que analizando a fondo el desarrollo del superclásico, se puede decir que merecieron ganar, porque desnivelaron por los costados, donde Jara y Silva hacían lo que podían ante misiles que pasaban sin parar por los carriles como si la Unión Soviética nos atacara en plena guerra mundial, y porque Domingo y Ponzio se comieron la mitad de la cancha, ejerciendo una presión que no supimos contrarrestar, por lo mencionado anteriormente de lo perdidos que estábamos en ese sector para recuperar la pelota y distribuirla, el sector en donde se ganan los partidos. 
 ¿Si se puede justificar el empate? Sí se puede, gracias a la suerte, al cierto orden que hubo entre Gago y los centrales, donde el Cata Díaz hizo lucir su experiencia y categoría e Insaurralde destacó su oficio para vestir esta camiseta, acompañados por Orión, que hablando de casualidades y causalidades, no es casualidad que ocupe el arco de Boca por mas de cuatro años. 
 Interpretando las acciones destacadas con los rendimientos, no es muy difícil de entender porqué Orión, Díaz, Insaurralde y Gago fueron los mejores de esta pobre actuación, sin dejar de lado a Palacios, que por sus ganas lo más cerca que estuvimos de concretar una situación de gol (lo más cerca dentro de lo lejos que estuvimos) fue gracias a su virtud velocista y cultura del esfuerzo. 
 No es descubrir la pólvora que Guillermo llega en el medio de un volcán en erupción, y que al no llegar en período de transferencias debe adaptarse a un plantel armado por otro entrenador, y que justo vino para afrontar dos clásicos. Hay que aplaudir su coraje de decidir arribar en esos momentos, cuando para él hubiera sido mas sencillo empezar a trabajar hoy. Entonces, con un técnico que llega en dicha situación, con escasas horas de trabajo, con jugadores que no se reencuentran con su rendimiento ideal, con prácticamente nada para ensayar en el campo de juego con lo que podamos decir que tuvimos algo para ganar, jugando contra un rival que venía descansado y perdió el gol en varias oportunidades, tomemos el empate como un consuelo, porque el final pudo haber sido catastrófico, pero no lo fue.