viernes, 25 de marzo de 2016

CHILE 1 ARGENTINA 2: LAS DISTINTAS CARAS DE LA VICTORIA

 Argentina había dejado en el Monumental con Ecuador su fogosidad por el fútbol circo de tener a los laterales en la mitad de la cancha y jugar con cuatro jugadores delante de la línea de la pelota, entendiendo que era un flagelo que dejaba expuestos sobre todo a los dos centrales, imposibilitados de bloquear un avance rival en dicha desventaja. Con un fútbol más pragmático, sin dejar espacios y apostando a la efectividad cuando se transita de defensa a ataque, se consiguieron puntos ante Paraguay y Brasil, tres puntos con Colombia y ahora tres puntos frente a Chile.
 La vuelta de Messi implicaba la salida de Lavezzi, de buen trabajo para desgastarse en la banda derecha, aportando equilibrio y llegada al área. Lionel jugó tirado a la derecha pero con las libertades que merece un crack de su estampa: moviéndose de la derecha hacia el centro como en el Barcelona de Luis Henrique, engranando con sus compañeros para ser el eje de una conducción, pero sin llegar a ser la finalización, como lo es seguido en España.
 Era un prueba difícil de superar por lo que es el rival, por el marco, por el pasado reciente. Y hasta Chile supo superar a Argentina en algunos pasajes del encuentro, sobre todo en el inicio, cuando todos rotaban, pasaban y tocaban la pelota para encuadrar una posesión de la pelota sin referencias, con velocidad para circular y llegadas al área (tal vez algo parecido a lo que hizo Martino en Newell´s y el Barcelona, y que quiso intentar en la selección). Pero en desventaja, hubo una muestra de carácter y personalidad para la levantada, donde enfatizamos nuestra faceta para, con un poco de prepotencia e idealismo, sobreponernos al rival, con una arremetida colérica de Banega (lo que quiere el Tata: que sea el volante mas adelantado, donde se produzcan de forma céntrica los avances), para que luego Di María solucione todo con una sencillez que asusta, con su pierna menos hábil. Y de la mano de nuestra faceta de la segunda jugada, el anticipo y el juego aéreo, dimos vuelta el trámite.
 De la remontada en adelante, se vieron ráfagas del ideal del entrenador: pases en bloque para que a través de la precisión y la paciencia se genere un espacio donde lastimar. Tan solo ráfagas, porque el partido dio para otra cosa. No está nada mal tener siempre un plan B, que tal vez de a poco se convierta en el ideal que mas cómodo asienta a los futbolistas.
 Con Chile como dueño del terreno y la iniciativa, nos aferramos al oportunismo de los zagueros, el aguante para conservar el resultado y la inspiración alienígena de Messi, Agüero o Di María, que acorde al desarrollo, este último fue mas volante por izquierda que extremo. Con cansancio para retroceder, los trasandinos podían pagar caro una corrida de los atacantes de una Argentina que de forma vertiginosa encontraba espacios (¿lo que quiso hacer en la final de la Copa América, donde resignó la tenencia de la pelota?).
 La selección va bien, tiene con qué manejar la pelota, y sabe como aguantar y ser cauto para ser directo, pero todavía hay un largo camino para perfeccionarse: los volantes no se replegaban del todo bien, ya que cada rebote era propiedad de los chilenos, y por momentos no hubo una presión exitosa para cancelar pases entre líneas, mientras que a la hora de replicar, Argentina no le sacó provecho en su totalidad a los espacios que Messi y compañía debían explotar.

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